viernes, agosto 31, 2007

Da la cara, Malandro: (Sobre Facebook, pero antes...) No estamos tan separados ni por seis grados ni por cinco, ¿eh?




(This small text is for non-speaking Spanish visitors. This is a try to give you an idea about the blog. I’ll intend to do this always with the next notes that I’m going to publish in this place. Please welcome and excuses our limitations in your language.

Thank you for coming)

Abstract: Face to Face: We aren’t so separated in degrees, not for six, not for five, not for…

This blog talks about Facebook from the perspective of the social networks; o redes sociales, including now the thing of the Six Degrees Separation (or the game of Kevin Bacon) with an example of mine about it. The text talks too about the tendency of we, people, to go with the people, wherever will be them. There are the ways of always. People look for, and watch, people at the restaurant, at the coffee saloon, at the mall, at the cyberspace, at that Second Life thing, at Facebook.

Please welcome…



Antes de continuar con nuestras ruminaciones acerca de Facebook, primero unas reflexioncillas sobre los Sempiternos Seis Grados de Separación.

Dios creó a los seres humanos con una alegría que daba gusto, caramba. Multiplíquense, jijos de la… por todo el planeta, que así está de grande el jijo de su… (no sé si Dios hablase así, pero de que escribía en renglones torcidos, me consta).

Debajo de los robots (incluso los que rondan por Internet, que me los imagino que son como los que crawlean por la tierra, parecidos a los que salieron en la película de Minority Report), debajo de los cajeros automáticos, debajo del RZR, del mismo MP3, del destacado y estético Ipod y del humilde JPG está (gran descubrimiento) ¡la gente!

Sí, sólo rásquenle tantito y encontrarán personas. Personas como tú y cómo yo, personas normales, exacto. (Alguien pondría eso a seria discusión, pero en fin).

Desde que leí el Tipping Point del buenazo de Malcolm Gladwell, formalicé en cierta medida mi conocimiento de las redes sociales. Ya sabía algo del tema por aquello del juego de los Seis Grados de Separación de Kevin Bacon.

Sí, ese rollo de que todos los actores de cine (del mundo, afirman) está a sólo seis pasos de Kevin Bacon, quién por una extraña bizarrencia de la naturaleza, o gran broma o gran casualidad, está ahí en medio de toda la industria del cine. Y eso hace que el actor que se te ocurra que haya salido en una película (comercial, queremos decir) con alguien, que haya salido con alguien en una película, que haya salido con alguien en una película, haya salido precisamente con Kevin Bacon.

Y esto es probable por la cantidad de películas en las que ha salido el tal actor y en las que ha compartido créditos con muchísimos otros actores de muchas épocas que con el tiempo se van traslapando poco a poco en esto del mundo del cine a través de sus géneros, las décadas y sí, películas de todos tipos y nacionalidades. Entre cada actor que se les ocurra con cada actor que se les ocurra, llegarán a unirlos en seis pasos y si usan a Kevin Bacon como centro o bisagra cósmica será más sencilla esa búsqueda de unión.

Eso es lo que se decía, la verdad. Pero al leer el Tipping Point de Gladwell descubres que Kevin Bacon no es el centro del mundo fílmico realmente. Ese honor, si es que se puede llamar así le corresponde al veterano actor de carácter Rod Steiger, ganador de Oscar y todo que apareció en más de doscientos películas de todos tipos de género, policíacos, cómicos, de ciencia ficción, de vaqueros, de tipo B, y un gran etc. John Wayne, por decir, hizo más de 150 películas, pero el 80% de ellas eran de vaqueros, lo cual lo limitaba a ese ambiente predominantemente, por así decir.

Bien. Extrapolando este juego de los Seis Grados, los científicos que se dedican a esto dicen que obvio, que no tiene que ver con cine, sino que más bien tiene que ver con la manera en la que estamos organizados los seres humanos en este mundo al que llegamos insospechadamente.

Propone esta idea que no tiene nada de raro que todos estemos conectados, ya que al meterle matemáticas al asunto no es raro que conozcamos a personas que conozcan a personas y que nos abran espacio en áreas que ni nos imaginamos.

Un ejemplo para ilustrar esto (sí, todo este rollo tiene que ver con Facebook, claro que sí):

Mi caso y como estoy conectado con un bosquimano determinado que viva en el desierto del Kalahari, al sur de África, arribita a la izquierda de Sudáfrica, en sólo seis pasos, cuestión de buscarle.

Puede parecer un poco disparatado pero no tanto, ahí les va: Yo nací en Tamaulipas, viví en Monterrey treinta años y ahí en esa ciudad me tocó conocer en una conferencia de fotografía que me invitaron en una Universidad a un cuate joven como de 30 años, fotógrafo nacido en Torreón (CONEXION UNO), pero asignado al staff de la revista National Geographic Society (a él le tocó acompañar al fotógrafo de planta a recorrer todo México para hacer el especial sobre nuestro país que apareció esa revista en Junio o Julio de 1995), por el tiempo que les cuento, él vivía en la ciudad de Washington, D.C. USA.

Ok, yo hasta ahí sé. Ahora hagamos un ejercicio de la mente. Por favor, inhalemos con fuerza para poder seguir:

Pero no está muy tirado de los pelos que él conozca a muchos fotógrafos de todos los años de experiencia o veteranía, ahí en NGS, ¿verdad?

Entonces, ¿sería muy aventurado, digo y subrayo, muy a-ven-tu-ra-do afirmar que al menos éste cuate de Torreón pudiera haber conocido a un fotógrafo o dos (CONEXION DOS) que hayan hecho reportajes allá en ese Desierto del Kalahari, situado al norte de Sudáfrica y que a su vez conozcan a varias, pocas o muchas tribus de estos habitantes naturales de ahí y que por una de esas propias redes sociales naturales que se dan en medio de estas, alguno de estos habitantes (CONEXION TRES o CONEXION CUATRO) conozcan, a través de sus propios contactos bosquimanos a un bosquimano en particular? (Nota, no conozco ningún bosquimano, sólo sé que hablan la lengua Xhosa, a puros clicks en la boca hechos con los puros dientes, ¡ah y sin vocales!, y que aparecen preponderantemente de manera muy simpática en aquella película sudafricana de Los Dioses deben de estar Locos, genial, ¿a poco no? La de la botella vacía de Coca-Cola que es aventada por una avioneta que pasaba errante por ahí y que le cae a uno de ellos y…)

Volviendo, los pasos en total son esos, tres o cuatro para que yo, un simple mortal, pudiera llegar a un bosquimano en particular.

Queda esto dicho.

Y si esto pudiera funcionar con bosquimanos o con esquimales, ¿como verían que funcione con personas en nuestro mismo país o ciudad o vecindario? Yo me he encontrado con cada persona conocida en cada lugar que al parecer no puede ser más que una megacoincidencia (recuerden que allá en el Cielo hay una Gran Central de Coincidencias) y que tal vez no lo es tanto, es sólo que el ser humano aparentemente no tiene límites por ir a donde le guste ir o vivir, o estar, o asentarse, finalmente. Y como buenos humanos que somos, tendemos a ir a donde la gente como nosotros va. Al cine. A un museo. A un crucero. A un funeral. A Facebook. A Second Life (bueno, esto último es un caso de esos que son tomados en cuenta por los medios demasiado tarde porque la moda de tener tu avatar en el ciberespacio es tan pasada de moda, tan 2006, sí me entienden, ¿verdad?)

O sea, la gente va hacia el punto de unión social, gregaria, a buscar la compañía de sus iguales, en donde la gente tiende a ir para seguirse encontrando a sí misma, ni más ni menos. Así es Facebook. Se fomenta la unión social. La convivencia. Y algo más, el registro de nuestras vidas poco a poco. Ciberregistros vitales.

Exploremos ese ciberespacio un poco. Sólo un poco. Vean la siguiente, que no dolerá.

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