miércoles, junio 14, 2006

14 de Junio de 2006

¡Por fin! Desde hace tres años que no he vendido un solo libro. Si no pasa otra cosa para el día de mañana, haré la primera venta directa de Nuestras Guerras Secretas. Que barbaridad, por fin haré la cruz...(Sí saben que es la cruz, ¿verdad? Ese acto que realizan los vendedores que venden por primera vez en el día) Algo es algo.

Lo típico, la amiga de una amiga de un amigo, que no está a gusto en Internet, pero que lo desearía tener a mano y hojearlo y prestarlo y subrayarlo, etc.

Poco a poco pondré el texto de cada correo que envío, y no es que sea docto en mercadotecnia de guerrilla, pero se hace el intento.

Pero sigo a la búsqueda incesante de direcciones. Ahora encontré otro foro por ahí que creo que vale la pena. Ayer estuve a punto de enviarle un correo a Vicente Fox, pero mejor le pensé. La personalidad de Fox no me da el perfil deseado de lectura. Tal vez más Felipe o Roberto C. o Patricia, o incluso Roberto M., pero ni a AMLO ni a Vicente. Ya no son de la edad que lo puedan apreciar, eso creo, o ese es mi prejuicio.

Quiero direcciones, quiero muchas direcciones. Quiero enviarles a todo el mundo mi libro. Quiero que les guste aunque sean pocos. Claro, si son pocos de pocos, malo el cuento, pero ¿qué tal si son pocos de muchos? La cosa cambia.

Economía de mercado en todo su esplendor.

La circunstancia de que si uno escribe libros por gusto, de corazón, por amor al arte, o por el cochino dinero, ya lo contesté en las kilométricas páginas de introducción del libro.

Pero haré una excepción y las volveré a escribir aquí:


*.*.*


Un día, un conocido con el que trabajaba, (fue hace varios años) me preguntó que si yo escribía por dinero o que cuál era mi motivación. Me lo dijo en forma de reproche, o al menos así lo entendí en ese momento. Casi me sentí obligado a decirle que para mí el escribir era «motivación suficiente» y no sé que otras cosas más relativas a lo «bello que es escribir».

Tuvieron que pasar dos o tres años en los que se me ocurrió la respuesta correcta, lástima que no estuve atento en ese instante: «sí, lo hago porque me fascina escribir, pero claro que también lo hago por dinero, ¿o qué? ¿Tú trabajas de gerente de telecomunicaciones en esta importante casa de bolsa de Monterrey POR PURO AMOR AL TRABAJO?» Claro, de seguro ha de haber donado todo su sueldo a la Cruz Roja.

Bueno, eso le hubiera dicho. ¿Demasiado tarde? No, no lo creo.

*.*.*


Tuve un incidente el otro día.
Como el proyecto incluye que el libro lo imprimo yo, evitándome la pena del escrutinio de las editoriales (pensamientos a desarrollar a futuro: PORQUE LAS EDITORIALES TIENEN ESA IDEA RECTORA DE QUE DECIDEN QUIEN ESCRIBE Y QUIEN NO), resulta que lo produzco todo yo.

Y he aquí que en esta oficina en la que laboro (sólo los verdaderamente soñadores pudieran pensar en renunciar a su trabajo antes de conseguir un éxito en esto) , hay una persona que vende zapatos de mujer por catálogo. Llega el día que traigo mi libro y lo muestro y demás, y resulta que alguien (que es cliente de esa persona que vende zapatos) después de que le digo todo el rollo, de que el libro tiene un enfoque de orientación y demás respecto a hombres y mujeres, ella me dice, ¡excelente! ¿Me lo prestas?

Y ahí fue donde pensé en decirle que cómo a la señora a la que le compran zapatos no se los piden prestados... Y se lo dije. Ella sonrió con nerviosismo, poniéndose roja y sólo dijo
–Ay, Luis...

No creo que en el término de las cosas unos zapatos se comparen con un libro (“el libro valdría menos”, digo de impulso), pero en cierta escala de valores, y tal vez en este país (México) sea más claro, sí son comparables y en ese sentido los libros, pensándolo bien, pierden en muchas ocasiones.

Hay que pensar que la persona está en esos instantes enfrente del escritor. Que éste es un productor además. No es el paradigma normal de que una persona esté frente de la mesa de novedades de una librería particular. A su alrededor sólo se encuentran empleados que les interesa vender libros, el que sea, sin importar el autor finalmente. He conocido empleados de librerías que sí leen, que disfrutan haciéndolo. Pero no son ninguno de ellos, el escritor finalmente.

(...y lo anterior tiene que ver con la Economía de la Atención.)

(Uff, esto es muy proclive a la divagación, procuraré evitarlo)

El punto es que la persona a veces piensa que un libro se presta, se copia y no se paga a menos que sea absolutamente necesario, ya sea por condiciones ineludibles tales como la escuela de los niños, (en la suma de las cosas no hay nada más ineludible que la escuela de los niños).

El punto es que se lo dije a la persona exactamente.

Ahora bien, el acto de vender para muchos sí es una situación penosa. Hay gente que no nació para vender así.

Y eso que no están para saberlo pero yo fui gerente de ventas en una ex importante compañía integradora de sistemas de telecomunicaciones vía satélite (que ese fue su triste destino, ser “ex”). Pero eso era distinto. Uno hacía una labor de venta de meses. Y uno estaba respaldado por una excelente compañía de servicio detrás. Y por otra parte, también estaba respaldado por un excelente equipo de ingenieros en comunicaciones que taparían con razones objetivas objeciones técnicas de los posibles clientes, personas a cargo de ventas que se las sabían de todas todas en ambientes de financiamientos y arrendamientos. Una ocasión firmé una cotización de más de un millón doscientos mil dólares: antena de 4.5m, equipo complejos de multiplexores para 14 sucursales en toda la república, multiplexores, ruteadores, interfaces. Y el equipo se instaló y funcionó totalmente como se esperaba, telefonía y datos. Pero todo eso abarcó casi un año entero.

Y aquí batallo libro a libro, persona a persona. Pero es una labor de esperar. El asunto es a menudeo. Y lo afirmo: hay un placer en todo esto. Hablar en persona, por correo, por teléfono con personas que tienen curiosidad, que desearían comprar tu libro es algo sin igual.

Lo que sigue tal vez sea de más interés al posible escritor que no logra descifrar como llegar al público. Pudiera tener un libro de cómo realizar un mejor feng shui, de cómo realizar una mejor afinación de aficionado a su Volkswagen.

Pero da un panorama actual del mercado de libros, en estos tiempos de redes sociales casi palpables.

No dudo que el vender a través de una gran cadena de librerías también sea fascinante, pero esto también lo es.
Bueno, el venderlo uno a uno, con toda su dificultad, no es menos atractivo, sólo con darles estos datos:

1.- Una edición comercial depende del libro, pero en muchas ocasiones sólo llegan a tirarse (da gracia el término) 1000 ejemplares de inicio, mucho antes, como quince años ha, eran de 2000. El riesgo aumenta para ellos.

2.- Al lector solo le dan el 10% del precio del libro (muchas personas no tienen idea del dato).

3.- Una gran empresa con amplia reputación y hartas sucursales o puntos de venta como es Sanborns se queda hasta con el 45% del precio de venta del libro, sus ventajas son claras, ya las mencioné.

Hagamos dos ejemplos entonces.

Caso 1.

1.- Supongamos que es un libro de 130 páginas, el precio son 100 pesos y hay 1000 ejemplares disponibles. Una impresión de esto costará como 25,000 a 35,000 pesos dependiendo de cómo hacer atractivo el libro: pastas plastificadas, doble solapa, etc..

2.- La publicidad puede ser normal. Se venderán, en teoría, en todo un año.

3.- Al final del año serían 100,000 pesos, ¿verdad? Suena mucho, ¿verdad? Bueno, al autor sólo le darían al final 10,000 pesos. Un diez por ciento. Y eso es mundial. Si es que se vendieran todos. Lo peor, hace años, en un reportaje que hizo la revista Expansión sobre la Industria editorial (conservo el ejemplar), afirmaban que había editoriales que le mentían al escritor al respecto de los libros impresos y vendidos de alguno de sus títulos en particular. No hay manera, a menos que seas J. K. Rowling, de que puedas demandar saber esa información. ¿Cómo podrías atreverte a hacerlo, si ellos, los de la editorial, te están haciendo un favor al venderte? Bueno, decía que no todas las editoriales y no podría yo afirmarlo, no conozco más que dos casos de sospecha, en caso dado.

Claro, el escritor, no hizo nada más que entregar el manuscrito (que fue analizado, editado, modificado, embellecido por profesionales, impreso, distribuido, colocado en las mesas de novedades de los puntos de venta a lo ancho del país y dejado ahí para ser vendido al lector consuetudinario).

Caso 2.

1.- Mismo libro, mismo precio, pero no se puede pagar una edición de golpe de 1000 ejemplares. Se debe de usar negociación para imprimir menos volumen, amigos, conocidos, cuates buena onda. Tal vez se imprimen de 100 en 100. Costará como 3,500 pesos, por aquello del volumen. (Los impresores son otra onda, son muy complicados, ya sufrí, y pagué, mi propio noviciado)

2.- O sea, si se venden de 100 en 100 cada mes y medio, serán como 800 a final del año, vendiéndose como se pueda, en conferencias, en ferias del libro locales, de boca en boca, anunciándose en foros, en chats, cómo se pueda, caray.

3.- Se vende al mismo precio (esto es delicado, pero normalmente se pone el precio que sea equivalente de libros similares en el mercado, luego uno se pone a pensar en cuanto sale sacar a la familia al cine, los domingos que se les da a los niños, si es que se les da y si es que hay niños, o lo que se gasta la gente en una tarjeta de celular.. En teoría saldría de ganancia 65 pesos por libro, ¿verdad? La gente interesada y de buena intención normalmente no se molesta al saber lo que uno se gana, se valora muchísimo la labor de estar ahí en ese acto persona a persona (las conferencias por eso son tan atractivas, el mensaje llega a más personas en un lapso más corto de tiempo). Digo, las editoriales se ganan el doble, sólo que por volumen les sale más barato el asunto. La persona que hace esta labor utiliza sus propios medios, sus propios gastos.

4.- Sin quitar gastos de administración (traslados, pago de la impresora por la portada, la tinta, etc), para obtener 10,000 pesos sería poder colocar 154 libros. Sí, sólo 154 ejemplares en teoría, pues. Si no es eso, se está cercano en esa cifra.

Por eso es esta labor (esta del blog) de promover un libro. Ultimadamente no se está de acuerdo con el estado actual del mundo editorial, no obstante, el futuro podría ser diferente. Un día me dijeron díscolo porque me quedaba con mi libro, aislado en mi castillo lejos de la gente que le pudiera ser útil, y sus circunstancias tan, por decirlo amablemente, curiosas. Pero ¿qué más podemos hacer por mientras?

Hay que arriesgarse.

La persona a la que le dije que porque no pide prestados sus zapatos a la señora del catálogo me ha evitado de repente.

En fin.

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