miércoles, agosto 23, 2006

LOST-Perdidos, o ¿cuál píldora preferiste?





Se acabó la segunda temporada de LOST, o Perdidos, en el cable.

Antecedentes rápidos: LOST se trata de un grupo de personas que viajan en avión de Sydney, Australia hacia Los Angeles y en medio del viaje se encuentran con una perturbación atmosférica tan grave que de cierto modo ocasiona un accidente partiendo el avión en dos y haciéndolo caer en una playa desconocida

Bueno, el punto es que los perdidos están en el shock y descreimiento natural total, entierran a sus muertos, se organizan en la confusión y de inmediato empiezan los misterios. Pasan las horas, luego días, y nadie los viene a rescatar.

Hasta ahí todo pudiera ser un aspecto normal de una serie normal de drama y sobrevivencia. Digo, pueden agregarle sucesos prodigiosos para hacer interesante la historia, como aderezos típicos de toda serie de aventuras que se precie de serlo.

Pero este no es el caso estricto de LOST-Perdidos.

Resulta que en cada capítulo se narra en flashback las historias de cada personaje principal de la serie, que son como doce. Así se van conociendo los vericuetos que llevaron a cada uno de ellos a llegar a Australia y querer partir en el vuelo 815 de la línea Oceanic (ya no viajen en ella, la verdad no es muy confiable,) hacia Los Ángeles.

Y poco a poco la serie empieza a cubrir a los televidentes de capas y mas capas sutiles de historias que como si fueran gasas algo transparentes van cubriendo los sentidos poco a poco, al mismo tiempo apoderándose ésta del espectador de una manera inocua al principio hasta aprisionarlo completamente de tanta información entremezclada de personaje con personaje, suceso por suceso.

Esto se aprecia de cierta manera desde la primera temporada, pero en la segunda la información revelada se vuelve un frenesí, un diluvio impresionante de relaciones de varios niveles que parecen a todas luces inexplicables.

Si en la primera temporada se fueron narrando las historias personales, ahora se van hilando las vidas de cada sobreviviente unas con otras en un tipo de hipertexto yuxtapuesto a una escala humana sin precedentes. Como dije, al principio puede no notarse, pero poco a poco las relaciones escondidas van haciendo eclosión de una manera sobrecogedora.

El caso de los números es notable.

Los números mencionados son una sucesión curiosa de siete cifras que están ordenadas de manera ascendente, y que son una de las claves (ya de por sí) más desquiciantes en medio de todo el rompecabezas de la isla. En un flashback un personaje los escucha de un amigo paciente en un pabellón psiquiátrico donde estaba recluido, luego los usa en una lotería ganando millones de dólares... para después quedar envuelto en una racha de muy mala suerte que definitivamente desafía toda lógica.

Eso sí, no se trata de hablar de la serie solamente como si fuera el fenómeno de televisión popular que es. Lo que verdaderamente llama la atención aquí es más que nada como se obtuvo esa sutileza capaz de envolvernos a nosotros, las personas que somos testigos pasivos del transcurrir de esa historia.

Al principio no se tomaría atención a los detalles significativos pero hubo otro y después otro y otro más. Para eso sabemos que la historia seguirá y seguirá en capítulos y capítulos adelante. No hay tiempo para resolver misterios en los 52 minutos disponibles de programa incluyendo créditos.

Más tarde la historia se abre hacia otro tipo de trama como por ejemplo cuando descubren una escotilla hacia un túnel hacia el subsuelo, siendo este una construcción impresionante de placas de metal y tornillos con cortes industriales de tamaños respetables. Los números mencionados arriba, los que hicieron ganar una lotería a uno de ellos, están grabados en el metal de una de las placas al lado de la escotilla.

Explicar la serie de una manera comprensible a una persona llevaría muchas horas o muchas páginas para mostrar las claves que existen entre los personajes. Como dije, todos el programa es un telar humano hipertextual.

Cuando la escotilla es abierta descubren otro misterio que de confuso ya parece natural a estas alturas: hay una persona que está dentro, Desmond, que cree que está aislado del mundo, viviendo como en un refugio antinuclear. Dentro hay una sala que está llena de computadoras (bueno, de unidades de cinta y paneles con muchos foquitos, a la Viaje hacia el Fondo del Mar, que nunca he sabido con claridad para qué funcionan dentro de la trama) y en medio, una maravillosa computadora personal con todo su desgastado teclado original y su anticuado monitor de fósforo verde: una Apple IIe de veintitrés años de edad.

Los números ya muy mencionados arriba, son alimentados en esa computadora cada 108 minutos para evitar algo que nadie sabrá qué puede ser hasta el final de esa segunda temporada que vimos ayer mismo.

Así, lentamente, cada programa se convirtió poco a poco en una necesidad de los espectadores para poder ver y comprender más pistas y unir más puntos del crucigrama-jeroglífico-hecho-programa-de-TV. Esas pistas no son fáciles de reconocer por todos. Se convierte casi en concurso de observación para televidentes muy prendidos.

La gente se pregunta: ¿hasta que punto están los pasajeros relacionados? Un ejemplo: Sayid, el excombatiente iraquí (brillante decisión de casting), era un torturador de la Guardia Republicana que al final de la Guerra del Golfo de 1991 es capturado y tratado por dos militares norteamericanos de alto rango, el que lo captura (que resulta, por una foto familiar que aparece menos de cinco segundos, que es el padrastro de Kate, la ex convicta) y por otro, quien lo “convence” de torturar de nuevo en ese año de 1991, es el ex militar que aparecerá en un flashback como alguien que alimenta los números mencionados a la Apple IIe y que luego rescata a Desmond en la orilla de la isla, para convertirlo en el operador del refugio. Si ya se perdieron a estas alturas, es comprensible.

Esa probable inverosimilitud, que algunos le llamarían coincidencias, son aceptadas en LOST porque ese es el nombre del juego.

Entendemos que las coincidencias no existen, o de existir, sólo aceptamos muy pocas a nuestro alrededor. Desde hace mucho que ya no estamos (al menos muchos de los que vemos TV) en la época de aceptar todo lo que a los escritores se les ocurra para resolver la historia de la manera que quieran ellos que se den. Desde hace años se evita ese tipo de complacencias que algún día sí se daban. El doctor joven que se niega a atender a una mujer de edad madura por pobre, que luego muere y él médico descubre, muy tarde, que era su propia madre (en un concurso de cuento en mi prepa, esa fue la premisa del cuento que ganó). Digo, hay cosas ridículas en la vida, ¿pero tanto así?

LOST no tiene ese planteo. Si las relaciones existen tienen explicaciones no tan racionales, pero esa es la gracia. Es una historia puesta en “nuestro mundo”, donde al igual que en el de nosotros, no se dan las coincidencias, y siendo ese el caso, ¿quién es el que manipula las realidades de los habitantes de la isla?

Ahí es donde LOST se pone atractivo: no, no hay coincidencias, entonces ¿quién maneja la sucesión de eventos para que las cosas se den de la manera que están resultando? ¿Podría ser Dharma, la corporación que está detrás de su logo en forma de octágono, y de cierto modo fabricante del refugio, de los alimentos y hasta de un tiburón real que apareció medio segundo, con un símbolo octagonal como grabado en el costado, cuando intentaron escapar de la isla? (Hay tantos detalles que ni me acordaba del tiburón ese).

La capa de gasas entrelazada fuertemente entra en una zona telúrica de sutilezas al por mayor. Te hace dudar de todo lo que te ponen dentro de tu pantalla televisiva, ¿quién maneja los hilos detrás de Dharma? ¿La misma acción de descubrir de que alguien, o algo, maneja los hilos de todos los aspectos de la isla, no podría ser una acción más de ese amo de marionetas que se quiere “descubrir” así? ¿No es el saber que estás en un experimento, algo que viene a alterar ese experimento en sí, quizá siendo ese el objetivo del mismo?

Y el peje creía en complots...

LOST tiene reminiscencias de The Matrix, en donde el mundo de Neo, el personaje principal para quienes ya lo olvidaron y que es descubierto gracias a su increíble potencial y a otros grupos de personas que pasaron por el mismo proceso de despertar, todo lo que lo compone, amigos, edificios, ciudades, relaciones, aún madre y padre probablemente, es ficticio. Que el “todo” de Neo y los demás, solamente existe dentro de su mente y simultáneamente dentro de la mente de miles de millones de personas que sobreviven en sus correspondientes miles de millones de cápsulas oscuras llenas de algun líquido amniótico que es donde crecen y donde se tejen sus ilusiones, ambiciones, amores, temores y sueños: la verdad, la que sea que fuera, no es más que la mentira más absoluta.

En la realidad de LOST hay más cosas a poder notar: ¿Qué hace un barco en medio de la selva? ¿Era real el oso polar que los atacó? ¿El caballo que vio Kate, vino de su mente? ¿Qué pasó con el cuerpo del papá de Jack que fue a recoger a Australia y que desapareció del féretro? ¿Cómo llegó la avioneta nigeriana con precisamente el hermano sacerdote de Mr. Ecko a la isla, viajando por miles de kilómetros? ¿Cómo se curaron la señora afroamericana y Locke de sus respectivas enfermedades crónicas? ¿Qué sucedió con la al parecer viva columna de humo negro, que Mr. Ecko desafió en medio de la planicie? ¿Quiénes son los Otros? ¿Qué representan en todo el drama? ¿Por qué Walt le dice a su papá que los Otros están fingiendo? ¿Por qué los números (punto esotérico y metafísico, por si faltara) causan tragedias a quiénes los invocan? ¿Cómo es posible, en las circunstancias admitidas de la trama, que las relaciones e historias de los personajes están correspondidas entre sí aún a más de quince años atrás antes del avionazo?

Lo que importa no tanto es un programa de TV, que para muchos puede ser una vez más, irrelevante, sino la capacidad de un grupo de personas por mantenerte en ese suspenso. En ese gusto por el suspenso, en ese deseo de ser complacido por una excelente narrativa, que creo la necesidad de saber más y más, al estilo de las Mil y Una Noches.

El hecho de que muchísimas personas en estos momentos se entretienen creando teorías acerca de lo que les pasa a ese grupo de personajes (ficticios, una vez más, nunca se olvida), que logren que se interesen sus vidas, o en casos particulares, que se lamenten sus muertes (cabe recordar que en una serie normal raramente alguien muere, en una serie continuada de esta naturaleza no hay restricciones en ese sentido) es un buen augurio de la televisión que tenemos ante nosotros.

En una columna reciente de Stephen King, que escribe (como si le faltara tema al señor) de cultura popular para la revista de Entertainment Weekly, les pide a los creadores y escritores de LOST ( y él, King himself, lo puede pedir), que sepan cuando retirarse, que sepan respetar a la audiencia que apostó por ellos. Que aprecien esa atención y no dejen que el programa caiga en el comercialismo aberrante de extender la vida de algo que ya no lo tenga.

Actualmente, por lo menos en este punto, ese no es el caso.

Sólo recuerda: ¿te habrás tomado la píldora roja? ¿o fue la píldora azul? (para los no iniciados, ver Matrix, la uno, por supuesto)

¿Podrás estar seguro de que no amanecerás mañana en una isla desierta, con mil misterios que resolver a tu alrededor?

Mejor eso que amanecer en medio de un plantón de Reforma, ¿no?

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