miércoles, junio 20, 2007

WALT DISNEY: INSPIRACIÓN, INDUSTRIA, IMPERIO Y UNA SINCERA APORTACION, DESINTERESADA COMO SIEMPRE, DE CÓMO CREAR MEGATONELADAS DE PROTO-INGENIEROS

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Prometo que este blog no será tan caótico como aparenta.

Antes de que yo naciera, Disney ya contaba conmigo.


Yo era, fui, soy, seré, uno de los miles de sus clientes en el pasado, presente, futuro. Es que eso dicen, que cada hora nacen 10,000 clientes de Disney. Y no es para menos. Cada persona que compre o use o vea o disfrute una sabanita, sonajera, pañalera, pijama, librito, cuentito, video, canal de cable, película, hasta llegar al parque de atracciones, cuenta.

Si trae una imagen de Mickey, de Donald, etc., pues ya saben a quien beneficiamos.

Y no es esta una diatriba contra el imperio comercial de alguien. Digo, ya quisiéramos una diezmilésima parte de esos megaingresos anuales. Y de eso vivimos, ¿no? De venderle algo a la gente a cambio de algo. Un servicio, un producto, un precio, una cuota. Todo dando vueltas alrededor de un bienestar mayor o menor para alguien más, para alguien menos.

¿Qué nos da Disney? Ilusiones, sueños, alegría, risa, diversión, emociones, niñez, confort. Una camiseta sola no es peor que una camiseta estampada con Mickey, pero ¿cuál querríamos usar? Queremos el adorno. Queremos ese adorno.

Cuando mi hija estaba chica me decía cuando salía a algún lado: “tráeme algo de alguien famoso”. Todo estaba dicho. Algo de alguien famoso. La consumidora por excelencia desde pequeña.

¿Algo? Lo que sea. ¿De alguien famoso? Eso no es tan difícil. Debería ser famoso para ella. Su concepto de fama no difiere mucho del nuestro, del tuyo, del mío. Y entonces no tenía más de cinco años.

Y famoso era para ella lo que ella identificaba en la teve o el cine. Su primera película fue la de Aladdin (Me la acaban de corregir, pensaba que era El Rey León). Fueron sus primeras palomitas. Fue también su primera vez que estuvo a punto de ahogarse con una palomita de maíz (o pop corn para nuestros hermanos latinos).

Pero el punto a tratar hoy es Disney, Walt Disney. Muchos años hemos estado relacionados con él de muchas maneras. Por ejemplo cuando ansiamos muchas veces ir a Disneylandia o a Disneyworld a través de los malditos comerciales que nos inundan hoy mismo nuestro sagrado cable. Cuando veíamos en televisión Disneylandia, con Campanita, toda minideliciosa ella, tomando su varita y haciendo estallar por sobre el castillo de la Cenicienta, “el Mágico Mundo del Color” y mi méndiga tele que por alguna extraña razón se negaba y sólo demostraba todas esas maravillas en patéticos blanco y negro. ¡Ah, el color…!

Luego supimos de Walt y su supuesto intento de haber mandado congelar su cabeza, ¿y su cuerpo? en algún lugar secreto para que algún día lo descongelen, lo curen y lo vuelvan a la vida. Esto sonó a mentira absoluta sólo apta para crédulos, pero adorábamos ser crédulos en una época. Yo al menos lo era. No lo sabía, pero lo era.

Pero ahora acaba de salir unas biografías por ahí de Disney, que por supuesto no leeré, pero de las que me enteré de ciertas cosillas a través de un artículo escrito por Mark Greif del London Review of Books.

Por ejemplo que Disney ya no dibujó nada a partir de 1930. Entonces lo que hacía con sus animadores era actuar lo que buscaba. Así es, actuar. ¿Quería un búho? Entraba en trance y lo actuaba. ¿Un perro? Le hacía como perro, ¡guau! ¿Mickey? Hasta hizo la voz de Mickey en las caricaturas hasta 1946.

Ya es muy conocida la anécdota cuando en 1934 citó a sus cincuenta animadores a un estudio. Él y sólo él en un el escenario con su spotlight. Ahí les anunció que iba a hacer un largometraje, e inmediatamente les contó la historia de Blanca Nieves, no diciéndola, sino actuándola, asumiendo cada uno de los manierismos, los detalles de personalidad de cada uno de los caracteres, cambiando la voz para dar énfasis en cada uno de los puntos a resaltar. Él se volvió la bruja, Blanca Nieves misma, cada uno de los siete enanos. Tres horas duró su actuación. Y según uno de los animadores, esa sola actuación les duró los tres años. Si alguien se atoraba, sólo había de acordarse como la actuó Walt.

Esa era la característica de Disney, armar un equipo ultracompetente, luego orquestarlos y luego que todos toquen en la sincronía perfecta. De hecho Peter Drucker, mi admirado genio de la administración, eso es lo que dice, un líder o ya no digamos líder, un excelente gerente, debe de ser algo así, un conductor de orquesta en la que aunque no sepas tocar el fagot o los címbalos o el primer violín, debes de organizarlos a todos y a todo para que toquen perfectamente en armonía. Disney eso hizo. Él ya no dibujaba pero sabía inspirar a su sí muy dotado equipo.

Bueno, eso sí es un líder, pero ¿artista? Eso es la que las biografías tratan de dilucidar.

Se dice que hay muchas fotografías de él dibujando a Mickey Mouse ya muy tarde en su vida, él murió en 1966, para propósitos de publicidad, pero él jamás lo hizo desde que lo diseñó, en 1929.

Ese uno de los problemas, la naturaleza del artista en Disney. Visionario, futurista, administrador, comunicador, planeador, todo lo anterior probablemente.

En 1931 tuvo un ataque de nervios que lo postró, según esto. Y a partir de ahí tuvo que contar con sus dotes de inspirador para seguir adelante. ¡Y vaya que lo consiguió!
Debido a circunstancias familiares Disney estaba del lado del trabajador. Su padre había sido ferrocarrilero y llevó a su familia a vivir a Colorado, Kansas y Florida. Walt vendía periódicos. De alguna manera se quiso zafar de todo eso y se alistó de voluntario en la Primera Guerra Mundial (que me consta, nadie supo entonces que esa guerra se llamaría así hasta veinticinco años después, cuando llegó la Segunda). De alguna manera se aficionó a lo bonito que era Europa, tan diferente de los Estados Unidos y se cuenta que sus ilustraciones de entonces serían usadas en partes de Fantasía y de Cenicienta.

Ya en 1920, habiendo vuelto sano y salvo empezó a trabajar en la nueva tecnología de la animación muda gracias a un libro de la biblioteca llamado Animated Cartoons: How they are made, their Origin and Development, de Edwin G. Lutz., además de un libro sobre estudios de movimiento de Edward Muybridge y una cámara cinematográfica que él pidió prestada del trabajo y la montó en el garage de su padre. De ahí se fue a Hollywood.

O sea, y aquí hago uno de mis celebrados paréntesis o ex abruptos, y es que a veces uno se debe de hacer la pregunta respecto a ¿cuál es la clave?

Pero no basta con saber cuál es la clave.

Si supiéramos cual es la clave, ¿sabríamos dónde buscarla?

De saber cuál es y dónde está, ¿pagaríamos el precio?

Y si lo pagáramos, ¿la sabríamos usar?

Y si la supiéramos usar, ¿nos dejarían?

Y si nos dejaran, ¿bastaría?

Y si bastase, ¿sería a tiempo?

¡Qué barbaridad! Suena a nudo ideológico de novela tipo Ayn Rand, The Fountainhead o (El Manantial), o Atlas Shrugged (La Rebelión de Atlas). Mínimo.

¿Dónde estás Ayn Rand, ahora que te necesitamos tanto?

Analicemos el punto por un minuto: Dos libros y una cámara prestada. Eran los años 20’s. No hay manera de saber si lo que se leía era complicado o sencillo, pero he aquí algo para empezar. Dos libros disponibles en una biblioteca pública y una cámara. Libros de los años veinte, digo, algo de distancia con lo que puede haber dentro de los libros de los años, años, ¿cómo se llama ésta década? ¿Los ceros? bueno, del año 2007. (Incluyendo el tema de que todo ya está inventado, lo cual se viene diciendo desde 1899, fruslerías que sólo sirven para querer poner obstáculos a los verdaderos intrépidos) Si los reúne alguien ahora, algún equivalente actual… ¿creará un equivalente de Disneylandia en treinta años más? ¿O sólo hará uno más de los cientos de miles de videos de YouTube? (Recordar que YouTube no existía hace tres años, ¿okey?)

Está de pensarse.

A veces uno también se pregunta, ¿qué se necesita para crear inspiración o motivación en la gente?

Ayer estaba rumiando a raíz de leer y escuchar a Juan Enriquez en una entrevista primero con Aristegui la noche anterior y luego con Carlos Loret al día siguiente, acerca de la impresionante-urgente y al mismo tiempo trágica necesidad de requerir más ingenieros en nuestro país para que procuren la innovación y que como quiera tenemos muchos ingenieros que no buscan innovar…

(Nota de pie de página en el ciberespacio dónde no hay páginas físicamente: ¿Yo? Sí, soy ingeniero, pero bueno, lean mis novelas y luego me cuestionan, el que no me hagan caso es oooootra cosa, defensa no pedida, culpabilidad aceptada... )

…y nos puedan ayudar a salir del atolladero en el que estamos y estaremos más en el futuro, también acerca de la labor titánica necesaria para hacerles atractiva las matemáticas a los niñas y niños, y entonces se me ocurrió: más que regalarles a cada niño del Tercer Mundo (por inclusión, a México), una computadora de las verdecitas cool que está desarrollando Nicholas Negroponte del Instituto de Multimedia del MIT, ¿no sería mejor regalarles un Meccano a cada niño y niña mexicana de diez años?

O sea, además de sus libros de texto, ¿se imaginan regalarles a cada niño o niña, un Meccano o algo similar que resalte sus habilidades mecánicas, su ingenio constructivista? ¿Eso en lugar de una Enciclomedia? ¿O eso junto con la Enciclomedia? Al que no le guste armar, pues que se lo done a sus compañeros o compañeras. Meccanos y más Meccanos, modelos más y más complejos.

Recordemos que los Meccano existían antes que las computadoras.

Se dice mucho que muchos chavitos, y no quiero ser sexista aquí (no lo he sido antes y probablemente no creo serlo después) pero no recuerdo de chavitas a las que se les haya regalado un Meccano y hayan querido ser después ser ingenieros, pero uno nunca sabe…

(Conozco a una ingeniera de sistemas que es capaz de ganarle a muchos del sexo contrario en capacidad y tenacidad hasta en aparición de reportajes de revistas especializadas y no, no es, ni tengo el gusto de conocer a, Xóchitl Gálvez, aunque ella también es ingeniero de sistemas y es muy capaz y muy tenaz)

…les decía que se dice que muchos chavitos desearon ser ingenieros, y se enfocaron y lo lograron ser, cuando descubrieron que les gustaba armar cosas con las manos de pequeños, cuando crearon ruedas de la fortuna, grúas, elevadores, carruseles y sobre todo cuando se dieron cuenta que de ellos salieron todo tipo de cosas ingeniosas gracias a instrumentos como tuercas, tornillos, láminas, vigas, con sólo desarmadores, llaves, curiosidad e ingenio.

El interés nace de lo más impredecible. De dos libros ¡de una biblioteca pública! (ni siquiera los compraron) y una cámara. De un Meccano. (No habrá cámaras ahora, ¿verdad? Ni en celulares, ni las de video, mmm. Un poco de ironía fina siempre ayuda.)

Las vocaciones salen de ese tipo de cosas impredecibles.

Nota: Ya los vi, el modelo 30 costará como 300 pesos al mayoreo (supongo). Si calculamos grosso modo la cantidad de niños en edad de jugar, de 8 o 9 o 10 años, podríamos calcular en doce millones de niños (o 600,000 aulas) de esa población escolar, o sea que sería muchísima lana, 4,000 millones de pesos. Acomodemos cifras: si pudiéramos conseguir cinco equipos por salón de clase y si fueran veinte o veinticinco niños por salón, entonces sólo sería 1,000 millones de pesos. Digo, ¿ya han visto el tamaño de esos presupuestos?


¡Se trata de salvar al país! Sólo viendo al futuro se salvará, no revisando el pasado y queriendo sacar culpables de donde sea.

No es que desee seguir el antiguo modelo soviético de estar escrutando las filas de los niños pequeños en busca de dotes especiales para hacerlos directamente arquitectos, gimnastas o ingenieros, aunque no quisieran, desde chiquitos, pero ya lo dije, el país necesita ingenieros, científicos, matemáticos. Y que les guste serlo. Estos chicos y chicas debidamente inspirados y motivados nos darán muchas soluciones a problemas que estoy seguro saldrán en el futuro y que ni se nos han ocurrido que sucederán.

Es necesario hacer atractivas las matemáticas y las ingenierías, ya lo dijo el mencionado Juan Enriquez, célebre científico mexicano que vive en Boston haciendo labores de genética, que asesora a 17 países en cuestiones de ciencia, excepto al nuestro. Bonita cosa.

(¡Ah! Hoy ando desordenado. Me gusta mucho la serie de Heroes, la cual ya pasan en televisión nacional, resulta que el mejor personaje para muchos es el que hace un japonés, Masi Oka, quien es Hiro. Bueno, resulta que este chavito, hoy de treinta años, con cara de simpático y con la circunstancia de andarse metiendo en problemas de diversa índole en base a su ingenuidad y a su poder de doblar el tiempo, en la vida real es especialista de efectos especiales en la célebre Industrial Light and Magic, y ha hecho cientos de efectos especiales de películas conocidas. Pero lo que quiero resaltar de él es que apareció en una portada de la revista Time de hace 20 años, como parte entonces de un grupito de jovencitos asiático-americanos que empezaban a llamar la atención desde el punto de vista académico. Este dato me lo dio mi querida hija. Y por supuesto, en todo este asunto de matemáticos jóvenes, no hay que olvidar a la memorable Danica Mackillar, Winnie Cooper de Los Años Maravillosos, matemática excelsa, tan joven y bella ella, de la cual ya escribí un blog hará menos de un año, sólo búsquenla por ahí en los archivos de este su blog.)


Ah, y para cerrar el punto de la inspiración. En 1982, el equipo de diseñadores de la Macintosh original, la célebre computadora personal que también revolucionó al mundo, le fue puesto en ese tiempo, según Guy Kawasaki, quien estuvo cerca de ese proceso, en sus oficinas de Apple, una motocicleta BMW, preciosa, estilizada, potente, poderosa.

¿Por qué hacerlo? No, no como premio en sí, esa motocicleta BMW sería vista, observada, solemnizada diría yo, como fuente, origen, objeto y centro de inspiración, obra producto también de un equipo, llena de una belleza estética plena definida, de alguna manera poseída de una eficiencia ingenieril mensurable a toda prueba.

Mirarla, tocarla, palparla y luego de imaginar como llegaron a esa combinación, cualquiera y hago énfasis en cualquiera, podría armarse de esa creatividad, que está al alcance no exclusivamente de iniciados, sino de los mismos no iniciados, como tú y como yo. Como tus hijos o los míos. Los que tengas o tendrás.

En fin. Hagamos una pausa de reflexión.

Sigamos pues con Disney. Recordemos: dos libros de biblioteca pública y una cámara. Y mucha imaginación, habrá que agregarle. Y fé. Nunca olvidar la fé.

Después de la aparición de la primera película hablada, El Cantante de Jazz en 1927 Disney saltó a la idea de sincronizar una pista de sonido completa precisamente a una animación.

(¡Hijole!, apenas voy en 1927, con razón se quejan de que estos blogs-artículos son larguísimos, ni quien los lea… ¡ni los amigos, caramba!)

Disney propuso el sonido sincronizado en un corto divertido en el que Mickey maneja un bote de vapor. Steamboat Willie fue todo un triunfo. Pero Disney ya no lo animó, fue Ub Iwerks, mejor dibujante que Disney, pero por alguna razón no leemos Historietas de Ub Iwerks y novemos por ningún lado ninguna Iwerkslandia o Iwerksworld, o EuroIwerks o Iwerks Tokio a las que todo mundo quisiera ir.

Disney explicó como lo quería, él contrató a una orquesta para hacer la música. Él puso la voz de Mickey porque sabía qué quería hacer. Él también trabajó para lograr una profundidad de foco usando una cámara multiplano a través de placas de vidrio para dar tridimensionalidad y mejor amplitud de campo.

Ex abrupto dos:

Para esto casualmente hoy vi un Biography de Betty Boop, producida por Max Fleischer, deliciosa caricatura, llena de alegría, sensualidad, música, digna también de los años 20’s, que tuvo muchísimo éxito y que posteriormente también hizo una versión de Blanca Nieves en la que Betty la protagonizaba. Esta versión de la que vi hoy sólo unas pocas escenas tenía sus genialidades, tales como la de incluir a el payaso Koko con los movimientos marca registrada y voz de Cab Calloway, célebre conductor de orquesta de por entonces, cantando Minnie the Moocher, fantástica pieza que hoy mismo sigue vigente (Calloway apareció cantando esa pieza, por si quieren saber, en la película de The Blues Brothers, de 1980, con John Belushi y Dan Ackroyd, en la escena casi final, en el espectáculo que ellos, los Blues, arman para conseguir los 5,000 dlls para cubrir los impuestos del orfanato que…)

Los Fleischer usaron también técnicas de combinar seres reales con animados y también utilizaron modelos en miniatura movidos al fotografiar cuadro con cuadro, como lo habían hecho con Popeye.

Después de hacer a Betty, hicieron un largometraje que no recuerdo el nombre, ya que Blanca Nieves de Disney casi los sacó de mercado, lo último que vi de ellos fue unos cortos de Superman, hechos en los cuarentas que son ultrarecomendadísimos para los aficionados a la animación en general.

Ah, (nunca pensé que este tema saldría para tanto), cuando estaba pequeño, en 1971 y 1972, viendo el canal 12 de Monterrey, estando de vacaciones de verano puesto que yo vivía en Tampico, me tocó la fortuna de admirar las caricaturas de Koko el Payaso, Desde el tintero, en la que se veía a Koko salir del tintero del dibujante y vivir mil aventuras y hasta interactuaba con el dibujante, un acto admirable de metadibujos metaanimados sin paralelo hasta que el Pato Lucas interactuó con un dibujante en una caricatura en 1950 y tantos. La última vez que salieron en cine Betty y Koko en un dibujo animado fue con Roger Rabbit en 1988, creo.

Fin de Ex abrupto.

En otras palabras Disney estaba por entonces sin competencia prácticamente. Y aquí es donde empezó la dicotomía del artista y del industrial. Los dibujos animados ya eran prácticamente una industria. Y él estaba al frente. Batallando con presupuestos, exigiéndole a su gente de manera tremendísima. Y no era por el dinero, según cuentan, era más bien la ambición técnica. Ver hasta dónde se podía llegar.

Según el artículo que leí acerca de las biografías, de Mark Greif, dice: la manera de trabajar de Disney se parece a los inventores-artistas de la costa oeste de Estados Unidos, California, Seattle, los tecnologistas de la computadora, que empezaron a escribir código en sótanos y garajes, y desde ahí fundaron las que serían gigantescas compañías masivas de software, con sus nombres unidos a sistemas operativos cuyos tuercas y tornillos gradualmente dejaron de saber como eran y ya no pudieron arreglar o cambiar, aunque la dirección y los logros de esos sistemas serían inconcebibles sin ellos. La comparación apta sería probablemente con ese otro Napoleón del siglo XX, que tenía el ordinariamente engañoso nombre de Bill Gates…

Y agrega el artículo: …Pero Bill Gates jamás tuvo que actuar Windows frente a su gente.

¿Qué hizo Walt Disney?

Bueno, nombró a cada uno de los enanos. Sugirió como hacer la muerte de la mamá de Bambi, fuera de cámara. Eligió la música de Fantasía, (con asistentes). Excavó algo de Disneylandia (algunas paladas). Creyó más que nadie en el parque. Cambió de lugar un árbol, los detalles de las fachadas. Se paseó por las atracciones para medir su duración (no se sabe si supo cuanto tiempo tomarían las eternas filas para esas atracciones).

Aquí Greif habla de lo que siempre nos sucede acerca de todo tipo de temas. O estás a favor y amas y adoras todo ello. O en contra y eres irónico y sarcástico. O eres indiferente. Depende a quién le creas. Depende a qué creas.

Por ejemplo, ¿qué se hace con el dato acerca de que la famosa firma de Walt Disney, esa que es tan amable y agradable, tan familiar, tan cálida, tan de tiempo atrás que te suena nostálgica, tan como de tu tío al que extrañas, cuando te enteras que no es de él?

Así es. Esa firma, cálida, nostálgica, etc., fue diseñada por un empleado para que la rediseñara. Y es una firma que estaba al frente del trabajo de todos los demás, además. Habrá gente que diga, eso es justo. Otros dirán, no, eso no es justo. Probablemente ambos tendrán razón.

Supuestamente dejó de interesarse poco a poco de sus películas y empezó a dedicarse a los trenes en miniatura. Hasta construyó uno en su casa que incluía un túnel de 30 metros. Él de alguna manera ya seco de ideas, habiendo dejado muchas tareas creativas a otras personas, se dedicó a buscar un lugar donde poner un gran tren con vistas interesantes y de ahí poco después apareció la idea de Disneylandia.

Luego entró a la televisión donde juntó muchos de sus viejos cortos de dibujos animados, les mezcló acción en vivo, los filmó en color, él mismo hacía las introducciones y probablemente creó los mejores infomerciales originales, Disneylandia, el Mágico Mundo del… etc…

El punto es que el señor lo logró, o sea, como quiera se necesita dinero para hacer las cosas y él las consiguió llevar a cabo. De acuerdo, la economía norteamericana nunca estuvo mejor comparativamente hablando que en los años cincuentas (obvio, la economía mexicana jamás se le ha acercado a ese tipo de prosperidad), él además ya se había probado frente a Wall Street, y todo lo que me puedan decir saldrá sobrando, ya que él consiguió llevar algo de estado virtualmente virtual, como es su programa semanal de la TV basado en sus obritas u obras de cine, a algo real, como fue lo que está en Anaheim, California,en un lugar donde pocos años antes sólo había puras naranjales. Con sus respectivas naranjas.

Y bueno, lo demás es historia. Disneylandia fue, es, el mundo perfecto. No basura. No desordenes. Toda la felicidad del mundo mientras pudieras pagarlo, sobre todo tus gorritas, camisetas, y lo demás. Había algo de mente maestra en todo esto. Mente que todo lo podía medir.

De hecho Orlando fue elegido por razones de que se podía construir fuera del control de los votantes o de alcaldes de la zona, fruto de negociaciones con la legislatura de la Florida. Se construyó EPCOT, donde él, Disney, imaginaba que iría a vivir, en esa comunidad prototípica del mañana, lugar donde él se encargaría personalmente con sus imagenieros, imagineers, ingenieros con imaginación, de diseñarla y construirla, pero él murió inesperadamente en diciembre de 1966.

Murió Disney, pero quedó... Disney. Muchos dirán que los debates de arte o industria, artista o artistas, líderes o colaboradores, trabajo individual o en equipo, recompensa por trabajo individual o por trabajo colectivo, idea original o idea prestada, idea adquirida o idea adaptada o idea derivada, y todas sus ramas y mezclas y mezcolanzas, nunca acabarán.

Nada más recordemos el tema de las películas realmente realmente realmente originales de Disney ¿y cuál o cuáles quedan? ¿O no habían reparado que el Rey León es una copia desvergonzada de Kimba, el León Blanco? Bueno, todos lo saben excepto la gente de Disney, al parecer.

¿Winnie The Pooh? ¿Peter Pan? ¿Mary Poppins? ¿Alicia en el País de las Maravillas? ¿Tarzán? ¿La Espada en la Piedra? ¿Las mismas Cenicienta, Bella Durmiente y Blanca Nieves? (por algo Shrek se burla tanto de Disney, hay mucho de donde cortar.)

Originalidad, pues… Tanto como la de Windows frente a la Mac y ésta a su vez frente a los trabajos de la PARC de Xerox.

Esos debates, queramos o no, serán como otros, inmortales, como Walt Disney, queramos o no.

Respecto a lo de los Meccano, no se hagan, puede servir. ¿Y qué tal si no es tan caro? Millones de personas beneficiadas de ponerles cerca al instrumento que dé rienda suelta a su creatividad. Absurdo absurdo, lo que se diga absurdo, no se me hace tanto…

Ya volveremos a esto, en otra ocasión.

¿Acabaron de leer hasta aquí? ¡Qué bárbaros! ¡Mis respetos! ¡Los felicito!

¡¡¡Lo estuve escribiendo a la mitad y me cansé, dije, no tiene caso, a la goma, ni quién lo lea!!!

Y dejé de escribir a la mitad. Lo juro. (Bueno, no es cierto, sí lo acabé, me va a caer un rayo por jurar en vano, ni modo. ¿Dónde quedó la seriedad, pues?).

(Hasta suena a que me tiro para que me levanten, caray [viejo dicho mexicano :) ])

5 comentarios:

Anónimo dijo...

esta de hueva leer todo, pero aun asi me llevo unos datos para el recuerdo.
(señal que si leí algo y me gusto)
sillu.

Oscar González Loyo dijo...

Muy interesante...¡saludos!

Giovanni dijo...

Estimad amigo de desde Technotitlan;

Me ha dado una de la mas grandes alegrias de estos dias. Al fin por su articulo pude encontrar el dibujo animado que me fascinaba en mi infancia. Lo he buscado en la web muchisimas veces a traves de todos estos años....y nunca lo habia podido encontrar, pero ahora ya se cual es, y por sus palabras a usted tambien le gustaba, "KOKO Y EL PAYASO" De fuera del Tintero.Gracias.
Felicidades!!!!!
Giovanni

Moka dijo...

Primera vez que leo algo tuyo. Me encantó lo gue escribes, me encantó cómo lo escribes. Gracias, y volvere por acá otro día.

Anónimo dijo...

De aquí podrían salir tres o cuatro entradas perfectamente independientes y sin embargo ligadas entre sí. Como los buenos libros de cuentos. ¿Pero qué le digo al escritor de Technotitlan Año Cero, con sus sepetecientas páginas? jaja... Nomás le digo que como siempre, ha sido interesante leerlo. Y que muchos de estos temas, insisto, merecen una entrada aparte, actualizada y detallada. Y revisada y concreta, como actualmente está usted escribiendo. Y le digo también que lo quiero mucho y que me divierte mucho su estilo!!

LaVid. xoxox