sábado, octubre 21, 2006

¿Qué onda? Un mini-análisis de la palabra “onda”




¿Y aparte de querer saber “qué onda”? ¿Qué es exactamente lo que queremos decir con ello?

La palabra “onda” siempre me ha intrigado. No soy hijo de los sesentas, no al menos en lo que exactamente se quiere decir con ello. Yo nací en el 62, pero en esa época tuve más bien mi infancia, o sea dicho llanamente, era un bebé, o tal vez si es que se puede hablar de cuales puedan ser las posibles experiencias o happenings de un niño de seis años en el 68, ustedes díganmelo.

O sea, me acuerdo de pocas cosas: me acuerdo de una nevada en Monterrey en 1967, me acuerdo de una hiperinundación en 1967 también, me acuerdo de las Olimpiadas del 68, tal vez de las finales de gimnasia olímpica en Tampico, donde viví en ese momento, lo demás han de ser recuerdos familiares: papás, enfermedades, viajes, vicisitudes de las escuelas, primos, cumpleaños, nada de la carrera espacial (sólo un poco), nada de Vietnam, nada de la lucha de los negros en USA, nada de los problemas estudiantiles de esa época, nada de nada de nada.

Todo es bruma en ese sentido. (El haber escrito una novela sobre Tlatelolco, de 520 páginas, con todos sus hechos, sólo significa que el evento es, tiempo presente todavía, de tanto impacto en mi persona que estuvo en mi naturaleza el tener que hacerlo.)

Pero al llegar a los setentas empezó un despertar. A un lado de toda la vida cotidiana de esos años parecería que algo interesante pasó en los sesentas y como que yo me la pasé muy pequeño, y lo peor, por lo mismo yo me la pasé encerrado en mi niñez ignorándolo todo.

Tal vez es parte de ese atractivo que tienen los sesentas: fue una década demasiado interesante. Y luego, la realidad de los setentas, donde me tocaría vivir mi adolescencia, pues, padre y todo, con sus respectivas historias al menos en el exterior, no fueron tan llenas de magia y leyenda como esa década anterior.

Pero basta de elucubraciones porque una vez más me prometí realizar textos cortos.

Ahora el que me ocupa es el de las palabras y modismos que usamos en nuestro día con día. En particular siempre me ha llamado la atención el punto de la llamada “onda” como por ejemplo “¿cuál es la onda?”, “¿qué onda?”, y todo lo que tenga que ver con “ondas” similares en todas sus modalidades.

Hay dos puntos aquí:

Uno, en el libro de Tom Wolfe, de “The Right Stuff”, que en español le pusieron el the unattractive título de “Lo que Hay que Tener”, se afirma que los pilotos de avión comercial, todos, hablan de la misma manera. Que dicen en cierto punto de cada vuelo, por decir: “Estimados pasajeros… les habla su capitán Martínez… estamos volando a treinta mil pies de altura… y esperamos llegar a las… nueve con veinticinco a nuestro puerto de destino… la ciudad de México…”

Bueno, ese tonito de hablar así, pensativo, parco, pausado, lento hasta cierto punto, en resumen, en control, es el mismo de los pilotos comerciales. O al menos los que pilotean Boeing, como los 727, 747, 767, o Douglas, como los DC-9 y los DC-10 (ya no hubo al parecer DC-11, creo que ambas compañías se unieron). Ahora llegan los Airbus europeos y de ellos ni sé cual será su modismo.

No me atrevo a generalizar porque no he volado en todos los vuelos con todos los pilotos, pero se dice que esto es así en todas partes, y Tom Wolfe lo menciona en ese respecto hacia los pilotos civiles de los EU, más que nada, afirma él, porque estos estudian en clases impartidas por los pilotos militares de jets.

Ahora. Esto puede irse con el paso del tiempo pero hacia atrás en las décadas del desarrollo de la aviación comercial, porque tal vez ahora no hay muchos pilotos militares que adiestren a pilotos civiles (estarán muy ocupados, tal vez), pero es seguro que hubo un tiempo que así sucedió. Y si aceptamos que los pilotos civiles ahora son adiestrados por otros pilotos civiles pero seniors, podríamos asegurar que hubo un momento que no había otros pilotos de jets más que los militares.

Así las cosas, los pilotos de jets militares, siguiendo la línea de pensamiento de Tom Wolfe, tuvieron que aprender de sus propios seniors, y yéndonos ahora hacia arriba en escalafón y en veteranía no tardamos en llegar con los pilotos pioneros de los jets militares , y el mejor de todos es ni más ni menos que Chuck Yeager.

Y el modo de hablar de Chuck Yeager era, ni más ni menos, pensativo, parco, pausado y lento, en resumen, en control, como era el de las personas de origen campesino originarios en el estado de Virginia. Si él era la persona que se consideraba como el mejor piloto de aviación de todos los tiempos (él, Chuck Yeager, rompió la barrera del sonido en su maravilloso avión, el X-1, cuando se consideraba que quien lo hiciera, moriría por el dragón que estaba detrás al momento del romperla: muchos murieron en esos intentos, allá por los cuarentas) y los novatos aspirantes a piloto que llegaban a la Base Andrews, allá en las salinas del Desierto del Mojave en California, sólo querían entrenarse con el mejor piloto y aprender todo lo que hubiese que aprender de él: su estilo, sus maniobras, sus enfoques, y finalmente, sus modismos al hablar. Y si el mejor hablaba así, pensativo, parco, pausado y lento, en resumen, en control, hasta eso habría que aprender. No habría otra mejor manera de ascender a los cielos.

En otras palabras, el meme del habla (“meme” es una palabra que significa una idea que busca un cerebro en el cual reproducirse y así seguir hasta el infinito) de Yeager, lo podremos percibir ahora mismo en los pilotos comerciales que surcan en las aerolíneas de todo el mundo.

El otro punto es que acabo de leer un libro en español, “¿Cuál es la Literatura de la Onda?”, (ténganme paciencia, hay relación) escrito no sé si exactamente fue en alemán, digo por la editorial y todos los datos de esta, y escrito por una alemana, Inke Gunia, y que habla de la llamada de Literatura de la Onda precisamente.

O sea, la palabra “onda” aparece en la misma denominación de ese tipo de literatura el cual es el que corresponde, como tradicionalmente se ha dicho aunque no le guste a él mismo (se le denominó así por la escritora Margo Glantz en un ensayo o libro en 1971, acto que les disgustó a todos los involucrados, la denominación, no queda más que decir, que ha pegado hasta nuestros días, ¿otro meme?), a José Agustín y a muchos otros escritores catalogados de ese modo: literatura escrita en el ámbito y con temática eminentemente juvenil realizada a partir del año de 1964 con la aparición de las novelas de “La Tumba” del dos veces mencionado José Agustín, y de “Gazapo” de Gustavo Sainz.

Este libro de la doctora Gunia, publicado en 1992, muy prolijo y bastante bien investigado, muestra, compara, analiza, propone, el abanico de novelas que se produjeron desde esa perspectiva durante esos años y cómo de alguna manera forjaron un lugar, una leyenda y un mito, en las letras mexicanas.

Bueno, al leer el libro uno se da cuenta la manera muy entrelazada en la que están las costumbres de un pueblo y la literatura de la cual emana. Esto es de todos sabido. Escritores y temas, efectos de reflejos y juegos de espejos. Esto lleva a pensar que el lenguaje, la materia prima pues, de todo lo escrito, el que se escucha, el que es el coloquial de todos cotidiano, es el que se escribe al querer mostrar esos reflejos y espejos.

Y no es tanto en este momento ni hablar de José Agustín, ni de Gustavo Saínz, ni de Inke Gunia, sino de la palabra “onda”. Y no es cosa de hacer una lista de si la palabra se usa ni de como se usa. Digo, no soy filólogo, sólo soy alguien que observa.

¿De dónde vino originalmente? Ni idea. No podría asegurarlo, pero el cine mexicano de los sesentas pudiera dar una señal: Yo casi puedo asegurar que escuché en una antigua película de Viruta y Capulina, tal vez una en la que son chóferes de camión en carretera, ¿“Los Reyes del Camino”? En la que están parados en la vera del camino y Capulina le dice algo a Viruta en ese sentido: “Entonces, Viruta, ¿cuál es la onda?”

No podría poner mis manos al fuego por lo anterior, fue un segundo y no la tenía en DVD, que caramba, pero digo, ahí está la película en algún canal de televisión, ya sea abierta o por cable, en la que se podría revisar el antecedente. Ya la darán, paciencia.

¿De qué puede servir lo anterior? Tampoco tengo idea, pero supongo que es interesante entender como las palabras van llegando al favor de las personas. Al leer novelas o ver películas de aquellos tiempos estamos en la circunstancia de percibir cuales eran las frases de moda de por entonces. De pensar en cuales serán las frases actuales que luego ya no estarán, como la de “¡no manches!”…

Yo por decir, me acuerdo que se decía mucho en el área de Tampico, allá a finales de los sesenta, la frase de “¡pa’ su mecha!”, y no sé si la aprendimos del cine o de la televisión, o precisamente de los mayores. (Aunque la dice Juliancito Bravo en la película llamada “La Gran Aventura”, de la cual ya me dije hará tres o cuatro años que ya jamás la volveré a ver en la vida.)

Estos memes de las palabras, como los que describe Tom Wolfe de manera inadvertida en “The Right Stuff”, son reveladoras en la manera en la que las ideas atractivas se van quedando en nuestras cabezas y nosotros mismos las vamos preservando o transmitiendo.

Ahora mismo estoy leyendo “La Silla del Águila”, de Carlos Fuentes, escrita hace no más de cuatro años, y me doy cuenta que algunos de los personajes de su novela, situada en el año 2020 y de algunos cincuenta años de edad por entonces, o sea, nacidos en los 1970s y estando ya en sus respectivas adolescencias de 1980s y 1990s, utilizan la palabra “momiza”, palabra que fue popular en los sesentas y un poco en los setentas, digo, ya nadie usa esa palabra ni siquiera en nuestra actualidad de 2006, ¿cómo entonces alguien la podría usar dentro de dieciséis años? Posible slip de nuestro amigo Fuentes y de sus editores. ¿O no se le pudo ir una o qué?

Repito, ya no se usan, por lo menos en donde vivo y en mi círculo demográfico-cronológico las palabras “simón”, “nel”, “chaviza”, etc. Y por otra parte, entre otras, el idioma coloquial sigue utilizando en ciertos casos la palabra “varo” para definir “dinero”, y en ciertos ambientes puede que se siga usando para siempre. Pero tal vez aquí hablamos de tradición y ciertas palabras mantendrán su atractivo eternamente.

A eso es a lo que me refiero. Las palabras pueden ser en algún momento, ser utilizadas para datar el pasado, como si fueran partículas a revisar del carbono-14.

Resumiendo entonces: ¿cuál es la onda? ¿De dónde habrá venido la palabra “onda”? ¿Alguien lo podrá definir con certeza aunque tal conocimiento no nos lleve a nada aparentemente? ¿Habrá algún día un Tom Wolfe que encuentre y narre en algún texto la raíz de usar una palabra con eminentes tonos científicos en nuestra habla cotidiana, con todo lo alejado que somos los mexicanos de esos temas? ¿Quién la impuso? ¿Cómo se coló? ¿Fue Tin-tán el que lo dijo en algún diálogo o monólogo maravilloso al que nos tenía acostumbrado en algunas de sus películas? ¿Fue Armando Soto “Mantequilla” en alguna de las películas urbanas en las que actuó con David Silva, dirigidas por Alejandro Galindo? ¿En qué momento el meme de la Onda captó fuerza y alcanzó masa crítica para llegar hasta nuestros días? ¿De qué manera los mexicanos se vieron en armonía con esa onda que se derramó desde algún lugar originario, otro Ground Zero mítico, esta vez verbal, para que llegara hasta todos sus confines?

Recordemos el caso de Chuck Yeager y su modo de hablar copiado por generaciones de pilotos militares al principio y civiles después. ¿Quién fue el Chuck Yeager de la onda? ¿Quién lo dijo de principio, desde ese púlpito virtual, que pudo ser una esquina, un billar, un cabaret, lo que haya sido, ese influyente atractivo a la vista en sus modos, estilos y modismos, para que todos usáramos la palabra “onda” en nuestras muletillas de cada día, todos los días, hoy en día…?

“Onda gruesa” y “agarra la onda”, tal vez serán frases que ya sólo la recordemos y la utilicemos los de cierta edad para arriba y sus días ya tal vez estén contados… pero la frase que derrite todos los hielos de este México nuestro entre amigos: “¿qué onda?”, puede que nos acompañe por mucho más tiempo…

Ojala sobreviva al “no manches”…

(Si alguien me corrige en esto y agregamos frases, aquí volveré con más del tema…).

10 comentarios:

RaC dijo...

Muy interesante. Gracias por la palabra "meme", no la sabía. Me agrada. Aunque no uno sea piloto experimentado o personaje de película se me hace b uen ejercicio reinsertar palabras en el habla. Porque sabes, la gran mayoría desgraciadamente usa muy pocas y cuando sacas alguna que leíste o recién aprendiste y quieres ponerla en práctica, pues... ¡Sacas de ONDA! Asi al principio puede dar la impresión de que eres pretencioso o quieres pasarte de listo, pero luego de explicar que significa - o qué qusiste decir tú- también puede gustar y después es grato escuchar como otros la hacen suya. También siento que la accesibilidad de viajar o mediante internet y otros medios, importamos palabras. Recuerdo que hace poco para demostrar acuerdo decías escribías "sale" (que se derivó quizá de "sale y vale"), luego hubo un tiempo en que sencillamente se empezó a emplear el "va" a secas, y ahora con abierto tono español de Madrid se está emnpleando mucho el "vale". Y bueno, en particular prefiero que se el uso del vale al del simple y frío OK. También me llama la atención que últimamente, una palabra que hasta le fecha tampoco había escuchado y que pese a que la gran mayoría ni la ha consultado en el diccionario se ha empezado a colar en ciertas charlas a raíz de el conflicto postelectoral, me refiero a "Espurio".

Bueno este ha sido un comentario muy largo. Pero es que me ha gustado tu post. Por cierto, ¿no habrá una mejor palabra para referirnos a un "post"? Entrada se me hace algo espurio. ¡Que mala onda!

Saludos.

ivan s dijo...

Alguna vez leí este artículo, "La onda" and other youthful Mexican expressions, que reflexiona un poco sobre el término, aunque más sobre su uso que sobre su origen. Quizá te interese y lo halles por ahí.

Luis Eduardo García dijo...

Estimado Rac:

¡Por supuesto que tienes razón!

Sólo basta leer los cuentos de un Edgar Allan Poe para descubrir todas las palabras que ya no están en uso, o como me acaba de pasar, en leer un artículo de wikipedia sobre la Guerra de la Sucesión Española (para mi hija) del 1703-1715, muchísimas palabras fuera de nuestro uso.

Todavía recuerdo aquellos comerciales de hace como quince años que sacaban acerca de que no se usara la sobresimplificación del idioma... y eso que no habían previsto la sobresaturacíón de la palabra "güey"...

El "vale" lo he escuchado con personas de edad, de origen español, y lo he leído como muletilla final en artículos emulando al final del Quijote. Será que tiene cierta aura de validez por ahí (sin querer ser redundante, claro).

Lo de "espurio" sólo la gente dirá si se deja o no, depende si mantiene la atención en el tema y si los medios la mantienen, cuestión muy importante, si no quedará sólo para uso de los radicales y recalcitrantes.

Lo de "post"... falta que alguien importante invente un sucedaneo aceptable: "nota", "escrito", pero "post" tiene la particularidad de que es corto y de que es simpático...

Ya veremos con el paso del tiempo...

Todavía recuerdo cuando decíamos, los que estábamos en el medio, de la "micro", y hablábamos de la "microcomputadora", junto con lo de "pc"... y quedo pues, la "pc", o sencillamente la "computadora"...

Muchas Gracias por escribir...

Con aprecio

Luis

Luis Eduardo García dijo...

Estimado Ivan:

Me hubiera encantado leerlo, son esas cosas, como dije, que son de bastante interés.

Lamentablemente no pude accesar el archivo que mencionas. Cosas de que no tengo acceso, al parecer.
Espero tener suerte después.

El tema del origen y el porque de la difusión de ciertas palabras va para largo.

Estaremos al pendiente.

Con aprecio

Luis García

luis garcia dijo...

Nada más para actualizar, vi una película hace poco, con Pedro Armendaríz, llamada "La Loca de la Casa" en la que dice algo así como "explíquenme la onda esa" Así que, al menos en 1950, el término "onda" ya se estaba usando como para salir en una película de entonces...

Saludos!

Felipillo Guattari dijo...

Hola, Luis. Estoy investigando sobre la palabra "onda" y leì tu comentario acerca de La Loca de la Casa, con Armendàriz. Vi la pelìcula pero no encontrè el pasaje. ¿Te acuerdas en què secuencia de la pelìcula menciona la palabra el tal Cruz? Muchas gracias. Un abrazo.

Felipillo Guattari dijo...

Hola, Luis. Estoy investigando sobre la palabra "onda" y leì tu comentario acerca de La Loca de la Casa, con Armendàriz. Vi la pelìcula pero no encontrè el pasaje. ¿Te acuerdas en què secuencia de la pelìcula menciona la palabra el tal Cruz? Muchas gracias. Un abrazo.

Santé Centro Medico dijo...

Jajajaja me encantó el articulo... Justo me estaba impacientando cuando llegó el "Ténganme paciencia" algún día lo voy a usar, por lo pronto, utilizare parte de esta información como referencia. Curiosamente en un articulo sobre Salud. Ese es mi tema. Por lo pronto reciba un afectuoso saludo desde el Norte de Tamaulipas.

Que buena Onda!

luis garcia dijo...

Excelente, Santé, es cuestión de investigar estos temas, que no resuelven la problemática del país, pero son sabrosos y divertidos!!!

Saludos, paisanos, (nací en Río Bravo!)

luis garcia dijo...

Felipillo Guattari, veré la pel de nuevo, creo que está en Youtube y si mal no recuerdo es de la segunda parte de la pel, y este Pedro Armendariz está buscando "amarrar" algo con alguien...

Ya quedó como tarea!

Saludos!!