viernes, febrero 02, 2007

¿Todo tiempo pasado fue mejor? (¡Jamás!)


Ya lo había comentado antes. El tema de la ciencia está alejado del hombre común y normal.

Sólo ve ciencia, y eso de vez en cuando, en medicinas y en nuevos descubrimientos tecnológicos que aprovechan esa ciencia (un microprocesador de computadora personal con sus 3.7 Ghz, básicamente es ciencia aplicada, igual un celular, igual un nuevo puente con nuevos materiales, un nuevo maquillaje, nuevas telas, etc.).

Por lo demás la gente está más motivada emocionalmente EN CONTRA de la ciencia. Está por ahí la emoción que pulula en contra el tema nuclear, el de las centrales eléctricas o al menos sus torres eléctricas, el tema de los productos transgénicos (que no se comprenden en realidad), y así hay muchos temas similares donde la ciencia y la tecnología son villanas contra la humanidad.

Hasta del calentamiento global han de culpar a la tecnología, y a la ciencia. Me ha tocado conocer incluso personas, como de seguro hay muchas más, que añoran los tiempos pasados, como si estos hubieran sido más sanos para la humanidad.

Y en relación a esto acabo de leer que en 1956, de cuando al presidente Eisenhower tuvo un ataque cardíaco. Su jefe de médicos recetó, entre otras cosas, que su esposa, Mamie Eisenhower, se recostara junto con su marido para “darle calidez durante los momentos difíciles”, algo así. Sí, que se recostara con su marido.

El hecho es que en estos últimos cincuenta años se han inventado muchísimas cosas que han aumentado la vida promedio del norteamericano promedio, de 65 a casi 74 años. Ese es un aumento gigantesco en cantidad de años de vida promedio.

Estas cosas son drogas, tecnologías (marcapasos, por ejemplo), nuevos procedimientos, nuevos enfoques a la salud, nuevas formas de enfrentarse a las enfermedades, en este caso, coronarias.

Si a la gente le gusta escuchar a sus abuelitos decir que que bella era la época del pasado, claro que era bella… mientras vivieras, mientras no te enfermaras de virus peligrosos, mientras no se te infectaran heridas sencillas, mientras no requirieses cirugías complejas.

Y de hecho, esto tiene sus derivaciones sociales interesantes. Antes de 1918 la esperanza de vida promedio era de 40-45 años. Luego fue aumentando poco a poco hasta llegar, como ya mencioné, a los setenta y tantos años en estos tiempos (incluyo México).

Por eso a los que contraen matrimonios tradicionalmente se les decía con tranquilidad (bueno, y se les dice): “hasta que la muerte los separe”, ¡porque la gente no duraba mucho en aquellos años! En otras palabras, lo que dure el asunto.

Por un lado eso también indica que uno de los dos moría relativamente joven. O sea, había viudos, viudas y huérfanos por doquier. Novelas y novelas de Charles Dickens, de Víctor Hugo y de Emilio Zolá están hechas de ese material humano.

Y esa probablemente sea una de las causas de que al escarbar nuestros árboles genealógicos siempre nos encontremos con la circunstancia que tal y tal viudo o viuda parientes nuestros desaparecidos hace décadas se casaron en segundas y hasta en terceras nupcias con otras personas contribuyendo con ello a tener a familias nutridísimas, a parentescos inexplicables, a referencias familiares cruzadas y sobre todo, a testamentos complejísimos de entender.

Todo esto porque la vida era implacable: en un sentido, no había muchas formas para defenderse de la enfermedad, y las condiciones de entonces eran antihigiénicas, existían sin servicios sociales de salud, y por consiguiente la esperanza de vida promedio, redundo, para hombres y mujeres eran casi treinta años menos que en la actualidad.

“Porque todo tiempo pasado fue mejor”. Visiones románticas, que no son malas en sí, pero como en todo, dependen del cristal. Manías de querer siempre embellecer con la memoria selectiva nuestros recuerdos, resaltando los buenos y empañando los malos.

En el año 2057, probablemente los médicos de entonces se reirán de nuestras drogas, de nuestras técnicas, de nuestras visiones del mundo. Y la esperanza de vida, quién sabe, tal vez será de noventa y tantos años.

Y eso, en esas épocas futuras, será interesante de presenciar.

Si los llego a ver por entonces, les contaré.

Y de seguro, la gente seguirá despreciando a la ciencia.

Triste realidad, indeed.

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