martes, septiembre 12, 2006

Más Transistores que Hormigas, ¿en toda la Tierra?


Acabo de terminar un libro que se llama The Heart of Internet, de Jacques Vallee.

En un punto dice ese tipo de datos que son en si mismos metáforas vivientes, punzantes, y así decía: “En la tierra desde hace años hay más transistores que hormigas”.

Era un día de julio cuando me pasee por una feria de libros usados en mi localidad. Había cosas interesantes algunas por aquí y otras por allá. Revistas viejas interesantes: Life en español, Mecánica Popular, Cine no se qué, de los sesentas. Y perdida por allí estaba la sección de libros en inglés del cual mi menguado presupuesto tuvo en bien que tuviera que conformarme con dos solamente: uno de Lester Bangs, del que se puede decir que tenía varios años de buscar el Psychotic Reactions and the Carburetor Dung, un libro de crítica de rock de los años 70’s, un total clásico de su particular género el cual he estado leyendo y que luego comentaré.

El otro libro fue verdaderamente inesperado. Era un libro de un autor francés que se llama Jacques Vallee y que se trata, obvio, de Internet. Primero que nada desconfié algo del título: The Heart of Internet, El Corazón de Internet. Tenía una portada con conectores RJ-45, como el que usa, o usaba, tu PC para conectarse a la red telefónica y de ahí a Internet, y un al parecer gran mundo lleno de posibilidades.

Tenía debajo un subtítulo: “Una vista de Alguien de Dentro, del Origen y Promesa de la Revolución en Línea”.

Y empecé a leer la contraportada y pues, de inmediato me convenció: “Entre los muchos libros escritos acerca de Internet, éste tiene el inusual mérito porque Jacques Vallee estuvo ahí desde la infancia de la Red. Es divertido leer sus recuerdos como un pionero clave que trabajó en el campo. Sus aspiraciones y visiones, y aquellos de sus colegas en SRI, y en el Instituto del Futuro, condujo al primer Centro de Información de la Red, o Network Information Center y a formas revolucionarias de conducir comunicaciones de grupo. Este trabajo hizo posible las grandes interacciones simultáneas de hoy”. Lo firma Paul Baran, que fue quien inventó el switcheo de paquetes en 1961.

Para los no iniciados, el switcheo de paquetes o packet switching, es una de las bases más básicas (la redundancia es por supuesto, intencional) en lo que son las telecomunicaciones y en lo que es el concepto de Internet hoy en día, para ser más específico, sin eso, estaríamos todavía en la edad del telegrama. Todo lo que transmitimos, voz, datos y video, por Internet, es por paquetes.

El libro me maravilló. He tenido la suerte de estar leyendo libros que cumplen esa función de hacerte dejar las páginas mientras lo lees para ponerte a reflexionar, mirando a lo lejos. Oportunidades perdidas, comprensión de eventos pasados, visiones no previstas, pensamientos de nuevos comienzos.

En las solapas, los publicistas de la editorial del libro de Vallee, dicen: “Jacques Valle estuvo entre los ingenieros y visionarios quienes levantaron Internet, esperando conectar personas –no controlarlos— a través de la información. Por unos pocos años, parecía que el sueño se había realizado. Pero después del crash de las puntocom del 2001, mucho de la información de la Web fluyó hacia los gigantes de los medios y corporativos conglomerados, dejando a millones de netizens, sin la verdadera libertad de elección... y todavía falta comentar la amenaza de lo que el gobierno quiere entrometerse...”

Luego menciona que hay tiempo para realizar acciones públicas y privadas para reconstruir el sueño y ganar de vuelta nuestra libertad.

Y agrega que Vallee:

“...reconstruye la historia de la tecnología de la computadora y destruye unos cuantos mitos (ENIAC no fue la primera computadora; Apple no inventó el ratón, y tampoco lo hizo Xerox);

“...utiliza recuerdos de primera mano y notas para describir la serie de progresos que transformaron las computadoras desde las máquinas calculadoras hacia las plataformas universales para los nuevos medios;

“...describe el Internet en el mercado de hoy por hoy, presionado por un lado por los intereses comerciales que buscan influenciar no meramente las compras, sino nuestros mismos pensamientos, y por el otro lado la obsesión del gobierno para controlar todo el sistema para ejercer sus propias definiciones estrechas de lo que es seguridad –sacrificando nuestra privacidad y posiblemente nuestra libertad en el proceso;

“...establece un conjunto de principios para ciudadanos de la red y sugiere como podemos crear nuevos estándares para el uso de la Internet...”

Acepto que poner en un artículo como este lo que dice la publicidad del libro pueda no ser muy pertinente, pero como pienso que es un buen resumen, no tengo ningún empacho para hacerlo.

Veamos más adentro del asunto.

El libro es de 2003, detalle que me agradó. Al leerlo lo sentí muy actual, muy presente. Habla de la caída de las Torres de 2001 y de la caída de las ultra infladas compañías puntocom del año anterior, que ambas tuvieron dolorosas consecuencias incluso para nosotros y que como todos sabemos que estas se extienden hasta nuestros días, como lo sabe perfectamente cada persona que viaja en avión cualquier día de la semana.

El rollo de la creación de Internet es muuuuy complicado. En alguna parte se dice que es como adivinar quién, al mirar una catedral, es el responsable de haber inventado los arcos, el de los capiteles, el que diseñó los ladrillos, el que imaginó donde iba la argamasa, es comprender el punto de lo que viene a significar para los feligreses el ir mismo a esa catedral en particular y es acerca de si las personas van con qué pensamiento a esa catedral.

Es tratar de saber de una vez por todas (si es que tiene algo de sentido saber con toda la precisión posible tal conocimiento) quién hizo qué en la creación de Internet. En sus componentes físicos, en su conceptualización, en las maneras en que las personas lo accesan, y sobre todo (arriesgando el barbarismo) en los “paraqués” las personas lo accesan.

Vallee lo expone en cuatro partes:

Primero la parte1: los Primeros Exploradores, o sea cómo se crearon las primeras computadoras.

La parte 2: Haciendo del Planeta un Mejor Lugar, que habla del nacimiento de una nueva cultura y de cómo se van creando las avenidas de comunicación humana, y sobre todo, tocando el espinoso tema de la incompleta revolución de la información (exponiendo el porqué es incompleta).

La parte 3: La Traición de Internet, el fin de la inocencia, la búsqueda del control de Internet por los gobiernos y las corporaciones, la construcción de las nuevas mallas de comunicación (de hecho preludia la búsqueda de nuevas palabras en español para definir lo que habrá más allá de las redes actuales, la “network” actual, como es el caso de la “Grid” (que significa “rejilla” o “parrilla” como la que se define en la “red” eléctrica, que no es lo mismo que la “red” de comunicaciones), y “Mesh” que en este caso se define más aproximadamente como “malla”, como de un lugar en la que están todos los puntos entretejidamente comunicados.

(Si estoy equivocado tómense el tiempo de corregirme, es importante. Pensemos en los niños que están leyendo esto, por favor.)

Finalmente la parte 4: Cómo Podemos Salvar el Sueño, que habla de principios esenciales, de contramedidas personales y finalmente habla acerca de cómo crear un sistema. Así: un “sistema”.

¿Es realmente la red vista como una infraestructura sofisticada para la espiritualidad humana y la libre expresión, entre tantos correos spam, tantos websites XXX, tantos virus, tantos hackers y tantas regulaciones gubernamentales?

Vallee dice que sí, aún entre todo eso. Afirma que la Red tiene esas posibilidades y más, dadas las tremendas capacidades de entregar la enorme variedad de intercambio de ideas, de formas de expresión y oportunidades para la interacción que la tecnología ha hecho posible.

El doctor Vallee habla también en su libro acerca de las primeras nociones de las primeras computadoras y el camino seguido hasta llegar a la revolución de Internet, para preguntar como podemos, y porque deberíamos, influenciar en su dirección futura.

The Heart of Internet examina muchos puntos que si se profundizara como se debiera llevaría varios tomos el hacerlo.

Por ejemplo la pregunta hiperbásica: ¿quién inventó Internet? Y eso nos lleva de inmediato a: ¿es válida ésta pregunta? ¿Tiene interés general?

Vallee afirma que con más de 40 millones de host en Internet y con más de 300 millones de websites, no hay libros disponibles en el mercado que hablen acerca del origen, del diseño y del impacto de la tecnología a menos que se quiera recurrir a reconstrucciones periodísticas que se basan en entrevistas y en fuentes comúnmente inexactas y que normalmente evitan tocar los temas que se deben de profundizar.

Y lo que pasa aquí es que habla de muchas confusiones: ¿quién inventó el ratón o mouse (alguien dijo, mujer, supongo, que sólo a un hombre podría habérsele ocurrido el bautizar tal artilugio como “ratón”)? ¿Quién inventó el termino “dot com” o “punto com”? ¿Quién inventó la World Wide Web? ¿Con qué objetivo? (Bueno, eso es claro, pero mucha gente no lo sabe.)

Es ahí dónde se pone interesante el asunto. Internet es el fruto de muchos cerebros y esfuerzos de tantos individuos y agrupaciones, que casi se puede decir que ninguno en específico tenía en mente crear la red de comunicaciones que es lo que es hoy Internet.

Ha sido una lucha constante contra la inercia, la miopía, y la burocracia lo cual, cuando se reúnen producen el peor enemigo de todos los avances, el que sucede cuando se tienen muchas veces los recursos, pero en muy pocas ocasiones se sabe que hacer con ellos.

No, tampoco Internet fue el producto hecho para que específicamente los norteamericanos evitaran perder el control de su capacidad de responder un ataque nuclear contra los soviéticos una vez que hubieran sido destruidos sus centros de control de comunicaciones, que como su nombre lo indica, son “centros” y “centros” tiene que ver con “centrales” y “centrales” tiene que ver con la fragilidad inherente de que si destruyes el centro, destruyes todo.

Ahora, si substituyes el “centro” con nodos distribuidos sin ningún “centro” aparente, pues ya vas de gane, porque el enemigo, sea quien fuere, ya no podría dedicar toda su fuerza a un solo punto por más invulnerable que sea, sino que contra una red o una malla interconectada, que puedes hacer, ¡aumentar las apuestas? Sería factible, por supuesto, pero prohibitivo al menos para la gente de este mismo planeta.

Lo que se quería, afirma Vallee, en lo que muchos, ahora sí, de los fundadores, era buscar liberar el espíritu humano de las limitaciones del espacio y del tiempo. Querían darle a las próximas generaciones el acceso a nuevas formas de interacción de comunidades y oportunidades sin límite para creación e innovación.

Vallee urge a recapturar esa visión, ante la vasta red en la que se ha convertido la “Web”, una red de explotación y control de la mente humana a través de analizar y extraer información de los patrones de consumo, y sobre todo al tratar de influir en los patrones de conducta de los ciudadanos.

Aún así, no se tenía previsto en los orígenes de la Red siquiera que por esos cablecitos llegaran fotografías o llamadas telefónicas, menos que llegaran mensajes instantáneos o comerciales de dónde quiere alguien que tomes tus siguientes vacaciones.

Internet, por supuesto que todavía no se llamaba así, se llamaba ARPANET, que era el precursor y que empezó con dinero privado en muchas circunstancias, más que del gobierno, otro mito que pulula por ahí, y que sus pininos fueron enlazarse de ciertos lugares con ciertos lugares, científicos en su mayoría.

Es difícil entender Internet. El hecho de navegar por la Web no es exactamente estar en Internet. Los términos se confunden. La Web es la extensión multimedia de lo que es Internet. Sólo eso. La extensión multimedia.

Allá por 1994 aproximadamente, me invitó un buen amigo, Marco, a una oficina de un amigo suyo, Warlock (era su nick, don’t ask), en donde sabía yo que era la base de un BBS llamado Criaturas de la Noche.

Los BBS eran lugares a los que accesabas por modems. Estos modems iban hasta la increíble velocidad de 14.4 Kbps. Buscabas acceder a los BBS por la razón de que era divertido utilizar tu computadora 286 o 386 con el propósito de establecer comunicación con personas para discutir u opinar de cientos de temas, cine, rock, ciencia ficción, temas metafísicos, religiosos, y por supuesto, de computación. No eran interactivos y más bien los BBS se parecen a los foros que hoy en día pululan por ahí. No había pantallas bonitas ni fotos. Sólo texto. Puro texto. Nada más texto.

Resulta que esa ocasión que fuimos con Warlock, me mostró Marco por primera vez lo que era un navegador, en este caso, el flamante y recién estrenado Netscape. Empecé a navegar a la gigantesca y excelente velocidad, por entonces, de 64 Kbps (más que una llamada actual de modem y menos que un Infinitum o que un acceso de cable a Internet normal), toda una aventura, mirando fotos, curioseando textos sobre cine, rock, arte (nada de sexo, lo juro, digo, antes de que se lo pregunten.) Multimedia, multimedia, multimedia por todos lados.

Fue impresionante. Mi conclusión al final de ese momento fue que eso de navegar por Internet era mejor que la televisión.

Warlock después renuncio a los BBS y formalizó su afición al poner su negocio como Internet Service Provider, dándole servicios de acceso a usuarios y su máximo momento de gloria (según yo y con todo respeto a un buen amigo) fue cuando apareció nombrado en una gráfica sobre precios de acceso a conexión en la venerable revista crónica de la cibercultura Wired (que después de que cumplió ocho años se salió Kevin Kelly, se salió Nicholas Negroponte y encima de todo, la compró Condé Nast, con todo lo cual no era difícil entender porque Wired ya no era tan imprescindible por más éxito que siga teniendo ahora mismo).

Pasaron los años y Warlock tuvo que afinar el giro de su negocio porque cuando llegó Telmex con su agresividad acostumbrada lo sacó del mercado. Eso creo, y no he hablado con él desde mucho tiempo atrás.

Ni siquiera el nombre de Microsoft figuraba desde entonces en el 1994/1995 en el mundo de Internet. Y está aquí presente hoy por hoy en la mayoría de las personas que leen este lugar en la forma de su omnipresente Internet Explorer en sus múltiples versiones. Hubo un tiempo en que todos usábamos Netscape. Ahora usan Safari (los de Mac), Mozilla y Firefox, bienvenidos sean.

Netscape era nuestro navegador. Bill Gates se tardó en reaccionar y usando dos o tres trucos sucios (bueno, como se le llamaría al truco de reducir las opciones si Televisa te dijera que te regalaba el equipo de Sky junto a tu nuevo aparato de televisión, digo no te caería mal, pero ¿y la decisión de los usuarios? Seguro usarías Sky, o su equivalente.) Ver por favor “guerra de navegadores” en Wikipedia, si me hacen el favor.

Entonces tus decisiones se reducen. Se dice que la inmensa mayoría de tráfico de Internet son menos de diez websites. ¿Cuáles usas tú? Yahoo, CNN, America Online, Google, Terra, elUniversal, Reforma…, son pocos y claro, están tus intereses especiales de deportes, o de cine, o de cacería de pavos, o de plumas fuente ultrafinas, pero luego volverás a los de arriba.

Tu computadora es igual. Trae un Intel o un Celeron, trae un Windows o un sistema de Mac, o trae un Linux, y bueno, este último ya de perdido es software libre.

Mi propia PC trae un software Windows XP pirata, yo la compré así ignorando el hecho, lo supe cuando apareció el anuncito ahí en la esquina de mi pantalla notificándolo. Yo tenía la idea de que compré una PC con todo lo que venía adentro. Pero no fue una idea del todo correcta. La copia de Windows XP no me pertenece, sólo compré la licencia, bueno, eso pensé yo, que compré la licencia. Con la pena.

Llega un punto que leer a Jacques Vallee te causa molestia. Sí, la molestia de reflexionar en todo eso. En recordarte que, y Vallee todavía no escribió de eso que no tardan en sacar rutas preferenciales hacia la información que buscas. Internet corre el peligro de ser como las autopistas de cuota en las que sólo los privilegiados tendrán garantizado el acceso rápido de sus millones de navegantes. Los que no puedan pagara ese privilegio de acceso serán penalizados en forma de menos visitantes porque serán mas lentos sus accesos con lo que la promesa de Internet como el gran ecualizador se convertirá en una falacia.

¿Otro ejemplo? La propaganda contextual. Se trata de que las compañías venden derechos de las palabras que usamos nosotros en el contenido. De ese modo “ligan” hacia otro lugar para un comentario sensitivo hacia esa palabra. Como en este caso de
www.lapalabra.com . Tenemos que aquí mismo están vendiendo nuestras palabras de tal modo que si alguien, un colaborador, utiliza la palabra “poder”, estará accesando a una ayuda en pantalla que lo guiará para ir a otra liga, ya sea de Google o de alguien más. O la palabra “México”, o la palabra “Tamaulipas”.

Yo podría poner la palabra “poder” y repetirla muchas veces para que se vea lo curioso que se lee en rojo este párrafo: “poder” “poder” “poder” “poder” “poder” “poder” “poder” “poder” “poder” “poder” “poder” “poder” “poder” “poder” “poder” “poder” “poder” “poder” “poder”.

En el caso del
www.technotitlan.blogspot.com no es así, porque no hay propaganda de contexto. Pero no tarda.

Y digo, bueno, finalmente la propaganda contextual no es tanto un problema, a mí no me quita nada. De algo se tiene que vivir. Pero, ¿cuál es el límite de comercializarnos?

Cuándo escribí en un periódico de allá de Monterrey con influencia en prensa escrita y electrónica (hará doce años) les pregunté si el contenido que salía en prensa (los artículos de los colaboradores) era pagado (como normalmente se hacía), a lo que respondieron con un amable “sí, claro”, y esperando eso, de inmediato arremetí (según había leído un caso reciente de un diario de San José, California): y si el contenido salía en Internet hacia la atención y pago de otros usuarios y lectores, ¿el pago tomaba en cuenta eso? Me miraron con cara de que mejor no hiciera ese tipo de preguntas. Y como el trabajo de colaborar en ese periódico era muy apreciado por mí, y por mi familia, opté por hacer caso.

Antiprivilegios del trabajador asalariado en la vida real.

Internet corre el riesgo de ser una parcela de grandes dueños que te pedirán que para poder usar sus dominios te suscribas y te exigirán tus datos y te pedirán una cuota para que pagues y que observes sus reglas de conducta mientras estés en sus imperios, tal como se hace ahora en lo que corresponde a las reglas del espectro electromagnético (estaciones de radio y televisión, poca cosa al parecer ya que oímos lo coloquial y lo cotidiano de nuestras vidas cuando sus representantes entran en nuestras casas y automóviles anunciando productos de sus patrocinadores sin los cuales ellos no tendrían razón de existir) en que los usuarios normales jamás poseeremos una voz libre en la cual expresar nuestros pensamientos, dudas, críticas y aportaciones a la sociedad.

Ni hablemos del comercio electrónico. Ellos, Amazon, eBay y muchos otros están analizando nuestras conductas en las que ellos serán capaces de predecir que queremos y cuando lo queremos. Y puede ser la llave para que los bancos sepan nuestras conductas de crédito y de ahí los datos de nuestra salud para las aseguradoras y hospitales. Puede que llegue el tiempo en que todos estarán conectados y no te pedirán permiso para compartir datos. Podrían saber de nuestra salud antes que nosotros y pasarlos a los trabajos o agencias de seguros a los que estamos en la posibilidad de que nos ponderen en cuanto a nuestras informaciones para ver si somos confiables o no. Para ver si podemos pagar o no. Para ver si somos riesgo o no.

Y nada de eso en resumen viene propiamente de la tecnología. El problema son los humanos. Los que se creen con derecho de usar esos datos nuestros (datos que son una circunstancia que funciona en el sentido de nuestra privacidad) en contra de nosotros (una circunstancia que es a todas luces ilegal).

Son las fuerzas que desean controlar Internet, esas son el Peligro.

Termina Jacques Vallee diciendo: Por su misma naturaleza las redes son complejas y evolucionan rápido. Investigaciones en ese sentido se siguen haciendo, ¿cómo evoluciona Internet? ¿Hacia qué dirección?

Cada momento se inventan nuevas formas de comunicación: los mensajes instantáneos, la voz sobre IP, los espacios privados-públicos, las bitácoras de web, los weblogs o blogs, la búsqueda inmediata de tendencias, la persecución del zeitgeist.

Aún y que cinco mil millones de personas no tienen contacto por Internet, todavía, está llegando el momento en que bien se puede pensar en si la tecnología y nuestra obediencia hacia ella, en la consecución de lo último, de ser partícipes continuos y cotidianos, nos estará llevando hacia ser esclavos de la misma.

Jacques Vallee menciona que el escritor de los años 20’s, Paul Valery, al examinar las maquinarias pesadas omnipresentes de ese su mundo industrial, de la era de la pre-información, observó: “Ellos sólo quieren humanos bien entrenados”.

Y aunque tienen muchas connotaciones, tal vez sea eso lo que quieran ellos.

Ipods. Mp3. DVDs. Celulares. Mensajes. TV vía Satelíte. HDTV. Bluetooth. Blackberrys. TIVO. XM. XML. Nuevas PCs. Nuevas TVs. Nuevos celulares. Nuevas capacidades. Nuevas carácterísticas. Nuevas necesidades.

“Ellos sólo quieren humanos bien entrenados”.

Esperemos que eso no sea cierto.

Seguiremos con Vallee.

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