domingo, noviembre 19, 2006

Todo sea por el rating: Letty o la Fea más Bella

A mi me gustaba ver la Betty la Fea, el exitazo colombiano de los últimos años en lo que a telenovelas se refiere. Ellos saben de qué hablan. (Por cierto, el siguiente éxito colombiano en telenovelas se llama Sin Tetas No Hay Paraíso, suena en cuanto a uso de palabras se refiere a la última obra de García Márquez: Memorias de mis Putas Tristes).

Me agrada ver como ellos, los colombianos se llaman entre todos de “usted”.

Me divertía que una mujer inteligente se escondiese detrás de un sinnúmero de tics, ademanes y lentes que se los ha de haber sugerido su peor enemigo.

Era interesante observar como una mujer subía a lo máximo de una empresa, contra todo pronóstico, por su inteligencia y méritos propios.

Así las cosas a alguien se le ocurrió seguir la máxima de don Emilio Azcárraga Vidaurreta y la de su hijo, don Emilio Azcárraga Milmo, “nada de ser originales, a copiar, ¡caramba!”. (Ojalá que Emilio Azcárraga Jean sea algo diferente, pero… habrá que esperar al tiempo y bien, lo de Letty no es un buen ejemplo, después de todo.)

Betty La Fea o La Fea más Bella son telenovelas únicas en su género. O tal vez no, pero de que son divertidas, lo son.

Sería interesante ver si puede que generen un movimiento similar al que hubo hace cuarenta años con María Isabel. En esa telenovela Silvia Pinal era una chica de ascendencia indígena que llega a la gran ciudad a trabajar de sirvienta, se coloca, y tiene un romance con el patrón o el hijo del patrón, ya ni sé, pero a final de cuentas, ¡ella se hizo la señora de la casa!

Se dice que eso generó que cantidad de muchachas en circunstancias similares llegaran a la ciudad de México a buscar lo mismo: una oportunidad de ese tipo.

Apócrifo o no el asunto, no hay que descartar el gran impacto de este tipo de historias en la psique nacional.

No me gustan mucho las novelas. No me gusta su ritmo tan vertiginoso de edición de diez segundos por escena y corte a la siguiente, si no me la creen, constátenlo por ustedes mismos. Eso sí, acepto que en México crear telenovelas es una artesanía insuperable (arte, arte, lo que se dice arte y artistas, es otra historia y asunto).

No soy crítico de TV. Otros lo hacen mejor que yo. Pero como tengo boca, como todos, también tengo opinión, como todos.

Las novelas mexicanas son mediocres por naturaleza. La que me digan. Las excepciones son eso, excepciones: El Maleficio, La Colorina, Toda una Vida, Rina, El Camino Secreto, Muchacha de Barrio, o sea, las de tiempo atrás con actorazos de categoría.

Normalmente una obra que se desee mostrar al mundo muestra como es el que la produce. Muestra sus intenciones, muestra sus deseos, exhibe sus complejos, expone como desea interiormente ser reconocido y como se ve a sí mismo. Es una especie de reflejo que aún en su consciencia alcanza a presentar lo que es por dentro, en su inconsciente rutilante, sueños y pesadillas.

Por eso es divertido de vez en cuando darles un vistazo para ver como andamos de moral, de estética, de percepciones hacia el mundo, de expresión de sensaciones, de deseos de ser aceptados por todos y el precio que se paga por ello (esto último es esencial en cualquier producto que desea aceptación en las masas, si no lo hace sencillamente desaparece del mercado y de la memoria, ¿o acaso alguien se acuerda o han vuelto a transmitir la miniserie novelada que pasaron hace más de veinte años por Canal 13 llamada Madre Noche de Kurt Vonnegut y actuada por Sergio Jiménez, por cierto director de “La Fea…”, y Jaime Garza?)

Pero aquí hay algo especial en esta novela de La Fea más Bella.

No me malinterpreten. La palabra “telenovela” y “Televisa” es sinónimo de industria, de necesidad inmediata y vertiginosa de rating, del modo sencillo de vender pasta de dientes o detergente, o sea de alcanzar a ser el lugar común de que “telenovela” en inglés es soap opera.

Recordemos también que hay un mercado allá afuera deseoso de que lo saquen de su rutina diaria y que se le vendan sueños. No hay nada de malo en eso.

Veamos el punto de que detrás de la producción de una telenovela (eso si lo ha refinado Televisa con un grado que diríamos “exquisito”) hay una mercadotecnia desconectada de lo que es creatividad y de dirección de escena. Que hay un ejército de personas que jamás en teoría pisan el escenario ni están frente a las luces o frente a las cámaras pero se dedican a planear a la perfección cada paso que representa un proyecto de tal alcance como es una telenovela. La dirección de escena está coordinada con los creativos para dejar cápsulas actuadas que se transmiten entre comerciales (literalmente y no al revés, ¿no lo creen?, verifíquenlo con reloj y segundero en mano, programa-comerciales-programas-comerciales, etc, se sorprenderán ) y que deben de causar una clara sensación de querer saber a toda costa que va a seguir en el siguiente comercial, en el siguiente día, en el siguiente lunes. No cualquiera logra eso.

Lo que está en juego no es poca cosa: es un rating triple “A” que se traduce en miles de pesos el minuto de comerciales. Muchas ocasiones olvidamos que es lo que vende la televisión.

El error es considerar que la tele sólo vende jabón, pasta de dientes, cereales o detergentes, a nosotros gente buena y sin vicios conocidos.

Lo que la tele vende en realidad es tu atención, estimado lector. La tele vende atención de personas hacia sus programas y telenovelas durante un período específico de tiempo que haga posible que también pongan atención hacia esos productos que anuncian entre programa.

Aunque durante la hora de esa novela pasan orgías y orgías de comerciales, no sé como la gente no protesta. Pero al mismo tiempo que comento esto me pongo a pensar: ¿y quién protestaría? La gente está contenta con lo que ve, escucha y piensa, ¿o no? ¿Quiénes somos nosotros para pensar lo contrario?

Entonces los televisos venden a los fabricantes de jabones y demás fabricantes de chucherías, nuestra atención. Somos su mercancía, somos su intercambiable mercancía que creen ellos que por ver esa novela vamos a comprar lo que ellos nos pongan entre las interrupciones, jajaja, como si no supieran que tenemos un control remoto con un excelente botón de mute integrado. Bueno, si lo saben, pero también saben que casi nadie le cambia porque no saben a que horas acaban los comerciales, sencillo, ¿no?

Por decir, una escena de una tarde, una sola tarde de trabajo de esas personas de ficción dentro de la telenovela susodicha, vulgo personajes, que ocuparían un lapso de unas cuatro horas en tiempo-TV ¡duró en tiempo real como tres semanas! ¡Tuvieron vistiendo a los personajes con las mismas prendas durante todo ese tiempo! ¡La historia no avanzaba en lo absoluto! ¡Pero nada!

No sé como la gente lo puede aguantar. ¿Yo? Al menos me venía a conectar mientras sucedía lo aburrido (que es un 80 a 90%% de la novela, claro, para mí) y conforme pasaban los días me encontraba conque la media de Paty Navidad seguía rota (¡Qué cosas de mujer, muy señor mío, enseña la Paty, caramba, cinco mili-milímetros más de piel hacia al sur desde sus dos flancos rebosantes de de de… en casi 3D y ya estaríamos viendo la prenda más erótica de todo México! Los placeres vicariantes de los seres humanos no tienen límite.)

Y en estas fechas están igual de insufribles. El galán argentino traído ex profeso para alargar todo el asunto se la pasa con la Letty desde hace semanas, el Jaime Camil, o sea (no sé porque tengo que aclarar), don Fernando (habrase visto: que en México las personas se llamen con el prefijo “Don” y “Doña” a individuos de menos de 35 años, pasaron ese detalle directo por la libre, desde Colombia donde, como dije, sí es común ese protocolo), digo, don Fernando se la pasa llorándole mientras la Letty lo sigue malentendiendo, ¿por qué no nos dejan una novela mejor en donde Jaime Camil haga de las suyas, con su soltura cómica genial de soltero y deja a la Vale con el argentino? Sería una historia más interesante y dinámica… si ya sé, ¿quién soy yo para enseñarle a vender chícharos a Hérdez-Televisa?).

Pero tengo que destacar la labor de Letty al hablar acerca de política de esa manera tan sutil, tema que jamás había visto yo en este marco de televisión frívola.

Por decir, pocos días antes de las elecciones a alguien de los personajes de Letty ¡se le ocurrió hablar acerca de por quién iba a votar con todas sus palabras! ¡I-N-É-D-I-T-O! No sé si en el mundo algún personaje en boga en TV se le ha ocurrido tomar partido de algo tan serio como unas elecciones tan claves como las de México, dentro de la historia. Increíble.

Porque una cosa es meter comerciales dentro de la historia como con calzador, como diciendo por ejemplo: mientras dos mujeres están esperando la noticia sobre que pasará con el pony favorito de la hija de Roque el chofer que está siendo operado en ese instante de un tumor inalcanzable en el cerebro y una dice a la otra como si nada: “¡Qué rico café es este que me sirves, fulanita!” “¡Ah, es que te lo sirvo con cremita LaGenial, zutanita, la que siempre compro en el súper!”. ¿Y el pobre pony?, en la fría mesa de operaciones con su cerebro expuesto esperando por un milagro de parte del Doctor Anzuela, prometido de… y hermano desconocido de… y preguntándose si el cerebelo va pegado a cual hemisferio, ¿el izquierdo o el derecho? Todo porque está ocupado pensando en las letras que tiene que pagar del carro último modelo que le van a embargar por causas de su madre que a fin de cuentas no es su madre, que es más bien su tía desheredada porque…

Así fueron comerciales insertados en la Fea más Bella, de tarjeta de débito, de shampoos para el cabello, aceite de cocinar, insectidas, catálogos de zapatos, de autos, de videos de chavitos nefastos que me opongo a poner esa palabra (digo, sí quiero que me visite gente, ¿pero a qué precio? Ver nota al final.)

¡Tomar partido político, decirle a la gente que un personaje ficticio apoya a un candidato real por sobre otros! Eso es historia. Y no les hicieron nada. Ni una reprimenda o exigencia o mínimo un comentarito.

Y hay cosas especiales, lo dije: Ahí sale Luz María Aguilar en un papel equis, que ella cumple con discreción y dignidad, pero me llama la atención que hayan incluido también en el elenco en otro papel equis al gran Sergio Corona, que era su pareja en aquella serie legendaria de los setentas, muy divertida y que duró años: Hogar Dulce Hogar. Aguilar y Corona no han salido en una sola escena juntos en esta novela, ¿lo estarán dejando para el final? ¿O ya habrá salido y ni me di cuenta y en mi inconsciencia abyecta, me la perdí por haber estado haciendo algo irrisorio que ni recuerdo? Y Angélica María haciendo pareja con José José como los padres de Letty es un ejemplo de genialidad. La verdad que sí.

Pero bueno, al final dejo lo que me gusta más de la novela. Lo demás se la pasa en repeticiones eternas de los mismos temas que ya no mencionaré aquí. Lo que más vale la pena aquí es todas las escenas no románticas ni sentimentales en las que interviene Jaime Camil.

Yo ya había visto un programa de TV de entrevistas con él como entrevistador hace varios años y se me había hecho muy pesadito. Pero su papel de yuppie adinerado con gustos sofisticados pero cayendo en la estupidez más adolescentil, entre él y su amigo Carvajal (Agustín Arana) es lo que hace divertido y disfrutable ver esta telenovela.

Los demás 50 minutos dedicados a las escenas de llorar y llorar, de amor no correspondido, las escenas de relleno dedicadas a alargar de manera banal la trama, por ejemplo la ridícula inclusión de un adivino que verdaderamente le da el giro a la historia (¿qué les pasa a los escritores? ¿No pudieron encontrar una manera más lógica que mostrar a un “adivino” que actuó de lo más infantil, ni los niños, diciéndole a la Vale cómo iba a seguir la historia?, no entiendo), la hace pesada de pronto.

Los minutos, o más bien las horas dedicadas a las subtramas sin sentido de los demás personajes secundarios y hasta terciarios es una muestra clara de que los escritores ya no saben que agregar. La inclusión del argentino en la novela como el otro galán de la Letty es otro ejemplo de extender, extender, extender, sin sentido el negocio que hace Televisa con las amas de casa.

Pero negocios son negocios y dinero es dinero. Y yo no tengo ni idea ni ascendiente sobre los Televisos de cómo conseguir ellos su dinero. Yo sólo me espero a ver más de las escenas en las que Camil se la pasa diciéndole estupideces a su irónico amigo Carvajal.

Eso sí, me gustaba más cuando eran más cínicos. Muy divertidos.

Me sonaba más a verdad.

Nota Aclaratoria:

Ah, y escribir un artículo en mi blog no tiene nada que ver con la desvergonzada idea de que me lean por eso, claro que no. ¿Qué les pasa? ¿Y mi dignidad? ¿Dónde creen que la dejo?

En serio que mal pensados.

(Ya contaré si este escrito que tiene que ver con algo que está muy en boga en estos días de Noviembre de 2006, tenga un impacto en la afluencia de visitantes de este lugar. Je.)





NOTA:
Si alcanzaste a terminar toda la nota anterior y si es que fue de tu agrado,
podrías seguirle con los LINKS INTERESANTES que están al lado IZQUIERDO de aquí para…

1. leer algunos distintos artículos míos en el blog de LaPalabra.
2. o leer mis cuentos…
3. o lo que escribí en el blog de Crónicas de Nuestras Guerras Secretas para completar la segunda parte de dicho libro…
4. o bien me podrías pedir a mi correo el mencionado libro de Nuestras Guerras Secretas completo en PDF…
luisgmetaconexiones@gmail.com
5. o leer mi novela de Technotitlan: Año Cero que está en los links de aquí a ladito a la izquierda… que está por el momento son dos partes y estoy por poner la tercera y después la cuarta…
6. y agregaré más cuentos en blog de cuentos y agregaré mi otra novela de Sangre de Neón en otro blog más…

Ah, y si estás en revista o periódico y quisieras incluir un artículo de estos ahí en tu medio, ¿porqué no me escribes? Me encantaría colaborar en tu medio ya sea impreso o en el ciberespacio.

Luis García

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