lunes, marzo 12, 2007

Es sólo cuestión de estar ahí: Reflexiones (verdaderamente innocuas) sobre el señor Slim.


¿Cuál es el punto de hablar del tercer hombre más rico del mundo? ¿Tiene algún sentido saber, averiguar, comprender, asimilar, respecto a cómo consiguió el dinero para llegar a serlo? ¿Es imaginable para alguien, gente común como tú, usted, o yo mismo, el cómo una persona en un año hizo crecer su fortuna en algo así como en un 63%, en miles de millones de dólares? Para ser precisos, ¿de alrededor de 30 mil millones el año pasado a 49 mil millones en este? ¿Tiene sentido eso?

¿Se alcanza a comprender que esa persona sea de origen mexicano? ¿Nos dice algo como país? ¿Será equivalente a que la Sub-17 gane el Campeonato Mundial de Fútbol de su categoría? ¿Será equivalente a que los mexicanos hayan obtenido dieciséis nominaciones en los recientes Premios de la Academia? ¿Nuestro país ya será más tomado en cuenta positivamente en el “Concierto de las Naciones”? ¿Ya nos hace más dignos de ser escuchados en la OCDE? ¿En la ONU? ¿En la CONCACAF? ¿Habrá un “El Aprendiz” con el señor Slim próximamente cuando Telmex empiece a transmitir televisión por sus propios medios?

Qué esa concentración de dinero pueda significar una ventaja o un perjuicio o un beneficio intrínseco en nuestra sociedad, ¿será motivo suficiente para darnos orgullo? ¿Lo estaría buscando conscientemente? ¿Son cosas que “sólo” se dan? ¿o que “se dan” solas? Si nos los propusiéramos los demás ¿lo podríamos conseguir? ¿Será algo genético? ¿Si estuviéramos en las mismas condiciones, alguien lo conseguiría? ¿Fue entonces el fenómeno una cuestión de visión o de sentido de oportunidad o de sentido de verdadero genio?

Si escribo esto, ¿me ocasionaría algún problema en mi futuro? ¿Me verán en Sanborns y se negarán las señoritas a servirme un buen café? Espero que no. Me gusta ir a Sanborns. Y comprar chocolate Manicero. Y mejor aún, el chocolate El Capitán. O más todavía. Las tortuguitas de chocolate con nuez.

Supongo que a nadie le importaría esto. Digo, si de algo se trata este blog es de analizar, de suponer, de reflexionar, de aventurar, de abrir los ojos, de seguir, de mostrar, de poner como ejemplo, la situación en la que nos vino Forbes a poner los puntos sobre las íes.

El señor Slim es una figura pública. Su vida privada la ha de tener y será muy respetable como la de cualquier hijo de vecino y no se trata ni tratará de inmiscuirse con ella.

La motivación para conseguir dinero (ESTAS cantidades de dinero, digo), o de ganar una cantidad de dinero ASÍ es como lo dijimos en otro de estos blogs, no ha de ser por acumular más en sí mismo (ese sería un complejo como del Tío Rico McPato) sino por la pura diversión de llevarlo a cabo. Al menos eso opinan los que conocen del tema del primer lugar de Forbes, Bill Gates y del segundo, Warren Buffet.

Por cierto, es interesante pensar que si el señor Slim ganó lo que ganó en un año, 19,000 millones, que se cuiden mejor los otros dos, pues a nuestro compatriota le separan menos de 7,000 millones (creo) del primer lugar. Cuándo eso suceda, ¿estaremos más orgullosos? ¿O le tendremos envidia, inquina o sospecha? (“¿En qué nos estás fallando Gates?” le dirán sus fans. “¡No regales tanto dinero, Bill, te van a alcanzar!” le dirán sus allegados más preocupados)

¿O nos tendrá todo eso sin cuidado mientras hacemos fila en alguna oficina para realizar un pago, o incluso en el mismo Telmex al querer pagar nuestro recibo?

¿Cuánto es un millón de dólares? Al tipo de cambio de estos días serán como 11 millones de pesos. ¿Qué se podría comprar con 11 millones de pesos? Mmm. Puede que me falte imaginación. ¿Una supercasa? ¿100 Pointers de la Volkswagen? ¿Una superflota de taxis? Podría ser. Mejor no, me faltarían las placas. Y eso SÍes una lana.

Ahora, ¿cuánto son mil millones de dólares? 1,000,000,000 de dólares. Un uno seguido de nueve ceros. ¿100,000 Pointers? ¿Mil supercasas? ¿Cuánto leí que costaba un kilómetro de carretera? Ya verifiqué: 12 millones de pesos (eso dice un reporte que me encontré por ahí, que eso costó un kilómetro de un tramo equis de la carretera México-Tuxpam). O sea que un kilómetro de autopista cuesta prácticamente un millón de dólares. ¿Verdad? Entonces 19,000 millones de dólares serían 19,000 kilómetros de autopistas. ¡Woow, eso son muchos kilómetros!

Pero si no me gusta mucho viajar y si no tengo a dónde ir, pues, ¿qué me puede importar? Basta de metáforas rebuscadas.

Que el dinero no tenga sentido después de tú conseguir tu primer decena de millones de dólares es un problema.

Pero, ¿qué opinamos de esto que sigue?

David Pogue, dudo de que alguien fuera de su círculo de amigos lo conozca, es un cuate que escribe un blog en el New York Times. Tiene una columna llamada Circuits que sale los viernes. Resulta que este cuate escribe de muchas cosas, de si son significativos los megapixeles de una cámara fotográfica como para tomarlo como factor de decisión de compra, o si tal o tal suite de multimedia es genial, o si el Blackberry tendrá una megademanda judicial que le impediría funcionar a lo largo de la Unión Americana, o sí el Windows Vista es increíblemente mejor que el XP o no exactamente.

El caso es que el pasado jueves escribió el señor Pogue sobre un anuncio en el sentido de que una cadena de tiendas especializadas en tecnología iba a cerrar más de la mitad de sus sucursales.

La tienda era CompUSA, y habla Pogue en este sentido (traducido y reproducido sin permiso):

“¿Escucharon? Van a cerrar más de la mitad de las 225 tiendas de CompUSA próximamente.

“Pero algo me dice que si alguien estuviera interesado en eso, esas tiendas en primer lugar no estarían cerrando.

“Esto pudiera sonar un poco duro, pero francamente, yo nunca entendí como CompUSA pudo funcionar para comenzar. Muchas de las tiendas que visité se sentían estériles y sin alma, con una sensación prevalente de abandono. Ustedes pensarían que una persona como yo de clavada en la tecnología se sentiría emocionada por estar ahí, pero no podía esperar a querer salirme de ese lugar.

“Aquí hay una razón oficial de porqué la cadena está cerrando 128 tiendas, de un comunicado expresado por el presidente de CompUSA, Roman Ross: ‘Basado en las condiciones cambiantes en los mercados de artículos electrónicos de consumo al menudeo, la compañía identificó la necesidad de cerrar y vender algunas tiendas con bajo rendimiento, no estratégicas, o en medio de mercados saturados.

“Lo que sea.

“Creo que el culpable real detrás del destripadero de CompUSA es el precio a través de Internet. Tú puedes ordenar computadoras, accesorios y electrónicos de la Web por una fracción de los precios de tienda de CompUSA –y evidentemente muchas personas estaban haciendo precisamente eso. (No es sólo CompUSA, por cierto, Circuit City está cerrando 70 tiendas. Y no olviden la cadena de 30 años de antigüedad Good Guys –46 tiendas de electrónicos en California –la cual CompUSA compró en 2003 y luego cerró en 2005.)

Aún entre tiendas similares, encontré a CompUSA demasiado caro. Un día del año pasado, me detuve en CompUSA para comprar un cable Ethernet; el más barato que ellos tenían andaba en 25 dólares. A sólo unos pasos, en un Home Depot, me encontré con un cable similar a sólo 6 dlls.

“Pero, ¿qué hay acerca del viejo argumento respecto a que las tiendas locales ofrecen un consejo amigable y amable, además del servicio personal?

“Bueno, puede haber muchos empleados de CompUSA que dan todo eso. Pero no me he encontrado con muchos.

“En 1999 escribí un artículo sobre CompUSA para una revista de computadoras. Visité tiendas de CompUSA en cinco estados, posando como un novato de computadoras y haciendo preguntas. Me encontré con muchísimos comentarios ridículamente mal informados realizados por el personal de CompUSA

“El vocero corporativo de la compañía en ese tiempo reconoció: ‘Conseguir personal es un problema serio. Necesitamos talento especializado, el encontrarlo puede ser un gran reto.’ Entre líneas puede leerse la verdad: los expertos en tecnología están en demanda en todos lados. A 6.50 dlls la hora (lo que CompUSA estaba pagando por entonces), no vas a atraer a muchas personas quienes, ejem, puedan ser excelentes en técnicas personales y en tecnología.

“Es una vergüenza que la administración de CompUSA desperdiciara sus ventajas de ubicuidad y de su reconocimiento de marca. A pesar de la presión de precios que existe a través de Internet, hay una gran necesidad de tiendas locales; el sentido de la persona promedio con vulnerabilidad tecnológica está creciendo estos días, no disminuyendo.

“Además, Internet o no, no es imposible crear una cadena de computadoras exitosas. Nunca he estado en una tienda de computadoras Fry’s –es una cadena regional sin tiendas en mi región –pero sé que tiene ejércitos de fans locales.

“Tal vez un analista corporativo pueda decir que hay algo malo con el modelo de negocios de CompUSA desde un punto de vista de un modelo de hoja electrónica. Pero no se necesita tener maestría de administración para detectar los problemas graves: sólo bastaría irse a dar una vuelta por esos almacenes desangelados y observar a su apático personal de ventas para dejar perfectamente en claro cuales son sus problemas.

"Aún ahora, con más de la mitad de sus tiendas preparándose para cerrar, CompUSA está perdiendo una oportunidad de ser amigable hacia el usuario. Su oferta final no parece una de esas de grandes gangas por cierre: sólo dan el 10 por ciento de descuento en todo en cada una de esas tiendas por cerrar –y sin devoluciones.

Ahí acaba el artículo de David Pogue del New York Times aparecido el día viernes 9 de marzo pasado.

¿Que qué tiene que ver el comentario del señor Slim y esto último?
El señor Slim compró la cadena CompUSA desde el año 2000 y según el website de América Finanzas “…este es uno de los negocios que más dolores de cabeza ha causado al magnate Carlos Slim desde que lo adquirió en el año 2000, ya que luego de la compra fue demandado por 454.5 millones de dólares y acusado por los anteriores propietarios de utilizar información privilegiada para hacerse de la empresa”.

Después de eso el señor Slim quedó exonerado. La nota de América Finanzas continúa en el sentido de que “CompUSA notificó a los inversionistas nacionales e internacionales su decisión de llevar a cabo lo que denominó ‘un plan de reestructuración con el fin de fortalecer la situación financiera de la compañía’. Las acciones anunciadas apuntan hacia su apuntalamiento económico mediante la inyección de capital, el cierre de más de la mitad de sus tiendas en Estados Unidos en un plazo de dos a tres meses, ‘'una fuerte reducción de gastos’ y una reestructuración corporativa…”

¿No sería más sencillo mejor salir a la calle a averiguar en cada tienda, hacer lo que hizo David Pogue y verificar por sí mismos los niveles de precio de afuera en el mercado, en el mismo Mall, o en la misma calle, más un análisis de la calidad de servicio ofrecido por sus propios empleados?

Pero no me hagan caso, como siempre. Que sirva lo anterior solamente para deducir dos cosas:

Una, el señor Slim no necesita consejos: una persona que aumenta su capital en tamaños de Forbes en un sesenta y tantos por ciento no necesita sugerencias de ningún tipo en cuestiones de administración de parte de nadie, mas que de sus asesores.


Dos, habrá gente que siga haciendo negocios, percepciones y apreciaciones desde el escritorio sin jamás salir al campo, a la calle, a la tienda, sin querer escuchar al clientecito que como yo o como Pogue, algún día necesitaremos un cable de Ethernet de 66 pesos.


Y que jamás pagaríamos (ya me incluí, pues) 275 pesos por él.

Ni más, ni menos.

(Y no sabemos como esperaremos la siguiente lista de Forbes del año que viene. ¿Superará al señor Buffet? ¿Al señor Gates? Este encuentro de gigantes será de propósito reservado.)






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