martes, mayo 15, 2007

Entre Lost, Shark y El Pantera

No quería verlo. De hecho siempre he tenido mis dudas al respecto. Pero, ¿qué más da? Démosle una oportunidad.

Si no están metidos en la onda de Lost, sáltense todo hasta leer el renglón que dice “En el caso de El Pantera…”.

Primero que nada estaba viendo como en un capítulo de Lost en su tercera temporada en AXN dedicado a Sayid, nuestro amable ex-torturador iraquí de mirada tierna, donde Locke, nuestro ex inválido lector de Soldier of Fortune con graves problemas de juicio, la vuelve a desastrar.

Está él frente a una vieja PC dentro de la recién encontrada estación Dharma llamada La Flama, una que tiene una antenita de telecomunicaciones, aparentemente un puente hacia el mundo exterior, cuando después que le gana a la computadora en ajedrez y que de manera tecnomilagrosa le aparece una especie de esos odiosos menús telefónicos que dicen, ya saben, ¿no? “si usted está interesado en comprar nuestros geniales productos marqué 1, si usted está interesado en conocer nuestros maravillosos artículos marque 2, si usted está interesado en… marque el que le da la gana, si está perdido después de quince números marcados y no se siente humillado sólo cuelgue e inténtelo otro día…”.

Bueno, una especie de estos menús apareció en la pantalla. Nuestro familiar guía oriental de la Fundación Hanso relacionada con la Iniciativa Dharma (si no saben de que estoy hablando se están perdiendo de algo interesante) dice: “Si va a comunicarse con el mundo exterior marque en el teclado no-se-qué”. Locke lo marcó. El tipo coreano vuelve a decir: “Ya que no funciona el canal de comunicación del mundo exterior, entonces marque no-se-cuanto si quiere ver el sonar”. Locke lo marcó. El tipo coreano dice finalmente: “El sonar no funciona. Si es que han atacado los Hostiles marque 7-7”.

Me imagino que Locke debería estar harto. Debió haber recordado como la desastró totalmente cuando le dijo a Desmond, el escocés, que ya no marcara los numeritos en la vieja Apple de la estación de la escotilla original porque no tenía caso, no iba a pasar nada. No lo hizo, quebró la Apple y el mundo casi estalla. “El cielo se volvió púrpura” dice repetidamente Hurley después de eso. De no haber sido por Desmond ustedes no estarían leyendo esto, muchachitos, en la comodidad de su hogar.

El punto es que este chico calvo no ha aprendido la lección. Si ya nos enseñaron los explosivos C-4 con los que estaba alambrada la casa. Si ya nos dicen que el ruso del parche es malo malo como la carne de puerco, tanto que mató a la chica negra que pidió ser muerta, nada más para ver como se la gastan los Otros.

Bueno, ya sabiendo eso, ¿qué se puede esperar al respecto del coreano en la pantalla de la computadora que dice: “Si es que han atacado los Hostiles marque 7-7”?

¿Qué podíamos esperar? Pues eso, si los malos (la maldad aquí es relativa, Ben, the creepy guy, líder de los Otros, afirma que ellos son los buenos) van a atacar la estación La Flama y los explosivos están por todas partes, juguemos a la camisa hawaiana, la estación va a explotar. Y de hecho, explotó.

(El juego de la camisa hawaiana es este: cuando ves una película o lees un cuento o lees una novela, si ya estás entrenado, tú puedes descubrir el pequeño detalle que está dizque escondido en la trama que es el que va a solucionar o a recrudecer, hacia el final, el problema del héroe. Chejov, el genial escritor de cuentos ruso, ¿o fue Hemingway? ¿o Faulkner?, decía que si tú sacas una escopeta en el primer acto, la deberás usar en el tercero. Si tú dices que te encanta tu camiseta hawaiana porque te da suerte, si la pierdes durante la historia por alguna causa, sobre todo estúpida, le dará un extra de suspenso a la trama, o si la usas le darás la seguridad al héroe para que éste triunfe en su adversidad. Aquí en este capítulo de Lost, Locke juega al ajedrez con la PC, el coreano aparece en la pantalla cuando él gana y aparece esa pregunta, recordamos el record, sin ser pleonasmo, supongo, de Locke en cuanto a decisiones, y pensamos en el explosivo C-4 alambrado por todo el sótano de la estación… trama más telegrafiada, y sin afirmar que así es la serie, cosa que no lo es, en ese punto específico de este capítulo en particular, no se puede…).

Luego está Shark. Me fascina James Woods de fiscal de distrito. Había una escena de cortinilla de inicio de serie en la que está él en algún juicio, sonriendo relajado mirando sólo a nosotros, al segundo después su rostro cambia, no sé si la luz o los músculos faciales son que le dan un gesto de dureza y de hasta villanía. Se ve genial en esa transformación.

Los capítulos de Shark son interesantes. Me gusta ver a Woods bordeando lo ético y lo no ético para triunfar o perder. El chiste no es verlo ganar, como en todos los programas de este tipo, el chiste es COMO verlo ganar. O perder, que ya lo ha hecho.

Los guionistas de Lost ya conocen el oficio. Saben donde meter la tensión, donde no abusar de la buena voluntad de los televidentes. Saben que no los puedes traicionar. Saben que deben de entregar sorpresas a cada tanto para poder mantener el interés de todos nosotros.

Eso sí. Se nota que nos conocen. Esa es la clave del éxito de un programa de TV, que conocen al dedillo a su audiencia. Saben que en este juego de atención a un show como ese hay saber entregar porciones a la medida. Saben que esas dosis se entregan en ritmos distintos. Saben que están encadenados a un formato de 48 minutos con pausas. Que hay introducción para interesarte, desarrollo para crear suspenso, clímax para explosiones y finalmente un epílogo impresionante o inquietante que te debe de enganchar al final. El chiste es lograr que nosotros le seamos fieles a un producto que nos entrega lo que queremos, misterios y sorpresas.

La clave es precisamente el conocer las cuerdas con las cuales se entregan los sonidos precisos de la historia en el timbre, tono y volumen correctos para que nosotros los adoptemos como nuestros y nos reflejemos en ellos debido a nuestras propias necesidades de suspenso.

Muchos pueden decir que esto no es más que fórmulas. No tiene nada de malo si eso nos agrada. Es como escuchar a los Beatles. No hay canciones nuevas de ellos. Oímos las mismas pero nosotros somos los que cambiamos semana a semana. Y las queremos volver a escuchar. No hay fórmulas nuevas, y somos nosotros los que queremos volverlas a ver.

El ritmo puede cambiar, pero al final Shark y Lost nos entregan lo que buscamos: resolver nuestras necesidades de saber como la persona enjuiciada, que no es totalmente mala, debe de ir a la cárcel o no, en el primer caso, y nuestras necesidades de suspenso y misterio en un soberbio rompecabezas en el segundo.

Ahora sí.

En el caso de El Pantera, las comparaciones serán odiosas pero hay que seguir adelante. Acabo de verlo hará una hora. Todavía lo estoy asimilando.

Es un buen producto. Hay vetas interesantes por ahí. Alguien podrá decir que no es justo que se exija mucho del mismo porque apenas comenzamos ese tipo de producciones. Que no seamos duros con él. Pero el mundo es así.

Hay públicos y hay públicos. Hay exigencias y no. Para los que no son exigentes El Pantera será suficiente. Pero. Pero. Pero. No es muy complicado que El Pantera cumpla con todo tipo de público.

Por ejemplo. Su producción sí es de calidad. No se han descuidado pre, producción y post.

El problema no es ese. Televisa tiene con qué. Se nota.

Influencias se nota que hay muchas. (El punto de que son copias, influencias, robos u homenajes estará siempre a discusión). Desde la pantalla partida en tres, a la 24, hasta algunas más lejanas en la memoria de los veteranos como las cortinillas congeladas formateadas a comic en las que se recuerdan las cortinillas que cierran los entreactos de Wild Wild West, la serie aquella de vaqueros vaportecnológicos de los sesentas, Espías con Espuelas con Robert Conrad.

Eso no es problema. El problema es el guión. Confieso que sí leía El Santo de José G. Cruz en los setentas (cuyo comic fue ensalzado por su “hibridismo técnico” en aquél libro que perdí hará muchos años, “Biblioteca de Grandes Temas de Salvat”, Literatura de la Imagen). Confieso que leí Kalimán y que leí Memín Pingüin. Fantomas, uff, extraordinario. Bueno, hasta me aventaba las novelitas gráficas de MiniTerror, MiniPolicíaca, Batú. El Libro Policial. Lágrimas, Risas y Amor. Fuego. Destinos Opuestos. Ughh. Algo de Zor, Los Supersabios, Rolando el Rabioso (sobresaliente por donde se le vea) Chanoc (hubo números geniales). Alma Grande. Capulinita, El Payo, Supermaya, Borjita y demás. Admiré aquél clásico de los sesentas de Anibal 5, de Jorodowsky. Pero nunca leí El Pantera. (De Editorial Novaro, el que quieran, pero no eran mexicanos per se)

Cliché tras cliché. El asunto del inocente en la cárcel. El asunto de su fuga en helicóptero, homenaje a aquella fuga del siglo de Kaplan de 1973. El punto de los malos malos malos que se visten feo feo feo y que abusan de los buenos buenos buenos y de los desorientados desorientados. El detalle de que a cada rato se muestran las aptitudes de músculos y de agilidad marcial del héroe. El punto acerca del policía todo-excepto-undercover que vigila al protagonista desde su patrulla con unos binoculares con todas las ganas de que sea descubierto como el “policía que vigila al protagonista”. Los villanos marcados como el que más. Los buenos, siempre los débiles que son los que sufren. El general anciano buena onda (algo cliché también) que lo protege para que “haga la ciudad de nuevo habitable”. Los malvados que no envejecen en cinco años. La chica que se le ofrece a la primera oportunidad. El héroe noble que se le niega porque es menor de edad y porque de plano no le interesa (eso es muy de Kalimán, "serenidad y paciencia, Solín"). Los malos que van a cazarlo a “su” edificio. ¿Tendrá papeles en regla? ¿Habrá pagado el predial?) El uso de una pequeña rehén por un villano de medio pelo. Poses de los villanos exclusivos para la cámara que está a ras de suelo. Etcétera.

Sin que se haga menoscabo al esfuerzo detrás de ello (que es muchísimo), sólo hay que recordarles a los productores de El Pantera, que no bastan las escuelas en boga de lo que es forma. No es difícil en estos tiempos imitar un look y un feel obtenido a través de examinar con atención sencillos DVDs de Sin City o de temporadas de 24 con estilos originales y de cierta manera individuales e identificados plenamente con sus creadores.

Si quieres llegar a trascender en la Televisión (con T mayúscula), tienes que tener un enfoque más allá de la forma y buscar el fondo. No es lógico esperar que un héroe como El Pantera vuelva a la ciudad habitable. Las personas, por más poderosas que sean, no pueden aspirar a resolver todos los problemas del mundo, pero sí los de su mundo.

Los problemas de inseguridad de una ciudad no son debidos exclusivamente a villanos como el Kingpin, de Daredevil, o los de Lex Luthor, o al Mal por extensión sino debido a decenas de factores unos más que otros que no tienen solución sencilla o individual.

Los guiones por tanto se deberían de enfocar a las relaciones reales de un personaje con su pasado, con su presente y hacia donde debe éste de moverse. Los personajes de comic no mueren normalmente. Los Simpson siguen de la misma edad que hace diecisiete temporadas. Son aventuras distintas las que los hacen moverse y los que hacen que sus lectores les sean fieles. Pero en los nuevos contextos esto ya debe de tener una gran directriz. No me agrada mucho el rollo de lo del Quinto Sol y su extinción. Se me hace oooootro cliché muy a lo Velasco Piña y sus estrafalarios libros. Pero en fin, ya lo conoceremos.

Pero en fin, repito. Televisa está comenzando a meterle kilos a esto. Estoy seguro que hay mucho de donde sacar talento para seguir entregando un producto de calidad.

Sugerencias en buena onda:

Sugiero que se profundicen en la personalidad de cada personaje. Ya se sabe que no hay malos malos en el mundo ni hay buenos buenos (el Doctor House es un buen ejemplo de ello, es un excelente doctor, pero es adicto a un painkiller).

Sugiero que se trate de buscar un estilo original más que buscar mostrar la influencia. Tal vez sea inevitable hacer la cortinilla de la página del comic. Es un elemento familiar dedicado a los fans de su medio original.

Sugiero que se eviten los clichés. Policías vigilantes. Generales redentores. Chicas malas y sensuales que se derriten como vírgenes delante del noble protagonista. Villanos sin aristas de las cuales asirse, sin rasgos que agraden aún por la fascinación real como la que sienten sus presas ante la cobra. El bonachón “compadre” que la puede hacer de patiño o casi sidekick.

Sugiero que eviten ser autocomplacientes diciendo que es un “primer esfuerzo”.

Sugiero que eviten ser complacientes con un público y un rating, si la historia es buena (y eso es lo que Cecil B. de Mille decía acerca de las películas, y de estos esfuerzos, las tres cosas importantes deben ser “la historia, la historia y la historia”) habrá audiencia. Si no hay historia no hay nada porque interesarse, ni por los sorprendentes efectos de cámara, ni por las viejorronas enseñando nalga ni por la constante acción a veces sin sentido que está presente a cada minuto.

Sugiero menos comerciales. Conté como quince en el primer corte. Para eso es la tele abierta, lo sé, para ser vista con comerciales, pero debe de haber una manera de ser menos codiciosos. No maten a la gallina de los huevos de oro, si es que se convierte en eso.

Sugiero que piensen en qué público es el target deseado. ¿El acostumbrado a las producciones de cable, que es de más alto nivel adquisitivo que el de tele abierta? ¿El populachero que le fascina La Parodia? ¿El telenovelero que quiere seguir llorando con los mismos refritos sentimentales de hace cincuenta años?

Sugiero que tengan el objetivo claro. Que piensen que tienen poco tiempo para mostrar una historia completa. Que sientan los productores que tienen una gran oportunidad de entregar un gran trabajo. Que piensen en ganarse los corazones de los televidentes. Que deseen en verdad hacernos olvidar cambiarle de canal en medio de tanto comercial.

Sugiero que recuerden que hay hoy por hoy Héroes, que hay Lost, que hay tres C. S. I. y que allá hacen programas de manera industrial sin ser mencionados en los principales noticieros en cadena nacional cada vez que se estrena uno.

Sugiero no olvidar que cada programa debe de ser, aparte de seguir esa fórmula de la que hablamos arriba, trascendente, importante para nosotros, y que entregue lo que se busca principalmente, entretenimiento de calidad, de fondo y de forma.

Sugiero finalmente, con todo respeto, que no piensen sólo en ratings de temporalidad limitada, que piensen en el televidente común y en el no común, y que nos lleven a recordar, dentro de unos treinta años ¿por qué no?, que hubo una serie mexicana que inició una gran industria de series mexicanas filmadas y que se llamó sencillamente El Pantera.


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