miércoles, agosto 08, 2007

Sobre Stephen King, revisión de sus novelas y Celular.

Más genio de la oscuridad que el mismo Ozzy Osbourne, Stephen King conoce su estilo, conoce su material, y lo más impresionante de todo es que conoce perfectamente a sus lectores.

Stephen King siempre se me hizo un escritor que va directamente por ti a cazarte en tus sueños y pesadillas. Siempre es alguien que se ha distinguido por exponerte la realidad prosaica y cotidiana y de pronto en un segundo, le da un doblez inesperado y te la coloca enfrente pretendiéndote ahorcar con ella.

Me sigue agradando mucho Stephen King. He leído sus editoriales en el Entertainment Weekly sobre cultura popular y se me hace muy lucido. Se me hace muy yo. En el término de familiaridad es como muy nuestro. Habla mi lenguaje y eso que soy mexicano, 44 años, de origen católico, etcétera. Es muy tendiente a universal, ¿está claro?

O común y corriente, dirían otros.

Y he leído magnificas novelas de él. Insólito Esplendor, la primera, creo. Ese fue su título originalmente de The Shining, más llamada El Resplandor desde la película de Stanley Kubrick. Recuerdo que mi tía me dijo que en la noche, muy ya de madrugada, tenía que detenerse a rezar de lo impresionantemente diabólicas escenas que ese libro traía (o trae, claro). Yo leí ese y recuerdo su particular estilo de colocar texto fuera del párrafo

(porque porque porque porque)

que de alguna manera daba cierto conocimiento, presencia de pensamientos, ráfagas extraídas de diálogo perdidas en alguna parte del subconsciente del protagonista o del villano. Insólito Esplendor me llevó sin problemas hacia ese hotel maldito a pasar varias noches acompañado de personajes malditos.

Inevitablemente sabemos que eso no puede existir. Por más que se diga de leyendas y folklore, sabemos que los hoteles no están malditos. Él mismo lo afirma en algún texto de esos que tal vez sean tan sabrosos de leer que mucha de su prosa en sí. Pero el genio de un escritor como Stephen King es que es tan hábil en el truco de magia que hace con sus propias manos delante de tus propios ojos

(él sabe lo que hace siempre lo ha sabido él sabe lo que hace siempre lo ha sabido)

que no puedes evitarlo, te hace el truco y le crees. Crees algo y de pronto totalmente descubres que suspendiste tu incredulidad. Clave de todo esto es el make believe. ¿Si están familiarizados con ello, no? La suspensión de la incredulidad. A partir de la página uno tiendes a creer lo que el escritor hace, describe, estimula y reacciona.

Con los años leí más cosas de él: Carrie, Salem’s Lot, o La Noche del Vampiro (llena de clichés vampirescos, pero genial a fin de cuentas), luego la colección de cuentos de El Umbral de la Noche o Night Shift, La Zona Muerta o Dead Zone (genial, una de mis favoritas), Ojos de Fuego o Firestarter (fascinante, durante su lectura hasta aprendí a decir bien la letra erre), Christine (so-so). Danse Macabre (colección de ensayos sobre literatura y cine y demás sobre espantos y cosas que te dan terror y que nunca lo he visto en español), La Danza de la Muerte o The Stand (esta está descrita más abajo). Cujo (la del Perro San Bernardo rabioso con su final un tanto…), Pet Sematary o Cementerio de Mascotas (más aterradora con el paso del tiempo, sobre todo si tienes hijos, cuando la leí todavía no tenía los míos y ya no la podría leer, sólo basta recordarla). Las Cuatro Estaciones o Four Seasons, que no son más que cuatro noveletas: Alumno Aventajado (me gustó con todo lo viciosa que es), El Cuerpo (de la que hicieron la película de Stand by Me), Rita Hayworth y La Redención de Shawsank (cuya película y por raro que parezca a mucha gente le fascina como lo puede atestiguar el site de
http://www.imdb.com/chart/top con su lista de 250 películas más populares en Internet y que misteriosamente quedó en el ¡número dos!), y la última de las cuatro que no recuerdo su nombre que tiene que ver con una mujer embarazada y su método de respiración (¿se llamaría así?), o sea, textos que son más largos que cuentos y más cortos que novelas, y después de eso uno ya empieza a perderle la vista. Por decir, no conozco nada, pero nada, de The Dark Tower, que por cierto abarca varios libros y que al parecer acaba de terminar y que me dicen que está super...

Con el correr del tiempo nos enteramos también que escribió novelas con otro nombre, Richard Bachman, debida a su excelentísima prolificidad (¿así se dice?) (de la cual sólo leí Thinner, o ¿cómo se llama en español? Ah, sí, Maleficio), cuestión totalmente envidiada por muchos escritores. Luego siguió con más novelas como por ejemplo La Mitad Obscura o The Dark Half, la cual me leí en cuatro idas a un supermercado de compras con mi esposa, mientras yo manejaba el carrito (o sea, la parte más fundamental e importante de ir de compras a un supermercado) y antes de eso recuerdo que Stephen King trabajó con Peter Straub, otro escritor de terror (escribió Fantasmas, genial) en El Talismán. Y creo que cerré ese ciclo de mi existencia respecto a Stephen King, con It, una genialidad en sí misma, larguísima novela, hábilmente contada en dos tiempos, descubriendo detalles de ambos de manera que nunca te enteras de lo que sucede en el pasado sino cuando él lo desea, lamentablemente con un pésimo final (cuestión de la que sí adolece nuestro escritor, malos finales en la mayoría, detalle que no lo hace menos, supongo).

En televisión dieron muchas cosas de él: Tommyknockers, Langoliers, su propia producción de The Shining o sea, la revancha de King contra Stanley Kubrick, últimamente dieron por cable Kingdom Hospital, y también me tocó ver la película de Johnny Depp de La Ventana Secreta de al parecer un cuento desde mi punto de vista demasiado predecible. Ah, y acaban de estrenar 1408, una película con John Cussack que tiene algo parecido, por lo menos a lo que Hotel se refiere al Overlook, el que salió en El Resplandor.

O sea, nada muy muy muy memorable últimamente. Quizá Rebecca de Mornay en The Shining, sólo estéticamente mejor, para mí, que Shelley Duval.

Nunca leí Misery, ni Dreamcatcher, ni La Tormenta del Siglo ni El Corazón de Atlantis o Dolores Clairborne, o Needful Things, o Nigthmares and Dreamscapes o Buick 8 ni muchas más que siguieron. No me llamaron la atención de ninguna manera.

Pero luego leí Un Saco de Huesos, o sea, Bag of Bones. Y dije, woow, qué excelente trabajo. No era este el horror por el horror, ni era el efecto por el efecto, era la búsqueda de lo que realmente hay en su corazón, de cuando un ser perfectamente normal en un mundo perfectamente normal (lo que quiera decir eso) se encuentra con seres ultraterrenos, con lo que no existe, con lo que es imposible de que exista venga a este mundo (sí, este, el de levantarse en las mañanas, el de comer huevitos con tortillitas, el de sufrir el tráfico, a tu jefe y a tus gobernantes, el de leer las noticias, el de reírte de Seinfeld, el de asombrarte con Lost) declarando que la maldad por maldad positivamente (o negativamente, claro) de fuera de este mundo sí existe en lo ordinario y tú, o peor aún, tú familia, la va a pagar y de manera muuuuuuy mala.

El punto del terror que invoca, provoca y convoca Stephen King es la naturalidad con la que la realidad fantástica (esto último es un oxymoron, o sea, una recontradicción en esencia) que nos proyecta en nuestras mentes e imaginaciones, está siempre a nuestro alcance, una realidad totalmente retorcida de maneras espantosas, que se regodea haciéndonos recordar nuestros temores infantiles: por un lado de los espantos y cocos y viejos que vendrían a hacernos daño; y por el otro nuestros temores más maduros: por supuesto el temor a la muerte, o el de la muerte de nuestros seres queridos, y también por supuesto a la manera misma de morir, llámese de enfermedad crónica o adquirida o genética (sea de cáncer, de ántrax, de ébola, de bacteria necrótica, de pandemia de SARS), o en un terreno de más violencia próxima desenfocada, llámese a manos de locos sueltos en la calle que la aleatoriedad cotidiana nos pondrá enfrente en cualquier bonito y brillante día, o, si se quiere, llámese morir en manos de objetos comunes que de pronto adquieren autonomía y cierta consciencia y que esos objetos llámese automóviles, sean estos planchadoras de vapor, camiones, y mil objetos inanimados más

(eso no se estaba moviendo y ahora se mueve no se movía y se mueve)

que, curiosamente, en lugar de maravillarse y vanagloriarse de la recién adquirida razón, les ocurren deseos acelerados de destruirnos a nosotros, seres humanos inmersos en los dramas ahora compartidos de significancia leve a excepción de nosotros mismos.


En el caso de Un Saco de Huesos, aunque hay fantasmas y formas de comunicarse con seres del más allá con nosotros, en este caso con los imancitos de letras de colores que se pegan a un refrigerador, no es una novela tan sencilla de asimilar a como muchos bestsellers nos tienen acostumbrados.

Porque han de saber que Stephen King es firme creyente de la camisa hawaiana, es decir, mencionar algo a mitad de la novela, un snippett aparentemente inocuo de información regalado de manera somera que a la larga toma mucha influencia en el desenlace de la misma (lo mismo hacía Irving Wallace en sus kilométricas novelas de entonces, especialmente en La Palabra y El Documento R).

Este punto de entender eso no es que te haga revisar dentro de todo el texto el punto preciso de cuando llega la camisa hawaiana (se llama así porque alguien en una parte del texto dice por ejemplo:“Ah, no te había contado de esta, mi camisa hawaiana de la suerte, cuando la uso todo está bien, me da mucha confianza en mí mismo y me otorga cierto poder de salir de las dificultades…”, y cuando surgen la persecución de los monstruos y hombres lobo, el protagonista se pone a buscar frenéticamente en su guardarropa

(la tenía aquí donde está maldita sea)

mientras los dientes y fauces babeantes del terrible ser sin entrañas están afanosamente en busca de su cuello…) pero sí te da una idea de lo formulaico que un escritor puede llegar a ser.

Y es entonces cuando Stephen King se pone más interesante, cuando no es predecible y no cae en esa consabida receta. O bueno, puede que también se lo perdonemos porque finalmente no le exigimos más a este prolífico escritor.

Así las cosas y ahora que lo pienso, antes de hablar de Celular o como se haya llamado en español, deberé de mencionar algo de las demás novelas, ¿no? ¿O dejaré algo para después? O las compararé con el mismo Celular, sí, mejor, eso haré.

Celular es una novela que es como un divertimento de parte de Stephen King. Es como una especie de Danza de la Muerte o The Stand alternativa que en lugar de una pandemia terrible que azota a la humanidad y la disminuye en un 99%, es un pulso electromagnético o algo así que explota a través de las mentes que tuvieron la mala suerte de hablar por su celular en el momento del pulso y a los que hablaron después.

Mientras algunos críticos ven a un King que regresa a la excelencia en cuanto a escribir se refiere (después de su accidente en el que lo atropellaron y es que, díganme, que otra persona de tal notoriedad ha sido atropellada en los últimos cincuenta años, yo no me acuerdo), yo la vi como si fuera eso, un divertimento algo insatisfactorio en el que King vuelve a visitar sus paisajes queridos, esto es, las calles de una gran ciudad abandonada, llena de muertos, con los pocos sobrevivientes en pie de lucha unos con otros. Y como ya mencioné Celular (o Cell) tiene más puntos de similitud con La Danza de la Muerte (cuyo título siempre se me hizo un excelente nombre más que el ambiguo The Stand en inglés, que quiere decir algo así como La Batalla, pero en un término más amplio, como La Cruzada o El Conflicto, pero así de proporciones magnas, algo como entre el Bien y el Mal, ni más ni menos) que con alguna otra.

La Danza de la Muerte pertenece a unos veinticinco años en el pasado y se le considera la obra maestra de Stephen, situación que a éste le perturba respecto a que no se le considera así a su trabajo posterior a 1981, y que desde entonces han pasado veintiséis años, después de todo. Es impresionante en cuanto a recursos de imágenes que usa, teniendo como lienzo a todos los Estados Unidos concentrándose en sus paisajes, carreteras y pueblitos, y en cuanto a cuadro de actores, por decirles así, utilizando como base a un cuadro diverso de lo más variado y diferente de la sociedad norteamericana.

Su conflicto se basa en la premisa de que en un laboratorio militar ultrasecreto en problemas en Nuevo México, o un lugar así, se escapa un personal contagiado con una cepa ultrainfecciosa de supergripa, a pesar de todos los candados y barreras de seguridad habidas y por haber, y que en plena posesión de sus facultades y debilidades humanas huye con su familia hacia Texas contaminando a todos con quien se atraviese en el camino hasta que ellos mueren. Pero ya se imaginan, cada persona contaminada de inmediato contamina a los demás en la misma proporción y tasa de contagio

(eso no puede pasar jamás ellos saben lo que hacen siempre lo han sabido)

y así avanza hacia todo el mundo. Lindo cuadro, ¿no? Por fortuna, en la historia hay personas que son inmunes y son las que plantean el drama (en el caso de que nadie hubiera resistido la famosa supergripa no hubiera habido drama que contar, punto clave de lo que es la esencia de una narración).

Aún y que La Danza de la Muerte es fascinante, una de sus debilidades es haber planteado un conflicto básico maniqueico entre el Bien y el Mal, como si fuera de una vez, ante la muerte de casi toda la humanidad, dividir a todo mundo en cuanto a la izquierda y la derecha. No hay en medios.

La Danza de la Muerte cuenta con un villano impresionante, Randall Flagg, el Hombre Oscuro que es también muy atractivo aún y que evidentemente es el tipo diabólico, énfasis en esto último por supuesto. Y hay otros personajes por ahí inolvidables, especialmente el que es también de cierta manera formidable: el Basurero, con su sorprendente habilidad para la mecánica. La última escena con él es de las mejores del libro. Totalmente nuclear.

Ahora, Celular. Es la misma circunstancia de la destrucción del mundo como lo conocemos y también producto colateral e inesperado de la tecnología. El mundo ahora es veintiséis años después de La Danza, pero el resultado también es similar: muchos muertos, pocos sobrevivientes, también hay un Conflicto, y claro, hay una desesperanza total acerca del futuro. La reflexión básica es la misma compartida por muchos desde que se escribió Frankestein de Mary Shelley en los principios del mil ochocientos: ¿No seremos demasiado listos para nuestro propio bien?

En este caso es el ubicuo celular el que altera la ya desequilibrada existencia humana. No sé si Stephen King quiso realizar un relato de prevención, o uno de sátira acerca de las debilidades humanas en cuanto a necesidad de comunicación se refiere, pero evidentemente utiliza el celular como el elemento común a través del cual el ser humano cae al infierno.

King dice más de decenas de veces y de formas distintas lo mismo: necesitamos demasiado esos artilugios, quizá demasiado es sólo una figura de lenguaje en la que se queda corto.

Aquí surge la caricatura de The Stand, en lugar de colocar a buenos contra malos, pone a personas que recibieron el Pulso contra los que no. Los que lo recibieron les fue borrado el por decirle así, boot system de sus cerebros.

El uso incluso de la metáfora por la cual a muchos millones de personas les es familiar, es decir, el programa básico ya preinstalado con el cual las computadoras al encender ejecutan de manera básica, cuentan la memoria, se dan cuenta de que discos tienen, para de ahí obedecer instrucciones automáticas dirigidas a cargar el Sistema Operativo de su preferencia, es también muestra de que King sigue con la misma recurrencia de utilizar artilugios que nos son familiares,

(sería tan fácil meterle un zumbido de ultrafrecuencia al celular y después)

por más misteriosos que sean en sí en cuanto a sus principios de operación, porque estoy seguro que mucha gente ignora como funciona un celular pero eso no importa finalmente, el celular es utilizado de mil maneras y nadie necesita un curso técnico de cómo las frecuencias de transmisión son utilizadas o de cómo los esquemas de seguridad son instalados, es más, ni siquiera como las tarjetas de pago en sí les permiten seguir a sus usuarios comunicándose, sólo saben que escriben con su tecladito mensajes de todo tipo ad nauseaum.

Y una vez más esas metáforas sencillas que flotan en el inconsciente colectivo de sus lectores es la que hace efectiva la transmisión de las emociones del escritor hacia ellos. Las personas que recibieron el Pulso y que ya se quedaron sin su boot system original se vuelven salvajes y violentas, como si nunca hubiera existido la naturaleza humana que nos es tan familiar.

Pero comienza la magia de Stephen King y no me refiero a magia en el sentido de positivo de admiración, podríamos hablar más bien aquí de la brujería de King con todos sus conjuros, como es el caso del desarrollo de entre los seres desconectados de conciencia que de pronto la adquieren de nuevo pero en esta ocasión de forma colectiva.

Es aquí donde la novela se pierde y cae en la presentación de trucos de brujería como telepatía, sueños exactamente iguales compartidos entre muchos, incluso apariciones de levitación lo cual funciona a medias (la imagen de la escena en este caso resultó incluso graciosa, o sea, un efecto contrario en cualquier novela de terror que se respete) como algo extraordinario en un mundo presentado lleno básicamente de sucesos fuera de lo ordinario.

Ya una vez leí, hace muchos años, una crítica de la revista Time respecto a La Mitad Obscura o The Dark Half en la que se decía de él, que si la violencia que rezumaba esa novela fuera sexo, sería totalmente pornográfica. El caso de Celular es el mismo. La violencia se aparece de mil maneras, muchas incluso grotescas y sus descripciones no dejan nada a la imaginación, lo cual desde mi punto de vista, haber aceptado entrar en un mundo infestado por zombies (que mucho le agradece a El Despertar de los Muertos) ya se percibe que la vida para los que no lo son, no será tan sencilla.

Al final es obvio que hay varias insatisfacciones, a la novela sólo la salva el punto de que te identificas con ese personaje que se parece tanto a ti, con tus dudas, angustias e incertidumbres, que está en su propia búsqueda vital y que esperas fervientemente que encuentre eso que tanto necesita.

Una vez más no hay que confundir magia con brujería ni extraordinario con maravilloso, es solamente la manifestación de los poderes de Stephen King (que los tiene y le sobran) como escritor de terror o de suspenso, que se podría responder que sí, que mantiene sus dotes de narrador, pero en cuanto a su imaginación también es cierto e inevitable tener que aceptar, que no ha podido superar La Danza de la Muerte, y como muchos otros, esa novela tan admirada, por más superior que la tengan los fanáticos de Stephen King es asimismo un límite, por más, repito, alto que este esté.

(en este punto sé que los lectores querrán que mi cerebro será devorado si no lo impido si no lo imp-)

3 comentarios:

Rubén Cantú dijo...

Buenas noches.

Me pareece muy interesante tu artículo sobre Stephen King, aunque estoy en cierto desacuerdo con lo del final de "It". En mi particular punto de vista el final es adecuado, si se le busca una interpretación; la catársis de erradicar al ente que encarnaba a Pennywise y todos los temores de cada personaje. ¿Y por qué una araña? Por que es probablemente el ser vivo que más miedo causa entre los seres humanos, y que uno puede encontrarse con relativa facilidad.

Si me permites un comentario, me extraña que no hayas leído aún la serie de The Dark Tower. Es quizá fundamental para todo aficionado a las obras de King (aunque no por no leerla se te puede dejar de considerar aficionado, lógicamente). Te la recomiendo ampliamente, y obvio, en inglés, por que las traducciones de King al español son una penosa masacre a su obra y sus juegos de palabras que le hacen un escritor tan sui generis.

Saludos.

Alejandro C dijo...

Sabes, no pienso para nada acribillarte por la criticas puesto que tienes razon en muchas de las cosas que mencionas. Cell sin duda no pasa de ser un libro entretenido donde regresa un poco mas a sus bases que son un tanto mas grotescas y terrorificas visualmente que las ultimas novelas de King. En serio te recomiendo leer esos libros de la epoca que te saltaste puesto que es cuando Stephen King empieza a explorar mas la naturaleza humana y sus miedos mas reales y con los cuales nos podemos identificar.

Por cierto, tambien te recomiendo sin falta leer el libro "The Long Walk" o La Larga Marcha que escribio como Richard Bachman el cual me parece que es de sus libros mas emocionantes y con los que mas te ganchas.

Saludos y buen articulo

Dulce Gomez dijo...

A mí me gustan los libros de Stephen King, creo que hace buenos libros comerciales; vi en hbo go la película de El Resplandor y me encantó, creo que es de las mejores películas que haya visto basadas en sus libros, es muy buena.