domingo, noviembre 11, 2007

Entre Miami Vice y el Blockbuster

Digo, para algo son los blogs.

No siempre me había gustado Miami Vice. No me agradan mucho las modas. Bueno, algunas modas. Pero en aquellos años, Miami Vice lo era. Y la imponía. Pero he aquí que con el paso del tiempo me agradó.

Me agradó hace pocos años cuando el canal sony la retransmitió subtitulada y más me agradó cuando el VH1 la volvió a transmitir, con doblaje original… y quedé enganchado…

El punto es que me impresionó el punto de que este programa todavía aguantaba el verlo a veinte años de distancia, no poca cosa.

Ver a actores conocidos ahora haciéndola de pequeños papeles fue un plus. Salió por decir Bruce Willis, Kyra Sedgwick, Ving Rhames, y por supuesto rockers de talla importante como Glen Frey, de Eagles, Gene Simmons de Kiss, el grandioso Ted Nugent, y sobre todo, Phil Collins, que hasta actuó en un capítulo entero.

Capítulos memorables. El de Calderone. Y el del Regreso de Calderone. El del Laberinto. El, o los, de traficantes de armas, uno en el que sale Bruce Willis, que está hipergenial su final, uno de los mejores en la historia de la TV. El otro, en el que destruyen el carro negro original de Sonny Crocket, Don Johnson, preparando el camino para conseguir su Testarrossa blanco que sería uno más de los distintivos del show. Y todos en los que salió el teniente Castillo, interpretado con disciplina samurai por Edward James Olmos con sus corbatitas negras ultradelgadas como las que yo mismo usé en aquellos tiempos.


Las luces de neón, las calles mojadas siempre, la ropa Armani, sacos utilizados con camiseta de colores, mocasines, colores pastel por todos lados, celestes, rosas, morados, todo de ultra de vanguardia, todo dando, entornando, esa atmósfera sensacional, que en suma es bastante atractiva.

Sí, son los 80’s. Pero, ¿qué importa?, por ahí anduve yo, probablemente tú, y no te arrepientes mucho de ellos, ¿verdad? Las secuencias ya sea de persecución, de acecho, de contexto incluso, acompañadas de la música del momento, son inolvidables.

Claro que en ese mismo momento se sabía que era imposible que existieran unos policías taaaaan de vanguardia, como que nadie con sueldo de policía de narcóticos iría en carros de ese tipo, tan llamativos, sólo para hacerla de un policía encubierto, con el pretexto de poder moverse en los bajos mundos de Miami, digo, ¿qué tantos narcos hay en Miami?, si este tipo se la pasaba atrapando narcos y matando a otros, entre otro tipo de criminales (el episodio de los invasores de casas también estuvo increíble), bueno, como para que no se pudiera correr la voz muy pronto entre los maleantes, ¿no? Ahí va un policía, en un Ferrari Testarrossa, cuidado con él.

Pero eso ultimadamente, qué nos importaba…

Así las cosas, la acción, los carros, los contextos, la hacen una serie bastante disfrutable.

Y todo iba bien. Digo, siempre me había dicho que algún día compraría las temporadas en DVD.

Pero he aquí que me encontré de golpe y porrazo, con Blockbuster.

Ahí estaban las temporadas. Ahí estaban vendiéndolas a muy buen precio, los discos separados de la primera temporada. Una de las mejores. O la mejor, ve tu saber.

No iba a comprarla a precio de temporada normal. No. Iba a comprarla a precio de ganga, después de todo eran discos usados. Pero no me importó. Tengo lo idea de que mientras tenga ese sellito de Blockbuster Garantiza cerrando de manera imponente las tapitas del estuche, todo sería perfecto. Soñado.

Seleccioné con cuidado mi título. Pongan atención, esto es importante:

Eran cinco estuches con los episodios de la serie los que estaban en el anaquel. Los cinco estuches dicen respectivamente “1-2”, “3-4”, “5-6”, “7-8” y repetido uno más con el “7-8”.

Busqué los capítulos que marcaban en el anverso del estuche y elegí el que considero es el mejor o el de los mejores. El de El Laberinto. Estaba en el presuntamente etiquetado “5-6”, precisamente en el recuadro impreso aparecía como que ese capítulo estaba en el “6” según el índice del estuche. Se me hizo cool. Bueno, los otros capítulos que lo rodeaban también. Serían 4 o 5 capítulos por los dos DVD’s. A 40 pesos el estuche con dos DVD se me hacía correcto el precio. Genial. Digo, estaban usados.

En un lugar de esos de remate estaba a 379 pesos más gastos de envío (35 dlls). Nueva y toda la cosa, envuelta demás, según esto. Es decir, cada DVD estaría a 47 pesos (4.35 dlls) aproximadamente. Nuevo. A 40 pesos (3.70 dlls), dos DVD usados es un poco a menos de mitad de precio.

Interesante.

Pero. No. La vida te lo cobra de maneras insospechadas. No sería tan fácil.

He aquí que llego a la caja y me dicen con amabilidad, siempre amables, eso sí, que no aceptaban tarjeta de débito, de hecho ninguna tarjeta. Sólo American Express (guuau!). Y no aceptaban tarjeta porque no tenían línea desde hace dos días. ¿Dos días? Dos días.

Mmmm. Son esas cosas que te hacen preguntar, ¿escuché bien? ¿No estará pasando algo que yo no sé?

Bueno, el punto es que pagué los 40 pesos. Ya me la marcaron. Y yo feliz en la alegría. Dos DVDs con más de 240 minutos de acción, bellas chicas, sentido del humor, balazos, correr, correr, correr, la tensión, el calor, los bikinis, Miami y el Vicio.

Y que se hago lo de siempre. La checo antes de salir. No me vaya a salir rayada o algo. Y que la abro delante del cuate. Y que sólo venía un DVD en el estuche que como mencioné, claramente indicaba que venían dos. Sorpresa. Me volteo a reclamarle al joven. Y que me dice, “pues elija otra”. No haga tanto rollo, le leí entre líneas.

Ni hablar, me ubiqué de nuevo en los anaqueles y ya no había otro “5-6”, ni hablar, fui por el estuche etiquetado “7-8” y que lo abro delante del tipo. Lo mismo, uno solo. Y caí en cuenta que sólo traerían un solo DVD donde debían de venir dos. Según la caja y lo que me digan deberían de venir dos.

Sin hallar solución ni satisfacción garantizada, me fui a buscar más títulos por 40 pesos y nada tampoco. Decidí que me devolvieran el dinero. Me indicó el joven que por sistema no se podía.

Amarrado estuve hasta que miré a otro joven con uniforme que andaba por ahí. Era el subgerente que no se había dado cuenta que había un cliente que no estaba satisfecho y que estaba criticando, con cierta voz alzada los servicios de calidad que Blockbuster entregaba (o trataba de).

No hago más largo el cuento. De manera milagrosa sí hubo manera para que me regresaran mis cuantiosos 40 pesos.

El punto es, Blockbuster no me dio satisfacción garantizada. No me hizo la garantía de manera explícita. Los DVD’s, no sé, estaban marcados de manera equivocada, no sugiero dolo ni nada, sólo eso, mal marcados y que por eso me guiaron mal en mi decisión de compra.

Cada DVD, de querer yo comprar la temporada completa, serían 47 pesos. Yo estaba creyendo comprar dos por 40 pesos. Nada mal, pero tampoco la superganga mundial.

Así las cosas no me llevé nada.

El motivo de esta discurrencia es airear mis pensamientos acerca de las circunstancias de servicio de una franquicia en una ciudad mediana del centro del país que no tenía línea siquiera para cobrar tarjetas. Que de alguna manera no había manera de que yo comprara el producto que yo deseaba. Y que al parecer no había modo de regresarme el importe y que tuviera yo que preocuparme de encontrar algo que sí me satisficiera, como si fuera cualquier tipo de cliente indiscriminante, que desgraciadamente no lo soy.

Así las cosas, salí de ese Blockbuster, molesto por partida doble. Por no haberme garantizado la satisfacción. Por haberme hecho perder mi tiempo. Me hubieran regresado el dinero a la primera.

Ninguno de los clientes me hubiera escuchado todo lo que dije acerca del servicio y de la calidad y el concepto de cliente satisfecho de haberme devuelto rápido mi dinero.

Había que protestar por pequeña que pareciera ser la causa de la protesta. Había motivo y eso era suficiente. Hoy 40 pesos, mañana un Wii de tres mil o cuatro mil pesos.

Blockbuster es una empresa gigantesca. Que si bien ahora tiene problemas por las compañías de renta de videos en línea, y por las tendencias que apuntan a que un día, en menos de diez años, si sigue aumentando el ancho de banda que llega a las casas, llegarán tus películas de video a tu TV por la red misma.

Sí, Blockbuster siempre ha sido gigantesca desde tiempos inmemoriales. En alguna parte supe que tenía ingresos anuales cercanos a los 10,000 millones de dólares. Y que de esa lana, un tercio de sus ingresos era por ¡multas a personas que no devolvían las películas a tiempo! En esta misma ciudad en ese Blockbuster, un futbolista ha pagado multas de hasta mil pesos por no regresar una película. Mil pesos así como si nada…

Pero para mí sí son algo 40 pesos.

Me salí de esa tienda con las manos vacías. Sin poder ver a Ricardo Tubbs ni a Sonny Crockett hacer de las suyas, en esa Miami del vicio. Sin saber más del vicio de Miami. Sin poder ver la arquitectura neo-deco de la que está poblada Miami. Sin ver los Everglades. Ni a los latinoamericanos malditos que envenenan a los pobres norteamericanos con drogas de todo tipo. Sin poder pensar en las cortinillas que tan hábilmente arreglaron los de VH1 como comerciales de ese programa durante el tiempo en que los transmitieron.

Sin poder ver la moda. Sin poder mirar a las mujeres doradas como espigas. Ni al sol de Miami. Ni a las playas de Miami. Ni a la escoria de la tierra que vaga por esa ciudad.

En fin.

Pero me regresaron mis 40 pesos.



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