viernes, mayo 02, 2008

REPULSION MACABRA EN LAS SERIES TV DE HOY: EL CASO DE LOS CUERPOS DESCARNADOS EN CSI, EN BONES, Y UN GRAN ETCETERA


La gente quiere ver representada la vida como es en alguna parte. Algún misterio de la representación de la realidad. Lo que existe dentro de la mente y que se quiere mostrar a los demás.

Algo que tiene que ver con los dramas de la vida. Algo básico, supongo. Algo profundamente enraizado en los genes humanos. Algo de presunción y de arrogancia hay en eso de celebrar la sangre.

Imágenes de cazadores acorralando mamuts, tigres, antílopes. Luego los dramas de los egipcios, todos de lado los pobres. Luego los romanos describiendo las matanzas gráficamente en los arcos triunfales de sus emperadores. Luego los normandos encabezados por Guillermo el Conquistador describiendo en el fabuloso Tapiz de Bayeaux la derrota del rey Haroldo, incluyendo la flecha en su ojo que lo terminó matando.

La violencia siempre llama la atención. Goya con sus monstruos, ese cuadro de Cronos devorando a sus hijos es estremecedor. El cuadro de Manet del fusilamiento de Maximiliano habla mucho de la indiferencia de uno de los tiradores, mientras los demás le disparan al ex emperador casi a bocajarro.

Llega la fotografía con su clara descripción de la realidad capturada en un cuadrito. Su primera guerra, la de México con USA, es fotografiada, pero solo a nivel de tropas entrando a la ciudad, como sucedió en Saltillo en 1846. Luego tomaría a la muerte de frente en la Guerra Civil con los muertos de un lado a otro de los caminos de los campos de la muerte de esas batallas como Manassas, Gettysburg, y un gran etc.

Pero esas son fotos de circunstancias reales. Crean la sensación de la perpetuación de los instantes, mortales o no. Transmiten de manera sobrenatural el dolor, la vida desvaneciéndose. Campos de batalla, los panoramas quietos que desmienten de manera no natural la violencia precedente, creadora de la desolación humana.

Y así va la cosa. Los temas de la violencia y su descripción en las artes es solo una consecuencia natural.

Bueno, hace pocos días vi la película The Wild Bunch, de Sam Peckimpah, filmada en Durango, México, en 1969, con William Holden, Ernest Borgnine y un bunch de actores incluyendo al Emilio “el Indio” Fernández y a Alfonso Arau.

Es una película western que se sale de la línea de los westerns de hasta entonces. Porque déjenme les cuento que hay un contexto de evolución en todas las cosas. El cine no está exento de evolucionar.

Y ciertamente hay personas que dicen que mostrar la sangre por todas partes no es evolución. Evolución mis polainas, aseguran. Que es asqueante, aseguran, innecesario, ver como la espalda de un tipo explota envuelta en sangre. O sea, aquí el punto, evolución de cine como objeto-sujeto de narración no es el punto aquí, de momento, sino en concentrarse en el ver, en el observar, en el regodearse con la visión de la sangre, de lo rojo, de mirar, de atestiguar como el líquido rojo vital se está escapando del cuerpo de un ser vivo. Que este ser haya sido denominado como “bueno” o “malo” finalmente no importa.

Mirar en The Wild Bunch ese casi final de balas y balas y sangre y sangre y muerte y muerte, en cámara lenta, en ese, ya lo dije, regodeo de la violencia, admirar la convulsión del ser humano, su degradación final total, en la que se percibe la mortal indiferencia (literalmente) del mismo acto de segar vidas, no con la hoz mortal, sino en este caso con una gran metralleta de 1912, enfriada con agua, utilísima para su cometido.

Fue la primera película con excesos de sangre qué hubo en el cine (¿cuántos litros nos detenemos antes del llegar al one-too-many litros? ¿Cuántas heridas? ¿Cuántos muertos? ¿Quién o que sentido del buen o mal gusto define al one-too-many? ¿Cómo parar antes? ¿Se tienen deseos/impulsos de seguir adelante con más y más litros de sangre? ¿Alguien habrá usado el término de bloodycolor antes?) Hemorragia, borbotones, más términos relacionados que podrían ser útiles al menos en un laboratorio de análisis de sangre, tal vez, sólo tal vez.

Luego saldría El Resplandor con Stanley Kubrick con sus fancy elevadores del Overlook Hotel saliendo de ellos cascadas y cascadas de sangre y en el Drácula de Bram Stoker de Francis Ford Coppola, él mismo gritando en el plató “¡más y más sangre!”.

No quiero que sepan el final de Butch Cassidy and The Sundance Kid, pero alguien, (un poco antes de que saliera The Wild Bunch), nos evitó el punto de presenciar algo similar. O en el Zapata de Elia Kazan con Marlon Brando, igual (el caballo blanco sale de la emboscada y las balas lo cosen, pero nada de sangre). No como a Bonnie and Clyde, en su final en cámara lenta, cuando los abaten sangrando por todos lados.




(Detecto un patrón aquí)



Y ya luego siguieron más. El umbral empezó a moverse.

El asunto va por el lado de lo que es mainstream, es decir, en lo que es el grueso de la gente, lo popular, lo que es admitido por todos.

En alguna parte escribí acerca del daño relativo que hizo el cine de Spielberg y de Lucas al cine de adultos que comenzó con Vaqueros de Medianoche (Midnight Cowboys) de 1969, pasando por Chinatown (1974), Looking for Mr. Goodbar (1977), etc.

A partir de Tiburón (Jaws), 1975, y sobre todo de La Guerra de las Galaxias (Star Wars), 1977, y de Cazadores del Arca Pérdida (Raiders of the Lost Ark), 1981, el cine se hizo más suave. El cine mainstream, me refiero.

Llegando a estos años es contrastante con lo que pasó con la TV. Se hizo más real. Pero mas mas mas mas. Y hablo de las series de médicos, de las de policías. Parece que son las eternas en lo que a dramas se refiere. Digo, están las demás: las de aventuras, las de misterio, las familiares, las de abogados, las de etc.

Y bueno, hablemos solo las de policías. Las de médicos, pues, sólo Dr. House llega a ese extremo con sus modelos de cómo la enfermedades toman control en los conductos dispersos y diversos del cuerpo humano.

Ya hablé de CSI hace como un año en estos espacios. De cómo exageran las cosas para conseguir la confesión del asesino, del malvado, del que comete la felonía, el delito. De cómo no existen esas técnicas estos días, de cómo chocan estas con la realidad, finalmente.

De cómo personas en la vida real muestran un por decir hilo de un sweater de un malhechor y esperan impacientemente a que la policía logre la identidad del tipo que lo compró para meterlo en la cárcel.

De como ese efecto CSI causa efecto en la vida real. Caramba, estos cuates, los de Miami, los de Nueva York, los de Las Vegas, jamás pierden una. Siempre encuentran al asesino utilizando esa técnica y ciencia que es devastadora, todo en 48 minutos.

No sé porque en la vida real la gente mala, la que asesina lo sigue haciendo. ¿Qué no ven la tele? ¿Qué no saben que los encontrarán a pesar de que hayan cometido su asesinato con el cuidado más extremo?

Luego está NCIS. Al principio no me gustaba, lo sentía muy nacionalista gringo en tiempos de guerra. Patriotero y jingoistic. Los malos son los que quieren matar a nuestros soldados que luchan desinteresadamente por imponer el estándar de vida norteamericano, junto con el gusto por el pay de manzana.

Pero lo he visto después y es muy humano de repente, o quizá he visto pocos programas, no sé. El ultimo se trató de lo de siempre, un asesinado, en este caso un soldado americano musulmán. Sí, un marine musulmán. ¿Por qué no? El caso es que se imponía hacer una autopsia. Pero el forense, el viejo David MCallum, el original Illya Kuryakin del Agente de C.I.P.O.L., se oponía, porque la fe musulmana se opone a eso a abrir un cuerpo muerto. Así de sencillo. Y bueno, el caso es que hay respeto en esa acción. Respeto a la fe musulmana tal como debe de ser. Okey, sólo es un programa de televisión.

Y me pongo a pensar en la violencia. Adoro el programa de Lost, pero de que es violento, lo es. La sangre aflora de manera sencilla. Bueno, algo de El Señor de las Moscas había de tener. Desamparados en una isla, la fuerza se impone, etc.

Y así sucede. En Bones, un programa de forenses, se ve que tiene raíces con Quincy, aquél programa de los 70s con Jack Klugman. Sólo que en el caso de Bones, que también me agrada mucho, pasa algo con el programa que definitivamente no voy de acuerdo.

Es aquí donde junto ambos, NCIS, CSI y Bones van de la mano. Su hipergraficidad del asunto de los muertos. Sí, todos son de policías. De descubrir al malo. Al asesino, al que cortó la vida a alguien más.

Ya mencioné que NCIS es mas humano en ese sentido con sentido del humor. Bones es de humor y de la tensión erótica entre ambos protagonistas. CSI es mas frío, más efectista y eso sí, sólo con chispazos aislados de humor sólo en el de Las Vegas.

No he mencionado a Criminal Minds y al de Dexter. Luego hablaré de ellos. Algún otro día. Dexter es más espeluznante. El protagonista es tan criminal como a quienes persigue. Criminal Minds es algo que trata con gente enferma y violenta de la que uno sabe que sí hay afuera., Y no hablo de la diferencia o de si hay diferencia o no, entre los criminales latinos, o en mi caso, mexicanos, con los de Estados Unidos. Lo menciono por el hecho de cómo estamos construidos psicológicamente en esos aspectos los seres humanos.

Bueno, la crueldad es la crueldad. El matar es el matar. La fascinación es la fascinación. La repulsión es la repulsión.

Y ha pasado mucho de ver programas de TV en los que vemos personas caer sin sangre, solo caer al piso, cuando un balazo les pega. Digo, cada persona caída es alguien, en ese mundo, con madre, esposa, hijos, que sé yo.

Luego veo la película de Donde las Aguilas se Atreven, Where Eagles Dare, 1969, con Richard Burton y Clint Eastwood, con éste último matando con dos metralletas en cada mano, a mas de doscientos alemanes él sólo. Nada de sangre. Sólo cuerpos.

Y es el caso que Bones saca cuerpos cada semana queriendo superar el gore de su semana anterior. Pies cortados. Mutilaciones. La carne pegada al hueso. Esqueletos realizados con restos de 18 cuerpos diferentes. Cráneos, mandíbulas. Gusanos en las órbitas de los ojos de algún cadáver descomponiéndose en medio de un bosque.

El realismo a todo lo que da. ¿Se necesita? ¿El efecto será menor si no fuera así? ¿Es importante mostrar, más que sugerir?

No he leído de protestas de parte de los medios. No he leído de críticas en las revistas, sólo se menciona el gore, nada más eso. ¿Qué es el gore? La sangre, el órgano, el realismo de las tripas saliéndose. Eso es el gore.

Pero las series son populares. Eso no se niega. No sé si hay relación entre gore y popularidad.

Una vez leí una crítica del Time sobre una novela de Stephen King, llamada The Dark Half, La Mitad Oscura, de 1984, acerca de un novelista, el protagonista, que escribía sobre un asesino super terrible, que no sé si era el antihéroe o que. El caso es que ese escritor toma vida y, bueno, sobrenatural como casi todas las novelas de King. El punto es que el crítico literario de Time dijo que, si la violencia descrita en The Dark Half fuera sexo, la novela sería hiperpornográfica.

Si el descarnamiento, o como se llame el tratamiento que se muestra en pantalla de cuerpos, de los acercamientos a la descomposición, del otra vez, regodeo, que se da en la superficie de los cientos de cuerpos que aparecen cada semana, fuera sexo, la de voces que estallarían en contra.

Nip/Tuck era repulsiva y fascinante, en una extraña mezcla, ahora solo es repulsiva. Y es demasiado hedonista para mi gusto, pero ahí está lo del sexo, junto al bisturí, los implantes, lo bizarro del ser humano que quiere que le quiten o que le pongan. Y es repulsiva, pero el cuerpo mostrado no está muerto, a lo mucho está preso de la baja estima, o del dinero o de la búsqueda siempre fallida de la eterna juventud.

También está el caso de Pushing Daisies, que es otro programa, genial en cuanto a fotografía, pero totalmente macabro desde donde se le vea. Un tipo que tiene el poder de resucitar a los muertos (me suena, me suena), pero solo por un minuto, y que usa ese poder para averiguar quien mató a la víctima y a partir de ahí poderle hacer justicia. Los muertos que despiertan para esto, tienen sentido del humor aunque les falte una parte de sesos. Algo como salido de la película de El Sexto Sentido, pero con humor.

Six Feet Under. La historia de la familia que eran ni más ni menos que dueños de una funeraria que al principio mostraba solo las muertes más extrañas, usaré la palabra bizarra de nuevo, que luego tendrían que ser mostradas ya embalsamadas ante los deudos. Extraña, fuera de lo común, excelente música de introducción.

Y si estos programas, Bones, CSI, y demás, en lugar de dedicar esa energía a mostrar lo más bizarro de la carne muerta, lo dedicaran al sexo, uf, lo que no se escucharía en los medios, como programas decadentes, terribles, sin valores, repulsivos y… fascinantes quizá después de todo.

Ya veremos con el tiempo, ya lo veremos.

Recordando esa frase que alguna vez leí en Penthouse o en Playboy, “llevar a cabo un asesinato es un crimen, describir un asesinato no lo es, llevar a cabo un acto sexual no es un crimen, describir un acto sexual, sí lo es…”. ¿Aplicaría todavía?

Y bueno, Californication más o menos ahí la lleva en cuestiones de sexo, pero, habrá que ver. Y dicen que es comedia.

¿Cuál sería entonces el equivalente en sexo, de mirar una escena de CSI: Nueva York, de un tipo tirado en el piso sin nariz, sin boca y sin mandíbula, con un gran agujero rojo y grotesco en esa parte de la cara, porque le estalló, un puro, dizque de broma, cargado de verdadero explosivo?

No, no me lo puedo imaginar. Pero un sexo así, de impactante, estaría impresionante.

O bueno, quizá hasta yo tendría mis límites.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Querido Luis, tu espacio ha sido elegido para recibir un premio. Dirígete a la Magia Cotidiana para enterarte de los pormenores y recogerlo. ¡Felicidades!

Indra.