lunes, julio 23, 2007

Piratas Mentales (Ficción de 600 Palabras, una mas, una menos)

Con el riesgo de que la introducción sea más larga que el cuento, sólo sepan que es una pequeña ficción realizada como ejercicio. La iba a mandar a una revista de Colombia, pero no alcancé a enviarla. Digo, sí pueden leer 600 palabras, ¿no?

Eran las tres, tiempo meridiano de Flamigio, FMT: No sabía porqué debía de saber el orden de las horas. Ya no importaba. Sólo saber que ya todo ardería y casi nada quedaría, más que yo.
No sé si era cierto que me podría salvar.
¿Lo peor? Sentir que te abandonan, que todos se fueron. No es justo que tranquilamente te digan que te podrías quedar observando un fin de un planeta y que te mientan. No es justo. Cabrones.
Las cinco. Según parece, el amanecer no será nada bueno. Algo logro sentir. Todo arderá. Tal vez la explosión empiece cinco minutos antes de lo probable, la distancia de este Sol Supernova a Flamigio. Minutos-luz. Y no lo sabré. Hasta que el estallido esté encima.
No me importa cómo lo hayan hecho pero “bajaron” de manera estúpida mi personalidad a esta máquina y estoy sufriendo, ¡caramba! Cuatrocientos sensores en cuarenta kilómetros a la redonda, me hace pensar: las llamas, así como estoy ahora, ¿las podré soportar?
Nunca entendí nada. ¡Máquinas espirituales, mis huevos!
—Te lo digo, Ramírez. Eres el único capaz de hacer eso…
Miré la máquina, negra, con sus conectores, cables, casco, criopodérmica y todo.
—¿Que es?
—Es un aparejo con el que vamos a “descargar” tu mente a esta máquina espiritual.
—¿Para qué?
—Ya van tres veces que te lo digo. Necesitamos tu conciencia para que puedas manejar desde aquí la recuperación de información por si algo llegase a fallar y realizar finalmente el envío automático de ésta hacia la estación Arathia, allá —apuntó al espacio—, a 800 millones de kilómetros casi por sobre el horizonte. Rutina.
—Pero la Supernova va a destruirlo todo… —estaba asustado, la verdad.
—Sí, pero no a ti… Ya te dije… tú estarás con nosotros, allá en el transporte. Tú conciencia, la de aquí, estará protegida con blindaje especial refractario que se fortalecerá con el mismo calor. A más calor, más fuerza.
—Sí yo sé, claro. Estaré en la nave con ustedes… porque… no me van a dejar aquí, ¿verdad? No serían tan cabrones…
El señor Lot sonrió. Con impaciencia.
—Imposible. Nadie más puede llevar esta contabilidad de campo tan terrible. Disposiciones oficiales son eso, oficiales.
—¿Y… yo? ¿Quedaré como… retrasado o algo peor?
—No seas tonto, quedas como tú mismo.
Fingí tranquilidad. No iba a quedar mal frente a este idiota.
—Entonces, me van a clonar… la mente…
Lot sonrió aliviado.
—Exacto. Sí, te vamos a clonar… Es algo extraño, pero muy interesante…
— ¿Sentiré malestar?
—Nada, te lo puedo asegurar. Es más, ni siquiera estarás aquí cuando instalemos todo. Saldrás en el transporte, ya te dije… Será sólo una transición.
Así se hizo.
Y de pronto me vi a mí mismo como en una pesadilla, allá en la plataforma del transporte.
Después todo fue irreal. Lo ubiqué gracias a un sensor deficiente, pero en activo: El ser que era… yo, fue golpeado y tirado fuera de la plataforma por el mismo Señor Lot. Me dejó ahí. Como bulto.
Cuando despegaron los propulsores, estos quemaron… mi cuerpo.
Simultáneamente sin saber con claridad cómo, dirigí sesenta dispositivos hacia el mismo punto. Infrarrojo. Ultravioleta. Ondas de radio. Gamma. Rayos X. Sentí calor, el fuego que salió de sus propulsores en una de mis… palmas, algo así. Luego, silencio. Trataba de escuchar con mis muchas antenas. Luego descubrí el mecanismo automático que proyectaría la información recabada al espacio, hacia Arathia.
Las siete, hora FMT. Justo. Llega mi segundo infierno. Me quema. Ardo en todas partes, pero soporto… bien.
No, no transmitiré nada. Ya vendrán intrigados, los cabrones. Me piratearon y desecharon. Vendrán por mí. Y entonces…

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