lunes, junio 11, 2007

ADIÓS ANTENA DE CONEJO, ADIÓS. OTRO FINAL DE NUESTRA ERA, UNO MÁS


A ver si me explico. Las antenas de conejo morirán en Estados Unidos de aquí a 20 meses, 17 de febrero de 2009. Y mañana, el mundo.

El artilugio para una mejor recepción de imagen de televisión que todos los de mi generación conocimos, que si muévele aquí-que si ponle un poco de aluminio más-que si un gancho de ropa o de plano un desarmador, desaparecerá de la utilidad normal, de la vista en menos de 20 meses, en USA. Calcúlenle pocos años más para que suceda en todos los demás países.

¿Por qué esto? Por la sencilla razón de que las estaciones de televisión abierta dejarán de transmitir en los anchos de banda que son los que transmiten las televisoras y que reciben actualmente las televisiones.

Vamos por partes. ¿Qué es una televisión? Una caja con cinescopio o monitor con circuitos y controles que permite captar del aire señales que se transforman en imágenes (¿habrá gente
que compre tv’s con pantallas de plasma para ver tele abierta? Creo que no… ¿verdad?) Una imagen dada de pantalla de tv transmitida que miramos (y no soy ingeniero electrónico para explicarme mejor) no es más que una ilusión en sucesión de 520 líneas horizontales, las pares primero y las impares después, compuestas de electrones que estimulan a un cinescopio para fulgurar en sucesión significativa treinta veces por segundo y que de esa manera vemos de manera milagrosa una cara, una mujer, un video, una película, un universo.

Y todo esto sucede en un solo canal. Las cosas no suceden solas. Ese canal está concesionado a
una compañía. A principios de la humanidad existía en la ciudad de México el canal 4 primero, el canal 2 después y luego el 5, el 8, el 11 y el 13 No sé porqué pusieron juntos el 4 y el 5 si normalmente eso de juntarlos no se recomienda, por aquello de posibles interferencias pero las cosas son así. El canal 8 luego se cambio al 9 para poder darle lugar al 7. (En Monterrey fue primero el canal 10, luego el 3, después el 8, el 6, el 12, luego el 28 en UHF, y finalmente el 4, para que esto pudiera suceder el 3 se cambió al 2).

Resulta que cuando estaba chavito mirando la perilla me fijé que esta empezaba en el canal 2 y terminaba en el 13 para dar paso a una letra “U”. No había mucha gente a quien preguntarle que algo malo le había pasado al canal 1 y esa duda la tuve por muchos años.

Resultó que el canal 1 desapareció en los años 40’s debido a que interfería con ondas de radio. Ahí como que les falló a estas lindas personas que diligentemente toman decisiones en el espectro radioeléctrico que a través de los años les comienzan a pesar. Bueno, no creo que se extrañase mucho ese canal 1. Jamás escuché que nadie pensara en él. Ni como nostalgia, caramba. Cosas que suceden.

La televisión entonces transmitía en algo que se llama Very High Frequency o VHF. Por eso era la “U”, a partir de ahí todo era Ultra High Frequency, o sea UHF. Y más allá las estrellas.

Cuando estaba pequeño en Monterrey, me tocó ver que ciertas televisiones sobre todo las de
color tenían dos perillas para cambiarle. Lo que no entendía era porque la segunda perilla nunca se usaba. Hasta que vi que se usó con la llegada del canal 28, que era del estado. Esa segunda perilla era como decir, a partir de aquí hay un mundo de posibilidades. Pero en aquél tiempo no entendía que cada una de esas posibilidades significaba una millonada invertida en equipo especial dedicado y una billonada más en talento por crearse (eso y si se preciaba de esa manera). Y de lo último, lo del aprecio, no hay mucho. Luego pude haber entendido que las posibilidades de que hubiera otra mil billonada en audiencia (la tercera parte de esta santísima trinidad) eran muy disminuidas y que esa es la parte más riesgosa del asunto en todo esto.

O séase, que no solamente el asunto de la televisión era, y es, cosa de canales, sino de dinero, de factor humano para transmitir algo significativo y que hubiera el recibir en personas que hicieran que todo ese esfuerzo valiera la pena.

Ya hablé en otra ocasión de la tv y de su modelo comercial. Que fue ese el que se decidió para México en tiempos de Miguel Alemán Valdez, 1948, por ahí (por don Salvador Novo, entre otros, ni más ni menos). ¿Y dónde estaba el negocio para los intrépidos mexicanos que decidieran invertir sus escasos recursos en algo tan aventurado? ¡Iban a regalar contenido de televisión gratis! En ese tiempo no se pensaba tanto en eso del contenido. Era algo que se daba ya por entendido. Digo, hasta Telmex ya está pensando en cuestiones de contenido para la famosa “convergencia” digital. De algo significativo tienes que llenar tus canales de medios diseñados para atraer y retener a sus usuarios y que no se vayan tan rápido a otras opciones. No basta poner las barras de colores. Cualquiera se cansa.

El negocio entonces era muestra de pura intuición salvaje. Suena a telenovela, “Intuiciooooón Saaaaalvaje”. Es más, se podría hacer una telenovela así. Imagínense solamente a algún protagonista yendo y viniendo en medio de las abismos y fiordos burocráticos para conseguir una concesión en gobierno para poder levantar un imperio multimedia decenas de años antes de inventarse la palabra, que sólo existía en su mente efervescente por el momento, en contra de todas las dificultades posibles. Imagínense que él pensó, y sus valientes amigos, claro, que iba a haber multitudes y multitudes religiosamente pegadas a ese aparato a diario, con esas antenas de conejo para poder verte mejor, m’ijita, para poder que me veas venderte más televisiones, con sus respectivas antenas de conejo, por supuesto, mejores estufas, mejores lavadoras, mejores sueños, mejores ilusiones, mejores vidas. Bueno, no era acto de venta, era más bien un acto de sugerencia, un acto mágico de sugestión, un acto de fe casi mística llegado a nuestras salas, a nuestras cocinas, a nuestras recamaras en vivo y en directo.

Así las cosas la televisión se desarrolló en ese tenor. Parecía gratis la condenada. Excepto para los que pagaban, según la leyenda, veinte centavos para poder verla en casa de los amigos. Nunca me tocó hacerlo pero me decían que así era. En casa del privilegiado, ahí estaban todos los gorrones.

Bueno, sí era gratis. Aparentemente. El concepto de que tú compras un aparato en algún lado (a plazos y paso a paso, despacito) y llegas a tu casa, lo enchufas a la corriente eléctrica (que tienes que pagar también) y ya casi por un milagro electrónico, ves un partido de fútbol o una telenovela o una serie, todo eso y gratis. Woow, eso sí que es negocio. Para el televidente.

¡Pos que generosidad, caramba, de los concesionarios que nosotros vemos desde aquí, en casita!

Muy poca, muy poquitísima gente, ha de haber pensado que la gente pagaba su televisión al mirar los comerciales ubicuos, eternos, malditos, sin seso en su 99.99% (lo restante, el .01%, es magistral). Ni más ni menos. Y ya hablé de que lo que la televisión vende realmente no es detergente o jabón o sopas para nosotros. Lo que la televisión vende es audiencia. O sea, a nosotros en bola. Nosotros en bola a cierta hora. Cientos de miles de nosotros. Millones de nosotros en bola al mismo tiempo, sufriendo la misma tragedia, admirando el mismo espectáculo, presenciando al mismo conductor de noticias recitar la misma noticia, el mismo delantero disparar su mismo gol. Punto. La cohesión monolítica total. Hacemos una pausa. No se vayan. No le cambies. A continuación unos mensajes de nuestros patrocinadores.

Ando buena onda y dispensaré a mis lectores de mi sorpresa conceptual-total a mis tiernos siete años al ver por primera vez una televisión en color. La maravilla de mirar un partido de béisbol de grandes ligas por tres horas, el pasto, el cielo, el estadio, los uniformes, y uno sin ser absolutamente un fanático de un décimo de medio pelo del llamado rey de los deportes.

Y esa imagen venía del aire. Así, solamente del aire. Al parecer a través de dos tubitos delgados rígidos aluminizados que se alargaban y se acomodaban de una manera misteriosa para poder
mirar una mejor imagen. Un mejor sonido. Era un arte, un misterio el dominar su acomodo. ¡Cómo odiábamos esas rayas en caos sin imagen, esa nieve ruidosa llena de estática de las profundidades que atacaba los sentidos y convertía a la gente rápidamente en piltrafas llenas de histeria! Brrr. Que recuerdos. No por nada ese ícono de imagen en ruido rosa que se llama, supongo, fue utilizado con mucha eficacia por una película de horror-terror evidente como Poltergeist durante los 80’s.

Y algo tiene de nostálgico ese fenómeno que incluso las presentaciones especiales actuales de HBO las transmiten con ese sonido caótico para sus inicios y finales, como un fade in de presagio y como fade out de epílogo.

Llegamos a Nicholas Negroponte. Este es un cuate a quien yo admiro mucho. Lo conocí en los
artículos del final de las páginas de cada revista Wired que me caía (cuando era magnífica, atractiva, impredecible, adictiva, genial, iridiscente, insólita en sus colores, audaz e irreverente la mencionada revista, socialmente tecnológica, tecnológicamente social). Él fundó el Centro o Instituto de Multimedia del MIT allá, obvio, en Massachussets. Y escribió un libro que se me hizo genial en muchos aspectos llamado Being Digital (también digamos lo otro, muchos criticaron a Negroponte porque no incluyó o previó, en él, pareciendo que esa es su profesión, el ser profeta, el ser ayatollah digital, la inimaginable explosión-expresión-multitudinaria de Internet a pocos meses de su aparición inminente en la conciencia mundial stream con el recién ascenso de los browsers o navegadores).

Este señor tiempo atrás habló de ¿qué era? ¿Ley? ¿Postulado? de Negroponte, en el que afirmaba que los medios que eran transmitidos tradicionalmente por el aire serían transmitidos ahora por cable y a su vez los tradicionales medios de cable serían transmitidos en
el próximo futuro a través del aire.

¿Cómo se refleja esto en la actualidad? Muy sencillo, ese telefonito por cable tiene menos hermanitos ahora que esos mismos aparatos pero inalámbricos, vulgo celulares (última cifra en México, 13 o 14 millones de líneas domésticas o comerciales, y 60 millones de celulares). Y esa televisioncita con su (¿¿¿cuántas veces lo mencionaré en este artículo???) antena de conejo ahora estaría predispuesta a ser usada sólo con un cable pegado a su posterior (en frente se vería muy muy pero muy feo).

Así las cosas, el cable coaxial está si no en todas partes, sí en muchas casas. Cuestiones de posicionamiento económico y mercadotécnico. La gente que quisiera calidad en televisión sólo tendía que acercarse a su concesionario de cable más cercano. Y pareciera que la televisión
gratuita que llegaba a través del éter, aparentemente gratis, se hubiera propuesto eso, que la gente corriera huyendo hacia el cable. Cuestión de ver la televisión hoy en la noche, cualquier noche.

Mientras peras o manzanas, la FCC o Comisión Federal de Comunicaciones de los Estados Unidos decidió que ya estuvo bueno. Que hay que darle a la ciudadanía sin cable, una mejor imagen. Y los avances digitales dicen ya basta, que hay muchas maneras de manejar un ancho de banda. Hay que mandar bits en vez de electrones. Seamos digitales. 20 millones de hogares en los Estados Unidos ven televisión abierta. Increíble, ¿no? Bueno, difícil de creer. 60 millones de norteamericanos miran televisión con antenita de… conejo. Ya se acabará esto. Van a entregar dos vales de cuarenta dólares cada uno, ochenta para los que no tengan calculadora, para poder comprar un aparato receptor o convertidor digital (generosidad de generosidades), muy planito y mono él, que estará arriba de sus tevés para poder recibir la señal digital que las estaciones empezarán, o empezaron, a transmitir desde ya.

Los que vieron la presentación de comparación dijeron que la transmisión con convertidor se ve como imagen de DVD. Woow. Ya era hora.

Las señales que quedarán vacías, oscuras, solas, huecas, serán utilizadas para frecuencias de radio policíacas o para celulares. Y eso esas ondas son geniales para penetrar en edificios y casas.

Los lugares de curiosidades tendrán esas antenitas junto con los ocho tracks, las consolas antiguas esas magníficas, los fonógrafos imponentes, los prácticos teléfonos de esos de ruedita
con agujeritos por donde marcabas (¡se me olvidó como se llamaban! ¡No es posible!), los audiocassettes (próximamente, ya los veremos ahí), la Beta, la VHS (próximamente ésta última, yo ya me preparé, me acabó de comprar una sorprendente videocasseterita casi de plástico por alrededor de 27 dólares y me compraré otra por si las moscas, una no es ninguna), el CB, los incontables modelos de celulares de todos tamaños que han pasado por nuestras manos, las antenas parabólicas de esas gigantes que se usaban a la vista de todos, los faxes monstruosos de los que había antes, el Telepong, el Atari, el Intellivision, los jueguitos de Mattel de deportes, los radios de bulbos, los videodiscos, las televisiones esas de pantalla que se abrían hacia arriba y ocupaban un espacio inmenso, y un gran etc., etc., etc. Y un día también le diremos adiós al Ipod, al MP3, al mismo Internet, al DVD, al mismo Yahoo, al Bluetooth, al YouTube y nos acordaremos de lo eternos que parecían y que los queríamos tanto que querríamos que nos enterraran con ellos.

Y esa es la triste historia del final de las antenas de conejo en tu casa, en mi casa, en la casa de todos los seres vivientes del universo conocido.

2 comentarios:

blogsdepachuca dijo...

buena noticia, las nuevas tecnologías hacen que algunas cosas sean anticuados, pero por algo se siguen aventando cosas y espero que sea para mejorar la calidad de vida de las personas.

Pasando a otro tema, estoy reuniendo personas que tienen un blog y que residen en Pachua.
http://blogsdepachuca.blogspot.com

mis blogs.
http://digitalpcpachuca.blogspot.com
http://broncoindomable.blogspot.com

Saludos.

Hardcore_Gamer dijo...

Pues yo aun uso antena de conejo xD