jueves, junio 22, 2006

La Patria de Jorge González Camarena, circa 1972

La Patria es de esas imágenes que mis congéneres tenemos bien clavadas en la mente. Crecimos adoctrinados por los contenidos de los libros que tenían esta portada.

Por lo menos yo, que estuve en primaria desde 1968 hasta 1974, la vi todos los días que fui a la escuela.

Las materias eran Ciencias Naturales, Historia y Civismo, Lengua Nacional, Aritmética y Geometría, Geografía.

Nos imbuían a lo ancho y a lo largo dentro nuestras psiques de un sentido nacionalista, de alabar a los héroes que nos dieron patria, de manera directa y sin posibilidad de juicios.
No importaba nada más. Yo adoraba esos libros, será que desde entonces me fascinaba leer y no podía conseguir otros.

Nunca reflexioné en su rostro, ni puse pensamientos acerca del águila imponente que extendía las alas de manera poderosa que estaba detrás, o en las imágenes del maíz y demás plantas que indicaban, lo supe ya grande y lo empecé a ver con un sentido de ironía, de abundancia.

Recuerdo las imágenes del libro de Ciencias Naturales y sus explicaciones al llegar al Sistema Digestivo, al Sistema Nervioso, jamás el reproductivo, claro.

Recuerdo en una de las lecciones del libro de Quinto Año de Historia y Civismo, donde se hablaba de un pueblito llamado Magdalena Contreras, que al paso del tiempo era el lugar donde se encontraba mi empresa matriz de redes satelitales, allá por Luis Cabrera.

Recuerdo tantas cosas, que al ver la imagen de la Patria en alguna parte, la quise colocar aquí porque me trae lo inasible, mi pasado, en rachas de brisa cálida, confortable, y ciertamente, como piedras alisadas, amables de mis ayeres, suaves como las que puedes tomar del fondo del río del tiempo.

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