jueves, marzo 29, 2007

Sobre la película de Network (Poder que Mata) o el peligro que representa una masa que gobierne y decida



Hoy casi nadie se acuerda de la película de Network, es más, si hoy saliera una película con ese nombre se pensaría que tiene que ver con Internet, virus, firewalls (y ya hay una película llamada así, con Harrison Ford: Firewall) y demás.

Pero esta Network de la que hablo pertenece a un mundo en el tiempo en que los escritorios en las oficinas tenían encima sólo máquinas de escribir y máquinas calculadoras de cinta. No había ni fax y la gente, obvio, no tenía ni celular.

Network apareció en 1976 y la estelarizan Faye Dunaway, William Holden, Robert Duval y Peter Finch, dirigida por Sydney Lumet. De hecho Finch estuvo tan superlativo que le dieron el Oscar por su interpretación, y eso no tiene en sí mucho de extraordinario pero sí lo es la pequeña circunstancia de que él murió antes de su misma nominación. Y fue el primer Oscar (y el único hasta ahora) póstumo que ha habido. Por cierto la que hace de esposa de William Holden, Beatrice Straight, ganó un Oscar en esta película a la mejor actriz femenina secundaria con el menor tiempo de aparición en pantalla, cinco minutitos.

De hecho con eso de que acabo de ver la película de Syriana y averiguando sobre de esta película supe que George Clooney está viendo la posibilidad de realizar una segunda versión de Network.

¿Qué hay detrás de Network? Un veterano conductor, borracho y ya en decadencia (Finch), perteneciente a una ficticia cuarta cadena de televisión norteamericana (por entonces sólo había tres, ahora hay siete, creo) y que van a correr, dice al aire frente a la audiencia que se suicidará frente a las cámaras en una semana. La audiencia no lo puede creer y la administración viendo la sensación creada lo empiezan a poner más tiempo al aire. Una astuta y despiadada ejecutiva (Dunaway) ve la oportunidad y estimula al tipo a que siga hablando lo que se le ocurra decir de su ronco pecho. En un punto el conductor hace que la gente salga a la calle a literalmente a gritar ¡¡ESTOY MUY ENCABRONADO Y YA NO AGUANTO MAS ESTO!! (Bueno, en inglés dice ¡¡I’M AS MAD AS HELL AND I ‘M NOT GOING TO TAKE THIS ANYMORE!!”.

El caso es que el veterano conductor sigue teniendo rating (le llaman ahora “El Profeta Loco de la Televisión”), pero sólo hasta cierta altura. Llega el momento en que empieza a hablar de mil cosas… entre ellas de las compañías mismas de medios y de las influencias de los imperios trasnacionales comerciales que abarcan al mundo entero, sobre todo comienza a enfocarse en los árabes que están empezando a tomar el control absoluto de multitud de empresas e industrias.

La historia está contrapunteada por un programa de televisión que tiene que ver con un grupo activista extremo tipo Las Panteras Negras, uno de cuyos grupos, un brazo armado, realiza asaltos y secuestros. La cadena vio una oportunidad de realizar un programa en vivo con estos tipos, un avance de lo que después vinieron a ser los reality shows, todo en busca de la mayor audiencia cueste lo que cueste.

Sucede que las cosas con el veterano Finch se complican, y el mismo presidente de la Cadena toma cartas en el asunto. La mente de Finch cada vez está peor, acaba cada programa desmayándose y ya cada vez más la gente se acostumbra a verlo sin sorprenderse: los ratings vuelven a caer. La cosa se hace insoportable. Surgen grandes dudas, los dueños de la empresa, que nunca aparecen, piden resultados. Los ratings deben de subir.

A como dé lugar.

Me encantaría escribir el final de la película Network aquí mismo. Pero no es justo. Lo que sucede después es impresionante, terrorífico. ¿Por qué? No es el tamaño de la escena que vemos sino el significado de pensar y de atestiguar el acto mismo de vender el alma al diablo.

Así de sencillo.

En la televisión hoy en día, 31 años después de la película, el rating, en todo, tiene ahora más poder y determinación en lo que hagas, presencies, exhibas, mires y admires.

Ex abrupto académico y cultural:

Si estás leyendo esto hasta aquí, es más probable que tengas un sentido de la cultura más profundo que el promedio de la gente. Pero ese es el problema, el promedio de la gente no llega a leer esto, porque, obvio, prefiere leer cosas más sencillas, digeridas, más enfocadas hacia sus vísceras de diversión, de entretenimiento banal-superficial-trivial y de bajos instintos, sexo, violencia, crudeza y mismos chistes estúpidos infantiloides (disculpen los infantes) de siempre.

Y como esta cantidad de gente es más que la gente a la que sí nos preocupa la cultura, de la cual me considero parte (que no se habla de cuestiones ni de superioridad o inferioridad, esto no tiene que ver con eso ni con mejor ni con peor), y por eso sé que sencillamente el grupo que exige jamás podrá comprar más jabón o más sopas o más pasta de dientes o más automóviles o que podrá gastar más con tarjetas de crédito.

Eso es un hecho consumado.

De hecho, la gente a la que nos gusta cuestionar no somos suficientemente claves como para que las grandes compañías productoras nos den programas de TV con la calidad requerida (aunque no es necesario que haya mucha, con que tenga sus elementos rescatables, y la verdad sea dicha, es siempre más importante la calidad que el billetazo). Y bueno, sabemos que esos programas de calidad que SÍ han aparecido en TV han sido casi como relámpagos en cielo despejados (Cosmos, Yo Claudio, Los de Arriba y los de Abajo, Arrested Development, Seinfeld, pensándolo bien, si hay muchos ejemplos, pero, ¿contra cuantos millones que no lo serían?).

(Trato de no aparentar ser pedante, ya saben mis pocos lectores y amigos que me desvivo por Boston Legal, por Monk, por Lost, por Battlestar Galactica, por La Dimensión Desconocida y por Ensalada de Locos, incluso…)

Pareciera que las cadenas están desde hace mucho tiempo cada vez más sensibilizadas hacia el grado de atracción que sus programas provocan para poder ofrecer la cantidad de audiencia a esos fabricantes de jabón, sopas, pasta de dientes o automóviles. A los fabricantes (benditos sean) les interesa vender cada vez más (y aquí surge la vida real: de esos fabricantes depende la vida de muchísimos trabajadores y de esos trabajadores dependen sus familiares, que son muchos de ellos los que forman parte de esa audiencia que está pegada a ver esos programas en necesidad urgente de rating, viéndolo así, la cosa es trágica de verdad).

(Sólo recordar una vez más, que lo que venden las cadenas de TV, su producto básico, su materia prima, somos nosotros, la audiencia, medida en rating, clasificadas por demografía y estrato social, y se la venden a esos fabricantes de jabones, de sopas, de dentríficos, de automóviles).

No que los fabricantes determinen el contenido de los programas de televisión. Pero sí el tema, de cierto modo. (Bueno, han influido hasta en la caída de canales mismos de TV cuando un contenido noticioso, o cierta tendencia de periodismo no les parece, o sea, de los peores tipos de censura posible.) Supongo que mientras no haya programas de TV que discutan en sí mismos de las políticas de contratación discriminadoras, o de si las industrias patrocinadoras sean contaminantes o no, o de si sus modelos de artículos, como carros, por decir, pues, siguen planes y programas de obsolescencia plenamente comprobados, todo está correcto, es que hay tantos temas a tratar, ¿para qué ocuparse de temas espinosos?

Es como el caso de la película de The Informer-El Informante (1999), con Russell Crowe y Al Pacino, que muestra a una cadena americana de TV, la CBS, que de alguna manera en su programa de 60 Minutes, el impecable e implacable veterano programa de reportajes, cuestiona a las compañías cigarreras norteamericanas sobre el como estas han aumentado, y aumentan, la cantidad de nicotina que contienen sus cigarros para crear más adicción física entre sus consumidores, sin advertirles nada a estos. The Informer muestra la embarazosa circunstancia que se da cuando la CBS tuvo que hacer moderar (o autocensurar) sus comentarios cuando se vio que atacaba a una compañía que de cierta manera tenía intereses en su propia televisora.

Esto sucede a menudo. Por decir, la NBC es propiedad de General Electric, y de antemano ya se sabe que jamás en ninguno de los noticieros o programas de reportes de esa cadena, se va a criticar de lleno a la industria de reactores nucleares… porque la General Electric tiene muchísimos intereses en esa industria, como fabricante y como “portavoz de la energía eléctrica limpia”, entonces para ellos no queda nada mejor que autocensurarse puesto que, ¿quién se entera al final? Que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda.

Ahí está la audiencia del programa de Network. Les importaba más al final el hecho de que una persona estuviese perdiendo el control y la cordura que los mensajes emitidos, algunos llenos de sentido y otros más puras discurrencias sin sentido. A esa audiencia le importaba más el espectáculo. Como sucede con Cristina o Laura de América, a los televidentes y audiencia, ¿realmente cree que les interesan a ellas los valores familiares o los de la comunidad? No, a las audiencias les interesa ver los agarrones, lo que se dicen entre los pobres participantes, culpar a uno y culpar al otro.

Rating, rating, rating. El dios del dinero. Moloch. Mammón (así le llaman, no lo olviden).

Las cadenas lo aplaudirán. Las cadenas lo desearán. Ya lo dijo el señor Emilio Azcárraga Milmo palabras más, palabras menos: “hacemos televisión para jodidos… los que quieran leer cosas elevadas que lean el Proceso…”.

El rating se medirá en el futuro cada vez más sensiblemente, por minuto. Eso también lo profetizó la misma televisión en el programa de culto de Max Headroom en el que las cadenas lo medían de ese modo con todo y gráficas integradas en línea durante la transmisión del programa. Llegar a esos niveles de examen ya es cosa de locos, realmente. O tal vez no.

Si es que no lo hacen ya con esa precisión. Y ahora que lo recuerdo, leí, pero pensé que era exageración, que la medición del rating hacía hasta cambiarle las frases que el conductor va a hacer al vuelo vulgo “improvisación”. Si una línea salía bien, todo perfecto, si no, si detectaban que medio millón de personas de Nueva Inglaterra cambiaba de canal, usen otros enfoques de frases, ¡rápido! El que se aburra la gente es intolerable.

¿Las cadenas culturales? Me puede gustar la plasticidad del ballet, pero no tanto, las óperas pueden ser increíbles, pero no son mi arte preferida, ¿entonces? ¿Qué puede significar esto? Que la oferta de Cultura por televisión tendría que ser varíadisima al igual que la Cultura misma para que todos estemos contentos. Que ojalá hubiera un Dance Channel y un Opera Channel y un Libraria Channel y un Film Channel y un Architectural Channel y un Theater Channel y un Eternity Channel

Qué si ahora toda la cultura se engloba en un mismo channel, o canal 22, por decir, es eso, no hay rating suficiente para lo anterior a menos que haya una masa crítica que lo sustente. (Los chicos que crearon la telefonía sobre IP de Skype apuntan, de hacer realidad una buena telefonía por Internet a hacer una tecnología que sea como un You Tube, pero no sólo imágenes y clips de cien millones de tipos sino de verdadera televisión con canales diferenciados con identidad y todo, que hará verdadera la metáfora original aquella de que llegaría el momento de que hubiera al alcance de todos 500 canales de televisión… que ya hay, pero como decía Bruce Springsteen en su profética canción de los 80’s Fifty Seven Channels (and nothin’ on), Cincuenta y Siete Canales…y Nada en Ellos…. (los de Skype hablan hasta de 50,000).

Fin de ex abrupto académico y cultural.

Mientras esperamos a que eso suceda, a que un día existan la opciones en las que el rating no sea una necesidad en sí de vida o muerte (como la película Network lo muestra de manera tan… evidente), la televisión se volverá sólo un remedo de lo que en 1976 se consideraba extremo, distorsionado, maniático, y finalmente terrible, mostrando sólo una película extravagante sobre un medio disparatadamente obsesionado con los resultados (¿y cuantas personas no concluiría después de leer esto último… con la frase “tal cual se debe”?).

La masa maneja. La masa gobierna. La masa es. Sólo… es.

La masa es como el agua, al final encuentra su camino, implacablemente, despiadadamente.

Y exigen sacrificios.

Y los medios se los darán (¿o ya olvidamos Tlahuac?).

2 comentarios:

lorena dijo...

hola luis eduardo garcia; queria agradecerte por este escrito acerca de la pelicula "el poder que mata" ya que me sirvio mucho para una discusion en la universidad. me parece muy interesante tu punto de vista, ademas te felicito por este gran blog.
hasta luego y que estes muy bien.

davecisco dijo...

Hola ciberamigo
que bien moderas tu estilo y que atinados comentarios, fijate que estoy en una investigación sobre tv. educativa y me recorde a Max Headroom un anticipado interactivo en la TELE hoy solo se compara con la web su chamba pero en 1987 era impensable solo era posible en la ficcion. Cual es futuro de las dos herramientas? web y tele como medio de educación? eso lodirá el tiempo
Gracias
David Loreto