domingo, octubre 29, 2006

Como no ser una rana hervida eléctrica

Un amigo mío, pragmático y razonable, me contó una metáfora de esas a las que muchos son adictos. Dijo que a una rana la puedes ir matando si le calientas poco a poco el agua aumentándole a la lumbre sólo un grado por minuto, sin que se de cuenta (nunca me quedó claro el porqué tenía que hervir a una rana en primer lugar y el porqué no quisiéramos que se enterara, pero eso sería otra historia, supongo). La moraleja es cómo estamos hirviéndonos sin que nos demos cuenta.

Eso estuvo a punto de sucederme, y lo pagó mi refrigerador.

Resulta que tengo un refrigerador Hotpoint de 24 pies que en su momento, hará 18 años, fue la mejor opción. No sé si es grande o muy grande, no sé si fue la mejor decisión en forma de expresar su valía en pesos por pié cúbico (que vendría siendo de las medidas que finalmente valdrían la pena discernir, un poco como ventas en pesos por metro cuadrado en un supermercado o el costo de centavos por hoja impresa individual de una impresora normal de esas que compramos en esos lugares que terminan su nombre en Mart o en Depot, y similares).

El punto es que jamás había pensado yo en que llegaría a medir la cantidad de luz que pago. Más allá de lo normal, quiero decir. O sea, miras la cantidad de consumo que viene en tu recibo (el maldito), al hacerlo te puedes sorprender pero de cualquier manera piensas de buena fe que la cantidades están dentro de un rango mental de la cantidad que consumiste entre la cantidad que vas a pagar y que finalmente lo aceptas (como las etapas ante la muerte: ira, negación, negociación, resignación, aceptación). No hay mucho que hacer al respecto, más si estás con la seguridad de que nadie se está colgando de la luz de tu casa, situación muy posible que se puede dar en este Bello México Nuestro. Fue tu consumo, pues.

No sé cuanto debe de consumir de corriente una casa, no sé cual sea el factor que se deba de verificar. Las oficinas de Luz y Fuerza (lo que es la Comisión Federal de Electricidad en la otra parte del país que no es ésta) sólo te entregan un folletito simpático pero no te resuelve gran cosa.

El detalle es que siempre tuve un consumo determinado que estaba por debajo de una cifra de… mejor me explicaré porque es complicado… hasta cierto punto:

Un kilowatt es la cantidad de corriente que consumes cuando usas tus aparatos eléctricos. Así, simplificado.

Si te pones a pensar los aparatos eléctricos que usas son parte básica de lo que se podría definir que es la vida moderna, el progreso, la felicidad, la prosperidad, el bienestar y abstracciones similares: Un microondas, una lavadora, una secadora, una plancha, una PC, una TV, y un RF, digo, un refrigerador, etc.

Cada casa, departamento, lo que sea, tiene una tasa de consumo de energía eléctrica que puede variar (nadie me da una respuesta con claridad en este punto, al parecer nos quedamos con la vaga referencia de que son rangos de consumo por aparato, de hecho ni siquiera le entiendo a lo que viene en las etiquetas, las que queden al pasar los años de uso, de los mismos aparatos).

El folletito mencionado no agrega gran cosa, y usa como medida unos foquitos de 100 watts, .1 Kw: Un refrigerador por ejemplo afirma que consume casi 5 foquitos, o sea .5 Kw por hora (no fue mi caso); una plancha consume como 12 foquitos, o sea 1200 watts o 1.2 Kw, por hora (si estuviera prendida esa hora entera); una TV gasta casi tres foquitos y así; la PC, igual que la TV; una grabadora donde escuchas tus MP3 o cassettes o CDs (¿no serán demasiadas siglas tan temprano?) sólo 20 watts, o sea .020 Kilowatts por hora y un gran etc…

Bueno, pues todo lo anterior se va acumulando durante el día: llegan los hijos y prenden TV y PC sin contemplaciones. El refrigerador ni se inmuta y sigue funcionando con sus intermitencias inescrutables: se apaga, se prende, se apaga, se prende, sin seguir un ritmo predecible (esa es la razón por la que afirmo que hay evidencias en el mundo material respecto a que estas son muchas como para no entender que hay otras magias inexplicables que ni los que dicen que saben se atreven a desentrañarlas, ya hablaré del asunto, conste, eso sí: nunca nada de esoterismos o parapsicologías o metafísicas que sólo sirven para llenar renglones y cerebros vacíos).

El detalle es que Luz y Fuerza explica en no sé que lenguaje arcano en libros que sólo los hobbits encuentran en los calabozos de Minas Moria, (donde residen los Balrogs, monstruos de fuego que hasta Gandalf con todo su poderío les teme; ¡ah!, aquellos tiempos en que casi casi nadie sabía del mundo de Tolkien) y que te hablan de tarifas y consumos y encuentras en uno de ellos, en ese idioma en que los que le inteligen te lo dictan en forma de mandamiento (“THOU SHALL NOT CONSUME MORE THAN…”): “Tú NO deberás de consumir en un bimestre MÁS de 500 Kilowatts, si no fuere así, serás castigado de la peor forma: TE QUITARÉ EL SUBSIDIO QUE TE LIBERABA DEL PECADO ORIGINAL DE PAGAR TODO TODO TODO LO QUE MALDITAMENTE CONSUMES”.

Yendo a los santuarios de Luz y Fuerza, uno se da cuenta en conferencias de esas en las que tomas turnos de un expendedor con numeritos, que en 60 días se debe de gastar durante dos bimestres juntos al año, según esto, MENOS de 500 Kws para estar dentro de esa bendición del subsidio en esta zona apartada, y eso no es poca cosa, es como un 20 o 25% del consumo total. Nada despreciable. Por tanto en teoría para estar en la electric safety zone se deben de gastar alrededor de (a lo mucho) 8.3333333 Kws por día ya sea sábado o martes o viernes, en junio como en enero para el amigo sincero.

En ese tono de cosas en mi casa ya se llevaba de cierta manera la cuenta en forma general, pero en un alarde de descontrol se fueron agregando paulatinamente en la fiesta de los meses en mi entorno como si fuera agua aumentando su temperatura a un grado por minuto de cierto modo, en forma de aparato tras aparato que de manera simultánea y como si fuera un primer movimiento en sucesión completo-allegro-sin-nunca-moderatto de una inusual sinfonía eléctrica-industrial-signo-de-los-tiempos-de-la-decadencia- sintonizada en claros tonos brillante-naranjas-corriéndose-hacia-el-rojo-intenso-casi-blanco-blanco del derroche de la abundancia-espejismo tal que, casi como la rana hirviendo mortalmente en su ignorancia, mi despertar fue grave: en menos de quince días, un cuarto de bimestre, ya había consumido casi 17 Kws diarios en promedio, algo así como ¡255 Kws en total!

Pá’ darme a entender, en quince días me volé lo que debía o podía consumir en todo un mes. La mexicana alegría al irresponsable galope. Bueno, entonces, ¿qué significaba?

Muy sencillo, que para llegar a la mágica cifra de 499.99999999 Kws por dos bimestres seguidos según la regla de LyF, y que ya llevaba uno de ellos por circunstancias de vacaciones, por tanto, de querer volver al huacal, debería de gastar ¡poco menos de 4 Kws por día!, o sea, no lo sabía todavía, pero al luego descubrir que el refri me consumía 5.7 Kw alrededor, DIARIO, insisto, no lo sabía entonces pero lo sospechaba, o sea, repito, segurísimo que estaba MUY en problemas.

Cuando estás en esas circunstancias, ¿qué es lo que te queda hacer?

Vivir en la irresponsable alegría no era opción. Cerrar los ojos no hace que se vayan los monstruos, ya lo he comprobado. El sol es más grande que mi dedo (supongo). Sospechaba firmemente que mi tío Omar no me iba a depositar 600,000 pesos de buena onda el siguiente fin de semana. Mmm. Los hijos no iban a dejar de utilizar sus prebendas que la revolución de la adolescencia les consiguió con la lucha de clases bien aprobadas que mantenemos. Y que la cumplen, que es lo peor.

Habría que apagar el refrigerador. Brrr, o como se diga en este caso. Blackout voluntario en la zona de conservación de alimentos. Un signo de progreso cancelado. Una evidencia de que Dios existe, cerrada. La razón al borde del colapso. Los bárbaros en las puertas. Cómo estar en mi ciudad sin sweater.

Se me hicieron varias alternativas cerebrales: poner otro medidor, cambiar la instalación eléctrica, comprar otro refrigerador (ajá), verificar si había un corto en alguna parte y arreglarlo, incluso rezar al Intenso Dios de la Electricidad (nunca supe quien es ese con claridad, ¿Carlos Slim? Ah, no, ese es el Dios del Teléfono… pero ya me habían dicho que rezarles o implorar su piedad no funcionaba de cualquier manera), etc.

Y así se hizo: Se apagó el MF RF. (No pregunten que significa “MF”, please.)

Gracias a la buena voluntad de una amiga muy cercana (en afecto y más cercana en distancia, afortunadamente) y con algo de espacio en su congelador, se pudo sobrevivir la friolera (simpática palabra, “friolera” ¿...de frío?) de 42 días por delante sin refrigerador.

Eso sí. Fueron días de paz eléctrica. No hubo zumbido permanente, no hubo la sensación de que el antropomorfizado Mr. Freeze hiciera la gran maldita falta. La leche se compraba de esa que está empaquetada al alto vacío. Mi esposa había etiquetado a la perfección cada paquete de carne o carnes frías a consumir cada día. Todo se congelaba en casa de mi amiga (superagradecidísimo con ella). Fue una excelente manera de llevar una organización y logística a nivel doméstico.

Hubo sus bemoles, claro: nunca hubo refresco o soda o como se llame en tu localidad, fría o frío, porque en esta MÍ localidad, no hay mucha necesidad de refrescarse (de hecho este año me quité mis sweaters a lo mucho, sólo una hora diaria en ciertos días señalados del verano mismo, ya hasta me sentía César Costa).

Los demás aparatos a partir de entonces fueron calibrados muy cuidadosamente, en lo posible, para alguien que jamás había hecho eso en la vida. No me volví experto como para medir profesionalmente medidores eléctricos por el resto de mi vida, pero en mi caso yo tenía que agregar un decimal que normalmente no se marca porque no tiene sentido en el común de las circunstancias, pero para saber saber, lo que se dice saber, en mi caso, por aparato, se lo tuve que apreciarlo a ojo de buen cubero, y agregar religiosamente.

Y claro que fue significativo.

De ese modo, como dije, calibré en cierto sentido cada aparato de mi casa y supe aproximadamente cuanto se consume por hora una PC (.25 de Kw), una PC más una TV (.5 de Kw), una PC más una PC más un RF (.7 de Kw), etc. Y así las cosas, mi promedio, que sé perfectamente que no le interesa a nadie en particular, fue de 3 Kw diarios. A lo menos 2.2 Kw en ciertos días y a lo más en 4.4 Kw en momentos claves de otra de esas minisinfonías de muchas combinaciones alternativas de electricidad surcando los cables de cobre recalentados.



Las medidas físicas creo que volvieron locos a mis vecinos: una se hacía a las 07:00, otra a las 16:30, una más a las 21:00 y siempre la final, la de las 00:00. Esto es en un día. Y al siguiente. Y al día después al siguiente, como quien dice, al next-siguiente. La medición, cualquiera, para respetarse como tal y como todos deben de saberlo, debe de ser equiparable, precisa en lo posible, asimilable, simple, repetible, es la única manera de saber lo que sucede a nuestro alrededor. Es crear nuestro marco de referencia y desde ahí tomar decisiones.

Sé que puede que mis lectores algunos sean afluentes y piensen que la vida en este sentido se puede resumir con la siguiente metáfora, como me la dijo otro querido amigo, y que va así: “si mi trabajo no me alcanza para pagar la gasolina que consume mi pesado, sólido, magnificente, supercarro antiguo Chevrolet Bel Air 1957 de ocho cilindros en V, mejor me cambio de trabajo”. Ventajas de la juventud de antaño y de esa indiferencia beat-ífica de nuestros veintitantos ya algo lejanos años.

Mi caso no es el derroche, mi caso es más bien el consumo racional de mis satisfactores que yo con mis recursos propios pueda consumir sin que me tope con tristes realidades a final de un período mensual o bimestral. Punto.

Prendí mi refri al día número 42. Llegué a la meta sobrándome 70 Kw. La mera pausa que siguió desde que se conectó físicamente a su eléctrica línea vital, hasta que “prendió” con su zumbido familiar (ya lo extrañábamos, sob,), respirando visiblemente, fue de una ansiedad profunda. Esa mera pausa de si prenderá o no, si sí o si no, si sí o si no. Esa pausa familiar en la que te haces la pregunta básica en esas miríadas de momentos críticos: “¿y si no prende?” Pero prendió, como debía de ser.

Seguí racionalizando mi consumo. Ahora descubrí eso, que mi refri consume un tanto por hora: “como” .26 a .28 de Kw, (con dieciocho años de edad, ya no es la chucha cuerera ecológicamente afinada y eminentemente económica que se anunciaba por entonces, los estándares han cambiado, afortunadamente, supongo); y que mis aparatos consumen un tanto por hora más: la TV y la PC “como” .2 cada uno. Insisto en la palabra “como” como una humilde aproximación pero en la suma del día, es como incluirles el método del famosísimo Factor Aguacate. (¿No saben qué es el “Factor Aguacate”? Estén sintonizados por este micro micro micro canal, un buen día lo explicaremos).

Y descubrí que podría llegar a 9 Kw sin dificultad… pasándome en .666666 en lo óptimo para llegar a 500 Kw al paso de los 60 días. Por tanto tengo que apagar el refrigerador dos horas al día o más, quizá en la madrugada. No sé si vaya a fallar o no después. Si dejará de prender algún día (esos temorcitos que causan más ansiedad). No sé si mi RF debe de obedecer los cánones de los RFs del mundo que dice a la letra: “SI LO APAGA, CONSUMIRÁ 35% MÁS DE SU CONSUMO NORMAL”. ¡Pamplinas! Mientras tenga menos de 8.3333 Kw en promedio de consumo diario lo seguiré haciendo. Si llega a fallar, bueno, ya me compraré otro más económico y más racional en consumo. Situación win-win evidente. Supongo.

Y ni modo. Prefiero gastar lo sobrante de mi pobre dinero en libros, manga, animes y demás vicios de mis hijos que pagarle a una entidad obscura impersonal motivo de nuestros disgustos tal y como es Luz y Fuerza. O Comisión. O Gas. O Teléfono. O lo que sea.

Y no, la alternativa de modificarle subrepticia e ilegalmente al medidor para aparentemente consumir menos no me es muy atractiva, digamos que sin pecar de santo, me es problemática. Maldito temor Hitchkockiano a la autoridad (Alfred sí le tenía un chorro de temor a la Autoridad, como lo demuestran sus películas, ¿y yo?, sí, también le tengo temor por un lado, pero por el otro…).

Hay que medirse. Sé que puede hacer de la vida un poco autoconsciente de que cada aparato extra en activo significa un poquito de watts y que estoy con el nervio de que si prendo la segunda PC, me preguntaré por cuánto tiempo debo de prenderla o a qué horas tendré que apagar la TV y cosas, disyuntivas así. Todos los días. Y la consecuencia de esa decisión la sabré a las 00:00 de mañana. Siempre. Todos los días.

Hay beneficios de la administración de luz: me concentré más en la lectura (tengo un chooooorro que leer, con eso de que accedo recientemente a la biblioteca de la prepa de m’ija se me ha hecho aún más vicio el asunto.) Me dedico más a escribir aunque sea llenando hojas y hojas y acabándome plumas y plumas que ya luego volcaré de manera más pensada en este procesador de palabras.

Hay desventajas, claro. No puedo escribir mucho en la PC, no puedo reventarme los maratones de antaño. En fin. Ahí la llevo, poco a poco. Como dije, me obliga a ser más eficiente. A mis hijos los hace ser más conscientes del uso de los recursos. Más conscientes respecto a lo que cuesta ese satisfactor. De lo inútil que es gastarlo en excesos. De no deber vivir por encima de tus medios.

Sobre todo, de que hay maneras en que se puede NO permitir que las cosas te manejen.

Que muy bien te puedes anticipar a lo que va a suceder.

Que en ciertos casos las cosas SÍ se pueden determinar por NUESTRAS acciones.

Que SÍ se puede modificar el futuro.

Y eso tiene que ser bueno.

Mientras, estar o no estar en el subsidio. No sé si económicamente sea lo viable para nuestro país, pero, ¡qué diablos!, si ahí está, a usarlo, ¿o no?

Eso o esperar a que seamos hervidos como a una pobre rana. Muy lentamente.

1 comentario:

Di Stefano DereK dijo...

Hervidos como una rana.....de verdad, suele pasar...a mi me pasa con las cuentas de telefono (tenia una novia de guadalajara, imagina los cargos por llamada :S)

¬¬'

Por otro lado, mi estimado Eduardo. He recibido satisfactoriamente tu correo.

Respecto a los enlaces, puedes enlazarme como te sea más comodo, en este caso, como lo has mencionado, en tu lista de links, o si lo prefieres, por medio de banners.

Por lo pronro, en cuanto me desocupe de trabajo hoy lunes enlazo tu blog desde el mio ;-)

Saludos! y suerte con el consumo de la luz....creo que es algo que todos tenemos que aprender a hacer.