viernes, febrero 16, 2007

El Grave (en verdad MUY grave) problema de la Confianza (sobre todo en los Mexicanos)



De repente uno se encuentra con detalles que empiezan de manera sencilla en un tema y ni se da cuenta de como acaban demoledoramente en otro.

Así me sucedió cuando leí Fragmented Future / Multiculturalism doesn’t make vibrant communities but defensive ones (trad. del pésimo título: Futuro Fragmentado / El Multiculuralismo no crea comunidades vibrantes sino defensivas) un artículo de portada de la revista American Conservative (ya sé, las cosas se toman de quien vienen, pero en este caso haremos una excepción) firmado por Steve Sailer, un renombrado crítico de cine.

Cuando uno habla de “multiculturalismo” uno piensa inmediatamente en circunstancias que reúnen lo mejor de varias etnias. Una ciudad poblada de varias etnias debería de ser abierta, debería de ser, la palabra que más se usa es: “vibrante”. Así se describe a Miami, a Los Ángeles, a las ciudades en las que hay población diversa de orígenes de todas partes del mundo.

Pero he aquí en el artículo aparece una premisa interesante de un profesor de Harvard llamado Robert D. Putnam: “…en la presencia de la diversidad étnica, nos retraemos, actuamos como tortugas. El efecto de la diversidad es peor de lo que habíamos imaginado. Y no es sólo que no confiemos en la gente que no es como nosotros, en diversas comunidades, nosotros no confiamos incluso en gente que se parezca a nosotros”.

Eso puede explicar ciertas cosas de la vida con la que nos enfrentamos a diario.

No sé en Hispanoamérica (un saludo a todos nuestros amigos hispanoparlantes) La desconfianza que nos rodea es impresionante.

Tiene que ver con la llamada Edad de la Ironía. A todo lo que escuchamos en radio, en TV, en instancias de todo tipo con un “ajá, cómo no…”.


A cualquier circunstancia le buscamos el doblez extra, le buscamos la conspiración, le buscamos a quién le podrá beneficiar realmente tal situación. He llegado a escuchar que incluso en circunstancias públicas obvias negativas de algún personaje público, sale alguien que se dice sabihondo y que afirma “él siempre estaba en control y sólo lo simuló todo porque le convenía así”. Cómo si por decir, lo que le pasa al gobernador precioso lo armó todo él desde el principio, y al gobernador penoso, fuera el mismo el que creó la estrategia de la APPO y su bárbara ocupación de Oaxaca.


Claro, eso sí, cosas más extrañas pasan día con día.

Pero por lo general, los mexicanos solemos creer en las conspiraciones, en los beneficios ocultos, en que no te dijeron toda la verdad de algún hecho. ¿Quién mandó matar a Colosio? ¿Quiénes eran los halcones? ¿Quién es el verdadero culpable de la matanza de Tlatelolco? ¿Quién mandó matar a Buendía? Cada circunstancia específica tiene más entradas que un laberinto de un palacio bizantino.

¿Por qué somos así? ¿Será cierto que no confiamos en nadie más que en nuestra propia familia? ¿Será cierto que ni aún en nuestra familia podemos llegar a confiar? ¿Es así el mexicano porque quizá lo trae en la sangre? ¿Será porque todavía se siente indio traicionado por sus propios gobernantes como Moctezuma lo hizo? ¿Será porque los tlaxcaltecas se aliaron a los españoles y ni aún en la gente como nosotros podemos confiar contra un extranjero? ¿Será porque un sector de mexicanos fue con Napoleón III de Francia a pedirle un emperador de sangre de Habsburgo para poder gobernarnos? ¿Será porque un indio oaxaqueño, Porfirio Díaz, prefirió beneficiar a gobiernos extranjeros para que invirtieran en México en detrimento de sus propios compatriotas? ¿Será porque un grupo de mexicanos (como afirma más abajo Alan Riding) durante setenta años utilizaron el poder para conseguir riqueza y otro grupo de mexicanos utilizaron la riqueza para obtener poder?

¿Será esa la causa de la desconfianza de los mexicanos frente a los medios, a las declaraciones oficiales, a los partidos políticos, a los gobernantes, a los legisladores, al poder judicial, a las fuerzas policíacas, a la misma Iglesia, y al mismo ejército? Bueno, el ejército sí se salva en esto, según encuestas.

¿Será por eso, entre otras cosas que los mexicanos no creemos?

¿Será por eso que nunca estaremos realmente unidos? ¿Será por eso que sólo en caso de desastre, como podría ser, digamos, un terremoto de magnitud 8.1 Richter podremos estar unidos? ¿Será que hay algo en los mexicanos o latinos que siempre pensamos que el de más allá nos va a fregar si nos descuidamos? ¿Será por eso que en las oficinas los mexicanos no confían ni en su propia sombra?

En fin.

Es impresionante como hay tantas cosas que damos por sentado y que sólo poniendo un poco de atención podríamos deducir que son erróneas. Pero el sentido común es engañoso. Suficientemente como para permitir engañarnos o para querer autoengañarnos, lo cual es peor tal vez.

Este doctor Putnam, un profesor de ciencias políticas que antes escribió un libro llamado Bowling Alone, algo así como “Jugando Boliche en Solitario” le confesó recientemente a un columnista del Financial Times que su último descubrimiento en sus investigaciones al respecto, -el hecho de que la diversidad étnica decrementa la confianza y la cooperación en las comunidades- era tan explosivo que no se había atrevido a publicarlo en cinco años “hasta que él pudiera desarrollar propuestas que sirvieran para compensar la confianza y la cooperación en las comunidades para subsanar los efectos negativos de la diversidad, agregando que sería irresponsable publicarlos sin ellas”.

Lo que mostraron los resultados fue que en un estudio de 40 comunidades americanas los residentes perdían la confianza en todos, en el alcalde, en el periódico local, en otras personas y en las mismas instituciones. Y el lugar de menor confianza en el prójimo fue en la mera ciudad de Los Ángeles, donde reside la más diversa comunidad humana en la historia de la misma redundante humanidad.

Obvio, cuando se publicó ésta información al doctor Putnam irónicamente le llegó una lluvia de correos de racistas felicitándolo por comprobar sus creencias.

Lo peor, el doctor Putnam sólo pudo enfurecerse con el columnista, pero como no se escribió ninguna mentira al respecto, no pudo hacer más que eso.

El doctor Putnam afirma en una parte que “lo que no se debería de hacer es decir que los inmigrantes sean como nosotros, sino que nosotros construyamos una nueva identidad: un nuevo NOSOTROS”, que es como diría Berthold Brecht, menciona el artículo, refiriéndose al levantamiento de los alemanes orientales de 1953 contra su gobierno: “¿no sería más fácil que el gobierno disolviera a la gente y eligiera a otra?”

El problema lo podemos ver en cada barrio. Mientras sea la gente de la misma zona es más sencillo de realizar actividades en pro de la comunidad., Mientras sea más diversa la gente se entiende menos. Tú puedes llegar con la mejor de las intenciones a un edificio de departamentos y sabrás, de inmediato, que no eres bien recibido, y serás criticado de muchas maneras hasta por la forma en que barres la basura.

(Y yo personalmente, el que escribe esto, uff, lo que no he encontrado de shocks culturales en mis andanzas. Ya luego lo contaré.)

Sailer en su artículo continua hablando acerca de la cooperación, que si se pone uno a pensar, parece decir algo así como co-operación, o sea, operación en co-njunto, para simplificar raíces grecolatinas. La co-operación parece que es un valor o un término que aparece y desaparece en el devenir de los siglos. Notablemente menciona a un estadista y erudito árabe llamado Ibn Khaldun, que documentó que las dinastías norafricanas típicamente empezaban como tribus nómadas del desierto, pobres en todo sentido excepto en un concepto o término denominado “ASABIYA”, o solidaridad social.

Había un deseo de sentido de sacrificio que era impresionante, sobre todo en batalla. Pero, continua Sailer, una vez que ellos conquistaban un estado civilizado a lo largo de la costa, el crecimiento inevitable en sus diferencias comenzaba a minar la asabiya (suena a lo que le pones al sushi como picante) hasta que después de varias generaciones las fracturas crecían de tal modo que un nuevo clan unido emergente llegaba del desierto y los derrocaba.

Y sí a esto le aunamos el detalle de que nada fomenta más a la asabiya que un enemigo común, como es visto innumerables veces de maneras diversas (los argentinos por ejemplo, en 1982, fueron manipulados por su gobierno para generar ese concepto de solidaridad social al convocar a la población a ir a invadir inútilmente a las Malvinas, que aunque puedan ser argentinas, en ese momento los argentinos no podían hacer gran cosa contra los británicos y sus aliados (no exactamente aliados, pero los norteamericanos y los chilenos no eran otra cosa). Pero los distrajo de las crisis económicas, de las inflaciones y sobre todo, de las guerras sucias, por varios meses.

Otro ejemplo histórico pudieran ser las 13 colonias americanas que tuvieron como enemigos comunes a los franceses, a los indios y luego a los británicos. Ellos supieron generar su asabiya cuando la necesitaron.

Ese es el punto, “cuando la necesitaron”. Lo mismo pasó con los mismos EU en las guerras mundiales, se hablaba entonces que aunque fueran un pueblo “crisol” (concepto duramente cuestionado en estos últimos años), se unieron frente al enemigo común.

De hecho estaba leyendo en la autografía del recientemente fallecido Peter Drucker (un tipazazo, un ídolo, la verdad), Adventures from a Bystander escrita por él en 1979, que analizando el punto, los EU se unieron como nadie en los tiempos de la Depresión, la década de los Treintas (le llamaba al hecho histórico-biográfico Los Estados Unidos de la Crisis) como si este gravísimo fenómeno económico se tratara de un desastre natural en el que todo mundo, extraños y amigos, se daban la mano de una manera totalmente extraordinaria.

Claro, las olas de los tiempos mueven la endeble barca de la Sociedad continuamente por aguas tenebrosas y agitadas, de ese modo llegaron los miedos del McCarthysmo en los cincuentas y la asabiya comenzó a retroceder, hasta llegar a los problemas detectados por el Dr. Putnam. Y no se diga Vietnam, los Documentos del Pentágono, el allanamiento de Watergate, la Crisis del Petróleo Árabe, la renuncia de Nixón, el perdón de Gerald Ford a éste, la toma de la Embajada Norteamericana en Teherán, la humillación norteamerican en manos de los iraníes.


Eso en un lapso de 15 años solamente.

¿En México? Tlatelolco, 10 de Julio, Echeverría, flotación-devaluación, fraudes al por mayor, López Portillo, el ascenso del narco, otra devaluación, San Juanico, primeros asesinatos de periodistas, terremoto 1985, crisis económicas al por mayor, fraude 1988, quinazo, zapatismo, Colosio, Ruiz Massieu por partida doble, el fraude del Encanto, el error de Diciembre, Aguas Blancas, Acteal, Fobaproa, y un gran etcétera.

¿Será por eso la desconfianza del mexicano más allá de los límites familiares? ¿Será por eso que la gente no paga impuestos? ¿Será por eso que mucha gente no va a votar? ¿Será por eso que los jóvenes de hoy son apáticos? ¿Indiferentes? ¿Será por eso que los bancos mantienen altas tasas de interés, porque ya descuenta de antemano que los mexicanos no van a pagar?

Y sigámosle, que hay mucho material de estudio para científicos sociales, profesionales o aficionados.

¿La cooperación mexicana será un oxymoron en sí? Nota: Un oxymoron es una frase contradictoria en todos sentidos como si dijéramos “Agencia Central de Inteligencia” o como si dijéramos “Valle Hermoso, Tamaulipas”.

Sigamos con lo de la co-operación.

Y así es como se estudia la cooperación en estos días. Se basa en premisas de que hay un interés individual en los seres humanos que te conducen a tener que cooperar en un ámbito social localizado en un punto definido en el nombre de un “bien para la humanidad”.

Incluso, aquí sí lo pienso yo: puede ser cierto lo que hablaba Richard Dawkins acerca del altruismo, que en realidad se trata de un altruismo egoísta, en razón de que haciendo el bien a los demás nos lo estamos haciendo hacia nosotros mismos; por ejemplo en el caso de que un joven en un semáforo nos pide dinero mientras agresivamente nos lava los vidrios (y ustedes bien saben que es cierto lo de “agresivamente”), y se lo damos porque quizá en nuestro interior pensamos que al menos así él u otro como él no nos asaltará posteriormente. Cómo si hubieran dos pools de jóvenes que son de uno de dos tipos, o limpiavidrios o delincuentes, pero que al final ambos se comunican. Y es duro entenderlo así.

Ahora, allá afuera suponemos que existe una sociedad civil que pensamos que existe, así, sin nombre o cabeza, que busca colocar valores y que tiene expectativas en las personas que la conforman, de alguna manera u otra, y aquí vamos llegando al meollo:


¿Qué es con certeza lo que denominamos como la “sociedad”?

¿A qué nos referimos cuando hablamos del “bienestar de la sociedad en su conjunto”?


¿Es acaso por el “bien de la sociedad”?

¿Quién habla en nombre de ella? ¿Tú? ¿Yo? ¿Un conjunto de notables? ¿Los llamados o autollamados o porque-ultimadamente-no-había-nadie-más denominados por los medios (otros que se sienten con derecho de dirigir la mente de las masas), “líderes de opinión”?

Sailer hace mención del celebérrimo Francis Fukuyama (si pudiera cobrar las puras menciones de su nombre en artículos intelectuales, el señor Fukuyama sería más millonario que lo que pudiera ser por su trabajo normal) y su artículo: Confianza: Las Virtudes Sociales y la Creación de la Prosperidad, de 1995, donde afirmaba que los norteamericanos, los europeos noroccidentales, y los japoneses, tienden a trabajar bien juntos para crear grandes corporaciones, mientras las compañías de otros países avanzados, tales como Italia y Taiwán, raramente pueden crecer más allá de ser firmas familiares.


Y aquí Sailer agrega que Fukuyama prudentemente no mencionó nada de las grandes áreas del mundo que están bajas en confianza Y en tecnología como el Medio Oriente, África y… América Latina.

De pronto la cosa se pone triste. O patética. O lamentable.

Para nosotros mexicanos.

Sailer menciona que cuando era joven y libertario, en los setentas, anduvo de vacaciones en Acapulco, y que en el viaje él y sus amigos batallaban para quitarse a los ambulantes. Pero el que le causó más impresión de estos era un joven que quería a fuerza venderles droga. Los amigos de Sailer dijeron que no traían efectivo y que en eso el narcomenudista saca su máquina de tarjeta de crédito: Sailer afirma que eso era impresionante aún para ellos, ¡eran los setentas!

Eso le puso a reflexionar acerca de porque los norteamericanos son los que están en las playas de México disfrutando de sus lujos y NO VICEVERSA. Los ambulantes eran tan ambiciosos y emprendedores como ellos (así lo menciona). La respuesta a la que llegó es que los problemas económicos de México tendrían que ser sus propias organizaciones corruptas e incompetentes (ni más ni menos). Y concluye que los mexicanos no parecemos que hacemos buen equipo más allá de la escala familiar.

Y Sailer ahora menciona lo que adelanté arriba respecto a Alan Riding (maldición, se me deshojó ese libro) en Vecinos Distantes, de 1984: “LA VIDA PÚBLICA PUDIERA SER DEFINIDA COMO EL ABUSO DEL PODER PARA OBTENER RIQUEZA Y EL ABUSO DE LA RIQUEZA PARA OBTENER PODER”. ¡Tómala! (Ya, ¿a quién pretendo engañar? ¿A quiénes, ustedes lectores mexicanos díganme, a quiénes pretendemos engañar, pues?)

Sailer agrega: Se asume que cualquiera fuera de la familia extendida tiene malas intenciones, lo cual explica la famosa calidez y solidaridad de las familias mexicanas. Y vuelve a mencionar a Riding: “Los mexicanos necesitan pocos amigos porque tienen muchos parientes”.

Aparece ahora Humboldt, Alejandro Von, con lo que escribió hace 200 años: “México es el país de la desigualdad. Quizá en ningún país del mundo hay una más HORRENDA DISTRIBUCIÓN DE RIQUEZA, CIVILIZACION, CULTIVO DE LA TIERRA Y POBLACIÓN”.

¿Qué nos queda hacer? ¿Demandar por difamación al venerable (y admirable) germano? ¿A sus descendientes?

Volviendo a Los Ángeles resulta que en la investigación de Putnam, los hispanos fueron los que más desconfiaron de todos en grandes porcentajes. Y hasta entre hispanos mismos, que fue lo peor. Un columnista de Los Angeles Times, Gregory Rodríguez dice: “en Los Ángeles, hogar donde hay más mexicanos que cualquier otra ciudad en los EU, no hay un solo hospital étnico mexicano, universidad, cementerio o institución de caridad…”.

Aún peor: Dado que ellos raramente se organizan fuera de la familia, los millones de mexicanos extrañamente hacen muy poca contribución a la vida cívica y artística local. Todavía más. Sailer, el mencionado autor del artículo de la revista American Conservative, sigue: “L. A. está inundado de talento creativo subempleado que ocupan su abundante tiempo libre poniendo obras y construyendo espectaculares casas encantadas cada Halloween… (¿Habrá querido decir Día de los Muertos?) y todavía hay poco traslape entre la enorme industria del entretenimiento y la gran comunidad mexico-americana.”

Los mexicanos no son “vibrantes”. No. No lo son. No lo s-o-m-o-s.

Ahora agrega: Miami sí es vibrante, porque siempre ha atraído a la gente Latina acomodada y educada. Y lo que muestra Los Ángeles es sólo la profecía del futuro de Estados Unidos porque importa trabajadores y campesinos (¡Tómala! Parte 2)

Sigue el tema ya no de la confianza, sino de “lo que vale la pena confiar” o de “en quien vale la pena confiar”. O “¿por qué debo de pensar que esa persona es como yo?”

El espinoso tema de la honestidad.

Digo, y la palabra “confianza” es sólo una palabra.

Leámosla bien: “C-O-N-F-I-A-N-Z-A”.

Toca el turno a los asiático-americanos. Ellos vienen de sociedades de baja confianza, pero cuando llegan a la vida típica americana de clase media, se adaptan bien porque, dice Sailer, su alto grado de H-O-N-E-S-T-I-D-A-D los hace vecinos y compañeros de trabajo dependientes de los demás.

Los hispanos en EU tienen una alta tasa de crimen registrada. ¿Lo peor de esto? Está aumentando. Por decir otro dato: los nacimientos ilegítimos andan por la tasa de 48 % entre hispanos (entre blancos es de 25%) y es mayor entre mexico-americanos nacidos en EU que entre los nuevos migrantes de México.

Hasta aquí el artículo de Steven Sailer. Se desvía hacia cuestiones de que hacer al respecto de la confianza en USA y menciona temas que tienen que ver con el ejército y con los cristianos fundamentalistas, conservador que es él, conservadora la revista, al respecto de la confianza y de la discriminación del extraño diferente que uno por razones militares tienes que confiar en los demás y el otro, el que es cristiano confía en los demás sí por cuestiones de religión porque tu religión así te lo ordena.


YTC. (Y te callas).

¿Habrá soluciones?

¿Nos organizaremos algún día, más allá del Culto a la Virgen de Guadalupe? ¿Más allá del Teletón? ¿Más allá del Mundial de Fútbol que siga?

Decir que el Futuro es Incierto es caer en un lugar común.

Las muchas preguntas son… ¿Cómo se crea la confianza en una persona? ¿Cómo se hace para que ésta sea duradera? ¿Cómo se crea la confianza de una persona en su semejante? ¿En una institución? ¿En todas las instituciones? ¿Para que sea realmente “¿tienes el valor o te vale?”?

Es como el chiste de la diferencia entre los cangrejos mexicanos y los cangrejos japoneses:

En una marisquería hay entre muchas dos cajas que tienen cangrejos, una tiene reja en la parte superior y la otra no. Una persona pregunta eso precisamente: “¿Por qué una tiene reja y la otra no?” La otra persona le responde: “lo que pasa es que en esta caja hay cangrejos japoneses y todos se ponen uno arriba de otro para que los demás asciendan y así se puedan escapar todos, y en esta otra, lo que sucede con ella es que son cangrejos mexicanos y cuando uno quiere salir los demás le estiran de las patas con sus pinzas para volver a tumbarlo y se tenga que quedar, por eso estamos seguros de que jamás escaparan...”.

Para responder a todo lo anterior hace falta tiempo.

Estaba pensando... ¿No te gustaría darme un voto de confianza para con ello sentirme seguro de poder ayudar a desentrañar la solución o las múltiples soluciones a estos problemas?


¿No te gustaría recomendarme con el Presidente Felipe Calderón para empezar a atacar este problema básico y ultragrave de la psique nacional que enturbia las posibilidades del futuro y del progreso real de nuestro país?

¿O qué? ¿Acaso no confían en mí?

2 comentarios:

Jowl dijo...

No acostumbro dejar comentarios en los blogs que visito, pero me vi reflejado en este tema, la frase de mi abuelo siempre ha sido "confianza a nadie" y fuera de la familia en nadie se confia, es demasiado complicado ver a nuestro Mexico en las condiciones en que se encuentra y tratar de cambiar este asunto de la desconfianza... como decirle a un hijo "confia"... en alguna pelicula escuche "Mexico es un país de traicioneros" y hasta que no dejemos de traicionarnos entre nosotros, todo seguirá igual

Jowl dijo...

No acostumbro dejar comentarios en los blogs que visito, pero me vi reflejado en este tema, la frase de mi abuelo siempre ha sido "confianza a nadie" y fuera de la familia en nadie se confia, es demasiado complicado ver a nuestro Mexico en las condiciones en que se encuentra y tratar de cambiar este asunto de la desconfianza... como decirle a un hijo "confia"... en alguna pelicula escuche "Mexico es un país de traicioneros" y hasta que no dejemos de traicionarnos entre nosotros, todo seguirá igual