martes, enero 15, 2008

El caso de los trailers fraudulentos. O cómo va tanta gente a ver cortos de película engañosos.

El punto es, ¿de qué escribir? Habiendo tantos temas y aún así como que me encuentro no exactamente en un bloqueo pero en algo similar. Entiendo que algo como el perro del hortelano.

Esto es más bien un atiborramiento de temas diversos como por decir, de El Metro, o sea, el Sistema de Transporte Metropolitano de la ciudad de México (al que le traigo muchas ganas), o de la película de Kill Bill Vol. 1 y 2, que la he venido arrastrando por un buen tiempo, o de la película de Across the Universe, que acabo de ver no hace mas de dos semanas y que me fascinó sobre manera, o de muchos otros temas que han salido por ahí. O también puedo hablar de la novela de William Gibson de Patrón de Reconocimiento, Recognition Pattern y que acabo de leer. O tal vez pudiese ser de La Guerra y la Paz, del bueno de Tolstoi que estoy leyendo de nuevo. O de el libro de The Soul of a New Machine, de Tracy Kidder, que tiene muchas cosas fascinantes. Ya veré…

Resulta que también por cierto ya llegué a 15,000 visitantes a este blog, según un contador y según otros ya los pasé, según otros de más allá aseguran que no he llegado a tal cantidad.

Lo peor, como siempre, los detractores amigos que dicen con cierta malicia inocente disfrazada, “sí, pero, ¿cuántos te leen?” Goddamn it!

Esto de los contadores es una ciencia no exacta, ya lo he comentado pero solo son puntos de referencia finalmente. Ni los mismos proveedores de esos contadores de visita se ponen de acuerdo. Que si los hits que si no los hits, que si captan la atención o no la captan.

El punto no se va por cambiar de tema, ¿por cuál tema (precisamente) me decido?

Otra cosa peor: Me insisten estos amigos que haga artículos más pequeños. Más concisos. Que le haga como le hacen los escritores de editoriales o columnas diarias de periódicos. Leer cualquier cosa de un artículo de alguna revista o algo de un libro que estén leyendo y que lo comente. Así ellos van salvando el día.

No digo que es malo, al contrario. Da un buen sabor de boca el escribir de cualquier cosa, mientras esta valga la pena. Ya se verá si se puede o no. Ya veré si tengo el tiempo de minieditarlo, si se puede o no.

Hagamos la prueba. Total. Ni quien nos regañe, ¿verdad?

Veamos.

Aquí hay un tema. El primero.

El caso de los trailers (o cortos) fraudulentos.

Hay un cuate que me gusta mucho leer en el New York Times, que se llama David Pogue. Él escribe sobre tecnología de consumo, mas que otro tipo de tecnologías, él escribe de cámaras, de Ipods, de Smartphones, de PDAs, de compañías celulares, de tiendas, de hecho escribí sobre él y una opinión que salió hará seis meses sobre esa compañía de Slim, que ya vendió, y que daba, o da, muy mal servicio, llamada CompUSA.

Así las cosas este cuate escribió la semana pasada en su columna de Circuits, que así se llama esta, sobre el cómo se sentía defraudado por ver unos cortos que de alguna manera sobrevendían la película.

Hablaba Pogue del caso específico de esa película llamada “Tesoro Nacional: El Libro Secreto”, en la que sale Nicholas Cage, que al estilo de Indiana Jones, se pone a buscar no se qué que afecta a los Estados Unidos y al mundo, para variar.

Respecto a esta película, no la pienso ver hasta que salga en cine o en cable, dudo que valga la pena en sí, sólo como algo de entretenimiento y ya. Nada más en realidad.

Pero no sé que mosca le picó a Pogue que le dedicó toda la columna de la semana pasada a ese tema y el de esta también, con la reacción al respecto a lo que había afirmado.

El caso es que le llamó la atención hasta que punto los cortos de una película confunden a la gente. O la engañan.

Que él tenía muy claro lo que había visto en los cortos de la misma y que muchas de las escenas mostradas no aparecieron. Frases que no fueron dichas en ciertos contextos, escenas que fueron mostradas desde otros ángulos. Que por ejemplo en los cortos aparecían las pirámides de Egipto, las cuales no aparecieron en la película. Que aparecieron escenas del Lincoln Memorial con Cage en ellos, y que estos tampoco aparecieron.

El punto es que esta semana, como dije, la cosa continuó y el propio director apareció en el debate puesto en Circuits aduciendo que no es culpa de él ni de su equipo que se haya mercadeado la película de ese modo. Que lamentaba mucho que las compañías productoras de películas lo hagan y que los abogados de estas afirmasen que no pasaba nada si se llegaba a hacer eso.

Que lo que se ve en los cortos son incluso escenas desechadas que fueron utilizadas sin su total aprobación. Que eso es práctica común.


Que los estudios siguen viendo las películas como una inversión-producción-negocio que no da para que se escatime en recursos para atraer a la gente.


Que quizá ese pueda ser un problema como por decir afirmar que la película de Sweeney Todd, de Burton, se anuncie como un musical con tonos cómicos, cuando es algo más complejo, una comedia musical con tonos macabros incluso.


Que eso finalmente sí puede afectar a una película cuando se anuncia de una manera, la gente va a al estreno y descubre que no es como se las pintaron y de ahí se va todo al desastre fruto del boca en boca, que se dirá lo que se diga en estos tiempos, pero que es poderosísimo.

En fin.


Esta costumbrita ha sido de toda la vida y siempre ha puesto el dedo en la llaga: ¿Cuántas películas se hubieran preferido evitar de ver si nos hubieran dejado los verdaderos cortos, es decir, verdaderas escenas en la película?

Los cortos o trailers sirven para seducir, para captar la atención, para lograr convencernos que es necesarísimo para nuestras vidas el ver determinada película. Es una de las principales herramientas de mercadotecnia de una película, otra son los posters en los cines y los panorámicos y en las paradas de autobuses.

Estos cortos duran muy poco, por algo le llamábamos así desde que supimos que era el cine al principio de nuestra infancia.

A mí me pasó en una película llamada Un Loco Amor, o Fool for Love, de hace como veinte años, en donde salía el conocido dramaturgo Sam Shepard, y la bellísima Kim Basinger, a través de lo que percibí en esos cortos, la imaginé como una comedia.

Y me preparé para ver eso, una comedia. ¿Por qué? Porque la escena principal del corto era cómica, divertida, simpática.

La película es un drama de dos ex amantes traicionados. No digo que era mala, pero como que te preparas a ver una película que es comedia y luego resulta que es cualquier otra cosa que comedia, pues ya estabas en ese predisposition mode. Aún así, la película de Loco Amor, de lo único que me acuerdo es de esa escena cómica.

Recuerdo por otra parte en la vida de los cortos, por decir los mismos de Star Wars, impresionantes. Recuerdo también los cortos de Independence Day, Impactantes . Los de Godzilla. Los del nuevo proyecto de estos cuates de un monstruo estilo Godzilla que se llama Cloverfield, eso parece y que los cortos también son asombrosos.


O la idea que te sugieren los cortos. Y hay tantos y tantos ejemplos.

Pero ha de ser como las portadas de Playboy o como Cosmopolitan, que como es creído ampliamente o sabido por intuición, las chicas de la portada, aún y que son guapérrimas, todavía encima se les hace una mini, pero muy significativa miniliposucción digital.

A final de cuentas la onda es vender, total, ni quien se queje.

Así que, aguas (como decimos en México) con que se piense que los cortos lo son todo. Con los que creen que la última película de Burton, Sweeney Todd “sólo es un musical”.

Nada más para añadir algo en este asunto que ya dio para dos cuartillas: La mamá de un amigo, muy religiosa ella, llevó a sus hijos a ver una película de tema religioso.

La película se llamaba Apocalipsis Ahora.

Sin palabras.

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