lunes, noviembre 13, 2006

La Insoportable vuelta a casa de Milan Kundera… y otros asuntos de vital importancia

Hoy 13 de Noviembre apareció en el periódico El Mundo, vía el periódico Milenio, una nota acerca de Milán Kundera respecto a que después de treinta años apenas lo estaban reconociendo como escritor en su país de origen.

Su libro de La Insoportable Levedad del Ser apenas acaba de ser lanzado en su país de origen con una primera edición de 10,000 ejemplares que incluso ya se agotó.

Creo que en este asunto de exiliados hay un concepto de nacionalidad que se podría analizar.

Existe tu concepto de origen, al que de una manera u otra estás entregado. Si tu país no te fue lo suficientemente generoso y piensas que hay más oportunidades en otra parte, pues no te queda de otra, te vas.

Y de hecho creo que te vas con el rencor de que no se te dio la oportunidad necesaria en tu país natal de que tuvieras éxito (sea lo que sea eso, o como se diga o como se coma). Digo, no se le puede culpar ni a tu patria de origen ni a tus compatriotas de lo que no pudiste conseguir. Bueno, por entender eso o por sí realmente hubo circunstancias adversas en el transcurrir de las situaciones de cada quién y por muchas otras cuestiones que tienen más que ver con lo emocional que con la lógica, hay un dolor muy grave y sordo en el exiliado.

Existe entonces un amor dividido entre la patria que le acogió, que le dio casa y futuro, y la patria que dejó allá, junto con sus raíces, quizá con sus padres, con sus amigos, con su esencia de lo que se entiende que es su país.

Mirando atrás todos saben que la Checoeslovaquia de Kundera era un país dentro de las fronteras que llamaríamos con la ventaja de conocer la historia, de la poderosa e implacable Pax Soviética.

Y los soviéticos no eran muy amables. No, no, no, caramba, no lo eran. Sabían su negocio de imponer su tipo de paz, su tipo de gobierno, su tipo de pensamiento, su tipo de libertad. Tanto ellos, los soviets, como los checoeslovacos, sabían que su influencia residía en la fuerza y los dos sabían perfectamente que no hay nada como imponer miedo en las mentes de las personas en las que estaban estacionadas sus tropas, perdón, sus áreas naturales de influencia. La supresión sistemática de libertades, era pues, la orden del día.

Y no había mucho que hacerle al respecto, cuando en 1968 (ah, el annum Mirabilis-Horribilis de 1968), los checoeslovacos, con el gobierno de Alexander Dubcek a la cabeza, decidieron llevar a cabo su Primavera de Praga aflojando controles, permitiendo reformas y libertades, no sabían que ese experimento tímido de llevar aire fresco a las estructuras políticas y sociales a su país tendría como consecuencia directa una total invasión, desde varios países contiguos, de cientos de tanques soviéticos T-64 junto con camiones y camiones de tropas de otros países que no necesariamente simpatizaban con los checoeslovacos.

El 20 de Agosto de 1968 las tropas soviéticas entraron en Praga y aunque hubo su levantamiento admirable de parte de sus jóvenes, no prosperó más allá de una docena de días. De inmediato removieron a Dubcek y prácticamente lo aislaron del mundo para luego deshacer sus “perniciosas” reformas. La Primavera de Praga fue substituida por un largo y riguroso invierno ruso de peso y control.

Un escritor de 39 años, un tal Milan Kundera, miembro del Partido Comunista, escribió un ensayo titulado La Suerte Checa, afirmando que su país iba a ser fortalecido de la represión del movimiento reformista de la Primavera de Praga.

Pero he aquí que otro escritor y dramaturgo llamado Vaclav Havel escribió un año después su propio ensayo acusando a Kundera de escribir autoengaños demagógicos.

Con el tiempo Kundera se fue a Paris, vía una beca en Rennes, y en 1984 publicó La Insoportable Levedad del Ser, desde entonces logrando un éxito mundial popular y de crítica, incluso diciéndose que su novela es una de las más significativas del siglo XX.

La Insoportable… es una novela que cuenta varias temas emocionales, políticos y sociales entrelazados todos en una vibración con el mismo tapiz de fondo: Checoeslovaquia: por un lado es la historia de un doctor mujeriego que busca a través de muchas mujeres (utilizando una enigmática Regla de Tres) sin encontrar el algo que separe a una de entre todas (la enigmática millonésima parte), y lo encuentra en una mujer que lo subyuga haciéndole abandonar todo.

Esto más la cuestión misma de la Primavera de Praga con su consiguiente represión y aún más agreguémosle el consabido ensayo de lo que es lo “kitsch”, profundo y brillante al mostrar su repugnancia y vulgaridad, asimismo contando de manera extensa, como desprendiéndose de la misma historia, sobre la esencia de lo que es liviano, no el sentido del peso en sí, no en el tono de la gravedad, o en la interpretación de lo que es ligero y por tanto tan trivial, como el aire mismo de la misma existencia del mismo ser humano.

Con el tiempo Vaclav Havel se convirtió en un célebre dramaturgo y consiguió la trascendencia formando parte importante de la Revolución de Terciopelo de 1989 (otro Annum Mirabilis) que acabó con la presencia y evidencia de los suavemente derrotados soviets de Gorbachev, circunstancia que le dio incluso la oportunidad de llegar a la Presidencia de su país… país que poco después fue dividido a como debía de ser con todos esos detalles que nunca acabamos de entender, pero que finalmente comprendemos que después del juego de los mapas de los aliados de la Primera Guerra Mundial, lo que los mapas han unido (chapuceramente), sí los pueda separar el hombre (al menos en esta ocasión pacíficamente).

Percibimos dos cosas claras con todo esto: una, que Kundera se fue a Paris, libre y su alma, y dos, que Havel se quedó en Praga, la batallosa y compleja.

Ya entendemos porque los dos no se aprecian en demasía.

El caso es que Kundera dejó de pertenecer a la por decir así: “Industria Cultural Checa” y se dice que le tiene una gran antipatía. Se cuenta que cuando va a Brno, su ciudad natal, utiliza al registrarse en los hoteles un nombre falso.

No sé si sea malo para él, pero en encuestas recientes sobre los checos más grandes de todos los tiempos quedó claro que sus paisanos lo desconocen en lo general: lo pueden encontrar en el puesto 85, muy rezagado de por decir, Martina Navratilova.

Ahora, ¿cuál es mi ángulo especial al respecto de todo este simpático asunto?

Pues yo me tardé mucho en leer el libro de La Insoportable Levedad, como casi diez años después que me lo prestaran (sí, era prestado, reconózcolo…). Se me hizo un libro genialmente escrito, eso sí, no es nada liviano, y algo de lo personal especial que recuerdo es que ahí descubrí un asunto que tiene que ver, de entre todas las cosas, con la transmisión de las ideas (o de los memes…, o sea, ideas que buscan cerebros en los que cuales reproducirse, teoría original de Richard Dawkins).

Por lo mismo quedé muy satisfecho con cierto asunto vindicatorio del cual estoy muy orgulloso ya que la lectura del libro de Kundera me lo vino a corroborar y que sería mejor que leyeran de él en mi libro de Nuestras Guerras Secretas (nada que ver con el de Kundera… excepto en dos detalles), pero que tiene que ver con algo de mucho sentido práctico para las mujeres, sí, definitivamente que sí.

Si están interesados, y sobre todo, interesadas, pueden verificar lo del libro de Nuestras Guerras Secretas en el blog de
www.nuestrasguerrassecretas.blogspot.com , donde espero que encuentren información de que es a lo que me refiero.

Nada más para cerrar el punto del ejemplar que leí, sólo puedo comentar que lo perdí durante un exilio digital temporal que tuve hace pocos años y desde entonces lo he lamentado mucho (junto con los otros que perdí en ese instante, caray).

La Insoportable Levedad del Ser, un libro de nuestros tiempos, excelente.

No he leído otros libros de Kundera, pero debo de hacerlo, me estoy perdiendo de algo, según me dicen. Y espero leer algo de Vaclav Havel, por supuesto.


Lejos estaría de hacerlo menos, también por supuesto.

Estoy plenamente seguro de ello.

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