martes, octubre 31, 2006

El “Pedro Chávez Special” que se extraña tanto: Cincuenta años del Mito Infante


Una cierta conocida años atrás me contó una anécdota de una amiga de ella, digámosle “Alejandra”, para evitar confusiones.

Resulta que “Alejandra” era de una ciudad de la frontera tamaulipeca y tendría como doce años allá por 1972, algo así. En aquellos años la televisión no tenía muchas alternativas y siempre transmitía venerables películas mexicanas incluso en horario del ahora llamado triple A.

Sucedió que, obvio, por aquellos años las Inmortales del Cine Nacional eran parte medular de la programación semanal de no sé que canal.

Supongo que entre los ciclos que transmitían por allá en cadena nacional estaban las 
películas, además de las de Infante, las de los Soler, las de Joaquín Pardavé, las de Luis Aguilar, Arturo de Córdoba, las demás de caballitos como se las conocía, y las por supuesto las queridísimas de Jorge Negrete. De seguro “Alejandra” estaba ahí, religiosamente cada sábado o martes o el día que fuere mirándolas varias veces como fuera.

A “Alejandra” le gustaban tanto las películas de Jorge, que sin más ni más y por razones perfectamente claras de su tierna edad, se enamoró del mismo actor. 



No era para menos, la esencia de Jorge Negrete es su virilidad proyectada, su espléndida voz, su atractivo magnético, su ser simpático y querendón además de, seguramente, su valentía e intrepidez.

Así las cosas, un mal día en la memoria de la vida de esta “Alejandra”, alguien en mal plan, o no sé con qué intención, le enteró en son de burla que su enamorado Jorge Negrete tenía dieciocho años de haber desaparecido de la faz de la Tierra pues había muerto en 1954.

Al saber la noticia, nuestra desconocida “Alejandra”, se dice,  totalmente desconsolada, lloró por días y días.

Bueno, supongo que “Alejandra” un día creció, maduró y por fin dejó atrás esas ideas, como dije, tiernas, pero a final de cuentas, irracionales. 

Pero aún así, si nos ponemos a pensar, ¿quién nos advierte a cierta edad pequeña que lo que vemos en pantalla no es así como la vida real que creemos vivir?

¿Después de cuánto supimos que aunque mostrara aquél programa bélico de “Combate!” con una etiqueta sobre su imagen que decía “IN COLOR”, nuestra pobre TV Admiral con pantalla blanco y negro no sería jamás capaz de obedecer tal designio?

¿O qué los personajes de por decir, El Show de Dick Van Dyke, nos hablaban con voces que también las escuchábamos en Hechizada?



¿O qué el Agente 86  realmente jamás habló de su tía de Acapulco en su idioma original?

Tal vez ahora las cosas estarán más claras para los niños de hoy en día con sus 50 (o más) opciones de canales de TV, todos de 24 horas, pero por entonces para nosotros tales mundos eran tan imaginarios como la idea de vivir en Disneylandia.

Las ilusiones de la TV no lo eran antes, eran algo más cercano a una cierta tangibilidad. Nosotros le atribuimos solidez a los cuerpos. Escuchábamos sus voces. Veíamos sus caras. Les creímos, y creamos, sus verdades. Sospechábamos que si los viéramos entrar a nuestra sala,  por la puerta y como si nada, los saludaríamos con naturalidad. Que hasta se sentarían en nuestra mesa a comer con la familia, ¿y por qué no? Eran familia también. 

“Alejandra” tenía un punto. Ella creía en Jorge Negrete. Tal vez pudo ser ella la última de sus fans que le lloró. De verdad.

Ahora sí, Pedro Chávez, Pedro Malo, Cruzberto Gaudazas, Víctor Medina.

A mi me recetaron películas de Pedro Infante desde que tuve uso de razón (la gente dice que de eso no han pasado más que dos años y que no ande presumiendo por ahí) y la verdad se hizo tradición ver una película de él cada semana en su habitual blanco y negro (y aún ahora me maravilla el ver en color a Carolina (Irasema Dillian) con sus labios rojos rojos salir en Pablo y Carolina o admirar los esplendidos interiores de la mansión que aparece en Escuela de Rateros). 



El orden podría variar pero las que siempre estaban juntas eran las de Nosotros los Pobres, Ustedes los Ricos, finalizando con Pepe el Toro. Luego podrían recetarnos Los Tres García y después Vuelven los García (de pequeño me daba cierto orgullo saberme que yo me apellidara así, cosas de la idiosincrasia mexicana infantil) una semana tras otra; después podrían dar Viva mi Desgracia y Un Rincón más Cerca del Cielo, posteriormente podrían transmitir A Toda Máquina y ¿Qué te ha dado esa mujer?; sin olvidar la siguiente semana a La Oveja Negra y a No Desearás la Mujer de tu Hijo; no podrían faltar Ahí viene Martín Corona, y Gitana Tenías que Ser, para después surtirnos las “escuelas”: Escuela de Música, Escuela de VagabundosEscuela de Rateros



Luego, en el aniversario de su muerte, 15 de abril de cada año sin falta, ¡Así era Pedro Infante! con su grito al final, fantasmal y escalofriante.

En todas las anteriores se puede ver que se juntan, mmm, como quince películas, algo así como cuatro meses casi de progrmación, pero, ¿cómo? ¡sí faltan más!: Dos Tipos de Cuidado, Los Gavilanes, Tizoc, Angelitos Negros, Los Hijos de María Morales, La Barca de Oro, Soy Charro de Rancho Grande, Mexicanos al Grito de Guerra, Escándalo de Estrellas, La Feria de las Flores, Las Mujeres de mi General, También de Dolor se Canta, Sobre las Olas, Islas Marías, Pablo y Carolina, El Mil Amores, La Tercera Palabra, El Inocente, Los Tres Huastecos, y ya son en total más de treinta, para pasarnos conectados al espíritu de Pedrito por mas de siete meses, y luego las que se me olvidan, uf, etcétera.

¿Qué significa esto? Bueno, yo no estoy seguro si mis hijos gozan sus películas como yo a su edad (no había mucha segmentación de mercado en los/mis años setenta, pues), ellos ahora de quince y doce años, y creo que no lo hacen, de hecho no sé si de mayores vayan a desarrollar el gusto de verlas, cosas de su modernidad.

Lo que sí supongo es que estas cintas, de que van a ser vistas más allá de aquí a veinte años, lo harán, doble contra sencillo.

Pedro Infante murió hace ya casi 50 años (¿qué tanto falta para el 15 de Abril de 2007?) y obvio, yo no estuve ni de chiripa para entonces. Ni supe que cara puso la gente, no si se vendió más periódicos, ni si estuvieron muy pegados a la TV o al radio mientras se supo del avionazo, el traslado del cuerpo, el velorio, el funeral, los homenajes, ni nada. Zero. Faltaban cinco largos años para que naciera.

Ni me imagino el tamaño del impacto de su vida en vida, menos el de su muerte recién muerto. Lo único que puede uno aspirar a conocer ahora, de no ser por tratar de leer las crónicas originales de las noticias de aquellos años, si es que se puede, es a tratar de percibir el tamaño de la vida del señor, para no llegar mencionar ni la palabra “mito”, ni la palabra “leyenda” en el texto.

Supongo que Pedro Infante ha de ser para México y los mexicanos como Carlos Gardel para los argentinos o como Elvis Presley para los norteamericanos, y ya todos sabemos lo que dicen de Gardel, que cada día que pasa canta mejor; de Elvis dicen que gana más dinero hoy por hoy que cuando vivía, ¿qué podemos decir de Pedrito en ese sentido?



¿Será su viuda (o viudas, con todo respetín) la(s) que gane(n) más con él? ¿O lo será Televisa. la que es al parecer es la dueña de los derechos de sus películas y persona, (“the estate”, como le dicen en inglés)?

Y eso nos puede llevar a la siguiente pregunta, por decir cualquiera: ¿cuánto gana en comerciales la transmisión de un buen sábado por la tarde de Dos Tipos de Cuidado? ¿Qué sucedió con la productora original de esa película? Sorry, no tengo la ficha. ¿Habrá cedido sus derechos? ¿En qué condiciones? ¿Por cuánto plazo? ¿Desde cuando?

¿Veinte años? Podrían ser cincuenta o setenta.

¿Cómo no olvidar a Pedro Infante? Digo, ¿se acuerdan las nuevas generaciones de Javier Sólis? ¿De Víctor Manuel Mendoza? ¿De Abel Salazar? ¿De Antonio Badú? ¿De Arturo de Córdova? ¿Del mismo Jorge Negrete? (con la posible excepción de la mencionada “Alejandra”, su post-cuasi-joven-viuda.)

Simpatía. Carisma, palabras de siempre, te caía bien el tipo, o más bien, te cae bien el tipo, así en tiempo presente, si ahora lo vieras asomandose viejito como sería, como para pedirte un favor, si es que no te mueres del susto antes, por supuesto, con toda naturalidad lo atenderías, como si fuera, lo repito, un tío abuelo tuyo de tiempo atrás. La figura de él se nos hace tan natural que no podemos evitarlo, insisto, nos sería “natural” el verlo. 

Lo hemos visto cerca y lo veremos más que a nuestros propios parientes que se nos hayan muerto con el paso de los años, ¿cómo no tenerle afecto? ¿Cómo no extrañarlo?

Y puede que sea eso: jamás nos dieron la oportunidad de extrañarlo o de enterrarlo en nuestras mentes. 



Es nuestro hombre común que se queda con Miroslava, que se queda con Elsa Aguirre, con Marga López (dos veces y una en que la perdió con Abel Salazar), con Sarita Montiel, con Silvia Pinal, con Silvia Derbez, con Rosita Quintana, que NO se quedó con Blanca Estela Pavón (bueno, dos veces sí, luego se nos fue) y que se quedó con muchísimas más.

Así las cosas, ya sea motociclista de tránsito, compositor exitoso creído muerto, mecánico, seminarista, sacerdote, revolucionario, aspirante a estrella, militar, forajido, preso, cantante, agricultor, maestro de escuela, él era todo lo que nosotros podríamos haber sido, pero que en él fue mejor: cantaba bien, era guapo, era seductor, con carisma, con valentía, con humor, con picardía, con amistad a toda prueba, como padre que perdió un hijo, como presidiario, como violinista, como maestro de escuela, como el everyman de everytime de everywhere: el cualquiera de cualquier momento de cualquier lugar.

En ¡Así era Pedro Infante!  hay un segmento de cuando salió en TV con motivo de un maratón de la Cruz Roja y ahí se puede percibir menos actuado, más real. Uno no deja de ver como tal vez sí podría ser: un mucho sorprendido de su éxito y de cierta manera agradeciendo todo a su presunto mentor: el director de buena parte de sus películas, el señor Ismael Rodríguez.



Así lo tenemos presente:

El Pedro de A Toda Máquina, golpeándose con Luis Aguilar en la casa de éste.

El Pedro de Nosotros los Pobres, llorándole al Torito.

El Pedro de Escuela de Vagabundos, cantándole a Miroslava.

El Pedro de Los Tres Huastecos, llevándole un vaso de agua a la Tucita.

El Pedro de La Oveja Negra, paseando a caballo con su Camcia.

El Pedro de La Tercera Palabra, lanzando un cuchillo con toda precisión a la mesa hacia donde estaban los que lo querían llevar al manicomio.

El Pedro de El Mil Amores, cantando “Desde Altamira, Tamaulipas, les traigo esta alegre canción...”.

El Pedro de Los Tres García, junto con el perico, burlándose cínicamente de sus primos.

El Pedro de Dos Tipos de Cuidado, jugándose su rancho a la última carta con su ex amigo, Jorge Bueno.

El Pedro de Ustedes los Ricos, peleando contra el Tuerto al filo de la azotea en uno de los grandes edificios recién construidos cerca de Paseo de la Reforma.

Y así...

Con el paso del tiempo se dice hasta el cansancio la frase de "¡Pedro Infante no ha muerto, vive en nuestros corazones!" Será verdad o exageración, será frase hecha o será frase sincera, pero de que no se olvidará en mucho tiempo, no se le olvidará.

Híjole, ¡son cincuenta años!

Cincuenta aaaaaaaaaañosssssssss, cinco veces diez.

Y, véanlo: ahí está, intacto, con su sonrisa, su bigote, su aplomo, su voz, su sombrero, su sencillez, su tranquila y plácida inmortalidad, ¿podemos imaginarnos esa cantidad de años? ¿Conviviendo con su imagen?

Yo no. Y sin embargo ahí está, el próximo sábado o domingo o lunes o cualquier día de cuando leas esto, ahí estará de nuevo. En una de sus siguientes dramas, en una de sus siguientes comedias.

Él no faltará a la cita. Tal vez algún día, en alguna parte, le salgan a él como a su cuñado Jorge, otras jóvenes “Alejandras” que ahora serán sus nuevas chorreadas, a las que un día alguien las despertará cruelmente de su ensueño romántico.

Y le llorarán. Vaya que sí.


Todo es posible...







****



Addenda...

Esto fue editado el 15 de Abril de 2014, sus películas ya las encuentras en YouTube, completas, yo tengo dos en DVD, Escándalo de Estrellas y A Toda Máquina... mis hijos no saben quien es Pedro Infante y no les interesa mucho, quizá como objeto de estudio...

Yo sigo celebrándolo.




1 comentario:

Agustin Limon dijo...

“ORGULLO DEL CINE NACIONAL”
(CORRIDO A PEDRO INFANTE)

Esta es la letra señoras y señores,
también la debe mirar la juventud
es un corrido al Ídolo más grande
a Pedro Infante con mucha gratitud.


Su aniversario por siempre se recuerda
a Pedro Infante no se podrá olvidar
pues es el Padre de la Canción Ranchera
y el más completo del Cine Nacional.

Fue deportista, tenía un montón de pesas
con brazos fuertes en El Perú se vio
y en varios teatros cantó muchas bellezas
con diez mariachis que América aclamó.

Abrió la puerta del Bolero ranchero
y al Cine puso en todo su apogeo
más hoy nos queda tan solo su recuerdo
con las canciones que al Pueblo le cantó.


Y de regreso de una grandiosa gira
“Museo de Cera” Infante iba a filmar,
y Oso de Plata el Cine tenía en mira
para buen Astro de fama ya mundial.

Nunca se olvida Año Cincuenta y Siete
que en la mañana de aquel quince de abril
murió en un vuelo el Astro Pedro infante
el mero Uno del Cine Nacional.

Abrió la puerta del Bolero Ranchero ….)
Y de regreso de una grandiosa gira.........)
Nuca se olvida año cincuenta y siete……)
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Autor:
Agustín Limón.
compositor_poblano@hotmail.com
Este corrido a Pedro Infante se hizo en la Sala de Informática
de la Escuela Normal Rural “Carmen Serdán” de Teteles, Pue. México.