sábado, diciembre 16, 2006

PUBLICIDAD Y TELEVISIÓN, ¿CUÁLES SON LOS LÍMITES?


¿Cuál es el punto en lo que se debe de ver televisión?

¿Para qué vemos televisión?

Primero: Hay dos tipos de televisión en el mundo: La pública y la privada o comercial.

La pública es la TV estatal con fines educativos y culturales que ha sido más que nada seguir el ejemplo del monopolio estatal que fue la BBC de Londres donde antes de la diversidad actual de canales privados la gente, según esto, pagaba por el servicio a través de una cuota como impuesto anual que si no se hacía podría provocar el detectar a los morosos, pero que seguían viendo la TV, a través de goniómetros y multarlos.


Se dice que en el caso de la BBC pagaban hasta por el conector eléctrico que va hacia la pared. La televisión se subvenciona gracias al Estado y al público que es a fin de cuentas quien paga su cuota anual. Los programas serían de corte educativo y cultural. PBS en Estados Unidos es un ejemplo de esta televisión y su producto más famoso es Sesame Street que a través de 37 años le ha dejado inmensos beneficios (según esto no tanto, paradojas del mundo actual).

La Privada o comercial es el modelo en el que la televisión es pagada por compañías o fábricas que buscan anunciar sus productos a través de las pantallas entre programa y programa de tal manera que la audiencia los pueda percibir y enterarse de su existencia. De eso depende que los programas transmitidos puedan recuperar sus inversiones que con el paso del tiempo pueden ser costosísimas. Este modelo fue el adoptado por la televisión norteamericana a mediados de los 40’s y es el que han seguido la mayoría de los países.

México en aquella época tuvo la posibilidad de irse por cualquiera de los dos y una comisión formada por el entonces conocidísimo Salvador Novo, decidió irse por el sistema comercial que es el que ha prevalecido.

Aquí no es el lugar para comentarlo con extensión, pero es de notar que un vendedor de radios como fue originalmente Don Emilio Azcárraga Vidaurreta, se decidiera a invertir en una estación de radio para venderlos, allá en los 30’s, para que después en los 40’s se interesara sobremanera en conseguir una concesión de televisión, y posteriormente Rómulo O’Farrill, un distribuidor de autos de Puebla, consiguiera otra también de televisión.

También es interesante agregar que en la misma circunstancia estuvo Ricardo Salinas Pliego en los 90’s con amplios intereses en lo que se conoce como negocios de retail o de tiendas de electrodomésticos y con decidido esfuerzo adquirió la cadena nacional pública con la ola de privatizaciones que hubo en ese tiempo quedándose con lo que se conoció después como TV Azteca.

Pero ya entendiendo o demostrando o queriendo hacer ver los nexos comerciales de las cadenas de televisión, lo que se quiere decir aquí, además de lo anterior es ver en qué medida se está transgrediendo la libertad de mirar una obra determinada, aunque sea de entretenimiento, mezclada con la venta abierta de un producto comercial a través de la televisión, por cable o abierta.

Recordar que ver televisión desde su principio fue observar un espectáculo, ya sea noticias, programas de entretenimientos, o simples anuncios a través de una pantalla que al principio fue en Blanco y Negro, después en Color, ahora en High Definition.

Cada una en su momento son glorias tecnológicas en sí mismas.

Cómo decía, todas las modalidades de transmisión de televisión (aérea, cable o satélite) nos ofrecen decenas, si no cientos, de opciones de ver producciones de calidad diversa que personas que forman parte de compañías llamadas productoras crean con diferentes objetivos.

¿Tienes dinero suficiente? Podrás ver en la plataforma que quieras lo que gustes. El punto es el televidente queriendo ver la TV de calidad que quiere y puede pagar.

Por otra parte, un programa de televisión como cualquier obra, tiene la intención de pasarse de alguna manera íntegra para poder disfrutarse. El derecho del televidente es aspirar a poder verlo de esa manera.

A menos que nos estemos engañando, esa era la intención del productor, del creador a fin de cuentas y esa es la intención del receptor o televidente que desearía que pudiera ser así.

A menos que este sea otro mundo en el que vivimos, pero deseamos encender la televisión con el gusto de querer enterarnos, informarnos, educarnos o entretenernos.

Si no es ese el punto de la existencia de la televisión en una casa, ¿cuál será este?

Y aquí hay dos puntos.

EL CASO DE LA TELEVISIÓN POR CABLE

¿Alguien me puede explicar como es posible que se transmitan tantos “infomerciales” que es de pensarse el que aspiren a llamarse así, de fajas para disimular gordura, de cursos de inglés, de cuchillos inoxidables, de escaleras mágicas, de dietas milagrosas, y los de las “amigas del amor”?

¿Alguien me puede explicar como los predicadores brasileños de “Pare de Sufrir” tengan esos programas de cinco de la mañana (antes eran a partir de la una o dos de la madrugada) transmitiendo sus perspectivas de cómo su enfoque religioso, y su vaso de agua, cómo, repito, podrán hacer parar de sufrir a las personas?

Que alguien me diga quién ve cinco minutos completos de esos programas.

Que alguien me diga quién los desea ver los mismos al día siguiente. Y al siguiente. Y a la siguiente semana. Y a la que sigue.

Que alguien me explique porqué si ya pago una cuota, debo de ver canales repletos de comerciales de media hora de productos inútiles. (Que es obvio que no veo.)

Que alguien me explique a cuanto realmente asciende el poner un estúpido infomercial una media hora cada día todos los días.

Que alguien me explique porqué esa gente son los únicos que pueden poner dinero para hacerlo y no personas que deseen hacer programas que entretengan, informen o eduquen.

Que alguien me explique si durante toda la vida la necesidad de hacer dinero será la que va a prevalecer por todas las otras.


EL CASO DE LA TELEVISIÓN ABIERTA.

Esto es ya desastroso.

Ves TV Azteca el canal “Lost” y ves eso, “Lost”/“Perdidos”, y durante el programa pasan alguna escena que implique un asunto determinado, por decir un actor decide saltar un risco, y en es emero instante aparece una cinta en la parte inferior de la pantalla que dice “PARA LOS QUE SE ATREVEN” y el nombre de la cerveza patrocinadora, que no mencionaré por supuesto (no se merecen que lo haga) y así una y otra vez durante el resto de la transmisión está salpicada de ese modo: cualquier asunto clave en una escena y aparece ese anuncio sensibilizado a la situación. A veces parece burla.

Eso sí, hay que decir que es muy ingenioso el trabajo de estos cuates publicitarios, pero, la integridad del programa como tal no es respetada en lo absoluto. Es legítimo transmitir comerciales. Es necesario, se entiende, ¿pero está justificado hacerlo de esa manera tan rapaz?

Creo que fue Federico Fellini el que dijo al respecto de que no era posible transmitir cine por televisión porque no puedes mezclar sentimientos, suspenso y emociones con vender detergentes. Algo así.

¿Cómo, me pregunto, puedes concentrarte en la trama de un programa de televisión, en el que sea, cuando eres interrumpido por un decidido estímulo que va en contra de esa mínima concentración?


¿PARA QUÉ DEMONIOS ENTONCES VEMOS TELEVISIÓN?

Sé que hay el acuerdo tácito, jamás escrito, al respecto de que aguanto y veo tus comerciales porque la transmisión le cuesta a la estación, pero esa es mi pregunta de a mero arriba, ¿cuál es el límite?

Sé que los accionistas de la cadena de estaciones buscan el lucro, no el beneficio social. Y quieren maximizar el rating para poder seguir teniendo más negocio.

Más rating, más ventas a anunciantes, más tiempo de programación dedicado a comerciales, menos tiempo dedicado a obras de tv.

Se da en TV que se hagan estudios de mercado y análisis de audiencia para ver si algo funciona o no. (Extraña que haya tantos fracasos que a simple vista uno se dé cuenta que lo serán, pero ellos son los profesionales, ¿no?).

Y lo que sí molesta es que se salten ese respeto mínimo que nos merecemos los televidentes para no ser infringidos en nuestros derechos de ver una obra de televisión (llamémosle así) en su mayoría completa, integra.

¿O no han visto que dividen la pantalla para poder acomodar el principio del siguiente programa al lado de los créditos finales que aún no terminan?

¿O no se ha visto que todavía la película ni se termina (no todas las películas terminan al punto de los créditos, en ocasiones sigue el final final durante ellos), y ya ellos concluyen la película de manera abrupta y arbitraria?

¿O no se ha visto que en medio de una escena, no cuando sería natural que es cuando termina, ellos interrumpan y entren comerciales?

¿De qué se trata?

¿Para qué veo televisión? ¿Quién hace el favor a quién?

Los programas especiales en los que transmiten en vivo y dizque en vivo, son los que más molestia dan ( si es que se puede afirmar eso), ya que interrumpen lo que están diciendo y miran a la mesa para hablar del medicamento que se unta y que es maravilloso para la salud. Recuerda a aquellos comerciales en que un locutor en vivo decía “nosotros hacemos, garantizamos, realizamos” cuando hacía referencia al anunciante y sabemos que, sencillamente, él está ahí para anunciar lo que le pongan.


¿QUIERES SABER DE DOS CASOS VERDADERAMENTE PATÉTICOS?:

Uno, los noticieros de TV Azteca a mediados de noticias uno del personal que está para leer noticias da un comercial que parece confundido entre el segmento sin avisar al público que eso es un anuncio. Eso es falta de ética.

En ciertos noticieros matutinos de Televisa dan noticias de gobierno, patrocinadas por municipios o por el estado de México (es el que recuerdo) que se pasan como noticia también, sin interrupción obvia, sin cintillo que diga que eso que se transmite es pagado. Eso no es ético, digan lo que digan.

Y dos. Como ya lo comenté antes, en La Fea más Bella, acomodan comerciales dentro de la historia de manera tan abrupta, tan incómoda, que uno se pregunta: ¿el respeto a los televidentes está tan reñido con el comercio? ¿Se trata de casi ahorcar a la gallina de huevos de oro para meter durante la historia comerciales de nóminas de bancos, tés, catálogos de zapatos, autos, shampoos, comida, y un gran etcétera?

No sé si se trata de ser sutil y si eso sólo lo vemos nosotros. Si lo nombramos a personas que están viendo esos programas se nos quedan viendo como diciendo “el Cielo es azul y el Sol es el que le da la vuelta a la Tierra” y no los mueves de ahí.
Lo peor, no les importa. Las cosas así siempre han sido así y no tienen nada de malo.

¿Algo más? Invito a tomar el tiempo de comerciales entre programas. A veces pienso que debería decirse que la TV es el espacio en el que se transmiten programas entre comerciales y no al revés.

Finalmente:

Gracias a Dios por las Opciones.
Gracias a Dios por el Cable.
Gracias a Dios por el Control Remoto.
Gracias a Dios por el On/Off.
Gracias a Dios por los Libros.
Gracias a Dios por Internet.

Pero, ¿y la demás gente que no tiene ni opciones ni lo demás?

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