miércoles, marzo 21, 2007

Wal-Mart: el Elefante de tu Vecindario (y tú creías estar consiguiendo gangas).



Estuve leyendo un artículo de Marian Kester que hablaba de un libro de un tal Charles Fishman: El Alto Costo de los Precios Bajos: El Efecto Wal-Mart, o Como la Compañía Más Poderosa Del Mundo Realmente Trabaja y Como Se Está Transformando La Economía Americana.

Antes una aclaración :

Yo ya escribí un artículo sobre Wal-Mart y está en
http://esp.mexico.com/lapalabra/una/25230/republica-de-walmart , donde expongo algo de lo que está comentado aquí en esta nota.

Si se van a leerlo, favor de volver aquí, ¿sí?


(Espero que les agraden ambos…)

Adam Smith, para los que no lo saben, es el primer gurú de todos los gurús de la Economía (ha habido muchos después, pero él es el primero reconocido), y dijo en su libro llamado La Riqueza de las Naciones: “El único propósito de toda la producción es el proveer los mejores bienes posibles al consumidor a los precios más bajos posibles. Dice Kester que el problema es que la sociedad ha aprendido a cuestionar si Adam Smith no se quedó corto con lo de “el único propósito…”.

Wal-Mart es un megamonstruo, es una república en sí misma. Es, como dicen: el elefante en el cuarto que nadie puede ignorar. Por un lado esta compañía, realmente la más grande del mundo, más allá de todas las creencias de los que se dicen conocer de esto, tiene cosas positivas: tiene un efecto deflacionario, es decir, que de cierta manera sí contribuye a bajar los precios en donde se encuentra, esto por un lado y por el otro, eso lo ha logrado gracias a un incesante perfeccionamiento en cuanto a sus conceptos a lo largo de las cadenas de producción, distribución y venta, es decir, la eficientización al máximo de todo lo que signifique proceso económico hacia el consumidor.

Esto sí es lo que se puede decir globalización a todo lo que da.

Claro que todo tiene un costo, por decir los salarios bajos que otorga a sus “asociados”. El libro habla (no lo he leído) de las personas ordinarias que están dentro de esa gran organización. De cómo les paga, de cómo los trata. Por otra parte y de algún modo Wal-Mart sabe donde están sus clientes, sabe donde están sus compradores. Sabe qué mercado está atacando, sabe el tamaño del mercado que es…

Pero no todo es miel de hojuelas en este asunto, dice el libro: por ejemplo, está el caso del “Esquema del Galón de Pepinillos”. No me imagino cuanto puede ser lo que se tarde una familia en poderse comer un galón de pepinillos, lo que sí sé es que un día compré una docena de paquetes de macarrones con queso que me duraron una eternidad (un año aproximadamente y en la vida he vuelto a comprar algo similar) y si han visto como se vende la mayonesa o la mostaza, bueno, no todos tenemos puestos de hot dogs, pero, ¿qué es lo que pasa con la compañía que vende a Wal-Mart estos pepinillos? Bueno, debería mejor decir que vendía estos pepinillos. La compañía fue obligada por Wal-Mart a vender a 3 dlls aprox. su galón. Esto provocó que todo mundo comprara en su momento esos galones, pero, es lo que digo, ¿cuántos pepinillos puede consumir una familia sin aburrirse o hartarse de comer pepinillos?

Pues la compañía siguió vendiendo a ese precio obligado por la amenaza de Wal-Mart de perder la cuenta si no lo hacían así. Resultado: La compañía quebró al no poder sacarle más que un centavo de dólar de ganancia al mencionado galón. Quebró, kaput, R.I.P. .

No es el único caso, está en muchos sectores de producción. El caso Tupperware fue uno de ellos.

Esto significa que en eso de la política de cortar costos para venderle a los clientes (tan lindos que somos, la verdad) hay una impresionante maquinaria en busca de descuentos a como dé lugar hacia los proveedores.

Se menciona otro caso, el del salmón. Se vende supuestamente a 50 pesos la libra. Pero eso no explica las impresionantes cantidades de desecho que quedan de las procesadoras de pescado, incluyendo el escabroso tema de la parte ambiental, que según esto, es un desastre total. Un precio muy bajo para nosotros los consumidores, y la verdad, el sushi de salmón es riquísimo, la verdad que sí, pero el punto es este: ¿a qué costo?

Los ejemplos siguen: las fábricas de esa ropa tan encantadora y tan barata que literalmente explotan a la gente de Bangladesh, de Pakistán, de Tailandia.

Fishman, el escritor, se pregunta eso, si el bajo costo vale la pena el precio al consumidor. ¿Qué es lo que quiere Wal-Mart a fin de cuentas? ¿Dominar al mundo, que todo hombre, mujer y niño le compre sólo a ellos llevando a la bancarrota a todos los que no acepten sus condiciones?

Eso hace preguntarse, que significa eso de “Precios Siempre Bajos” ¿Cuánto “bajo” es lo correcto? ¿Por qué nosotros consumidores no podemos ver hacia donde lleva todo esto? ¿Son nuestros beneficios a corto plazo más importantes que los beneficios de la comunidad de largo plazo? ¿A dónde más vamos a comprar? ¿Qué productos vamos a comprar después de que estas compañías hagan temblar a las demás, hasta desaparecerlas? ¿Este comentario, que tanto puede pesar en la forma de pensar del mundo?

Marian Kester al final dice: “Si los impuestos son el precio que tenemos que pagar por la civilización, precios más altos pueden ser el precio que se tendrá que pagar para ser una sociedad de Primer Mundo”.

A lo que yo podría concluir: si ese es el temor que hay allá, ¿qué es lo que estará pasando acá? Eso si está de pensarse y de estar claros en no perder de vista al Elefante.

Y por otra parte, ¿qué se puede hacer con un Elefante así?

Como se decía al principio, cualquier cosa, excepto ignorarlo.

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