sábado, junio 09, 2007

EL ESCALOFRIANTE PROPÓSITO DEL MEXICANO: VIVIR, PERVIVIR, SOBREVIVIR Y LO DE ENMEDIO.


Este artículo-blog-post tiene como 5,120 palabras. Está largo. Espero que los divierta algo. Y que los ponga a pensar.

Con eso de que se acaba de poner de manifiesto el Plan México 2030, ha resurgido mucho los temas de la Prospectiva y el de los estudios del Futuro.

Sin entrar en detalles los estudios de Prospectiva apuntan a desarrollar los escenarios posibles y probables del estado de una entidad determinada a un plazo también determinado en el futuro. No es adivinación. Es proyección. No significa que las cosas vayan a ocurrir tal y como se describan en los estudios realizados a partir de determinadas técnicas, como la Técnica Delfos, sino que sólo señalan rumbos que, si se tuviera la actitud apropiada, la voluntad adecuada, el poder de convocatoria conveniente, el consenso correcto, los instrumentos claves y la autoridad suficiente, se empezarían a crear desde ya los mecanismos que apuntasen a esa dirección deseada, la que fuera.

Así las cosas, topé con un artículo o colaboración en un libro llamado México 2030, Nuevo Siglo, Nuevo País, editado por el Fondo de Cultura Económica y coordinado por Julio A. Millán B. y Antonio Alonso Concheiro, libro de alrededor de 1999 o 2000 con motivo de eso, del Nuevo Siglo que se estaba abriendo paso en ese instante de manera imperativa.

(Pensar que llevamos siete años del nuevo siglo, mmm, eso me da no se qué, digo, las cosas siguen igual, ¿no? O tal vez un poco peor por causa del septiembre 11, de lo que se esperaba ese 1ero de enero de ese fatídico 2001, en fin).

El punto es que está bastante interesante el libro.

Me lo prestaron en el contexto de un curso que casualmente tenía que ver con Planeación y Prospectiva en la misma semana que se anunció el mencionado plan. El hecho de que el plazo del recién lanzado Plan fuera de aquí al año 2030 y el que el libro en cuestión hiciera referencia al mismo año, deja un saborcito de que, bueno, el conocimiento andado se tiene que aprovechar.

Por motivos de que el curso es de poco tiempo y el libro es de 600 y pico de páginas me concentré en los temas que me captaban más y uno de ellos era el de Cultura, Educación, Ciencia y Tecnología.

Y, bueno, lo que viene a continuación es revelador, es lúcido, es a final de cuentas, escalofriante. Ya verán porque uso la palabra “escalofriante” en un comentario común y silvestre que tiene que ver con cultura.

Como es de esperarse el capítulo es aaaaamplio por más que uno quisiera que no lo fuera. Esto es lo típico de estos libros. Abarcan y exprimen el tema de manera impactante en cuanto a gráficas, proyecciones, tablas y mil cosas más. No digo que esté mal, por supuesto que no, sólo digo que no dejan títere sin cabeza aún y que ellos aún afirman que no se pueden extender y es a partir de ahí cuando también me lleva a la reflexión que así es esto, que si tuviéramos el tiempo, el empeño y la recompensa, sacaríamos enciclopedias de hasta el estudio de los guisantes. Y luego podríamos añadir otros kilómetros de tinta en las ediciones subsiguientes del mismo.

En otras palabras, los temas tienen posibilidades de profundización totalmente impresionantes. El caso de la Educación y la Cultura no se quedan atrás.

Y no es que vaya a transcribir aquí todo el artículo, que es más de cincuenta páginas, pero sí de lo que me llamó la atención muy en particular.

Ya un post de este blog trató acerca de porqué hay países ricos y hay países pobres. Y aún en cuanto para algunas personas eso puede parecer obvio, este artículo, (que por cierto no puse sus autores y son, veamos, Jorge Elizondo Alarcón, que era, o es, Director del Centro de Estudios Prospectivos, A. C., Fundación Javier Barros Sierra, A. C. y de Daniel Rezéndiz Núñez, que entonces, supongo, era Subsecretario de Educación Superior e Investigación Científica de la Secretaría de Educación Pública), decía, este artículo da un poco de luz a situaciones del carácter del mexicano.

Saber como es el mexicano te puede dejar descorazonado o lleno de esperanza. Ya veremos.

El artículo en cuestión empieza hablando sobre lo que son los Productos Culturales, que vendrían siendo los objetos artificiales y algunos naturales, las ideas, los objetos psíquicos y los valores. Aún y que pienso que habría muchas discusiones intelectuales en cuanto a la realidad y validez de estos conceptos vertidos, coincido que la cosa va por ahí. Son a final de cuenta las manifestaciones del hombre las que forman la cultura del mismo en toda su extensión.

Luego continua diciendo: El objeto de la educación es la cultura: la educación es siempre transmisión de cultura; es decir, su propósito es la modificación del estado cultural del educando (el sujeto de la educación).

Así llega a las tres funciones esenciales de la educación que resumidas, son (y yo me pasé 44 años de mi vida sin saberlo):

a) Socializar. Formando al individuo transmitiéndole los paradigmas de conducta y el saber para la convivencia o la moralidad. Carácter uniformador, ideas que de acuerdo el sentir colectivo no necesitan justificación. Implicación de la colectividad. Conciencia del “nosotros”.

b) Politizar. Sentido crítico en la persona, la conciencia, acerca del pasado histórico y el presente de su comunidad. Se le forma para vivir políticamente.

c) Capacitar. Se transmite el saber especializado, el filosófico, el de las ciencias formales y empíricas. Se tecnifica al individuo para que ocupe una posición productiva en la sociedad. Al individuo se le dota de habilidades para el hacer en un campo determinado.

Los tres, afirma el artículo mencionado es lo que da la idea del mundo. No poca cosa.

Las generaciones más viejas (gulp!) transmiten a las más nuevas esta idea a través de la educación. Poco a poco el hombre y mujer se individualizan.

Los autores por supuesto le dan su espacio a la familia, a los medios masivos de comunicación. Los valores de las religiones y demás protagonistas también influyen en esa formación.

Pero por supuesto que se mencionan los factores de comunicación internacionales que forman criterios a los individuos de maneras insospechadas.

Estos amigos (los autores), si hubieran podido atisbar en estos ocho años que han pasado desde que escribieron su ensayo, hasta ellos que hablaban del futuro posible se alarmarían al darse cuenta de la explosión inimaginable de los avances de Internet y de los mismos celulares, instrumentos de comunicación totales, indispensables y necesarios para la sobrevivencia social de las nuevas generaciones, que sería impensable describirlas en ediciones futuras sin agregar el sentido de esto en sus propias y ya normales-anormales cotidianeidades. Se hubieran quedado cortos.

Y no es el avance en sí el que sobresalta, eso que quede claro, sino es el uso tan generalizado del mismo el que causa la alarma, el punto de invasión de esa tecnología en la vida de los individuos, los alcances impredecibles de esa creación de redes sociales y de la sujeción a los imponderables de la misma, eso aunado a la dependencia casi patológica de tanto nuevo artilugio en las nuevas generaciones.

Ah, otra cosa, los autores no mencionan los motivos políticos o de índole práctica que se han sabido desde tiempo atrás. Por ejemplo en La Tercera Ola, Alvin Toffler dice que la educación es uniformizada, porque de esa manera te preparaba a ser masa para que trabajases haciendo las mismas cosas todos los días, y de cierta manera, se te hiciera perder tu individualidad, con ese pensamiento más enfocado al “nosotros”, muy útil en tiempos de guerra o de la sobreabundancia de trabajos iguales unos que otros, antes en las fábricas llenas de ruido, hoy en los cubículos llenos de computadoras y de formularios por capturar.

Segundo, la educación era repetitiva (¿o lo sigue siendo?) para realizar esas labores sin queja. No sé cuantos de mis lectores puedan recordar si en la escuela les pusieron a hacer planas y planas de lo mismo, llámense “plana”, por lo menos en México, al acto de llenar con palabras, o con series de números, o con oraciones (“máximas” le decían en mis tiempos) hojas y hojas de los cuadernos. Yo mismo le he preguntado a maestros a que obedecía o en que materia les dijeron que les podían “encargar” eso a los alumnos, me responden todos que no hubo nunca ninguna clase en la Normal que aconsejase tales tratamientos. ¿A quién le reclamo por los míos de mi educación primaria?

Otra, cuestión relacionada con la primera, lo de usar uniforme, hacer filas y tener una disciplina draconiana, te enseñaba a obedecer sin chistar ni rechistar.

Y el tema de la historia enseñada o más bien, implantada de manera continua, incesante y en ocasiones nada sutil, a través de los nombres de las calles, de las efigies de los próceres en las monedas, de los nombres de ciudades y estados, además de los días festivos o national holidays y con qué fines ya lo he tocado en otros blogs de esta misma colección. Espérense ahora a cuando toque el tema de Miguel Hidalgo, nuestro padre de la patria, próximamente.

Basta. Sigamos.

Aquí el artículo hace una pausa para resumir: De lo anterior se desprende que el estado cultural de un individuo es el conjunto de tres saberes (saber para la convivencia, saber político y saber especializado) que haya adquirido hasta cierto momento.

Ya va llegando al sabor exacto de las cosas.

Agregael artículo: Una persona educada es alguien que ha adquirido un conjunto de saberes o un conjunto de elementos culturales (creencias, conocimientos, habilidades, actitudes, valores), y de ella se espera que sea capaz de mejorar “por sí mismo” la calidad de vida de su vida en lo individual y lo colectivo… (Ésta frase es atribuida a Fernando Solana, La política educativa del gobierno de la República, Sepamos, 17, separata 5, México, 1979).

La cultura actual del mexicano medio… es un asunto complejo… se mencionarán, sin embargo, algunos de los rasgos con frecuencia considerados como parte del devenir de nuestra cultura:

Allá vamos. Abróchense sus cinturones, como dice Bette Davis en una de sus películas, éste será un viaje muy movido.

a) El nivel cultural que se obtiene en la educación básica no ha sido recibido por la mayoría de la población; de acuerdo con las estimaciones para 1999 del Instituto de Educación de los Adultos, el 9.6% del total de la población de 15 y más años es analfabeta, 16.3% no terminó la primaria y 26.6% no terminó la secundaria, es decir que 52.5% están rezagados educativamente.

¿Qué se puede desprender de esto? Digo, 1999 no está muy lejos atrás del 2007, las cifras pueden haber disminuido algo, pero no de manera significativa. Sólo cuestión de ver de nuestra Honorable Cámara de Diputados y averiguar cuantos de ellos terminaron la prepa o cuantos de ellos terminaron la carrera. Y no es que la educación formal, o falta de ella, los prive de algún derecho ciudadano básico, pero todos sabemos lo complicado que son algunos de los contextos de nuestras leyes, todos sabemos de lo complejo que son las decisiones. Como digo, no se les puede negar derechos de ciudadano a personas electas, pero que carambas, deberíamos poner cuidado en a quien proponemos para candidatos. El punto aquél de colocar en el mismo plano experiencia, sabiduría e inteligencia, por aquello de los que aprendieron de ver las nubes (o séase, dicho por nuestro ex presi Fox) pues no oculta que tienes que saber con cierto esmero y empeño de novato incluso de tasas de interés, de previsiones o de tendencias de precios de futuros de petróleo y entender que sólo saber de nubes no te hará resolver los problemas del país. Va eso a nivel de diputados, lo mismo gobernadores, lo mismo senadores que ciertos candidatos de presidentes de la República que no saben mucho de economía.

b) A juzgar por los resultados del Examen Nacional de Ingreso a la Educación Media Superior del CENEVAL, muchos de quienes completaron la secundaria no adquirieron la cultura prevista en los programas educativos. (Como se ve en el cuadro que está aquí al lado). Denle click, please y vuelvan.

Lo cual es abismal en cuanto a expectativas. De verdad ¿cómo podemos esperar un mejor país de la gente si ni siquiera la gente conoce al país, a su país? Digo, y los términos que vienen en el cuadro son digo, ¿de cuarto de primaria? No, no hay ningún lado cómico en esto.

Más bien hay mucho de trágico. Demasiado, realmente.

c) Las costumbres y tradiciones se están perdiendo, lo que significa un aumento de la uniformidad que traen consigo los medios masivos de comunicación.

Todo mundo sabe quien es Paulina. Todo mundo sabe quien es Thalia. Donde vayas saben que rollo hubo con Letty la Fea. Donde quiera, Mexicali, Mérida, saben de unidades básicas de información de medios tales como personajes de televisión nacional, conductores de programas recién removidos, programas de chismes. Muchos me resisto a mencionar aquí, si los llegase a mencionar sólo me servirían para que llegasen cibernavegantes errados a este blog y no quisiera ofenderlos.

Muchas de las costumbres en cualquier sociedad con el tiempo se pierden y otras no. Pareciera que un sector de la sociedad es el que elige sin saberlo cuales se van quedando y por contraste las que no son atractivas van desapareciendo. Las lenguas se van perdiendo también. Bendición o maldición. Perdida de la diversidad. La uniformidad no es nada recomendable. Es aburrida. Pero sólo paséense por alguna tiendita de cualquier parte de la república y verán lo que vende. Lo mismo. Lo mismo. Lo mismo. Son tendencias inevitables. Los mayores no saben (no sabemos) incentivar a los hijos. Prefieren comprar alguna camiseta hecha en Taiwán que trae un emblema familiar o popular que vestir algo tradicional. Pasa en Michoacán. Pasa en Manaos. Pasa en Nairobi. Pasa en Mumbai. Pasa en todo el mundo. Lo conocido es lo digerido es lo aceptado más fácilmente. También eso es una tragedia.

d) El mexicano es cortés, es suave en el trato con los otros. Prefiere que lo lean entre líneas que ser directo, sobre todo cuando se supone que el mensaje va a ser desagradable para quien lo recibe; el aspecto negativo de esta forma de ser es que con ella se elude la confrontación con la verdad llana.

Me suena a que hablamos de árabes o de chinos y no estoy ni generalizando o siendo racista, en la literatura se les muestra así. Le llaman astucia conveniente. Por otra parte es como si el mexicano pensara mucho en el sentimiento de la otra persona, “no se vaya a enojar o molestar”. ¿Qué lo impide? Pareciera también, esto sí es mío, que es como si habláramos con personas que tienen más poder que nosotros y que se molestarán si les tocamos fibras sensibles. Por decir, hace días estuve en un curso. Mencioné que hace mucha falta de autocrítica. Pero pareciera que hacerla o expresarla significa que estás cuestionando seriamente a la autoridad de alguien. En este país, cómo me encantaría que la misma gente pudiera decir, “es que el señor gobernador está mal permitiendo esto o lo otro por esto y esto, el señor presidente municipal cometió un error en este punto, el presidente de la compañía está incorrecto aquí y allá”. No, no que lo digan con sus amigos en petit comite. Que lo digan abiertamente. En una declaración. En una reunión de trabajo.

En México hablar así es como firmar tu sentencia de despido. De ingrato no te bajan. Ya veríamos si te incluyeran en el siguiente equipo de trabajo. Ya veríamos si no afectase al pan de sus hijos. Bueno, seré idealista, acabó de recordar la anécdota atribuida a Samuel Goldwyn, aquél magnate de cine que decía: “como me gustaría tener de empleado al hombre que me dijera que estoy equivocado y no temiera que fuera despedido en el acto”. Algo así.

O que tal si dijéramos: “señor Director, creo que el camino que estamos siguiendo está equivocado aquí, aquí y aquí. Mejor enderezar el rumbo, si no…”. Y que el señor Director dijera: “tiene usted razón, me equivoqué aquí y aquí, ahora sigamos por…”. Bueno, ya seré director a ver si me gustase que me dijeran así para ver si tendré esa ecuanimidad… Digo, todo puede pasar, ¿no? Idiosincrasia, pues. O madurez.

Uno de mis mejores momentos como comunicador fue cuando estuve en radio universitaria. Estuve seis años ahí. Me indicaron: “que bueno que estás en radio, pero recuerda, no vayas hablar mal de la universidad”. En ese momento me dijeron que no había problema. Digo, no estaba yo de ninguna manera inmerso en la vida cotidiana universitaria. Pero finalmente es una coerción. Si esa política no se desvanece un día (eso no se quita de la noche a la mañana) las cosas seguirán igual y seguiremos sin querer dar las malas noticias o decir las verdades acerca de algo. Temeremos siempre a la reacción del otro más si es mayor en autoridad que nosotros. Ellos o ellas pensarán que ya llegará el momento de cuestionamiento hacia el cuestionador.

También lo de “leer entre líneas” se aplica mucho a la corrupción. Al “usted me entiende”. “Usted dirá como le hacemos”. Y el problema es ese, que sí entendemos. Y muy claramente. En todo existe esto. En lo público y en lo privado.

Y también se dice mucho en muchos ambientes, el mexicano es una persona que le tiene mucho a la verdad. Por eso nos caen mal las evaluaciones. Y más si trascienden a la prensa o a los medios.

...Al mexicano no le gusta enfrentar la crítica abierta; prefiere los términos medios y tiende a hacer juicios negativos de lo racionalmente radical. Como consecuencia, cuando decidimos encarar problemas colectivos, tenemos una tendencia generalizada a abordarlos sin profundizar en su análisis, como si prefiriéramos eludir tanto sus causas profundas como su solución cabal...

¿Será por eso lo de las marchas y las protestas que se acepta manifestarse sin exactamente enterarse del porqué de la manifestación? ¿Será el mexicano tan dependiente que prefiere adecuarse al criterio de alguien que sí entiende, como puede ser su líder? ¿Será que es una manera también de aplicar la Ley del Menor Esfuerzo? Es más fácil repelar (reclamar) que resolver. Es más fácil destruir un aparador o hacer una pinta sobre una pared que protestar de manera inteligente. Por eso sus reuniones deben ser interminables, por eso deben ser aburridísimas, por eso muchas de ese tipo de circunstancias no se dejan nunca entender. Ah, pero que capacidad de organización tan admirable. La coordinación entre cuatro o cinco marchas para estrangular al mismo tiempo una ciudad del tamaño de la de la Ciudad de México es admirable. Si así fueran para otras cosas…

Por eso lo de las pensiones y las protestas. Las pensiones son insostenibles. Las reformas a las pensiones del ISSSTE de hecho sólo afectan a los nuevos. Pero ahí están los maestros marchando, sin querer reparar en que a ellos no les afectará nada. Los malos llamados “maestros”. No querrán entender jamás. Por ahí también está lo de la “soberanía” del petróleo y la monserga de “el petróleo es nuestro”. No se comprende que no se quiera ser como todo el mundo (en cuanto a políticas energéticas por ejemplo) para que los beneficios del petróleo te lleguen más a ti y a tu familia en forma de obras públicas realizadas con los impuestos obtenibles del energético. Como todos los países con cerebro lo hacen. (El caso es que a veces es necesario pensar en matar a la vaquita para ahora sí, sin petróleo, pongámonos a trabajar como si este nunca hubiera existido, estaríamos mejor, para terminar el ex abrupto, no hay país con una empresa paraestatal petrolera que sea rico y que su población sea prospera, ninguno).

...Esta peculiaridad de nuestra manera de ser hace que cada uno de tales problemas insuficientemente solventados se vuelva recurrente. Nuestras leyes están llenas de este tipo de soluciones a medias. No se trata del resultado de una transacción basada en el reconocimiento de preferencias políticas racionalmente diferentes, sino de una elusión colectiva a encarar la naturaleza profunda de las cosas...

Uff, soluciones a medias, ¿dónde habré escuchado esto antes? ¿Es que en México nada se termina de resolver? Mucho es dejar para después. Es lo más sencillo del mundo. Alguien se encargará de resolverlo. O el mismo tiempo se encargará, sea eso lo que se quiera decir. Todo tiene que ver.

(Por otro lado no vengo al caso pero me es claro que este lenguaje del artículo no es para todo el mundo. Es como si hubiera dos razas de personas: Los observados, que es casi todo el país, y que es el objeto de atención por varios agraciados, o sea, los observadores, queriendo decir, los que hacen sus observaciones sobre sus objetos de atención, o séase nosotros mismos, ¡pero qué lenguaje! Jamás había leído la palabra “elusión”, y acabo de ver que significa “confrontación”, pero eso es harina de otro costal).

En conclusión por eso las polarizaciones. Por eso el .57% de voto a favor de Calderón. Por eso deberemos de tener cuidado. Hay que crear mecanismos que den seguridad al voto, o crear segunda vuelta, o, o, o, o, o, o… ¿crear más sensación de confianza?

Mientras, todo será una solución a medias. Aeropuerto sí, aeropuerto no. Reforma fiscal sí, reforma fiscal no. Reforma Energética sí, Reforma Energética no. Ley Televisa sí, Ley Televisa no. (Estados Unidos no se queda atrás, sólo de ver la estupidez de los senadores anti inmigrantes que se niegan a aceptar la realidad al negarse antier a darle seguimiento a la tan necesitada Ley de Inmigración, ya les pesará, ya les pesará).

e) Es característico de la mayor parte de la población el sentimiento de la lejanía de poder…

Por eso está la cuestión del estado paternalista, del clientelismo, de que en circunstancias que se pide al ciudadano que participe en por decir, comités de planeación municipales, sólo los utilice en esos momentos para hacer peticiones. Resultado de años de complicidades silenciosas, muchas veces de facto. O situaciones sin remedio aparente.

Tal vez el mexicano piense que por eso votó. Que se le incitó a pensar que esa es la razón de que se le pidió el voto. Para conseguir cosas cuando llegase el momento. Llega el candidato o llega el presidente municipal o el gobernador o el mismo presidente de la república, y en el caso de lo privado llega el presidente de la compañía trasnacional y se le ve con respeto. Tal vez no sea devoción, pero se piensa que esas personas tienen el poder de resolver todos los problemas. Algo intuitivo se los dice al ver todas las ceremonias y protocolos que se desarrollan a su alrededor. El besamanos. Las ceremonias. Los formalismos.

El poder está allá. Ellos están sentados allá en la sombra y nosotros estamos parados acá en el sol. Ellos tienen meseros y nosotros hacemos fila para que nos sirvan una torta. El poder está en los vehículos lujosos, aviones, helicópteros, y el nuestro, a pie o en colectivo.

Ah, y jamás accederemos a ellos, sólo los afortunados que empiezan pronto en su juventud y le “entienden” a eso lo lograrán, además de necesitar tener la suficiente ambición, carácter y aguante, con eso y con la debida concurrencia de suerte, de habilidad, de sentido de la oportunidad y de coyuntura llegarán más allá.

…Según este rasgo, el individuo no tiene capacidad de influir en quien ejerce el poder en el Estado, en la empresa o en la institución educativa... (o en la institución política, pues).

No basta con decirle al mexicano que un voto es un voto y que eso es muy importante. Jamás se siente parte completa de una colectividad. No alcanza a comprender de todo el sentido. Piensan que perder por un voto es inimaginable. Eso es muy duro de digerir. Automáticamente pierden voluntad de hacer las cosas así. Por eso pierden la fe poniendo todas las instituciones en duda y es cuando llega otro caudillo que les venda el mundo y le aceptan la promesa (eso sí, somos muy crédulos por second and third and nth time around).

…De ahí que el mexicano sea explosivo; su respuesta al abuso del poder es la violencia, pues no confía en los medios racionales...

No hay mucho que agregar ahí. Mucho ya está dicho. Aparece en los diarios todos los días. Y en las calles. Y este inciso tiene su fuente en Hofstede Geert, Culture’s Consequences, Sage, Beverly Hills, 1984.

f) La preferencia por los términos medios y el sentimiento de lejanía del poder se combinan en una actitud hacia la permisividad de la verdad a medias, la solución ad hoc, la simulación, la ilegalidad, la discrecionalidad ante la norma.

Todos aprenden y todos hacen lo mismo, el que no lo haga es castigado o aislado. El que diga en el salón de clases que alguien cometió una fechoría será etiquetado para siempre por más ilegal que hay sido el hecho. Tlahuac y sus linchados descansó en la discrecionalidad de la multitud. Fuenteovejuna vive.

Insisto, alguien ya dijo: “México es un país que le tiene miedo a la verdad”. Y que odia las evaluaciones. Y que niega las comparaciones con otros países similares por decir de telecomunicaciones caras. O la de autopistas de cuota onerosas. O de combustibles por sobre la media para un país productor de petróleo. Y de electricidad y de gas y de tiempo de abrir un negocio y de personal de empresas petroleras y de y de y de…

h) Los empresarios y supervisores de las empresas productivas, nacionales y extranjeras, reconocen las habilidades y el ingenio del trabajador mexicano en las tareas que realiza. Pero no es difícil observar en todos los niveles ocupacionales la falta de disciplina, apego y rigor en el trabajo.

Se han escrito leyendas del ingenio mexicano. Pero por causas oscuras y otras no tanto mucho se habla también de lo otro. De las incapacidades del mismo por ir más allá de lo superficial, de lo trivial, de lo frívolo y vano.

La disciplina, apego y rigor existen muchísimo en México, pero no asociados al trabajo. Las demás características que se pueden asociar a esto, el ahorro, la frugalidad, el esfuerzo para lograr algo más allá van de acuerdo al concepto del futuro, como bien sigue en el artículo.

i) Los individuos y organizaciones otorgan poco o nulo valor al futuro…

¡Sopas!

Bueno, no es el hilo negro. O la receta para hervir el agua. Hemos de haber conocido circunstancias así. Se le dice como consejo al recién egresado “ahorra un 10% de tu salario aunque ganes poco”. No, Al contrario, se lo gastará todo. Se le dice que si le dan un aumento, pase un buen tiempo sin habérselo trasladado a su consumo. Pero tampoco. Si la gente gana X, la X que sea, deseará ganar dos X en todos los niveles sea X la cantidad que sea. Si a la gente se le da un aumento que tanto quería, su satisfacción durará sólo tres meses. Luego se sentirá igual de desgraciado que antes. Así es la gente. No tiene disciplina.

El futuro da miedo. La incertidumbre. Hay angustia por lo desconocido que hay más allá de la esquina o del primero del mes que viene. Tal vez por eso la gente agrega en su diario hablar la frase de “si Dios quiere” despojándose de la libre voluntad o aceptando incluso que él o ella no tienen poder para evitar las desgracias evitables.

De pronto sí se piensa en el futuro, pero se hace de manera errática o inconclusa. Por ejemplo el caso de las tarjetas de crédito en este país es impresionante. A la gente le es dada una tarjeta de crédito de manera irresponsable por los bancos y estas personas recién tarjetahabientes creen que esa tarjeta es para gastar. (O sea, para gastar ahora, hoy, ¿para qué esperar a ganar o ahorrar ese dinero necesario para el artículo? Ese gratificante lo quiero hoy, lo necesito hoy, ¡lo deseo tener ya!)

La gente muchas ocasiones piensa en la tarjeta, que implica en sí un uso ahora y un pago futuro, que es como un sobresueldo. Ahora el resultado está ahí. El índice de cuentas sin pagar entre tarjeta habientes está subiendo tremendamente.

…De ahí el poco aprecio al ahorro, el mantenimiento de las instalaciones, la conservación ecológica y los proyectos de largo plazo, por ejemplo…

Van a Teotihuacan en sus ceremonias de solsticio y maltratan de paso algo que aman. Lo mismo el Tajín. Se asustan con la contaminación y tiran el cigarro en el piso. No hay duda en esto, ¿verdad? Cuestión de ver una calle después de un desfile, el que sea. Y sí, eso puede ser en todas las grandes urbes, pero sin embargo…

...Tampoco hay suficiente respeto por el pasado más allá de los aspectos del folclore, posiblemente porque la historia se enseña mal, como se mostró en el cuadro de arriba, o porque se enfatizan más las derrotas militares (las invasiones) que los logros culturales. El sentido del tiempo del mexicano se estrecha hacia atrás y hacia delante, reduciendo su memoria y sus aspiraciones.

¿Qué más se puede agregar a esto? ¿Será la historia o la falta de entendimiento hacia ella la causante de muchos de nuestros problemas? ¿Será esa falta de querer ver que vamos hacia el futuro y por más pasado glorioso de los aztecas y mayas no queremos pensar que las cosas hoy ya son diferentes? ¿Es impactante saber que la Gran Tenochtitlan fue tan grandiosa que la añoramos? ¿Deseamos olvidar y odiar tanto a Cortés? ¿Tanto le tenemos miedo? ¿A los Estados Unidos? ¿Preferir Cuba a Inglaterra o España?

¿O el problema cultural que nace en algún lado de nuestra geografía, de nuestra esencia (sólo ver a los mexicanos que “la han hecho” en Estados Unidos o Europa como y que tan enfocados trabajan), es el causante de nuestros problemas actuales aparentemente sin solución a la vista?

Problemas hay muchos. Gente que defina los problemas también. Gente que desea soluciones, ufff, podemos llenar cerros, montañas, llenar abismos con ella.

Pero, ¿dónde están las soluciones?

Es un artículo bueno. Son revelaciones que de tanto que las vemos todos los días ya nos parecen lugares comunes. Cambiar la mentalidad, ¿cómo? ¿Qué la gente reaccione? ¿Cómo? ¿Actuar? ¿Cómo? Ya hablé lo de la lectura del mexicano en otro artículo, en el de los Disparates Conectados.

Y no basta decir “¡qué mal están las cosas!”. Hay que hacer más que eso. ¿Cómo qué? ¿Cómo cambiar? ¿Cómo empezar?

No lo sé. No lo sé. No lo sé.




¿Alguna idea?

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