lunes, enero 08, 2007

Sobre Años Nuevos, Trópicos de Cáncer y Contraseñas


Acabo de leer en alguna parte que las compañías en USA gastan más de 200 dólares por empleado en el asunto de recuperar contraseñas olvidadas en estas épocas del año, regreso de vacaciones de diciembre-enero.

2,200 pesos por cada persona sólo porque a la gente después de vacaciones ya no recuerda la contraseña para entrar a su máquina o a su sesión o a su sistema o a su… lo que se les ocurra.

Y es que el tiempo que se le dedica a esa otra vida real, la de no-trabajo, es pesada. Son más de dos semanas. Una buena cantidad de días.

La vida real-uno, la del trabajo se abandona en el olvido a partir de que entras de receso vacacional. Pongamos que pudiste haber ido a trabajar en esos días finales de año y de comienzo del siguiente, pero, lo siento, eres una minoría. Claro, eres la minoría a la que los demás mortales honramos como la que lleva la carga vital del país en estos días tan complejos de descanso febril.

La vida real del quehacer cotidiano trabaja en base a ritmos predecibles. La vida no real recesional, no. Nop. Está llena de caos, está llena de cosas diversas. Casi ni se puede planear, a cierta edad, claro está, con quien estar, si con la suegra o con la mamá de uno.


Los días se van sucediendo uno tras otro sin cesar. Luego del martes sigue el miércoles y para cuando piensas ver a tus amigos ya es jueves y ya es Fin de Año y la familia y la familia y la familia y ya cuando ya pasaron las celebraciones ya te tienes que regresar y…

Eso sí, al paso de los años entramos a ritmos que son más benévolos. Se recurre a la regla del pasado: “¿Con quién fuimos el año pasado en Navidad? ¿Con quién en Año Nuevo?”

Las reglas son las reglas.

Un Fin de Año me la pasé sólo, solo por cambiar, para ver que se sentía un cambio de año en plena soledad. Fue en el año de 1988. Solito, solito. Decisión propia. Me atiborré de seis películas y vi como cuatro de ellas (¿los títulos?: El León en Invierno, Motown 25 Anniversary, mmm, ¿cuál otra?). No recuerdo lo que comí esa vez. Sólo que me quedé viendo al horizonte a las doce de la noche a pensar como se miraría el año nuevo llegando, como si una línea difuminada en el cielo se moviera como arco en la bóveda como la que se debería de ver al pasar por carretera o avión los paralelos o los trópicos o los meridianos que aparecen en los mapas.

Primer ex abrupto (léelo bajo tu propio riesgo y si quieres saltártelo, sáltatelo, tú bien sabes que siempre he sido muy liberal en ese sentido):

Digo, todavía recuerdo de pequeño cuando viajaba de Tampico a Monterrey y me di cuenta en la carretera montañosa atractiva y vomitante al mismo tiempo, de un monumento o señal o como se le quiera llamar, del “Trópico de Cáncer”.

Debo de confesar que me causó decepción. Pudo habérseme ocurrido, antes de verlo, que si los humanos nos dábamos cuenta del hecho en cuestión, un Trópico de Cáncer, UN TROPICO DE CANCER, caramba, es justo decirlo, por algo lo inventaron, ¿o no?

Debería ser importantísimo.

Entonces, primero, se debería de ver una línea difuminada en el cielo, que indicara, “esta es la línea imaginaria que se dibuja en los mapamundis, en los globos terráqueos, ni más ni menos”. Que indicara que la maravilla del clima templado se acababa ahí. Que la línea del clima tropical empezaba pa’llá al sur. Hum.

O, otra triste razón, que esa línea “imaginaria” (esa es la palabra que no recordé mucho por entonces) de 23 grados no sé cuantos minutos, sólo marcaba un asunto que tenía que ver con la inclinación del eje terrestre o something so profound and deep like that. El punto es que era interesante per se.

O segundo: eso, que el Trópico de Cáncer, es importante. De perdido hubieran puesto un restaurante en ese lugar. “Disfrute nuestras carnitas equinocciales” “Venga a saborear un cafecito verdaderamente tropical” “Con nuestra cerveza querrá subirse por el eje terrestre usted solito”.

Variaciones sobre un mismo tema, recurrente, absorbente y que trata a las leguas de ser propositivo, sin conseguirlo.

Segundo ex abrupto a partir del primer ex abrupto:

Y eso que Trópico de Cáncer sólo resultaba una línea imaginaria geográfica pintada en nuestros juveniles cerebros… Pero luego leí la novela de ese título con Henry Miller y eso impacta, créanme, eso impacta de manera distinta en nuestros ya no tan juveniles cerebros.

Luego seguiría Trópico de Capricornio, del mismo Miller. Lo cual me lleva en una alocada sucesión de ideas… ¿habrá la misma situación de indiferencia hacia el tema geográfico en Sudamérica, por donde pasa esa otra línea imaginaria y ya en desuso como el Trópico de Capricornio? ¿O no tienen tiempo para estrambóticas discurrencias over there?

Fin del segundo ex abrupto a partir del primer ex abrupto.

Fin del primer ex abrupto.

El caso, te decía, es que no hubo línea que se moviera a través de mi esfera celeste privada íntima en el momento preciso del cambio de año a 1989. Sólo las mismas estrellas de siempre. De mi “siempre”, quiero decir. No de la eternidad. Las posiciones de las estrellas referentes a un solitario y por-una-sola-vez ermitaño no son eternas. Eso lo sé pero super bien. Carl Sagan lo demostró de manera ultra genial en Cosmos. Ya lo dije not so far in the time of ours en este mismo blog.

Este día de Año Nuevo pues y Navidad y día de Reyes, a una edad como la mía, no es que se repitan en sí mismos y se confundan con los de los años pasados. Pero es muy probable que muchos eventos con el paso del tiempo se empiecen a fundir unos con otros.

¿Qué fue lo que comí hará diez años, 1997? ¿Pavo? ¿Bacalao? A eso es a lo que me refiero. Lo mismo. ¿Recordaré dentro de diez años, 2017, lo que comí en esta Navidad pasada y lo que comí en Año Nuevo? Ahora sí lo recuerdo. En este mismo momento. Y que sucesos ocurrieron y en qué orden. ¿Y para el futuro? ¿Qué es lo que deseamos? ¿Qué sean fechas movidas como para que dejen marca?

¿O sólo esperar a que venga lo que venga porque algo que amamos de la vida, los que la amamos profundamente, es nuestra inagotable capacidad de sorprendernos?

Y lo digo en lo interno con los hijos creciendo y adquiriendo experiencias del mundo que inciden en ellos… y en el mundo que adquiere experiencias mientras los hijos comienzan a incidir sobre él, significativamente.

Año con año. Cuando el Sol sigue estirando a la nuestra vieja Tierra alrededor de él en una parábola con nuestras siguientes trescientas sesenta y cinco vueltas y un casi cuarto más de vuelta alrededor de ese eje invisible “imaginario” que está a 23 grados de inclinación o something like that. (Si se inclinase demasiado, ¿se caería tal como le pasó a Urano? ¿Y qué nos pasaría a nosotros? Mejor ignorar el punto, el que nada sabe, nada teme.)

Al menos yo sí me acordé de mis contraseñas. Eso debe de contar para algo, ¿no?

¿Alguien me podría enviar mis doscientos dólares por favor?

Se los agradecería, infinitamente.

1 comentario:

Anónimo dijo...

soy mmmmmmmmmmmmm y les voy a decir que me gusta esta nformaciòn