jueves, marzo 22, 2007

LA PRÓXIMA REVOLUCIÓN, COMO MUCHAS OTRAS, TAMBIÉN EMPEZARÁ EN CALIFORNIA…



Leí un artículo el mes pasado que se me hizo interesante y luego se me perdió, pero ya lo encontré. Es un artículo del New York Times y habla acerca de California y su gobernador.

Yo no sé a cuanta gente le caía bien Arnold Schwarzenegger en el pasado cuando sólo era un triste Terminator, o cuando se la pasaba haciendo tareas de comando o de enfrentarse solito a depredadores. Lo que sé es que ahora a mucha gente le cae mal. Y le cae mal, no sé, porque tiene una concepción de lo que es mejor para “su estado”, bueno, que no era “su” estado, pero que ya siendo gobernador en segundo término, pues algo ha de ser suyo. Ya sabemos la historia, él, un inmigrante austriaco ya de repente es gobernador. Y gobernador ni más ni menos que de California, la, que si la pudiéramos separar de los Estados Unidos, sería la décima potencia mundial, y ellos dicen que son la octava, ya ven como es esto.

California es impresionantemente grande. Así los Estados Unidos. Dicen que los que fundaron los Estados Unidos no sabían lo que hacían. Eran cuatro millones solamente en 1776, fecha de su fundación. Hoy son 300 millones. No poca cosa.

La pregunta que se hace Gar Alperovitz, autor del artículo es, ¿cómo se puede manejar un país de ese tamaño?

Y el punto se centra en California y lo que su gobernador está haciendo. Él quiere descentralizar el gobierno. Y no es que se ponga alarmista en el asunto, sino que sólo pone los puntos sobre la íes en ese caso. Arnold está hablando de que California es como un estado-nación (como Esparta, ahora que la película de 300 está de moda, por si no se sabía, los 300 son eso, espartanos). Lo dice así: “Tenemos una fuerza económica, tenemos la fuerza tecnológica de un estado-nación”. Agrega: “somos una buena y gran Comunidad (en el término inglés de “Commonwealth”, como lo usan los británicos y sus naciones afiliadas).

En ocasiones se ha pensado acerca de los pactos federales, en la cuestión de lo que hace a una nación. Por ejemplo en México somos 31 estados y un distrito federal (que quiere ser estado, para esto), todos unidos a través de una constitución, de un gobierno y de un pacto federal. No hay ningún estado que se pueda separar por si quisiera hacerlo de la noche a la mañana. Se ha sabido que en Baja California Norte lo han mencionado respcto a su estado. Igual Yucatán, igual Chiapas, igual Nuevo León. ¿Por qué México sigue juntos? Supongo que porque el sol sale y el sol se mete, eso parece, la lógica se indica pero las razones son otras.

Es medio embarazoso el asunto este. ¿Te quieres separar? Hágalo m’ijito. Y aquí tiene para el camión. Yo sé de esto, me quise salir de la casa a los 10 años después de una gran rabieta tan grande que ya la olvidé (debió haber sido la Madre de todas las Rabietas, pero la olvidé). Mi papá me dio lo del transporte. Reflexioné a tiempo que ya teniendo el pasaje no había para donde irme. Terminé la Gran Rabieta y opté por quedarme.

Tal vez esa sea la clave. Tendremos para el pasaje, pero ¿para dónde vamos?

Bueno, ese es el caso mexicano. España por decir un caso, tiene sus 17 autonomías bien puestas. No estoy enterado del alcance de la autoridad de las mismas. Supongo que no pueden emitir pasaporte o monedas o hacer tratos con naciones enemigas. Me imagino que a nadie de Cataluña le convenga aceptar slotys o pesos, en lugar de euros. Hacen bien.

Pero California es otra onda. Ya hace a nuestros amigos norteamericanos hacerse preguntas como ¿Qué significa la “democracia participatoria” en circunstancias así? ¿Quién representa los intereses de todos los habitantes?

A veces me he preguntado, ¿para qué quieres un poder que luego no puedes ejercer o que te la tienes que andar negociando y conciliando intereses que al final no te hacen quedar bien con nadie? ¿Qué necesidad hay de eso? Política y Poder. Ya hablé de eso otro día. En los países anglosajones necesitas dinero para hacer política.

¿Aquí y en nuestros países hermanos? Sencillo, te metes a la política para sacar dinero.

Nos “quitaron” Texas primero, California, Nuevo México, Nevada, Arizona y parte de Utah, no por ineptos (bueno, algo así), pero más porque esos lugares estaban muuuuy alejados del poder, de la autoridad, del interés incluso y estaban más cerca de la indolencia. No era de extrañar que vinieran personas con otro tipo de ética y trabajo, además de audacia y desprecio por la propiedad mexicana (ellos que ensalzan el concepto de propiedad, como ya lo veremos en un próximo blog), poseídos por un mensaje en sus corazones que les indicaba un “destino manifiesto”.

Había un pacto federal o central en México. Lo que fuera. Ya no importa. Esos estados ya no están con nosotros.

Y dicen los enterados, unos economistas en este caso, Alberto Alesina de Harvard y Enrico Spolaore de Tufts, que “mientras más grande la nación, más difícil para el gobierno que llene las necesidades de su población dispersa. Que regiones que no se sientan bien servidas por la distribución de bienes y servicios tienen más incentivos para tomar una acción independiente. Le está pasando a Bolivia ahora mismo con cuatro de sus regiones.

Pero, digo, si nos queda de consuelo, por lo menos California ya no será de ellos tampoco, algo bueno sale de todo, si sólo lo podemos ver.

Volviendo a los Estados Unidos. Es enorme. Los mapas engañan. Alemania, la Gran Deutschland, cabe en las fronteras del estado de Montana. Francia es más pequeña que Texas. Si uno ve hacia la Luna llena cualquier noche de ídem, vean la curvatura, el círculo. Ese círculo casi exactamente es el ancho de la masa continental de los Estados Unidos.

California sería la esquina inferior izquierda. Una gran esquina inferior izquierda.
California sería la primera opción como para una “devolución regional”, como se le llama. Otro después sería Nueva Inglaterra, toda esa área. Cada quién sus cosas, cada quién sus intereses. Cada quién su acento regional al hablar.

California, no por nada invitó a Tony Blair a Long Beach a firmar un acuerdo entre California y Gran Bretaña acerca del Calentamiento Global. Sólo falta que firme el Protocolo de Kyoto, si no lo quiere firmar Bush, es problema de Bush, el día que Arnold lo quiera firmar, lo firmará y lo hará cumplir dentro de sus fronteras, por decirle así a sus límites estatales. ¿Quién se lo impedirá? Las fieles tropas norteamericanas están muuuuy lejos, en Irak y en Afganistán, dándoles una paliza a los malos, cuando los encuentran, por supuesto.

Ya lo dijo Arnold: California, el estado-nación, el estado armonioso, el estado próspero, el estado del futuro, se volverá un modelo, no sólo para la sociedad americana del siglo XXI, sino para la de todo el mundo”.

Recuerden, muchas revoluciones empiezan en California y no saben dónde acabarán.
Ellos sí tienen para el pasaje y sí tienen para donde ir.

Ahora esperemos la Gran Rabieta.

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