lunes, diciembre 11, 2006

Yo estaba enamorado de la revista Rolling Stone

Ahí estaba yo en la Avenida de las Americas, número 1290. Eran los días primeros de agosto de 1991. Y Nueva York me asustaba. Eran los días que los compañeros de la oficina te advertían de lo difícil que era la ciudad. Años después cambió mucho y se hizo muy amigable. Tremendamente amigable. Me asomé al edificio. Entre a donde se leía el directorio. Ahí, en uno de los pisos estaba Rolling Stone Magazine escrito en uno de esos pizarrones con letras movibles de plástico, muy inelegante. De cualquier modo me impresionó. El caso es que le tomé una foto al pizarrón lleno de nombres. Aún tengo la foto. A nadie le interesa un carajo saber que la tengo y menos nadie quiere verla. El caso es que la tomé y me gustó tenerla.

(Al cabo de las horas y después de haber ido a una librería de la Quinta Avenida, donde compré el libro que comento a continuación) ya me tuve que ir al aeropuerto de New Jersey para devolverme a mi seguridad relativa y esperar mi salida a Monterrey, vía Dallas. Destino al que casi me enviaban, puesto que debido a una falla mecánica de mi estupendo avión de American Airlines a la ciudad texana, (la frase de “this plane isn´t going” y la viejita que me lo dijo, ya casi olvidé a las dos) tuve que cambiar de idea. Me pidieron que me registrara en otro avión, dije que iba a Monterrey, por supuesto (sin aclarar nada, todo mundo conoce Monterrey, México, ¿no?) y me enviaron a uno de Eastern diligentemente. Después de unos segundos pregunté que porqué por Eastern, si es la que vuela hacia la costa del Pacífico, y ahí confirmé que me enviaban al Monterrey equivocado, al de California, por supuesto. Aclarando el embarazoso detalle, no tuve más remedio que literalmente correr para pescar un avión a Atlanta por Continental. Ya sólo es para tener una pequeña anécdota que contar.)

En mi maleta, o valija, o lo que haya sido, llevaba un libro intitulado The History of Rolling Stone Magazine. El título sin ser muy atractivo no me importaba, me importaba el contenido. Sólo eso. Lo juro.

Pues lo leí tarde que temprano. Y supe muchas cosas.

Es ya año 2006. Tengo 4 años sin la suscripción de la revista. La conseguía a través de McAllen, Texas, en un apartado postal al que me llegaban mil cosas y que una semana si, otra no, me las traía la señora Juanita. Me llegaron bien la inmensa mayoría de las veces.

Y estoy ahora en una ciudad del centro del país. Y por otros ciertos motivos estoy con algunas de mis Rolling Stone favoritas. Ya espero las preguntas de las personas acerca si la revista solo se trata de sus satánicas majestades, los Rolling Stones. No, no se trata de ellos. A lo mucho Mick Jagger los quiso demandar allá por el año de 1967. Pero no lo terminó de hacer, quizá porque tendría él a su vez tendría que ser demandado por Muddy Waters por haber utilizado parte del título de su canción Rolling Stone, y porque ultimadamente el verdadero rey del Rock, Bob Dylan, utilizó el mencionado nombre en su inescrutable canción inmortal Like a Rolling Stone, después que los Stones. Una demandadera impresionante. Mejor todos safe y que nadie demande a nadie.

El punto es que tengo en mis manos la número 773 en cuya portada aparecen Madonna, Courtney Love y Tina Turner, contentas. Es el aniversario treinta de la revista. Y pues, en este instante y después de descubrir que ahí están las portadas, algo me llena de tristeza.

La Rolling Stone (bueno, ni el Time, ni la Wired, ni... ¿o seré yo el que cambió?)no es como antes. No es tristeza en sí. Ni amargura. Pero... algo pasó en estos tiempos.

De pequeño tienes ídolos. Los defiendes. Sin saber que lo eres, eres un evangelista. Los defiendes. Es como tu equipo de fútbol. Le tomas cierta pasión al asunto.Te involucras en sus causas. Cuando creces, sigues igual, y no en menor medida, sí en medida distinta. Pasaba igual con la Rolling. Pero resulta que leí ese libro. Y ahí me enteré de la existencia de su legendario editor-publisher, Jann Wenner. Y lo que hacía.

No sé porque, pero me cayo muy mal enterarme de que en los viejos tiempos cuando la revista empezó a salir la gente comenzó a enviar dinero para suscribirse. Y no mandaban cheques, mandaban dinero en efectivo, en sobres. Eran otros tiempos, allá por principios de 1968. Y la chica que se encargaba de las suscripciones, se quedó aterrada cuando veía como Wenner tomaba sin pudor dinero del montón que llegaba en sobres, en efectivo, para las suscripciones. Al protestar la chica, diciéndole que eso no era correcto, Wenner solo respondió con un equivalente a “me vale madre, ¿quién me lo va a impedir?”. Nadie se lo impidió.

En la historia del libro se ven desfilar muchos personajes de los que me gustaría seguir sabiendo de ellos, sobre todo Ben Fong-Torres, de Charles M. Young, de Dave Marsh, por citar algunos. De Annie Leibowitz, maravillosa fotógrafa, supe. De Hunter S. Thompson, también supe (y ya murió no hace más de dos años). Y del mismo Wenner, obvio, hasta salió en la película Perfect, con John Travolta (también salieron muy bien retratados en la película de Cameron Crowe, Almost Famous, otro con otra historia que merece ser contada después). Y ahora también sé que es millonarísimo. Bueno, eso fue antes.

Y Jan Wenner hizo otra pequeña travesura que me encabritó. Allá por 1988 la RS sacó un número especial que hablaba de las 100 canciones mejores de todos los tiempos del rock . Muchos conocedores y especialistas las decidieron. Cada lugar ponderado. Cada lugar colocado con cuidado, con respeto, con reverencia. Al verla y analizarla te dabas cuenta que, bueno, muchos lugares eran de esperar, suponía yo. Satisfaction en primer lugar. I want to hold your hand, en segundo lugar, etcétera. Ellos sabían de eso. Yo no. Ellos a eso se dedicaban. Les pagaban por ello. Uno de esos (a fin de cuentas, sólo tristes) aficionados sólo sabía o mas bien, sólo le cabía esperar corrección, justicia, honor a quien honor merece.

Y pues, según el libro se dice que al señor Wenner se molestó al ver la lista. Y es que, ¿cómo era posible que Billy Joel estuviera tan abajo en la lista? ¿Y Boz Scaggs? y el inmortal Lou Gramm, ex – Foreigner, ¿cómo es que ni siquiera alguno de sus más grandes éxitos no pudiera entrar? No era posible. Pero para eso él era Jan Wenner, señor y dador de vida en el imperio de Straight Arrow, la compañía madre de RS. No, las cosas no se iban a quedar así. Había un error (o varios, pues) y había que enmendarlos. Y así fue que... cambió algunos lugares según su criterio, el sí era conocedor, claro... y todos quedaron felices. Bueno, tal vez no todos. La mayoría se tenía que aguantar, después de todo Rolling Stone era un negocio, un trabajo como todos ¿o no? Y ellos dependían de él, ¿o no?

Y así hay varios ejemplos. ¿Decepciones? No lo sé. No tanto. En el ya mencionado libro se hablaba de lo que la RS era antes. Un símbolo. Algo que se adelantaba a todos. Una revista en la que leías de cosas tan disímiles como el descubrimiento por ellos, periodistas de la revista del escondite donde estaba Patty Hearst, la heredera secuestrada vuelta guerrillera urbana chic en 1974, el caso de Ron Kovic, el ex sargento que fue paralizado en Vietnam y que Tom Cruise himself lo protagonizara fielmente en aquella Born in the 4th of July, y otras historias tan dramáticas como la de Karen Silkwood, posiblemente muerta por un asunto con una planta nuclear corrupta, o la de los astronautas, los primeros, los héroes casi mitológicos, escrita por el gran Tom Wolfe.

Y de alguna manera tonta, leer eso a uno lo reivindicaba frente a un público inexistente, como si haber leído de esa revista, y como si leer artículos de ahí, le pasaran a uno parte de esa trascendencia.

Pero algo pasó que iban quitando brillo. Portadas como la de Village People al finalizar la época disco. Comerciales invadieron la revista. Moda y moda, fashion after fashion aparecieron en suplementos. No lo comprendía. Bueno, sí se podría decir que conocía algo de ella. No por nada la empecé a comprarla allá por 1981, la cual es mi primer ejemplar. Luego 1983, y más tarde los años que siguieron intermitentemente. Después me suscribiría en pleno y me los traería puntualmente la señora Juanita (¿qué se habrá hecho?).

En este número que está a mi izquierda (la mía, no la del blog, sorry), venía un suplemento grande acerca de las portadas de 1967 a 1997 con motivo de su treintavo aniversario. Tenía años de no ver ese suplemento. El que siempre he visto, porque aparece y desaparece en la región de mis agujeros negros portátiles, es el suplemento que contiene las portadas de 1967 a 1987, patrocinado por Reebok, con motivo de su vigésimo aniversario. Ellos que siempre han sido tan generosos.

Las veo y está definitivamente mejor el suplemento del 30 que el del 20. Lo disfruté mucho, el verlas. Hay un portadón del número de Lennon con Yoko, en el conmemorativo de su muerte recién acaecida de entonces (aparecida en enero de 1981)que no tiene madre (ganador de la distinción de ser la portada más relevante en los últimos cuarenta años). Pero algo me pegó.

Entre el suplemento de portadas vi las revistas que tengo. Vi las que no tengo. Hojeo de nuevo la revista del trigésimo aniversario con Madonna, Tina y Courtney. Hay historias fabulosas, como la de LaVern Baker, Billie Holliday, las Shangri-las, y así. Y recuerdo haber tenido en mis manos las últimas que alcancé y leí. Comerciales de modas, de autos, de discos, de motos, de computadoras personales.

Recuerdo más cosas de ese libro sobre todo lo de que RS ya no marcaba tendencias, sino que ahora las seguía. Que la rebeldía se había diluido en el comercialismo atroz. Múltiples competidores. ¿Será eso? Me perdí el número del 40 aniversario de la llegada de los Beatles a Estados Unidos, por supuesto, una gran portada. No leí el artículo, el website de RS no lo incluye completo. Mal plan.

Y tengo 44 años yo, dos más desde que llegaron los Beatles con Ed Sullivan.
Revisar los viejos números y revisar los nuevos me llenan de amargura. Ya no recibo la revista. En Sanborns de aquí de esta ciudad del centro de México, sólo alcanzo a ver la RS mexicana. Y pues con todo respeto, no es la RS que yo me acostumbré a leer. Eso sí. Orgulloso estuve de los espectaculares, los espectaculares de los camiones urbanos en los que se anunció varios meses hace ya uno o dos años, quedé impresionado de leer con esas fabulosas letras especiales Rolling Stone. Ya en México. Ya con nosotros. Por fin. Pero. No. Es. Lo. Mismo.

Rolling Stone, antes de internet, me daba el filo correcto de la música, de las actitudes, de lo que era bueno, de lo que era dudoso. No desconfió de su periodismo. Pero, ¿en que creer cuando ves tantas veces en sus portadas a los chicos del nuevo bubble gum rock? Spears, Timberlakes, N’Syncs.

¿A qué jugamos? ¿Los pones en la portada sólo para vender, o esas personas realmente tienen calidad? Y si es así la cosa, ¿ya no hay idealismos?

Recuerdo aquellas dos portadas, la que atacaba al recién creado MTV como que no era mas que un vil anuncio continuo de 24 horas todos los días, y que salían McCartney y Jackson caracterizados con el rollo de su inmortal video de Say, say, say (confiésenlo, tenían años de no acordarse de el), para resultar que de ellos dos no salían en toda la revista más que 150 palabras, en un mini recuadrito que si parpadeabas ni lo leías.

Y el otro caso, el de Ghostbusters II en la portada glorificando la mencionada película de cierta manera, y dentro realizan un reportaje amabilísimo sobre Bill Murray, y en la sección de críticas de cine, quizá para salvar la cara un poco, defenestran la película (merecido se lo tenía).

Tal vez sólo yo lleve la cuenta de estas cosas. Pero no sé. El que lea esto, no piense que estoy amargado, ¿de acuerdo? ¿O tal vez sí?

Tal vez se piense que los cambios de una RS tenían que irse hacia ese lugar, menos polémica, más conservadora, los mismos Rolling Stones están a punto de cumplir los 65’s, el mismo Charlie Watts tiene cáncer en la garganta, ojalá se recupere. A estas edades, los idealismos ya no son los mismos.

Ellos (los de la revista, hay que aclarar) están ahí, escribiendo, armando un número que tratará de ser relevante, tratando no sólo de conseguir premios de diseño o de fotografías geniales... bueno, eso quiero pensar. También quiero pensar que ellos, los redactores de la revista RS algún día cambiaran el camino para de nuevo ser rebeldes, de nuevo ser fulminantes, de nuevo ser importantes.

Algo pasó en mi relación con Rolling Stone, al cabo de 25 años de estar cerca. Yo crecí y Rolling Stone no... ¿O fue al revés?


Tal vez, como alguien dijo, la respuesta estará en el viento.

O tal vez la tenga la señora Juanita.





NOTA:
Si alcanzaste a terminar toda la nota anterior y si es que fue de tu agrado,
podrías seguirle con los LINKS INTERESANTES que están al lado IZQUIERDO de aquí para…

1. leer algunos distintos artículos míos en el blog de LaPalabra.
2. o leer mis cuentos…
3. o lo que escribí en el blog de Crónicas de Nuestras Guerras Secretas para completar la segunda parte de dicho libro…
4. o bien me podrías pedir a mi correo el mencionado libro de Nuestras Guerras Secretas completo en PDF…
luisgmetaconexiones@gmail.com
5. o leer mi novela de Technotitlan: Año Cero que está en los links de aquí a ladito a la izquierda… que está por el momento son dos partes y estoy por poner la tercera y después la cuarta…
6. y agregaré más cuentos en blog de cuentos y agregaré mi otra novela de Sangre de Neón en otro blog más…

Ah, y si estás en revista o periódico y quisieras incluir un artículo de estos ahí en tu medio, ¿por qué no me escribes? Me encantaría colaborar en tu medio ya sea impreso o en el ciberespacio.

Luis García



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