jueves, agosto 17, 2006

Sobre El Manantial (The Fountainhead) de Ayn Rand



Por fin la acabé después de haberme tardado como un mes. Fueron dos tomos, de casi 700 páginas en total y estaban maltratadísimos, bueno, lo que se podía esperar de haberlos comprado usados.

La novela me encantó, me fascinó como aquellas novelas que sabes que te dejan un excelente sabor de boca, o como no me acuerdo alguna que me haya fascinado tanto, desde hace un buen rato. Una novela de la que te acordarás toda la vida y siempre le dirás a alguien que si la leyó, teniendo la casi completa seguridad de que no ha sido así.

Es el tipo de novelas que debes de obligar a las personas a leerlas. Como se debe de leer algún día, por ejemplo, las Uvas de la Ira, de Steinbeck, por decir, para entender del sufrimiento de la gente que en medio de la bancarrota económica lucha por no caer en la bancarrota moral por sobre todas las cosas y que busca su progreso a través de querer liberarse, sin poder, de las garras de la pobreza.

Casualmente comparte más o menos la época de esta última novela: las Uvas es de 1938 aprox, y El Manantial o The Fountainhead es de 1943.

El Manantial es la historia de un hombre, un arquitecto, que es la esencia última de la individualidad y que está en medio de la lucha contra una sociedad que desea aplastarlo sólo por querer y persistir nadar contra la corriente.

La novela está dividida en cuatro grandes partes: una sobre un arquitecto que gana fortuna y prestigio por pensar como se debe de esperar que piense, y actúe, un arquitecto a la hora sobre todo de diseñar los edificios, que son los que forman las grandes ciudades; dos, sobre un crítico de arte que tiene mucha relevancia social debido a la manera insidiosa en la que trabaja desde un periódico que es como una especie de expresión en pleno del amarillismo, pero que cuenta con muchísima influencia a lo largo de toda la sociedad; la tercera, el dueño de la cadena de periódicos del que el mencionado crítico anterior forma parte, un tipo despreciable que cree que puede comprar a todo el mundo con su dinero o con sus ofertas de poder, porque de eso construyó su imperio de medios, sólo que se topa con… ; la cuarta parte, Howard Roark, el personaje principal, el arquitecto que piensa que la integridad no es sólo una palabra vacía, que cree que la creación, y las personas que la producen, están por sobre encima de todos los caprichos y necesidades temporales y banales de los demás seres humanos poniendo en riesgo su propia alma en la lucha por preservar sus creencias.

Cuestiones como la integridad mencionada, la creatividad, la cuestión de si todos tenemos precio o no, el punto de porque la mediocridad impera a nuestros ojos y en todas partes a donde miramos (sesenta y dos años después y sin fin a la vista), el detalle de que la sociedad imita siempre, de la reflexión, una de tantas, de que es más fácil que un hombre con poder dé dinero a una prostituta que a un hombre sabio que se esté muriendo de hambre, tal como dice el texto en sus páginas finales.

Todo esto con intrigas en que buscas y buscas al villano y te das cuenta que no hay tal, que el villano puede ser la sociedad entera que busca su felicidad en el lugar y la manera equivocada, en medio de las seguridades abstractas de estar en casa a cierta hora, de ver las mismas noticias y de siempre querer buscar pensar igual que el vecino.

Los rascacielos son los personajes quietos y silenciosos de la historia, son los centinelas que cuidan de la gran ciudad, son los símbolos de la piedra que pudo ser eternamente lava o hierro enterrados en el centro de la tierra, pero que por azares del destino llegó a manos de ciertos hombres privilegiados que los convirtieron en olas petrificadas ascendiendo a los cielos, listos para desafiar a los tiempos por venir…

Y eso que no he hablado de Ayn Rand…

1 comentario:

Anónimo dijo...

He visto el Manantial hoy, la película, con Gary Cooper, y me ha parecido fantástica. Espero encontrar la novela, aunque me han dicho que no es fácil. Hace poco me terminé La Regenta, y después de ella, el tamaño no importa ;) Yo también escribo como usted y ahora que termino mis estudios de ingeniería espero probar suerte en el idealismo de Roark. Sólo tenemos una vida y hay que vivirla en consonancia con nuesto "yo". Lo siento, soy muy de Carl G Jung y Hermann Hesse. Si le interesa, willezurmatch@hotmail.com