domingo, julio 01, 2007

El Cine finalmente, ¿para qué? La visión de Syriana.

Hay Cine para entretenimiento. Hay Cine para pensar. Hay Cine para denuncia. Hay Cine para… uno nunca supo.

Renté la película de Syriana no hace más de 3 semanas. Es una película con George Clooney, Matt Damon, entre otros, dirigida por Steven Gahgan, el escritor de Traffic.

Syriana es la palabra con la que se denomina a un análisis de escenarios políticos que realizan ciertos Centros de Inteligencia con respecto al Medio Oriente. Cuestiones de geopolítica, influencias de poderes, análisis de contingencias, fríos y calientes.

Nadie se mueva, esto es un escenario.

Es una película compleja, complicada. Leí en una crítica que hay que llevar cuaderno y pluma para anotar las relaciones entre compañías, entre abogados con empresas, entre políticos con potentados. Y luego están las explosiones. Luego esta la decencia, tal vez el remordimiento. Luego está la CIA. Luego los muertos. Luego está el olvido. Y la arena.

La primera vez que vi la película (fueron dos) se me escaparon detalles de quién tenía que ver con qué. El Hezbollah aquí, ¿es bueno, malo, flexible, gris?

El hijo del potentado/sultán/o lo que sea árabe, doctorado en Inglaterra, que siempre no hereda, que tenía tantos planes para hacer de su pueblo un pueblo menos atrasado, con esperanzas para el futuro, ¿es terrible sólo porque quiere vender su petróleo a un mejor postor, China, en lugar de a los Estados Unidos?

El petróleo se ha dicho que es una bendición para los pueblos. Y también que es una maldición. Le han dicho “veneros del diablo”. Parece que sólo hace millonarios a los que se encontraron el petróleo en sus patios como aquellos Beverly Ricos que aparecían en la TV en los sesentas. Si yo cazando liebres en el rancho de mi abuelo hubiera disparado y atinado en algo que luego se convertiría en un lago de petróleo, hubiera sido una maldición para los que me rodeasen, para toda la región. Clarísimo. Veamos Tabasco.

Me hubieran maldecido por siempre.

Pero el petróleo es bueno para plásticos, para combustibles. Para la civilización en general. De origen dinosaúrico, muchos de esos animales gigantes y antediluvianos tuvieron en mal descomponerse abajo de países con no muchas tendencias prooccidentales. Países fundamentalistas que un día aprendieron el dato de que lo que abundaba debajo de sus tiendas, de su arena y de sus camellos era valioso para Occidente.

Y que había muchísima gente dispuesta a negociar. Lo que fuera. El alma. Dinero sobre todo. Para el pueblo. Porque el petróleo es nuestro, porque el petróleo es de todos.

Syriana muestra a un agente de la CIA casi retirado, Clooney, en medio de un armazón enmarañado con traficantes, agentes, doble agentes, que logran que se muevan hilos terribles que están pegados con alfileres a estratégicos mapas . Al alterarse los equilibrios llegan las facturas por pagar. Acuerdos sobre acuerdos de grandes megaconglomerados con compañías que están más allá de la corrupción y que de pasada intervienen en todo el asunto. Y lo ennegrecen.

El petróleo es el centro de Syriana. El petróleo que se cotiza, que se usa, que está siempre presente en el mundo como intriga, como causante del estado de descomposición en el que una parte del mundo en constante lucha de intereses y de poderes está sumida.

Al final todos perdemos.

¿Qué para qué es el Cine? Para que, entre todo, un grupo de personas muestre como en medio de la corrupción (reflejo del mundo) se puede asomar un poco de decencia (reflejo de nuestros ideales).

No siempre se ganará. Pero la esperanza nunca podrá morir.

No hay comentarios.: