jueves, noviembre 09, 2006

El Cosmos de Carl Sagan… y el de todos nosotros


Fue como en 1981 o 1982 cuando en México apareció por primera vez en televisión la serie de Cosmos.

El tipo que apareció con su saco de pana y un sweater de oscuro con cuello de tortuga hablaba de un viaje de la imaginación. Podía ser un documental y en aquellos los documentales no eran lo que hoy son. Aún y que la calidad y su capacidad de entretenimiento mejoraba año con año, la gente no los veía con mucho agrado. Pero este cuate era diferente. En primer lugar hablaba de ciencia sólo él. Él lo presentaba como si fuera su producto, definitivamente no era un investigador anónimo que sólo aparecería una vez y ya. No, este parecía que llegaba para quedarse.

Usaba muchas imágenes grandiosas de planetas, sistemas solares, galaxias, universos, de pronto se encontraba en un campo, de pronto en una ciudad, de pronto dentro de un pulsar. Pero de alguna manera el documental no se alejaba de ti. Al contrario, se acercaba, tendía a hacerte sentir como en casa, como en tu terreno familiar de todos los días. Mostraba las conexiones de lo de arriba con lo de abajo, como por ejemplo, su uso como metáfora de nave de transporte un sencillo diente de león que se encontró en el campo, frente a sus pies, tomándolo con sus manos y soplando a través de él.

Las plumillas salieron volando lentamente, hacia todo el universo.

Sagan comienza así su libro de Cosmos:

Actualmente hemos descubierto una manera elegante y poderosa para entender el universo, un método llamado ciencia; se ha revelado a nosotros un universo tan antiguo y tan vasto que los asuntos humanos parecen a primera vista de poca consecuencia. Nos hemos alejado del Cosmos. Nos ha parecido remoto e irrelevante para nuestras preocupaciones diarias. Pero la ciencia ha encontrado no solamente que el universo tiene una grandeza que inspira éxtasis y vértigo, y que no sólo es accesible al entendimiento humano, sino que también nosotros, en un sentido muy real y profundo, somos una parte de ese Cosmos, nacidos de él, y con nuestro destino profundamente conectados con él. Los eventos humanos más básicos y los más triviales se pueden trazar hacia atrás hacia el universo y sus orígenes…

Con esas palabras dimos inicio a su viaje por el Universo afuera de nuestro planeta y más allá y al Universo adentro de nuestras mentes.

Desde esa plumilla de diente de león nos dio un viaje relevante por cientos de lugares y de épocas, colocándonos en los mismos lugares en los que sucedieron sucesos claves para el desarrollo de la ciencia.

Estuvimos con los griegos, con los holandeses del siglo XVII, con los egipcios que erigieron Alejandría, estuvimos incluso dentro de la biblioteca de Alejandría en uno de los primeros recorridos virtuales de alguna lugar por televisión; estuvimos con el científico en la Antartida que propuso un pequeño laboratorio mecanizado para descubrir posible vida en sus primitivas manifestaciones a ser incluido dentro de la nave espacial Vikingo que llegó en 1976 a Marte y que finalmente no incluyó ese pequeño laboratorio. Sagan termina ese segmento comentando sobre la muerte del científico en algún lugar de la Antartida mientras estaba en las investigaciones biológicas de diversos tipos. Carl Sagan decía románticamente, que le gustaba imaginar que lo último que pudo haber hecho su amigo fue investigar algo que le llamó la atención en algún risco, quizá un detalle que no debió estar ahí, que probablemente lo entusiasmó tanto que pudo ser la causa de la muerte.

Carl Sagan predicaba eso, entusiasmo por la ciencia, entusiasmo por preguntarse el porqué de las cosas a nuestro alrededor, convencido como estaba de que el cuestionamiento básico del todo te lleva por un camino hacia una mejora segura sobre tu ambiente, cualesquiera que este fuera; él sabía que la curiosidad te llevaba tarde que temprano a la elevación del espíritu humano por sobre todo, por sobre encima del odio, por sobre encima del temor al desconocimiento, por sobre los prejuicios, por sobre la depredación de este nuestro planeta, por sobre los mismos destinos fatales promovidos por las fallas del carácter humano.

En su libro Pale Blue Dot muestra una foto a la lejanía tomada desde la sonda Voyager 2, de la Tierra y la Luna juntas, en la que se miran sólo pequeñas manchas pálidas, una azul no demasiado más grande que la otra, blanca. Lo que se llega a percibir en primera es la pequeñez, la real pequeñez de nuestro entorno. Para comprender que es cierto, fuera de aquí no ha de haber nada a muchos trillones de kilómetros a la redonda.

Mirar la Tierra y la Luna de ese modo nos da una perspectiva correcta de nuestro real tamaño y momento. No somos nada y no seremos nada. El tener la capacidad de destruir el planeta no significa que lo destruyas y que solo quede polvo, lo que sucederá es que la vida como la conocemos ya no será más. Y de eso sí se puede ser culpable aunque ya no haya nadie para que de sentido moral a esa responsabilidad. O sea, el planeta es grande para nosotros, pero ¿quiénes somos “nosotros” en realidad? ¿Y qué buscamos?

Una cosa fue la serie de Cosmos y otra el libro que salieron por la misma época, como dice el mismo autor, uno alimentando al otro, uno complementando al otro. Ilustrado profusamente por imágenes, gráficas, diagramas sencillos de asimilar, de entender, el libro de Cosmos te va llevando de la mano por ese, su viaje a la imaginación.

Carl Sagan también estuvo envuelto en los lanzamientos de varias sondas al espacio, como la del Mariner en 1971, la de los Pioneers de 1975 y la de los Voyager en 1977, e incluso estuvo además en el equipo para colocar dos platos dorados que contenían información básica de la tierra, en forma de fotos y sonidos en lo que se llamó Murmullos de la Tierra.

En el sentido de exploración espacial, Sagan, consciente de las limitaciones de presupuesto y con las ansias de utilizar al cien cada dólar duramente aprobado por un congreso ya cansado de la exploración Apolo, propuso la utilización de sondas pequeñas y baratas en la medida de lo posible para realizar la exploración del Sistema Solar, antes que seguir enviando gigantescos trasatlánticos tripulados por tres personas al espacio, para que de todo eso sólo llegara una lanchita después de una semana de viaje.

Sus ansias por mostrar la conexión de la ciencia con la esencia de la humanidad lo impulsó incluso a adentrarse en la literatura. Su novela Contacto, (al parecer Sagan tenía el gusto de comenzar varios libros con la misma letra, entre otros: La Conexión Cósmica, Contacto, Cosmos, Cometa), es una puesta en marcha de un enfrentamiento entre la fe y la ciencia en ámbitos más allá de la imaginación, esto a través de la creación de una estructura cuyos planos llegaron gracias a mensajes de radio cifrados y recifrados de origen extraterrestre, y que tuvieron que ser comprendidos, y que con ellos podría llevar a la humanidad a entrar en comunicación con civilizaciones más allá de nuestra misma galaxia.

En la novela se narra como una científica, una especie de alter ego sin duda de Sagan, se enfrenta con decenas de involucrados: religiosos, fanáticos, burócratas, millonarios, científicos celosos, políticos que tienen una opinión determinada de cómo llevar a cabo ese contacto siempre soñado, siempre temido.

La poca o mucha maestría que Carl Sagan pueda proyectar como novelista palidece frente a la intención de enviar un mensaje a todos sus lectores: la ciencia está para ayudar a comprender la existencia del ser humano y su conexión con el universo, no para destruirlo o aprisionarlo.

La Conexión Cósmica, Los Dragones del Edén, El Cerebro de Broca, el mismo Cosmos, son evidencias de una necesidad de divulgar la ciencia en todo lo posible a todo quien quisiera escuchar. Como científico reconocido provisto con la capacidad de hacer entendible los misterios aparentes detrás de la ciencia, Sagan buscaba tender puentes hacia la comprensión y la luz de que nuestro futuro depende de cómo la entendamos.

Al final de sus años Carl Sagan tal vez se volvió sombrío, quizá porque se sintió que estaba con los días contados y que tenía muchísimo por delante que hacer.

Sacó dos libros claves para entender su posición frente a los abismos de la ignorancia que campean por todas partes de nuestra existencia: Sombras de Antepasados Olvidados y El Mundo y sus Demonios.

El primero, el de Sombras recorre el camino de la existencia de la vida desde los primeros organismos unicelulares, la invención del sexo a cambio de la muerte (uno de las ideas más estimulantes del libro), pasando por las conductas de los invertebrados, los dinosaurios, las aves, los primeros mamíferos y finalmente los primates, antesala para llegar a los hombres, casi como un libro que habla de zoopsicología comparada, pero que muestra la muy interesante senda hacia lo que somos hoy por hoy.

Dice:

La madurez supone estar dispuesto a mirar cara a cara los lugares largos y oscuros, las sombras temibles, por penoso y duro que esto pueda ser. En este acto de recuerdo y aceptación ancestrales podemos encontrar una luz que permitirá llevar a salvo a casa a nuestros hijos.

El Mundo y sus Demonios: La ciencia como una luz en la oscuridad es más bien una muestra de los prejuicios, la irracionalidad, las falsas creencias, la anticiencia, los fanatismos a los que el hombre recurre cuando por su misma falta de interés, prisa, alcance o fatal falta de curiosidad se conforma con lo que más le acomode (dioses, falacias, creencia absoluta en el destino), para interpretar lo que tiene delante de sí o el mismo mundo más allá, lo cual, estamos plenamente conscientes, puede llevar a cambiar sistemas de educación, a reducciones de gastos importantes en investigaciones necesarias para la misma sobrevivencia del hombre, a tomar sesgos que involucren incluso la seguridad de las personas.

Es como si Sagan nos estuviera previniendo constantemente de los tiempos en los que vivimos, ¿o serán los que siempre hemos vivido?, en los que tenemos o tuvimos (dependiendo de que día se lea esto) un Presidente de la República y su esposa recurriendo a brujos para, quizá, tomar grandes decisiones que afectan finalmente los destinos de todos, los míos, los tuyos, los de tus hijos, lo de los míos. (Sin mucho ahondar, los Reagan hacían lo mismo: consultar a las estrellas a través de su astróloga de cabecera antes de tomar una decisión).

O que se promuevan a lo ancho de los medios las supersticiones, supercherías y las adivinaciones y adivinas y adivinos, el abuso de las líneas telefónicas que proveen servicios de horóscopos que sólo dejan con menos dinero a los incautos que prefieren recurrir a falsos oráculos a que les digan o aconsejen como resolver sus vidas, evitando al mismo tiempo aceptar su propia responsabilidad posponiendo también tomar el control de sus mismas vidas.

Abarcando temas como Política, Ciencia y Educación en un solo párrafo, al final de su libro de El Mundo y sus Demonios nos dice:

Si no podemos pensar por nosotros mismos, si somos incapaces de cuestionar la autoridad, somos pura masilla en manos de los que ejercen el poder. Pero si los ciudadanos reciben una educación y forman sus propias opiniones, los que están en el poder trabajan para nosotros. En todos los países se debería de enseñar a los niños el método científico y las razones para la existencia de una Declaración de Derechos. Con ello se adquiere cierta decencia, humildad, espíritu de comunidad. En este mundo poseído por demonios que habitamos en virtud de seres humanos, quizá sea eso lo único que nos aísla de la oscuridad que nos rodea.

Carl Sagan en diciembre cumple diez años de haber muerto y aún me ofende que sus libros aparezcan junto con los de esoterismo en una librería cualquiera (eso que se dicen faros del conocimiento en medio de la población). Me ofende también que personas de la talla de Eduardo Ruiz Healy, se supone periodista, enterado e informado, afirmen a la ligera que Sagan escribía libros de ciencia no siendo científico, situación que le molestaba, según él, a la academia científica, sin estar enterado este señor que el Doctor Sagan lo era en Astronomía y en Astrofísica, desde 1960.

¿Más cosas que ofenden? Que los defensores de las teorías de los OVNIs utilicen los libros y comentarios de Sagan fuera de contexto para que apoyen sus propias teorías descabelladas sin entender que si es cierto que Sagan sí creía en la posibilidad de vida extraterrestre en el Universo, eso era muy distinto a pensar que hayan sido extraterrestres los que construyeron las pirámides, las líneas de Nazca, o que sigan apareciendo seres chaparros con ojos en forma de conito secuestren personas, o que traigan sus navecitas en forma de lucecitas dizque caprichosas para que dancen enfrente de cámaras de aficionados… en lugar de hacerlo por decir en medio de un América-Guadalajara, o algo así…

Se abre paréntesis:

…lo único que hacen es darle dinero a la causa de Jaime Mauno-se-qué (no le voy a dar el gusto de escribir su nombre aquí ¿para qué? ¿para que Google le ponga otra aparición en la red por humilde que sea este escrito?), el cual me tiene hasta el copete con sus rollos infantiles y temerosos de que el cielo caiga sobre su cabeza como por ejemplo en su defensa sospechosa a ultranza de las figuras de los trigales (tiene gracia, en los únicos lugares en los que suceden esas figuras son en donde hay campos para hacer figuritas, ¿por qué no se aparecen en el patio de la escuela de alguien, o en la universidad, ¿por qué en campos? ¿No que son seres inteligentes?). Sospechosa sí, sino ¿de qué hubiera vivido el señor en los últimos veinte años?

Dejemos a las fuerzas oscuras del lado de la cuneta, junto con los escombros de la ignorancia y cerremos el paréntesis.

Volviendo a Carl Sagan.

Aún tengo y veo de vez en vez sus videocasetes que Televisa sacó allá por finales de los ochentas. Oigo la genial voz del tipo que le hacía el doblaje. Miro el rostro de Sagan brillar lleno de eso, de entusiasmo, de emoción, al estar frente a unos niños en el aula a la que él había asistido de pequeño en Brooklyn, explicándoles de manera sencilla las complejidades de la danza de los planetas alrededor del sol.

Observo al doctor Sagan recreando la leyenda de unos guerreros samurais que murieron en el mar y que volvieron como ciertos cangrejos que tienen en la parte del caparazón el rostro de un guerrero y que los pescadores de cangrejos al percibir ese rostro con respeto los dejan volver al mar … con lo que los que más tengan ese rostro en su caparazón se seguirán reproduciendo en perjuicio de los que lo tengan liso, todo finalmente producto de la imaginación de esos pescadores, y de ese modo ayudando a explicar la teoría de Darwin de la Selección Natural.

Miro cuando aparecen en la noche las estrellas y forman figuras que a algunos les parecen bueyes, otros cocodrilos, y a otros más, burócratas esperando a que su señor les de audiencia.

Veo a Sagan leyendo horóscopos de su signo para demostrar lo vago e irrelevante que son esos pequeños mensajes, reflexionando que a todos los que estemos con nuestro nacimiento en un período determinado, no nuestra edad ni nuestro ambiente ni nuestra herencia, a todos nos dan el mismo vago consejo.

Leo los nombres de los capítulos de Cosmos: La Armonía de los Mundos. Cielo e Infierno. Blues para un planeta Rojo. Cuentos de Viajeros. El Espinazo de la Noche (uno de los mejores nombres). Viajes en el Espacio y Tiempo. Las Vidas de las Estrellas. El Filo de la Eternidad (este es majestuoso). La Persistencia de la Memoria (apela al sentido interior del equilibrio de lo micro a lo macro). Enciclopedia Galáctica. ¿Quién habla en nombre de la Tierra?

O sus frases con las que empieza muchos de sus capítulos:

Lo conocido es finito, lo desconocido infinito; intelectualmente estamos en una isla en medio de un océano ilimitado de inexplicabilidad. Nuestro deber en cada generación es reclamar un poco más de tierra. – T. H. Huxley, 1887.

Hasta la palabra Google tuvo que ver con Carl Sagan, que aunque él no la inventó, expuso públicamente en su libro y serie, capítulo de Las Vidas de las Estrellas en donde hace una referencia a un número altísimo, y a continuación cuenta la historia de un matemático americano llamado Edward Kasner que necesitó una palabra para denominar al número definido por diez elevado a la centésima potencia, y que le pidió a su sobrino de nueve años una palabra para ello, para lo cual su sobrino le propuso la palabra Googol, de ahí fue cuando salió también el Googolplex, o sea, un diez a la Googol. Los chicos de Google no batallaron mucho después. Si lo leyeron o vieron o no en Cosmos, no importa, ahí salió hace veintiséis años.

¿Más frases? (¿dónde consiguen los escritores tantas? ¿En el Familiar Quotations de John Bartlett?)

Nueve mundos yo recuerdo. –Las Eddas Islándicas de Snorri Sturluson.

Me he vuelto la muerte, la destructora de mundos. –Bhagavad Gita.

Las puertas del cielo y la muerte son adyacentes e idénticas. –Nikos Kazantzakis, La Última Tentación de Cristo.

Las palabras finales de su libro Cosmos, son:

“Porque somos la encarnación local de un Cosmos que maduró hacia la consciencia de sí. Hemos comenzado a contemplar nuestros orígenes: materia estelar ponderando las estrellas; ensamblajes organizados de diez billones de billones de billones de átomos considerando la evolución de los átomos; trazando el largo viaje por el cual, aquí al menos, la consciencia apareció. Nuestras lealtades son a la especie y al planeta. Hablamos por la Tierra. Nosotros hablamos por la Tierra. Nuestra obligación de sobrevivir no es sólo para nosotros mismos sino a también para ese Cosmos, antiguo y vasto, del cual procedemos.”





El legado de Carl Sagan a los diez años de haberse reintegrado su espíritu y consciencia al Cosmos, es y será permanente en lo que podamos, eso queremos, eso procuraremos.

1 comentario:

Di Stefano DereK dijo...

Saludos, mi estimado.

Una atenta disculpa por mi ausencia estos ultimos dias...

Paso a saludar, y de verdad me hace falta leer las novedades de tu blog, así que, si me disculpas.....comienzo ahora mismo ;-)

Saludos!!