miércoles, agosto 30, 2006

Kiss o la Decadencia de la Civilización Occidental Parte III


En las entrañas de mi adolescencia, 197X, cuando no había mucho que ver o que oír, cuando no había Internet o MTV para avisarnos de las noticias o novedades, a mi casa llegó un hallazgo de mi hermano: dos LP’s de rock (en la antigüedad, se definía un LP como una plasta circular hecha de un derivado de petróleo llamado acetato, que tenía un largo canal muy angostito, en forma espiral que duraba 25 minutos el recorrerlo de cada lado y al que se le ponía una aguja especial en un aparato llamado tocadiscos del cual salía música que muchas ocasiones, si era mexicano, salía pastosa), uno de Deep Purple con una portada como de metal con el medio reflejo de cinco tipos melenudos mas o menos reflejándose en ella, el disco se llamaba Machine Head y traía una canción que de seguro ya había escuchado por ahí que se llamaba Smoke on the Water.

El otro disco mostraba a cuatro tipos extravagantes pintados de sus caras con trajes estrafalarios con llamas explotando al lado del escenario y parece que todos se la estaban pasando muy bien. El disco se llamaba Alive!, y el grupo se llamaba Kiss.

A la distancia puede parecer ridículo que un grupo aparente estar así, y que se llame, de entre todos los nombres posibles emanados por los Dioses del Rock Pesado, Beso, pero así era la cosa.

En aquellos tiempos yo no tenía estéreo para tocar discos. Sólo tenía una grabadora marca Mecca, procedente de algún país asiático que me había costado un buen dinero, que si mal no recuerdo, me lo había ganado con trabajo de verdad, pero en la que grababa música de radio AM, la de la RG o de radio KONO (¿había otras en Monterrey? Ah sí, Stereo 99, pero su música era demasiado sofisticada para mis catorce años.), sin que me importara grabar comerciales o la voz de los locutores. Yo me la pasaba bien tratando de esperar capturar la música que me atraía más. Lo cual podría tomar horas.

El caso era que el disco no me podía ayudar de mucho así con la atractiva portada y todo. Como que tenía que escucharlo en alguna parte, supuse. No había otra opción, tendría que ir a casa de mi abuela a tocarlo en la consola (una generación más atrás que los estéreos, que, ahora que lo pienso, ¿porqué se llamaban así, “consolas”?).

Las consolas eran un recuerdo de los años cincuenta, creo. (Ya es mucha explicación de cosas, supongo, pero así es esto.) Eran alargadas, de madera pulida acabado piano. Tenían una tapa en la parte superior, por en medio, que la levantabas. Tenían bocinas a los lados, recubiertas de tela color crema. Dentro de la tapa había una tornamesa rudimentaria con un plato de goma que es donde iba el acetato, y un control a la derecha que marcaba la velocidad, 33, 45, 78 revoluciones por minuto, según el tamaño del disco (la de 78 rpm era para tocar las antiguas reliquias de los años veinte, que eran más que nada música clásica, arias, sinfonías, que duraban como siete minutos por lado y que se conservaban en las consolas en aras eso que se le llamaría hoy en términos tecnológicos “compatibilidad”.)

Los controles servían para escuchar tres bandas, una de radio de onda corta, con una barra en el dial con etiquetitas apuntadas de muchas ciudades, junto a ella, tenía una barra para AM y otra para FM. A los lados había dos perillas con signos de llaves musicales, una para los agudos y otra para los graves. Y basta de ecualización.

Ahí tocaría esos discos de Kiss y de Deep Purple. No creo que hubiera muchas opciones. No había muchos amigos, no era yo el gran sociable del mundo. (Sigo sin serlo, supongo.)
Entonces no habría más que hacer. Aguantar el discurso de mi abuela y el de mis tías o, grabarlo desde ahí tal cual.

Sí, con mi grabadorcita Mecca sin chiste. Un buen cassette de 90 minutos marca Ampex, creo, de esos de tres por dólar y así, con su microfonito integrado grabé los dos discos de Kiss ALIVE!, uno en cada lado del cassette.

No recuerdo si lo grabé con perros ladrando o carros pasando y pitando. No me importó. El resultado fue mesmerizante. Juro que si escuché ese cassette por sus dos lados durante dos años dos veces diarias, fueron pocas.

Pocas cosas auditivas en la vida me han causado más placer. Ni el 8-Track con su exuberancia tecnológica limitada, ni el CD con su sofisticación, o el MP3 con su ubicuidad de Internet, me han dado como me dio ese cassette de 90 minutos de Kiss.

Sus canciones, con coros eternamente iguales, su rock sencillo a fin de cuentas, sus guitarras, del que sólo Ace Frehley sobresalía, su solo de batería de Peter Criss (que según lo maltrataban en las revistas serias de rock, sólo quería ser Barry Manilow de grande, por su afición a las baladas) que sirve de intermedio de 100,000 Years, era de no aguantarlo cualquiera. El hecho de que estuvieran pintados, de que lanzaran fuego o sangre, bueno, sólo Gene Simmons, pero saben a lo que me refiero, aumentaron el atractivo.

El que fueran chocantes, pesados, sin sentido en sus letras en las que repetían, como dije, el coro una y otra vez, lo disgusting que podrían ser para los demás, como digo, incrementaban más el interés por ellos.

Mis amigos que fui teniendo en secundaria (nunca faltan loquitos como uno) y que se mantuvieron a través de la prepa y muchos años después de la carrera, fueron los que nos gustaba Kiss en ese momento. Poníamos “KISS” con sus letras características con las "SS" como si fueran rayos en el pizarrón en cuanto se podía; Isaac, el ejemplo del que en cualquier grupo de muchachos siempre tiene más poder adquisitivo, nos deslumbraba de vez en vez por las fotos que podía conseguir de revistas gringas que compraba: todavía recuerdo la que él usaba en el libro de Biología (ese mismo, el tratado de color azul que por el gran tamaño que tenía, poco faltaba para, si lo terminábamos en tiempo, nos doctorarámos de inmediato). Bueno, esas fotos eran geniales, imponentes, sin ninguna falla, eran calidad gringas, God dam’ it!

Los discos se fueron sucediendo, yo compré, con mi dinero de nuevo, ese disco doble de ALIVE! en Discoteca Sámano, hecho en México. Hoy por hoy, ya vendí todos mis viejos LP’s, y no tengo más, los siento, no tenía sentido guardarlos todos, mi tornamesa ya necesitaba tener un nuevo ajuste y la verdad es que ya no había espacio para tanto LP, además de lo pesado (en kilos, no siempre en ritmo) que estaban. Eso sí, conservé los gringos y uno que otro especial mexicano. El de Kiss ALIVE!, después de veintinueve años todavía lo conservo. Tal como se debe. Y no me importa que ya no se escuche.

Comoquiera se oía terrible por entonces, como todos los discos mexicanos de la época. Pero ¿qué importaba?, entre tanto ruido, guitarrazos y batería demolida, además de las voces nada afortunadas de Simmons y de Paul Stanley, insisto, who cared?

El siguiente punto impactante al respecto de Kiss fue en el glorioso programa de Canal Trece que daban los viernes a las 8 pm y que religiosamente veía en casa de Jaime: Alta Tensión se llamaba y transmitía videos de canciones de grupos de rock en concierto. Corría el año de 1977 y estábamos ya en primero de prepa.

He buscado información del programa mencionado, Alta Tensión, aquí en la red, pero el esfuerzo ha sido infructuoso. Luego hablaré de él. En aquellos tiempos no había más maneras de mirar presentaciones de grupos favoritos. No había nada de eso en la TV de por entonces. Ni se llamaban videos por entonces. Menos se llamaban: “video clips”.

Quizá un antecedente de utilizar un rato de TV para pasar videos era, por lo menos en el Monterrey que conocí de varios años antes, en 1971, los que daban en el canal Doce, del ahora Multimedios, en donde pasaban un programa llamado Los VIPs que según mi amigo Polo Alvarez (que estuvo muy cerca de la escena por pertenecer al mencionado grupo al que pertenecía el canal, él dirigía XERG y Stereo 99), bastante buen conocedor y obligada referencia en este punto (y otros muchos más), bien puede ser uno de los pioneros de los programas de video no sólo del país sino también de Norteamérica, porque por las circunstancias, aquellos eran videos (o imágenes de grupos en concierto, que eran lo más común... hasta que llegó Queen en 1976 con Rapsodia Bohemia, cuando el video ya fue utilizado de manera intencional como publicidad), de por lo menos que me acuerde, de entre otros, Gran Funk Railroad, ¡fantásticos!

Pero seis años después no pasaban gran cosa por la TV.

Hasta que llegó Alta Tensión.

Lo recuerdo y suspiro todavía con emoción genuina: ¡Genial, genial, genial!

El día no lo recuerdo, pero debió ser en octubre de 1977. Y sucedió de manera sencilla. El locutor dijo algo así como: “¡Y ahora, unos besitos con... KISSSSSSSS!!

Sorpresa total. Y esta es una experiencia de consciencia por la que ya no se pasa ni se pasará, ni que fuera deseable, pero es similar a la que uno descubre que ciertas cosas no solamente serán para siempre imágenes fijas y estáticas, sino que de un momento a otro, ¡ya se movían! Adquiriendo vida de pronto. Suena quizá un tanto bizarro el asunto, pero así fue, tal cual.

Y si ver al grupo Kiss en foto, mientras escuchabas Hotter than Hell, o Detroit Rock City, o God of Thunder, o Calling Doctor Love, por enésima vez, era (puede parecer ridículo, pero hay ridículos peores) imponente o como si fuera una imagen quieta de una lucha de monstruos radiactivos japoneses del espacio, conteniendo el potente dinamismo y el flujo del poder y la furia hasta ahora contenidos... ahora imagínense ver un video de tu grupo favorito, a los que nunca habías visto en vivo o en película o en TV y de repente, ¡tocando a romper las bocinas, Nothing to Lose, como si no tuvieran nada que perder!

Ya saben: la apoteosis del infierno desatada por todos los rincones de los hemisferios catódicos de nuestra existencia en una minúscula TV, típica de los 70’s, plateada, tipo casco espacial, en blanco y negro y en medio de ella, Kiss revolviéndose, zarandeándose por todo el ancho de esa pantalla de 9 pulgadas de manera impetuosa, intensa, entusiasta.

Nos quedamos congelados. ¿Momentos así? Muy pocos: Cuando vimos a Queen el 9 de octubre de 1981 en el Estadio Universitario. Cuando vimos a los Rolling Stones el 14 de enero de 1995 en el Autódromo de los Hermanos Rodríguez. Cuando vi a Pink Floyd (los cuatro que REALMENTE son: Waters, Mason, Gilmour y Wright, no los últimos tres, que es como ha sido el “Pink Floyd” de los pasados 20 años y que no es más que una versión demasiado “Lite” para mí y para los VERDADEROS fans) por primera vez reunido después de 23 años por TV en el Live 8, el 8 de julio del año pasado.

Maravillas de maravillas de jóvenes de clase media, de la que viajaba en camión y que soñaba que algún día sería bueno ir a un concierto de Kiss, pero que sabíamos que eso no sería posible en los tiempos próximos en venir. Quizás en décadas, algún día.

En esos tiempos compramos revistas con Kiss en la portada, sus demás discos pero al mismo tiempo comenzamos a diversificarnos (afortunadamente): Queen, Led Zeppelin, Pink Floyd, Rolling Stones, Los Beatles, lo usual. Poco faltaba para que llegara AC/DC, Judas Priest, Def Leppard, Iron Maiden... y más allá en el horizonte aguardarían Metallica, Nirvana, Peral Jam…

Y conforme pasaban esos años, Kiss se volvió una decepción hasta que ya no lo escuchamos más. Se quitaron el maquillaje, y tocaron con el advenimiento de MTV más música, pero ya no nos convencieron.

En los noventas tocaron un Unplugged en MTV y se pintaron de nuevo. Ya no eran lo mismo. De inmediato fue su renacer popular. Rockstalgia pura.

Salieron por esos años en la portada del Forbes en el 96 con las palabras que decían: “Estos cuatro hombres maduros preparan ya su retiro” (también salió Simmons en la portada de Playboy y fue genial, perdón, ES genial). Yo ya no estaba emocionalmente encadenado a estos tipos. Entendí lo obvio, salieron de nuevo para que entre otras cosas yo (y posiblemente millones más) colaborara con mi propio y escaso dinero a ese retiro del que mencionaba esa portada.

Sólo colaboré con ellos en una camiseta que todavía me agrada mucho. ¡Ah! Y una corbata muy vistosa pero muy chafa (veinte dólares me costó) que trae su imagen, las cuatro caras que aparecieron en las portadas de los discos fallidos de solistas que sacaron en 1978, uno de los pocos fracasos estratégicos de ventas que tuvieron por donde se les vea.

Utilicé esa corbata una vez en un bautizo, pero como sabía que escandalizaría a ciertas personas, ya llevaba una de repuesto, por si las moscas. A mi amigo Polo le encanta esa corbata.

Cuando estuvieron en Monterrey el año antepasado para un concierto, de haber podido estar ahí, no sé, tal vez no hubiera ido, no estoy seguro.

¿Para qué? Esos tiempos, geniales y todo, ya pasaron. La vida real pesa cada vez más. Y se atraviesa, así, por todas partes, sin pedir permiso, ¡cómo le encanta hacer eso!

En VH1, en estos días, está saliendo un especial en que Gene Simmons está de maestro invitado en una tradicional escuela inglesa con el propósito de hacer de un grupo de jovencitos normales, amantes de la música clásica, un grupo de rock, con todos sus clichés y asegunes.

El programa se llama “Rock School”.

Aceptando que todos esos programas son una broma, burla e irreverencia en sí, que me parecería obvio, al puro estilo de MTV y VH1, de “aparentar” ser subversivos, pero que de cierta manera al hacer ese tipo de programas (eso sí, muy entretenidos) sólo delatan su comercialismo banal, frívolo y trivial como mucho de lo que hay detrás de esos canales, parte del surrealismo y el tono irónico que pervive en su superficie, que es el que, si le encuentras el metasentido, te divierte como ya lo he dicho antes ha sido el caso por ya muchos años, y el caso es que hay puntos notables en eso.

Uno, que Gene Simmons es muy divertido en sus comentarios e ironías con la directora de la mencionada escuela y con personas por donde él anda. Gustaría de verlo hacer algo más que villano obvio en películas o programas de TV.

Dos, que tiene una oficina fabulosa en su casa, de excelente gusto, con un minimuseo dedicado a él mismo y al grupo, con un ataúd al fondo pintado con el logo listo para enterrar a un fan, ataúd del que dijo sencillamente “...así los vendemos”, detalle que me recordó la gran compañía institucional comercial que siempre ha sido Kiss.

Tres, que la canción favorita de Gene Simmons de todos los tiempos es “We will rock you”, del grupo Queen. ¿Quién lo hubiera adivinado?

Ayer, 26 de agosto de 2006, salió una nota en el New York Times, en la que dice que Chaim Witz, o sea, Gene Simmons, nacido en Haifa, Israel, en 1948, felicitó por un mensaje grabado, a un soldado israelí, paralizado del pecho hacia abajo, diciéndole orgulloso que era un héroe de su país por haber sido herido en la guerra que los israelíes están teniendo en Líbano.

El soldado, un ultrafanático de Kiss, se estaba casando cuando le pusieron el video de felicitación. El señor Simmons, de 58 años, también lo felicitó por su boda.

El señor Simmons no indicó si cree que la guerra que mantiene Israel contra el Líbano por causa del Hezbollah, es justa o no.

La vida real insiste en atravesarse de vez en vez en medio de tus recuerdos.

1 comentario:

Marcos Oropeza dijo...

Ciertamente, como apunta el buen amigo Luis Eduardo, muchos no se cuantos, nos vimos magnetizados con la imagen de estos cuatro individuos...Algunos mas grandes otros mas jovenes, pero creo que todos tenemos en los recuerdos esas primeras e inborrables imagenes de nuestros encuentros con este fenomeno.
Excelente recordatorio que merecio mas de dos suspiros y mas de cinco sonrisas por la similitud de situaciones añejas...