jueves, enero 25, 2007

Del Ritmo Secreto detrás de las cosas


Escrito un 23 de Julio de 1993 (pero todavía válido, supongo)

Hace menos de dos años me pasó algo muy curioso: Me tocó ser presidente de una casilla electoral durante unos comicios federales y llevábamos la cuenta de los votantes que iban llegando a nuestra casilla (lo de la casilla misma fue curioso y merece un artículo pero no es a lo que me refiero por el momento). Conforme avanzaban las horas fue notorio que al hacer el conteo de las personas que iban llegando invariablemente sumaban estas alrededor de veinte por hora, a veces diecinueve o a veces veintidos, pero siempre alrededor de veinte.

Inclusive hubo ocasión de que al faltar cinco minutos para llegar al "corte" y llevando sólo quince votantes, inmediatamente se daba una racha de cinco o seis personas que llegaban en ese pequeño lapso de tiempo para cumplir la "cuota".

Aquí esta la pregunta: ¿Qué sería lo que movía a estas personas, que no se conocían entre sí ni llevaban una relación especial entre ellas, para que se hubiese observado el mismo ritmo de llegada de votantes hora tras hora, invariablemente?

Muchos dicen que la casualidad existe, otros dicen que hay un ritmo escondido en la naturaleza por conocer y aprender algún día. Otros dirán que las coincidencias son inevitables que existan porque nos topamos con miles de sucesos diarios distintos (un "suceso" sería igual a cualquier cosa, decisión, hecho, percepción, realización, y existencia de todos los momentos separados frente a nuestras vidas) y que es inevitable que acontecimientos sin relación aparente hagan "click" en un momento determinado.

Cuando dimos una clase de Sistemas Operativos en una universidad local, hubo una sección del curso en la que nos tocó hablar del principio de la localidad y temporalidad con respecto a los procesos de la paginación de la memoria en una computadora.

Este principio quería decir que si está lloviendo en este momento en Monterrey probablemente podría estar lloviendo también en Saltillo. O que sí en este momento está lloviendo probablemente estaría lloviendo igual dentro de una hora más. O que si estamos tratando de hablar por teléfono con alguien y si está ocupada la línea, ésta seguirá ocupada probablemente por otro rato más.

Por otro lado también se ha descubierto este principio de la experiencia humana: Lo que necesitas ahora es muy probable de lo que necesites después, e inversamente lo que no necesitas ahora muy probablemente nunca lo necesitarás. Siendo que la clave de los dos principios radica en la "probabilidad de las cosas".

Claro que esto no se aplica en el cien por ciento de los casos a los que estamos expuestos y/o conscientes, pero se aplica en la mayoría.

Y de alguna manera lo anterior está relacionado con la idea de que tendemos a trabajar con la ley del mínimo esfuerzo. Más del 50% del tiempo hablamos reciclando solo 100 palabras. Nos haríamos entender y podríamos sobrevivir un tiempo considerable con un mínimo de conversación.

Dos ejemplos clásicos para mostrar la frecuencia del uso de las palabras:

En las obras de Shakespeare la cantidad de palabras diferentes de las que se componen estos textos llega a ser de 29,066 palabras distintas, de las cuales solo 40 las usó el 40% de las veces.

En el Ulysses de James Joyce (obra máxima de la literatura inglesa de este siglo) se encontró que consta de 29,899 palabras (sí, muy similar al número de Shakespeare) en las que 135 de las palabras (el, la, de, y, un, a, en) constituyen la mitad del texto y 16,432 aparecen sólo una vez.

De hecho y en resumen en ambos casos y análisis, se encontró que con 40 palabras se resuelve el 40 por ciento de todo.

Y así llegamos a la ley del 80-20, las cuales son las que predominan en el 80 por ciento de las veces y en el 20% simplemente no.

¿De donde salió la ley del 80-20?

Cuenta la leyenda que en el volúmen 3, Sorting and Searching, de la yá clásica, e incompleta, magna opus de Donald Knuth, The Art of Computer Programming, menciona la regla del 80-20 como que es "comúnmente observada en aplicaciones comerciales" citando un número de la revista del IBM Systems Journal de 1963 donde una persona de apellido Heising aseguraba la existencia de ese principio y lo aplicaba a cuestiones de computadoras.

Filosofando un poco el porqué sucedan estas cosas, puede pensarse que pudiera haber un ritmo en la naturaleza que es el que maneja estas situaciones y que está ahí, escondido a nuestra vista y a nuestra percepción, de la cual nos damos cuenta solo cuando reflexionamos en las cosas multicotidianas que nos suceden y que percibimos, tales como coincidencias, casualidades y/o curiosidades.

Pero todavía podríamos tratar de averiguar el grado de orden que puede haber en la naturaleza. Para eso es descubrir o usar la ley del 80-20 en nuestras vidas.

Lo anterior no explica realmente tal vez nada, pero sí muestra que podría haber un ritmo secreto ortogonal a nuestra realidad y que en el universo la verdadera aleatoriedad no existe.

Si se han "descubierto" el principio de la localidad y temporalidad, el principio del 80-20, el principio de la mínima cantidad de palabras para realizar la mayoría de las conversaciones, la relación escondida detrás de la ley de probabilidades (recordando el caso de la casilla de votación) además de la curva de distribución normal (lo de que lo más probable es de que pase tal cosa a diferencia de tal otra... la cual es una forma de 80-20) y sin olvidar las múltiples leyes de Murphy, es posible que conforme pasen los años se sigan revelando nuevas pautas y ordenes de la Naturaleza, ahora escondidos.

Pero muchos no sabrán esto porque para este instante el 80% de los lectores dejó de leer éste artículo al llegar al 20% del mismo.

Era... natural.

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