lunes, octubre 23, 2006

Del Rapto de la Información en Time.com



No sé si para ustedes no sea importante pero para mí sí lo es. Se trata de que de alguna manera, compartir, avisar, que todo el contenido de Time.com está abierto. Y puede que esté abierto por un error. Y puede que sea temporal.

Déjenme me explico. Dejen explico que es un omni-infovoro. La infoavidez carnívora.

Primero. La revista Time es una revista que aún y que se puede etiquetar como conservadora desde cierto punto de vista, es de lo mejor para estar actualizado si la lees semana por semana, año con año.

Segundo. La revista Time es una revista semanal que tiene más de 83 años de edad.

Tercero. Yo estuve suscrito a la revista desde 1984 hasta 2001.

Cuarto. Conservé por un tiempo todas las revistas que me llegaban y un día calculé que medirían aproximadamente una puesta tras otra: .004 m de grosor en promedio por cada uno de los 52 números anuales por 17 años da: 3.536 metros de altura repartidos en 884 revistas, de las cuales ahora sólo conservo unas 180, pero eso sí, como 450 portadas que también me quedan. De las 884 originales perdí como 200, de las mejores, en un incidente desafortunado que todavía lamento.

Quinto. La revista me daba un filo interesante de muchísimos temas.

Sexto. Siempre tuve envidia de lo que no tuve. De hecho, siempre he tenido envidia de lo que no tengo.

Y en ese rango de envidia quedaban todas los ejemplares que traían noticias que consideré, y considero, de ultraimpacto como pueden ser: “¿Dios está muerto?”, el número del Bicentenario en 1976, la que perdí de John Lennon de 1980, la que perdí de George Orwell (aunque conservo su portada) de 1983, la que perdí de Carl Sagan (la presté) de 1980, la de “the Evil” (“El Mal”) de 1987…

…y así estaban de ese calibre, y que nunca tuve ni ví: las de Vietnam desde Ho Chi Minh pasando por Dien Bien Phu pasando por el Golfo de Tonkin pasando por la ofensiva del Tet pasando por la caída de Saigon; las de Watergate desde la captura de los plomeros el mero julio de 1972 hasta la caída de Nixon en Agosto de 1974; las que tienen que ver con México en todas las épocas desde 1923; las que tienen que ver con Los Beatles, sobre todo la de 1967 en su fase del Sargento Pimienta; la que tiene que ver con el rock desde que empezó en 1954 con Elvis; las que tienen que ver con escritores notables como Camus, Hemingway y Pynchon; las de la Segunda Guerra Mundial: las de Rommel, las de Hitler, las de las batallas importantes: la de Stalingrado, el Alamein, Midway, el Kursk, Normandia, Iwo Jima; los de los cambios de la tecnología y la sociedad, las costumbres y la moral, los modales y las modas, los hippies, las fiebres de sábado y los yuppies, y finalmente las que no quiero, porque las tengo y no me causan ningún buen recuerdo, las de las Torres Gemelas y sucesivos eventos que condujeron a las pesadillas de Afganistán e Iraq.

Por lo mismo me declaro un poco freak (o bueno, freak completo) en términos de búsqueda y de posesión de contenido (en cualquier formato, sencillo Times New Roman de 12 puntos, hojas tras hojas, jamás para ser impresas ya que ocupan de nuevo un buen de espacio).

Es decir, si algo busco es contenido en forma de información, artículos, puntos de vista, opiniones, ensayos, mil de esas cosas.

Me gusta sobremanera lo que la gente opinaba, pensaba, imaginaba, temía, deseaba, soñaba en cada uno de sus momentos y épocas: no es lo mismo leer de la Segunda Guerra Mundial ahora que sabemos quien ganó y qué se ganó, que cuando no se sabía todavía cual era el desenlace (“…estos son tiempos oscuros para Europa” decían por ahí de 1942): es como ahora leer lo de Corea del Norte y sus ensayos y amenazas nucleares y no saber, hoy por hoy, que hará con las otras armas que haya armado por ahí.

Por tanto no es lo mismo leer entonces lo que se lograría con la Carrera Espacial en el año de 1960, y quién llegaría a conquistar la Luna para finales de la década, como afirmó temerariamente Kennedy en ese discurso tan famoso del año siguiente, con lo que sabemos ahora de que llegando, llegando de 1969 a 1972, se iban a retirar de ella en lo absoluto, como lo han estado desde hace 34 años.

O podría traer en sus temas a las computadoras y sus temores de 1954 y sus goces de 
1982 (cuando fue declarada con horror para muchos de The Machine of the Year) hasta llegar a sus ubicuidades del momento de hoy mismo, que ya nadie se impacta más que con los avances dentro de los celulares de cada quién.

Ni hablar de los ensayos, uff, esos sí son ensayistas de los que necesito aprender (bueno, habrá muchos más, pero ¿dónde los encuentro?): Lance Morrow, Robert Rosenblatt, Charles Krauthammer, Pico Iyer, Strobe Talbott. Todos los temas a considerar y a reflexionar, desde el cine, los desastres, las guerras, los cambios, lo bueno y lo malo.

Así las cosas, hay mucho que no se leyó de incontables artículos de la revista, y con el paso del tiempo, Time Magazine llegó a Internet, creó un buen website y desde ahí anunció que se podía acceder a sus portadas del pasado, lo que me hizo parcialmente feliz de encontrar muchísimas de las que me hubiera encantado de conocer de primera mano… sólo para descubrir que muchas de las que yo buscaba no salieron en el Time norteamericano, sólo en el Time para el mercado latinoamericano (situación la cual era la razón por la que había muchísimos comerciales en español), por tanto no me fue capaz de recuperar, por ejemplo, una de 1983 en la que salía un imponente samurai japonés cuya armadura estaba hecha de réplicas de los productos de Honda: autos de carrera, motos, autos sedanes, todo de una manera sofisticada y estilizada, bueno, algo se perdió, algo se ganó.

En fin, resumiendo. Todo esto se podría encontrar hasta hace un tiempo en Internet… si eras suscriptor de la revista. Una cosa que no me quedó muy clara de Time, Inc., fue que de repente en octubre de 2001, un mes después de lo de las Torres, cerraron la edición latina, sólo diciendo que por consideraciones estratégicas de negocio, y lo que se hacía desde la ciudad de México, ahora se realizaría desde Miami. Y sólo eso.

No más explicaciones de que pasó con esas “razones de mercado”.

Así las cosas, sólo me quedó un contenido limitado de Internet. Como mencioné, había que ser subscriptor de Time para tener acceso a todo lo fantástico de su haber.

Y una ocasión incidental de marzo de este año, pude tener un vistazo de ese tesoro de información ya que por alguna razón me encontré con la novedad que no tenía restricción para obtener todo lo que quería. El gusto no me duró mucho pero al menos obtuve algo de lo perdido, la de John Lennon de su muerte, la de los Beatles de 1967 que nunca había podido obtener y ya. Como una media hora y luego se cerró de nuevo.

Así las cosas transcurrieron con tranquilidad hasta hace dos semanas que se volvió a abrir el cerrojo del megatesoro de información.

¡Y a leer y a buscar de todo, se ha dicho! Han llegado momentos en que ya no se me ocurría nada que buscar, artículos sonados y artículos simpáticos para poder leer después estaban a mi disposición. Por lo mismo de la irregularidad de lo que sucede no pude más qui dedicarle jornadas después del trabajo y en mi casa.

Pero el asunto lleva más de dos semanas. Sólo por checar traté de sacar los archivos que hay acerca del tema de la Felicidad, un tema muy vistoso que es más allá de un feelgood ocasional y efímero, sino que es algo serio y extenso en cuanto a lo que se hace al respecto del asunto en muchos ámbitos, religiosos, místicos, terapéuticos, artísticos, etc., es decir, como Time siempre trata los reportajes de portada. No pude obtenerlo. Está cerrado como siempre.

Sé que no todo mundo es así de freak y sé que no todo mundo lee inglés. Pero para los que buscan información como degenerados y que al mismo tiempo pueden leer en inglés (el que tengan tiempo para hacerlo puede que ayude un poco), pueden hacerlo ahora mismo en www.time.com .

No sé si al compartir esta información estoy quemando mi oportunidad de buscar, navegar, explorar toda esa cantidad de artículos y notas (de un número de algo menos de 350,000… así es, por ese número de notas más o menos anda), desde su fundación en octubre de 1923, hasta, ¿que será?, estos dos últimos años.

Pero hay que decirlo, ¿no? Es un asunto demasiado bueno para que me quede yo todo con él. Además, sé que no muchos cibernautas son fans (o freaks) de este tipo de cosas.

Pero los que sí aprecian este asunto, y sobre todo si es temporal y es sólo un error de sistema de ellos (o tal vez no, ¿quién lo sabe?) que tal vez dentro de poco se cerrará, se acordarán de los felices días que pudieron explotar ese megatesoro de información que es más de 350,000 notas y archivos de lo que es Time Magazine.

Ah, si hablamos de que esto que hago e insinúo que los demás hagan algo así sea como hurto de información o cosas similares, pues, pues, pues, ahí está la información libre, ¿no? Y lo que está permitido no está prohibido, ¿verdad?

¡The information wants to be free!

O algo así… Buena suerte y buena caza… mientras dure…

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