lunes, octubre 01, 2007

DOS DE OCTUBRE NO SE OLVIDA – DOS DE OCTUBRE NO SE OLVIDA - Pronto, pronto, el Cuadragésimo Aniversario 1968-2008, ¡Espérelo!

Escribí una novela que tiene que ver con Tlatelolco, si han sido lectores de este blog ya estarán familiarizados con ella. Se llama Technotitlan: Año Cero y está publicada en uno de mis blogs que están aquí cerca. Al menos una de sus cuatro partes transcurre en aquél año, aquél otoño.

No sé si eso me da cierta autoridad sobre el tema. Pero pongamos que tantita. Así que...

Varios puntos de reflexión acerca de Tlatelolco - México 1968

Sobre los aniversarios en sí.

No que sea tanto el trigésimo noveno aniversario de la Noche del Dos de Octubre de 1968, sino que es la antesala para el cuadragésimo aniversario de la misma, lo cual, como muchos saben de manera un tanto sobrenatural, un tanto instintiva y un tanto trivial y frívola, despierta más atención que el trigésimo noveno aniversario o que el cuadragésimo primero aniversario por razones un tanto oscuras.

¿Cuál es la magia de celebrar los múltiplos de diez, los múltiplos de veinte, o los múltiplos de cincuenta años, digo, más que los múltiples de tres, o de siete, o los años en números primos?

Si meditamos en ese punto nunca terminaríamos. Lo único que podríamos decir es que en el décimo aniversario del 2 de octubre, en 1978 salió en la revista Proceso un artículo con el todavía vivo por entonces Licenciado Gustavo Díaz Ordaz y su recién encomienda para ir a España como flamante embajador, cargo al que renunció casi de inmediato aduciendo problemas de salud.

Lo que trae ese ejemplar de la revista en particular es un recuento de las entrevistas que dio el mencionado político y, que como nunca había dado la cara después de que había finalizado su período sexenal presidencial el 1 de diciembre de 1970, a los reporteros les era más interesante y jugoso lo que dijera respecto a los eventos de aquellos días del 1968.

No dijo mucho, pero si hubo algo de impacto fue la declaración final que a la letra fue así:

“No estoy de acuerdo con usted en que hay un país antes Tlatelolco y otro país después Tlatelolco, ese es un incidente remoto. Que va a España un mexicano limpio, que no tiene las manos manchadas de sangre…

“…Pero de lo que estoy más orgulloso de esos seis años (de mi gobierno), es del año de 1968, porque me permitió servir y salvar al país, les guste o no les guste, con algo más que horas de trabajo burocrático, poniéndolo todo, vida, integridad física, horas, peligros, la vida de mi familia, mi honor y el paso de mi nombre a la historia. Todo se puso en la balanza, salimos adelante, y si no hubiera sido por eso, usted no tendría la oportunidad, muchachito, de estar aquí preguntando…”.


Woow. Definitivo. Es interesante cada uno de sus puntos.
Sobre la declaración de Díaz Ordáz a los periodistas.
La gente percibe lo que quiere percibir, lo que desea percibir, lo que las limitaciones de sus sentidos le dan para percibir.

Él afirmaba es más, estaba profundamente convencido de que el país no había cambiado en 1968. Él firmemente creía que no tenía las manos manchadas de sangre. Él absolutamente pensaba que salvó al país. Él imaginaba que había arriesgado su integridad física.

Él aseguró que había puesto todo en la balanza, y estuvo convencido de que salimos adelante. (Echeverría, su un tanto creepy sucesor en la presidencia, tan convencido estaba de esa idea que hasta sacó el lema presidencial de campaña, que lo tragamos hasta en la sopa en aquellos años de 1970, “¡Arriba y Adelante!”).

Lo mejor es el final.

¿Realmente el señor Díaz Ordaz pensaba que si no hubiera sido por todo eso, el periodista en cuestión no tendría la oportunidad, el muchachito, de estar ahí preguntando?

Les digo, aquí la cosa se puso interesante.

Introducción sobre los what if’s históricos y contemporáneos.

Veamos hacia dónde se despiertan las dudas de los what if 's históricos.

Los what if´s, o qué hubiera pasado si… son sólo juegos del intelecto, materia prima de las historias alternativas, que a veces no llegan y ni llevan a nada.

Pero aún así que muchos los consideran un desperdicio, los usan mucho los historiadores para dar más claridad a los hechos tal y cual sucedieron para analizar sus potencialidades y posibilidades dando de ese modo un refuerzo a tal o cual teoría en muchos de los casos, y en los otros para dar un punto de vista, algo romántico en sí, de lo que nos perdimos de ver, de presenciar, de estudiar o de ser parte de todo ello, a través de los hilos del futuro único y real que nos toca vivir al cual ciertamente pertenecemos ya que lo estamos precisamente comentando y ustedes precisamente leyendo.

Ejemplos rápidos de what if's:

¿Qué hubiera pasado si Hernán Cortés se alía con los Aztecas, así como se alió en la realidad con los tlaxcaltecas, y ya con la temible Máquina de Guerra Azteca, de impresionante poderío (esto afirmado por historiadores de todas partes, su costumbre de extraer corazones los horroriza totalmente), hubiera deseado irse contra los mismos españoles en Cuba y más allá, contra la misma Madre Patria?

¿Qué hubiera pasado si los españoles ya en la Post Conquista hubieran llegado con sus familias a la Nueva España (no solos como llegaron investidos como aventureros) y les hubieran dado iguales derechos a los mestizos que ellos mismos tuvieran?

¿Qué hubiera pasado si España en lugar de gastarse todos los metales preciosos encontrados en la Nueva España en guerras europeas y en lujos los hubiera invertido de alguna manera, colonial y todo, y en parte, digo, todo sería mucho pedir, en estos mismos territorios?

¿Qué hubiera pasado si Hidalgo no se hubiera detenido en el Monte de las Cruces teniendo ante sí a la en ese instante la muy indefensa ciudad de México en aquél aciago año de 1810?

¿Que hubiera pasado si se hubiera encontrado oro en California veinte años antes del 12 de febrero de 1847, diez días después de que California ya no era nuestra según el tratado de Guadalupe-Hidalgo?

¿Qué hubiera pasado si alguien hubiera encontrado la fórmula para que los dirigentes de nuestro país se hubieran puesto de acuerdo, debería de haber maneras, y hubieran dejado de cometer tantas estupideces como cometieron, con pocas excepciones, muchísimas durante el siglo diecinueve?

Ya lo dejaré, me emocioné un poco, caramba.

Y así y así. Los análisis de esas respuestas todas quedan en lo teórico o en las pláticas de cafés o como temas de disertaciones para tesis propias del tema.

Volvamos a 1968 y sus propios what if’s.

Concentrémonos en el que hubiera pasado si no hubiera habido Matanza del Dos de Octubre.

Los what if’s del Dos de Octubre.

Así de sencillito.




¿Qué hubiera pasado si Luis Echeverría no hubiera estado esperando agazapado esperando su oportunidad?




¿Qué hubiera pasado si no hubiera habido soldados esa tarde que presagiaba lluvia?




¿Qué hubiera pasado si no hubiera estado en el edificio Chihuahua el Batallón Olimpia, el grupo paramilitar altamente entrenado para disipar manifestaciones?

¿Qué hubiera pasado si no hubiera habido sencillamente manifestación esa tarde?


¿Qué hubiera pasado si… todos se hubieran ido temprano a sus casas?

¿Qué hubiera pasado si no hubiera habido helicópteros… o bengalas?



¿Qué hubiera pasado si los soldados no hubieran avanzado a bayoneta calada?

¿Qué hubiera pasado si no hubiera llovido aumentando más la confusión?

¿Qué hubiera pasado si el 1ero de Septiembre de 1969 al no haber habido Matanza, se hubiera hablado sólo de disturbios que eventualmente se hubieran disipado como todos los demás lo hicieron después en todo el mundo?

Después de sus propios levantamientos estudiantiles se vio que no pasó nada en Brasil. Ni en Francia, después de todo, a lo mucho que al presidente De Gaulle lo hicieron renunciar pacíficamente el año siguiente, pero tomó el poder George Pompidou, de su misma escuela. Al tipo Gatopardo, todo cambia pero nada cambia realmente. Ni en Estados Unidos. Ni en Alemania. Ni en ninguna parte.

Los cambios se realizan de manera gradual. Nunca de manera sorpresiva o de golpe o sin causa o precedente.

Es decir, tanto disturbio juvenil que no llevó a gran cosa a final de cuentas.

Tomemos en cuenta también que el Movimiento estudiantil del 68 fue circunscrito exclusivamente al territorio de la Capital del país. Nada más. Una brigada de estudiantes médicos que fueron a un pueblito cercano a la capital y nada más.

Cuando se analiza la declaración de Díaz Ordáz y que involucra simbólicamente a todo el país, a los demás 29 estados y dos territorios en aquél entonces, uno dice, ¿realmente se podría perder un país, todo un país desde dentro?

Como que para que haya explosión pareja debe de haber suficiente combustible, ¿no? No me parece que hubiera tanto como para "incendiar" al país. Ni de manera simbólica al menos, menos de manera realista.

Más what if’s.

Si no hubiera habido matanza, ¿Díaz Ordáz se hubiera decidido por otro que no fuera su sagaz, astuto y culto en cuanto a sus intenciones, secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez?

¿El pérfido y a la vez confuso funcionario que trató de quedar bien con todos, y cuando quiero decir todos, eso es lo que quiero decir, todos, con los norteamericanos, con los rusos, con los cubanos, con los del tercer mundo y que a final de cuentas no quedó bien con nadie?

¿Habría habido una posibilidad real, mínima de que nos habríamos ahorrado la Guerra Sucia que tuvimos durante esos años de los setentas? (Insisto, nada como lo que sufrieron los sudamericanos en aquellos años, pero la nuestra también fue una Guerra Sucia al fin y al cabo).

¿Hubiéramos tenido otro candidato y por ende, a la usanza de esos tiempos, podríamos haber tenido otro Presidente de la República?

¿Hubiera sido más suave y más inteligente que Echeverría al no caer en los populismos que tanto nos costaron en los doce años siguientes?

¿Hubiera habido entonces otro presidente distinto a José López Portillo?

¿Hubiera sido otra nuestra historia?
¿Seguiríamos teniendo Partido Revolucionario Institucional?

¿Hubiera habido Salinas?

¿EZLN?

¿Colosio? ¿Aburto? ¿Un solo tirador? ¿Dos tiradores? ¿Conspiración?

¿Zedillo? ¿Fox? ¿López Obrador? ¿Felipe Calderón?

Pensemos en ello mientras da comienzo el cuarentavo período anual en el cual tendremos mucho que pensar al respecto.

Mientras se habla y hablará de la Independencia de México y de la Revolución Mexicana también pensemos, ¿cuánto le debemos al 68?

Todo un año. Todo un año…

Seguiremos con el tema... pero por supuesto que seguiremos...





3 comentarios:

Anónimo dijo...

Bonito mensaje fuerte. Nunca pensé que era tan fácil. respetos a usted!

Anónimo dijo...

Acabo de añadir a su página web a mis favoritos. Me gusta leer sus mensajes. Gracias!

Anónimo dijo...

Gracias, buen trabajo! Este fue el material que tenía que tener.