domingo, octubre 22, 2006

Por fin leí a Albert Camus. El Extranjero




No sé cuanto tiempo estuve mirando ese libro en alguna biblioteca de amigos. No tengo la menor idea de lo que imaginaba al leer su título. No recuerdo cual era la visión que tenía al intentar pensar que se trataba. Creo que lo más cercano a ello fue que era alguien de fuera que llegaba a un lugar y que era mirado por los lugareños de forma diferente. Es todo.

Pero no fue así.

Leí el libro sin mirar la parte de atrás. No sé porque no lo hice antes pues está dentro de mis costumbres hacerlo, pero algo sucedió. Lo empecé sin tomar ninguna pista al respecto. Al llegar a la segunda parte del mismo se me ocurrió hacerlo y ¡bolas!, que me voy enterando de lo que iba a suceder.

Por tanto les recomiendo a los posibles lectores que lean hasta donde yo les diga, si siguen leyendo después, se enterarán del final.

¿Qué sabía de Camus?

Algo relativo a que había obtenido el premio Nobel. Algo de que había muerto en un accidente en un árbol en alguna pequeña carretera de Francia, que era argelino, que le había leído una historia hará dos o tres años acerca de un carcelero y un preso en medio del desierto, algo así.

Y que voy leyendo la historia. Al leerla buscaba algún rastro que me indicara la grandeza de un escritor. Ese discernible que te dice, aquí está la huella de alguien maravilloso en su sentir, en su esencia, en su discernir el mundo, en la afortunada muestra de la metáfora original, en su equilibrio de sentencias que te hará sentir que tú jamás lo podrás lograr ni con todo el tiempo dedicado a ello.

Pues sí, encontré rastros de algo. Leí mucho acerca del sol, del cegador sol, de la lluvia cegadora de luz, del sudor, del sentir inmediato de las cosas, de las tragedias que de algún modo nos pasan a todos y que por eso no habrá nada extraordinario ni siquiera en lo extraordinario, que de hecho a todos nos pasan las mismas cosas y que por ello la vida no es más que un desfile de sucesos en los que debemos de estar conscientes de ello y sólo seguir sin prestarle atención más que al vivir y al estar, sin caer necesariamente en lo hedonista o en lo no ético o en lo inmoral.

La leí toda casi de un tirón y al final todo fue encajando. Por supuesto que no la contaré en este espacio, lo dejaré eso para cuando avise. El leer El Extranjero, que no deja de ser una novela corta, es impactante no tanto por la prosa manejada, sino por las ideas que transcurren a través de sus páginas. Al terminar lo miras en sus límites físicos de volumen corto y no puedes dudarlo, ese libro es una bomba, o quizá lo fue, o quizá mi personalidad ya está lo suficientemente deforme que ya no hace tanta mella. Pero lo que sí es claro es que el leer a Camus, así sin advertencia, te estremece al tratar de entender lo absurdo que es la vida (Aute no se equivocaba o ¿habrá leído Luis Eduardo – tocayo- Aute a Camus? ¡Claro que sí! ¡Todos los han leído! ¡Yo fui el último que no! No me enorgullece, claro, de eso no se presume jamás, pero ya ven, nunca es tarde).

Y de ese absurdo se han escrito tratados, según wikipedia, a Albert Camus le molestaba que lo trataran del Filósofo del Absurdo, tema que siempre he pensado le corresponde a Ionesco, él, Camus, más bien era un humanista, pero un humanista especial, a mí en lo particular me cayó bien que detestara a los comunistas, que los acusaba de perderse en el camino de la Historia, acechando a los grupos humanos para venderles patrañas de bienestar social para todos, sin mencionar ni los sacrificios ni los deliquios estalinistas, al denunciarlos incluso se separó de Sartre, su padrino o compadre, cosa que tal vez fue lo mejor para los dos.

Y por supuesto también me cayó bien, por decirlo de manera sencilla y simple, que estuviera en contra de manera totalmente articulada y cuerda, en contra de la pena de muerte, ¿qué pensaría ahora del señor Bush, ex gobernador del estado de Texas, que durante su mandato en los últimos años fue, y sigue siendo, el estado con más de la mitad de las penas de muerte cumplidas de todo EU?

Pero a leer su historia, la del Extranjero y, bien podemos terminar aquí para los que no la hayan leído, sólo concluiré que es un libro como para leerse en varios momentos de la vida, que quizá te haga apreciar tu propia vida y como ésta cambia o como puede cambiar en un segundo gracias a una decisión que no sabes de donde viene ni como fue formulada, pero que una vez tomada, por más nimia que pareciese en su momento, ya que fuera posteriormente asimilado el costo, tal vez nada más exista al estar frente a la propia conciencia y decidir que siempre tuvimos la razón, así: “siempre tuvimos la razón” por todas los factores que la vida nos pone (¿o nos opone?), aún a riesgo de negar lo que los demás piensen (por los demás entiéndase el concepto denominado “la sociedad”), lo cual no indicará nada más después de ello, ya que ¿a quién le podría importar la existencia o no existencia de uno, más allá de los familiares y amigos más entrañables que nos han conocido y tratado por muchísimos años?

Aún así, la felicidad será algo que estará siempre cerca de uno, si sólo pudiera ese uno darse cuenta de la absurdidad de la vida en todos sus coloridos y posibles matices.

Lo absurdo por lo absurdo.

Hasta aquí pueden leer lo que no han leído El Extranjero de Albert Camus.

Ahora sigue más dentro de lo que hay dentro de la mente de Mersault, el extranjero... ¿Por qué mató al árabe? ¿En realidad lo condenaron a la guillotina porque no podía ser capaz de demostrar que quería a su madre? ¿Es importante querer a la madre, y demostrarlo frente a todos, para ser reconocido que uno es humano y que no es un criminal en potencia?

Aún y sabiendo que eso ya no es tan posible el que la justicia debiera examinar los sentimientos de una persona para poder juzgarla con rigor o no, uno quisiera pensar, caramba, que eso ya no existe, pero la sociedad es la sociedad, ¿y quién, o qué, es la sociedad, más que la suma resumida, simple y ligera en extremo, del pensamiento que la clase dominante expresa, que mantiene o contiene como lo correcto o incorrecto aplicado a todos los demás habitantes que tal vez ni se enteraron de esos dictados de ellos mismos?

Prejuicios, creencias, ladrillos no válidos pero no menos imperantes. Ahí están y estarán, parte de la misma psique… parte de la misma vida…

Y eso que falta leer el Mito de Sísifo y La Plaga…

Albert Camus, el gran ausente. Lo que hubiera escrito de haber vivido más tiempo… Lo que no hubiera dicho de nuestras mismas contradicciones absurdas de su época y como ya dije, de esta misma época.

Todo es absurdo. ¿O no?

2 comentarios:

Jaime García dijo...

Yo siempre he sido fan de Albert Camus. El primer libro que leí de él fue La caída, cuando estábamos en prepa. Su estilo y profundidad me engancharon desde el principio.
Además de El extranjero, los libros de él que más me han gustado han sido La muerte feliz y La peste.
El que adquirí recientemente y no he terminado de leer es El mito de Sísifo, que no es más que un ensayo (no novelado) del suicidio.
Esta nota breve y algo torpe tiene un doble propósito: felicitarte por haber encontrado a Camus y ensayar esto de poner comentarios.
¿Qué sigue ahora? ¿Elegir una identidad?
Eso es profundo.
Sobre todo después de leer a Camus.

Luis Eduardo García dijo...

Supongo que me tardé en encontrar a Camus, pero es impactante cuando acomodas sus palabras en ideas demoledoras.

Ya veremos que pasa cuando lea (proximamente) el Mito de Sisifo. No que me haga existencialista o que piense que el absurdo es lo que guía mi vida, pero al vere Oaxaca, Iraq y Corea, como se nos aparece la palabreja en la mente.

Saludosssss