martes, diciembre 12, 2006

Pinochet y la foto del gorila



Es difícil entender cual es la realidad de un país. Afuera de Chile es claro: ¡Que bueno que ya se murió el dictador, el tirano! El sufijo “ex” no queda, siguió siendo un dictador, siguió siendo un tirano.

Le preguntaron un día, allá por 1989, antes de entregar el poder a los civiles, que le parecía el asunto de que encontraron un cementerio clandestino con tumbas en las que guardaban los cuerpos de dos personas en una misma caja, el señor, respondió con candidez extrema: “¡Qué gran economía!”, así, sin más.

Vi recientemente la película chilena llamada Machuca (Andres Wood, 2004), sobre aquellos años de 1972-1973 en la que interactúan tres niños como de doce años: una niña, pobre ella, y dos niños que estaban en una misma escuela religiosa, uno rico y otro también pobre, y que este último estaba ahí por presiones del gobierno para integrar de alguna manera a la clase necesitada.

De una manera sencilla, directa y sin ambages nos muestra lo polarizada que estaba la sociedad chilena, dos lados, uno enfrente al otro.

Es un cine de valentía, que trata de mostrar, no de explicar, eso nadie puede ni podrá, el como dos bandos en un mismo país pudieron ser azuzados de manera tremenda a nivel de efectuar una verdadera guerra de clases, no una lucha, una guerra, con los resultados conocidos.

Y como es de esperar, el pivote de la situación es el mero once de septiembre de 1973, el día que Allende fue derrocado por Pinochet.

Cine frontal, con deseos de decirles a las nuevas generaciones que algo terrible pasó y que no se puede olvidar, se podrá perdonar, pero no olvidar.

Ahora, no sé quien tenga la razón, pero no creo que en justicia la violencia de la derecha justificaba el terror causado a los que estaban de acuerdo con Salvador Allende. Tres mil muertos son tres mil muertos. Los extremos políticos, como siempre, son de evitarse en su totalidad.

Lo que sí sé son tres cosas:



1) que la presidenta Michelle Bachellet dice con el tono adecuado de que ya hubo mucho sufrimiento y que es hora de mirar adelante. Si acaso tuvo que conceder otorgarle al tipo entierro de militar. Hubo personas que hasta eso consideraron demasiado.
2) Que el pueblo chileno sigue con esa polarización, si acaso más sutil y no tan violenta, unos celebrando la muerte del tirano y otros llorándole, aunque nos sea incomprensible.
3) Que la imagen que muestro aquí, el tirano la odiaba. Y que jamás volvió, según esto, a tomarse una foto con lentes oscuros.

Por algo existe la asociación de ideas entre gorilas e integrantes de cualquier junta militar de gobierno de cualquier país.

Con un sentido pedida de perdón a los gorilas.

1 comentario:

ElMozambique dijo...

Muy bueno el post y mejor la forma de exponer tu opinión,la tía de mi esposa esta casada con exmilitar chileno, de esas épocas y cada vez que toca el tema se ahoga en elogiuos hacia su general, esta tan ciego que aún no ve lo que tyodo el mundo, lo malo es que este tipo aburre con sus historias de la guerra a la que nunca fue.

saludos