lunes, febrero 12, 2007

Torta Española: Los Bravos y la, en definitiva, muy curiosa cultura española


Con excepción de sus conocidísimas excepcionalidades los españoles son algo disparejos. Hay cosas geniales y hay cosas que sólo te hacen preguntarte cosas al respecto de qué estarían pensando en ese momento. (¿Joselito o Joan Manuel Serrat? ¿A quién le van?)

TV Española (Internacional) es un caso particular. No tengo Antena 3 y no puedo opinar de ahí. Pero TV Española, que barbaridad. ¿Han visto sus programas de concursos? ¿Sus programas de variedades? Infumables. Lo Kitsch de lo Kitsch. (Me dicen que los programas de “corazón” son especialmente patéticos).

Para mí se salvan el material europeo de hace más de treinta años que consiguen por decir del rock clásico que jamás vimos por aquí, o la serie esa de Cuéntame como pasó que se me estaba siendo genial hasta que llegó a este seguimiento actual de historia que cae ya en el franco (perdón por el chiste) melodrama y pierde el ritmo de una familia típica y harta representativa en el ocaso del franquismo y en el alba del renacimiento de una nación que saltó hacia la modernidad en una generación (esa sí que es envidia, ¡caramba!).

Cuéntame como pasó es los Años Maravillosos español, aunque más intenso en cuanto a las noticias del mes tras mes de esa España de 1968 a 1975, supongo, casualmente los mismos años casi del programa norteamericano.

La política está más entretejida, el temor, la censura, los miedos, la obediencia, aparecen en medio de los personajes de manera muy vivida. Por decir ellos, la familia, están en el carro en las calles de Madrid a una cuadra de donde explota el carro (¡voló hasta cuatro pisos de alto!) del Almirante Luis Carrero Blanco el veintitantos de diciembre de 1973, situación que impactó tanto a la familia como al gobierno español de entonces.

Y como dije, tuvo arcos de historias bastante interesantes como cuando el párroco del barrio renuncia a sus votos para (creo) arrejuntarse con una de las hijas de la familia. O el típico y totalmente esperado ascenso de la sexualidad en el narrador-niño de la serie (como Kevin Arnold, ¡vaya! ¡Que gran idea!). La de los jóvenes protestando contra la censura. Y ahora, la del papá que pierde no sé que ahorros en el juego cuál melodramático protagonista de nuestro propio y arquetípico cine nacional mexicano.

Pero en fin. Recientemente tuve en suerte de ver unos resúmenes de los cincuenta años de la Televisión Española (situación que se está dando en muchísimos canales de televisión de todo el mundo porque alrededor de los cincuentas se fundaron esos pioneros de la TV).

Y aunque yo no soy español, disfruté intensamente la transmisión de 250 segmentos de televisión de un minuto transmitidos en tres emisiones que fueron sencillamente espectaculares. Para alguien de México alejado geográficamente de la Madre Patria se siente un afecto curioso por España. O sea, allá están las raíces, ¡hombre! Algunas al menos.

En esos segmentos desfilaron Mocedades, Curro Rivera, Franco, la familia Telerín, Rocío Durcal, Joselito, el rey Juan Carlos, Alfonso Suárez, el intento de Golpe de Estado del 81, Joan Manuel Serrat, series norteamericanas habladas en castizo como Bonanza, el Doctor Kildare, y espectacularidades de impacto como la primera vez que la Ciccioliona apareció desnuda de manera integral frontal formal y sin frío ¡en TV!, los Eurovisiones Kitsch, las Ketchup, la Macarena, los eso sí, impactantes teleteatros y miniseries que estos cuates hijos de Castilla sí saben hacer, los programas de muñequitos, de circo, de discusión y polémica, infantiles, de deportes, de la Eurocopa, del Mundial 82, del intento de asesinato del Papa también de 1981, de noticias internacionales, de Dallas, y como un largo 220 etcéteras.

No deja de llamar la atención que en algunos de esos 250 espacios apareció Vicente Fernández, Armando Manzanero, Luis Miguel y ¡Enrique Guzmán! Puntos extras ganados porque no vi a Paulina Rubio ni a su repugnante compañero vendedor de reportajes a revistas del “corazón”.

Y una gema que tuve la increíble suerte de ser testigo.

Seré breve: En 1966, había bases aéreas norteamericanas en España, creo que hoy también las hay. Supongo que en Torrejón y en Zaragoza, según Wikisomething. Bueno, resulta que en esos tiempos de Guerra Fría volaban siempre varios Bombarderos B-52 con bombas no atómicas, peores, de hidrógeno. Esto lo hacían como una especie de guardia eterna contra los soviéticos en la que nunca descansaban. (El B-52 es impresionante, es un avión que empezó a volar desde 1962 y seguirá volando treinta y cinco años más, hasta 2042, según esto, es decir, es un avión con un tiempo de vida estimada ¡de ochenta años! ¡Y el Rock de la Langosta, es genial, también!).

Basta de digresiones. Por este asunto de llevar siempre bombas en vuelo se tenían que surtir de combustible por aviones nodriza KC-135. En una supuesta maniobra archiconocida, ¡y nada, que explotan ambos aviones! Y en la zona, Palomares, pueblo de pescadores frente al Mar Mediterráneo, caen los restos de los aviones con todo y bombas.

De inmediato encontraron tres, pero eran cuatro y de ahí la histeria: se tardaron varias semanas en encontrar la otra.

Bueno, eso fue todo y han pasado años y años de controversia para averiguar que sucedió, si hubo radioactividad o no, si Palomares, España se iba a convertir en un Euroshima antes que la palabra se pusiera de moda, etc.

Pero el especial, mis amigos, el reportaje especial de TVE conmemorando los cuarenta años del incidente, ¡una maravilla!

Iban y venían al tema, era simpáticos por momentos (con la versión-parodia ad-hoc de La Chica Ye-Yé cantada por un grupo de jovencitos, guau), patéticos por otros, pero lo que sí fue surrealista, de verdad que lo fue, es que parpadeé y algo había sucedido: ya estaban en la pantalla los problemas de los derechos civiles de los negros, que cantaban melodías que eran originalmente cantadas por Bob Dylan, quien apareció en una imagen, y que como era adorado por los jóvenes de entonces fue el pretexto para que en otra serie de imágenes aparecieran los hippies, que se la pasaban en su mundo protestando por Vietnam y de ese modo se la pasaron mostrando viñetas de la Guerra del Sudoeste Asiático y de esa forma concatenatoria se fue pasando la media hora intermedia del programa, yo, al no entender que estaba pasando, me dije, ¿éste podría ser un relleno? Y sí, así de sencillo: empezó en Palomares, se fue la imagen a los problemas del entorno mundial de entonces y volvió a Palomares y terminó. Las cosas, sí se saben manejar, pueden hacer lo complejo en sencillo y viceversa.

S-o-r-p-r-e-n-d-e-n-t-e.

Y fenomenalmente divertido, también.

Bueno, el último punto es una película de los sesenta, española en la que apareció el mejor grupo de rock español de los sesentas (hubo dos, al parecer, el otro se llamó los Brincos): Los Bravos, que en una película llamada Los Chicos con las Chicas, que transmitieron hoy, pude ver en todo su esplendor la concepción que de cine Lesteriano (A Hard Day’s Night school) tenían los españoles. El director, de apellido Aguirre, realizó en una película sencilla, agil, y sin pretensiones, una divertida puesta en escena de cinco tipos que se quieren meter a fuerza a “rescatar” a su amigo cantante del grupo que están en una escuela para señoritas (¿dónde más podría ser?) y hacen desastre y medio, bastante contenido y estúpido (esto dicho en el mejor de los tonos, por supuesto).

Con escenas divertidas (la del baño con las tuberías de agua descompuestas está graciosisìma), y con encuadres gráficos imaginativos y de avanzada (imágenes del grupo en forma animada superpuestas a las imágenes en sí) que no le piden mucho a sus contemporáneos ingleses y norteamericanos, sacaron una película de rock pop español decente, que a mí en lo particular, me mantuvo entretenido por la casi hora y media que la vi.

Y escuchar Black is Black, I want my baby back, por Los Bravos, con los gritos desgarradores de Mike, el berlinés, fue, en definitiva, fenomenal.

Este es mi reporte de algo que comenzó en la España de Televisión Española Internacional, con un segmento de 250 con Ana Belén y que se fue hasta la España de Palomares, la de Franco y la de Los Bravos, ni más, ni menos.

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