miércoles, noviembre 26, 2008

LA ADMINISTRACION, CÓMO VERDADERA CLAVE Y OBJETO DECISOR EN NUESTRAS VIDAS

Diatriba Reflexiva. Pensamientos Bucólicos o Sólo Suspiros de Tiempos Idos y Mal Apreciados.

La administración es algo impresionante. No es poca cosa. Es el como se lleva a  cabo el manejo 

de una empresa sea ésta pública o privada. Todos administramos alguna vez, ya sea nuestro tiempo, ya sea nuestra casa. Todo mundo hacemos labores que tienen que ver con administración. Organizamos, planeamos, controlamos.

Esto de la administración puede tener graves consecuencias. Es algo muy serio, la verdad.  Alguien administra este país. Alguien administra sus recursos. Y nosotros estamos dentro de todo eso. Alguien administra la empresa en la que trabajamos o compramos o vendemos o participamos o etc. Y sufrimos las consecuencias de sus faltas de experiencia.


Y lo peor, hay gente que lo hace bien y hay gente que lo hace mal. Alguien como Jack Welch es mítico, como el sumo Michael Jordan de la Administración, manejó General Electric (GE para los amigos) a través de casi dos décadas y la llevó a ser impresionantemente fuerte, influyente, indestructible.

Le pusieron Jack “Neutrón” Welch porque mientras dejaba intactos a los edificios, a la gente la borraba totalmente, como aquella Bomba de Neutrones de la que nunca supe si se construyó o no, o si la llegaron a 

vender en Wal-Mart o qué. La corría pues. Bueno, había sus razones. Había dicho que de todas las empresas en las que estaba GE, sólo merecerían quedar vivas las que fueran la uno o la dos de su mercado específico. Pero por lo demás al parecer sí se preocupaba por su gente. Al menos eso dice el libro de “Controla tu Destino Porque Si No Alguien Más lo Hará” que habla sobre él. Muy bueno, ¿eh?

 

Panoramas de la Realidad Efectiva.

Bueno, según esto lo que hizo fue hacer más esbelta la empresa. Ese es el deber ¿no?, hacer más efectiva a la empresa. Se lo deben a los accionistas. Hay que crear valor para los accionistas. El que la gente trabaje dentro, el que la gente le compre a ella, sí importa, claro, pero lo importante es que hay que crear más y más valor a la empresa y a sus accionistas. Para que rindan más dinero. Mientras más dinero, mejor.

¿Quieres medición? Mide cuanto le creas de valor. Ninguna otra cosa es más importante. El Rey Midas debería de ser el ídolo. Todo lo que tocaba sería oro. Así debería de ser con los que manejan las empresas.

¿Los empleados? Son/somos/fuimos/seremos recursos, humanos, pero sólo eso, recursos a quienes se recurren, o se usan o se desperdicien o dilapidan. Cuadritos en organigrama. Flechitas. Bueno, así son las cosas, así las aceptamos los que queremos, los que no quieran, pues no.

Es la concepción del trabajo en sí que hacemos, o hacíamos, en las organizaciones o instituciones. Hacemos una función. Cumplimos con un objetivo. Estamos en un escalafón. En una organización. Damos servicio a alguien y otro alguien nos da servicio a nosotros.

Pero he ahí ellos, los administradores. Examinémoslos un rato. Ahí han estado en las empresas desde que aparecieron éstas. Ellos las fundaron. Primero tocando de oído, luego yendo a escuelas en el extranjero para aprender. Luego trayéndose las escuelas (casi literalmente) y sus influencias o sus metodologías, sus maneras y formas de enseñar para enseñar a otros. O las de maestría donde alguien les da clases y casos lejos de la sabiduría popular. Donde les dicen los secretos reales de la administración mexicana. Los conocimientos secretos que se pasan de voz en voz, cómo hálitos divinos. O sea, la entrega de los ajustes mexicanos alejados de la teoría. La tropicalización de la administración.  Por ejemplo el porqué se paga a la gente lo que se le paga. El estilo mexicano de administrar. O como alguien me dijo que le dijeron en una prestigiosa institución educativa de negocios, “la empresa mexicana es sólo para sacarle lo posible y luego cuando no de más, venderla”.

Y la escuela se fue dando entre los demás, proceso de aprendizaje, de adaptación y de imitación y difusión.

Poco a poco la masificación, la estabilidad política, los buenos tiempos, la frontera cerrada,  la escala de mercado siempre en ascenso que dio más poder a la empresa, a la industria, a la fábrica, fueron factores que se dieron sin cesar. Con todo, los problemas de cualquier manera se sucedieron, las crisis iban y volvían, mejores tiempos, prósperos, otros no tanto, más bien críticos. Las empresas seguían, sus líderes crecían, sus hijos salían de la escuela y se ponían a trabajar desde abajo, pero bajo vigilancia, buscando su propio camino… dentro de la fábrica rumbo a la gerencia, a la dirección con paso seguro, irremediable.

Y no hay nada de malo en eso, se puede, se hace, y ni quien diga que es injusto. La herencia es la herencia. El talento es el talento. Las rayas le vienen al tigre por la herencia, ¿no?

 

Las Ruinas de los Mundos Olvidados.

Pero algo pasó, como dice Andy Groove, fundador de Intel, en su libro de “Sólo los Paranoicos Sobreviven”

o “Only The Paranoid Survive” , cuando las cosas empiezan a combinarse para sacarte de mercado, o para ponerte en crisis permanente, o  para decirte de manera sutil que los buenos tiempos han terminado. Y no hay manera de saberlo. Un precio de petróleo que languidece, o que sube, una bolsa de valores que no levanta, un cambio de necesidades de cómputo, o de nuevos sistemas de distribución más eficientes de ciertas compañías.

O de plano que los productos extranjeros ya llegan a los anaqueles y vemos salmón a 100 pesos el medio kilo, playeras de muy buena calidad a 60 pesos, o películas recientes de Hollywood a 70 pesos.

Nuevas tendencias que se conjugan y que quieren decirnos algo. Quizá el neoliberalismo, comerciar a lo bestia derrumbando barreras sin esperar a que los demás lo hagan, o la tendencia de hacer a las empresas más estrechas, sin grasa corporativa debida al exceso de capas o de empleados intermedios, o un énfasis extra en ser el número uno o el dos en cada industria en la que estás, comenzaron con el susodicho Neutrón Welch en esos años en los que reinaba Flans y el año de Duran Duran con su Girls on Film sin censura.

La misma IBM pensaba en ser la reina de los mares industriales a finales de los años 80’s. Pero no contaban con la PC y las redes locales. Y en otros aspectos muchos no contaban con Internet y la revolución de los webservices. Y muchos no contaban con el comercio electrónico. Y muchos no contaban con la inmadurez de los mercados electrónicos. Y muchos no contaban con el celular y sus eventuales increíbles posibilidades de comunicaciones (los rumores de que ya sirven para microondas son injustificados). Y muchos no contaban con 

China y su bestial capacidad de consumir cemento y acero, además de mover increíbles cantidades de personas hacia la producción de maquiladoras chinas inmensa e intensamente baratas. Y no contaban con que la eficiencia de los transportes lograra que se ignorara el Pacífico, de entre todos los Océanos. Y muchos no contaban con un petróleo caro. Y muchos no contaban con un petróleo barato. Y muchos no contaban con una recesión económica a partir del exceso de confianza que los norteamericanos le tuvieron a su crédito.

 

Volviendo a principio de los 80’s, los libros empezaron a llegar a las empresas, la administración se siguió enseñando entre los fieles a través de esos libros sagrados. Se trataba de imaginar como reacomodar a la gente según funciones, alineación de misiones, visiones, objetivos, de cómo entenderla, cómo guiarla, cómo enseñarla a que realice éstas y éstos, todas enfocadas en los beneficios de la empresa. Se entendían los principios de él cómo planear, él cómo manejar el dinero, cómo comprar los insumos, cómo promover y cómo llevar a vender a través de la distribución eficaz lo que la gente pedía y lo que había que hacer para vender los productos fabricados a la gente prevenida y mejor aún, a la desprevenida.

En ocasiones se llegaban a inventar cosas y a utilizar esas innovaciones e invenciones en beneficio de la empresa. Los que la inventaban, pues, su estímulo, un reloj, una placa, un pequeño estímulo económico. Excelente trabajo, disposición y lealtad. Los valores son los valores.

Uno pensará que en ocasiones los que están arriba lo merecen. Que saben ser diferentes de quienes no estamos allá. Y los mismos pensadores-gurús-ídolos-del matiné-grandes-shamanes-de-la-administración lo afirman: “¿qué diferencia básica puede haber entre un tipo que está arriba en el tope y qué gana 500 veces más que el de más abajo… para que gane esas 500 veces más?” Por decir, en estos tiempos modernos, hubo las quiebras en los bancos y las financieras y como quiera se llevaron los altos ejecutivos millonarios dividendos de premios. Y eso que las quebraron. Imaginémonos que hubiera pasado si las cosas se hubieran dado hacia una situación de fantasía de no-crisis.

Y luego veo a mis grandes industrias en donde crecí profesionalmente y me pregunto donde está hoy Cigarrera la Moderna, Data General, Vitro, IMSA, Redsat, IMPSAT, CYDSA, HYLSA, esas empresas que eran dirigidas por personas muy competentes, porque lo eran… y en fin. Y donde están, bueno, ahí están unas empresas transformadas, como los tiempos lo exigen hoy en día, en lean enterprises uber alles. Dicen que abusando del outsourcing.

Dicen que abusando de los empleados por honorarios. Dicen. Dicen. Dicen. Dirán. Las demás, se disolvieron en su arrogancia, víctima de su propio hubris.

 

Los Brujos sin Retorno.

Me considero mediano estudiante de lo que es la Ciencia joven de la Administración. Sólo llevé los cursos en la escuela hace 25 años y lo que he leído.

Pero de entre todos me cae bien Peter Drucker, era genial. Conoció a mil gentes importantes. A Freud, incluso. 

A Kafka. El fundó la administración en sí, como una ciencia dedicada al manejo de los procesos productivos de una empresa para llevarla adelante y hacerla crecer, digna de reflexionar y pensar en ella para hacerla cada vez mejor. Él subtituló su libro de “La Práctica de la Administración” con “un estudio de la más importante función en la Sociedad Americana”. Para esto, “El administrador”, afirmaba, “es el dinámico, elemento dador de vida en cada negocio”. Impresionante, ¿no es cierto? (Eso de “dador de vida” me suena familiar…).

Y es que Peter Drucker fue el padre de todos, el que dio el comienzo al concepto de la administración práctica, el sumo sacerdote, el que inició todo. Sus trabajos siguen siendo vigentes hoy mismo.

Pero Drucker ya se nos murió. A los 96 años, casi. Muy recién, para esto, murió en 2005. Muchos estudiosos  no lo consideran muy en serio. Sólo porque le faltó teoría. Demasiada práctica, pues.

Después entre los gurús de administración son más conocidos, pues por supuesto tenemos a Tom Peters, el gran showman, el de los lemas, el de los signos de admiración!!!!!!!, el de las órdenes, el popular a fin de cuentas. El que cobra eternidades de dólares por sus conferencias. El que odia a Dilbert. El de TU ERES TU MARCA. El de los Proyectos WOW. Ése.

Luego está, veamos, Michael Porter, el de “las cinco fuerzas competitivas”, el de la estrategia, el de la ventaja competitiva de las naciones, el caro, pues. (Los demás también son caros, para esto).

¡Ah!, a mí la administración no me llamaba mucho la atención en mis años mozos. Y no era por falta de ganas, quizá por falta de orientación, algo así. (Si eres joven y tienes ambiciones, búscate un mentor, ¡pero ya!)

El punto es que de ciertos años a la fecha me ha dado por leer libros de administración. O de superestrellas de la administración. O libros algo de moda.

En algún momento hace más de 20 años leí el libro de El Principio de Peter y siempre me llamó la atención ese rollo del principio de la incompetencia. La Teoría Z me lo regalaron en Westboro, Massachussets, en la mera guarida de lo que era otrora rebelde fabricante de minicomputadoras Data General, al igual con el fascinantísimo libro de The Soul of a New Machine de Tracy Kidder… que se trata de cómo crearon ahí en Data General la máquina MV, proyecto clave Águila o Eagle. Que no sé como, pero un día le hago una reseña… veintisiete años después de que sucedió todo.

No he salido de los 80’s, no se confundan.

Hay que recordar los libros de Peters de aquellos años, 1982-85, especialmente el de En Busca de la Excelencia - In Search of the Excellence (que luego quedó, umm, algo desacreditado porque la mayoría de las empresas que venían descritas en el libro tuvieron pésimos resultados solo 2-4 años después).

Y es que con la difusión de las ideas se empezó a dar el tema de moda, y todos sabemos por supuesto que con el tema de moda entra el tema de la imitación.

Todo era excelencia: La excelencia, busca la excelencia, sé excelente, cuidado con los japoneses porque son excelentes, sé excelente por sobre todas las cosas, y su libro según esto, era sencillo de leer, una receta, un claro How-to. Hasta el mismo Drucker opinó de “En busca de...”, un tanto burlón: “sólo póngalo debajo de su almohada y todo le resultará…”. Suena familiar.

Bueno, la onda de los libros administrativos hechos por gurúes fue como mencioné al principio inventada por Peters con ese libro que según esto se originó porque su compañía, la hiperinfluyente Consultora McKinsey, le encargó que hiciera un reporte que mostrara cuales eran las claves de ser mejores que ciertas empresas mostraban con el paso del tiempo. Empresas como Data General y Wang, IBM y Sears, por decir algunas… con los resultados ya mencionados.

Según esto, este Peters con su libro hizo casi una iglesia, con ese libro como biblia, y que con al igual que la Biblia, que muchos tienen  pero no leen, le sucedió algo similar: dice él que fue un libro más comprado que leído: Peters calculaba tres años después que 5 millones de personas habían comprado su libro, que de 2 a 3 millones lo habían abierto, que alrededor de 500,000 leyeron 5 capítulos,  que 100,000 personas lo habían leído todo, y que sólo 5,000 de estas hicieron notas detalladas.

Hagan de cuenta que igualito que eran Los mismos Versos Satánicos de Salman Rushdie.

Luego llegaron los libros (o fueron al mismo tiempo, muchos libros en bola, las tendencias por eso son eso, tendencias) de Akio Morita, el de Sony, con el suyo llamado Made in Japan, luego el de Iacocca, escrito por Lee Iacocca himself, el cuate este que estuvo dirigiendo el esfuerzo de hacer el Mustang en la Ford allá en los 60’s, y el que salvó a la Chrysler en los 80’s, con los Dart K y las vagonetas y que por alguna razón pensó que a todo mundo le gustaría saber de su historia.

Y vaya que así fue. Iaccoca salió en portadas de revistas, conocido por muchos, natural candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Not.

 

Los Brujos Destructores.

Después llegaría la debacle a tu empresa de confianza, con los libros de la Reingeniería o Reenginering the Corporation de Michael Hammer. Y nos hicieron pedazos, precisamente, como con un martillo. Muchos de arriba lo leyeron, jefes de industria sobre todo, los que su opinión sí cuenta realmente, y que lo llevaron a pie juntillas hacia la realidad.

Nada más se escuchaba la frase en el radio pasillo, o en la cocineta, o en el comedor, o camino al estacionamiento, o junto al botellón de agua, o en el baño, la de: “dicen que va a ver “reajuste”…” y a partir de ahí el acto de temblar todos (seguía pasando aún antes de esta crisis que hoy nos acontece, en la que hoy por hoy el miedo y terror vuelven rampantes a reconocer sus dominios).

Todos temblábamos.  Nunca estábamos tranquilos. Y luego se dice que en el ambiente de jefes lo que tiene que hacer un jefe nuevo para imponer respeto, es sencillo, que despida a alguien. (Además de Maquiavelo, ¿qué libro de Recursos Humanos lo dice? Me gustaría saberlo.)Y vaya que lo consigue. Los demás no dicen ni pío.

El resultado era que en la oficina se ponía uno a trabajar más, a quedarse tarde, y a traer la angustia, la ansiedad, a casa. Y en el corporativo en aquél 1991 éramos 120, luego 80 en el 1992, luego 50 en el 1993, luego 23 y luego a mí me tocó. Fui reingenierizado. Un cuadrito menos a quien pagar. Se les olvidaba, convenientemente que éramos más que cuadrito en el papel.

Bueno, había una familia. Una renta, un carro, bebes que pedían de comer. “Eres joven, encontrarás trabajo pronto”, te decían. Sí, sí, sí, te indemnizaban normal. Ok. Gracias. Que amabilidad. Y sí, estaban en su derecho, pero… Ah, esas fiestas de navidad, sobre todo las primeras, eran buenas, los abrazos, la bailada… pero sólo una, la primera, las siguientes fiestas por razones obvias ya eran más pequeñas, por obvias razones.

 

Las Tendencias de Imitación en el Rancho Local de Cada Quién.

Todo porque un grupo de personas clave de esa empresa y de otras, ciudad industrializada, rancho grande, todos se conocían, todos competían, todos se copiaban, todos buscaban el mismo libro (El simple libro llamado “¿Quién se llevó mi queso?”, dicen libreros amigos, que de él se vendieron alrededor de 60,000 copias en la ciudad de Monterrey. Si eso no es difusión e imitación en gran escala, no sé que sea.) De esa gran ciudad industrial en particular llegó ese libro estelar en la Maestría o en el Diplomado donde alguien diligentemente lo pidió, lo leyó en las revistas de administración tipo el Harvard Business  o lo vio en la librería del aeropuerto, o que incluso fueron al seminario, o que en la madre de todos los alardes el gurú mismo les habló por teléfono, o que hicieron cita y lo visitaron en su casa de las Antillas Holandesas, y  ¡zaz!

¡De inmediato porque no había tiempo que perder, la empresa podría caer en poco tiempo! Decrétese próxima junta urgente para jornadas de Planeación y Estrategia según el nuevo modelo. Desde arriba hacia abajo se trasmina el sentido de urgencia, el de emergencia, el de angustia, el de pesadilla diurna y ya de pronto tenemos Círculos de Calidad,  más nuevos cursos que nos dicen lo mismo, nuevos instructores que dicen lo de las pantallas tal cuales, nuevos índices de mediciones que todos olvidan a los dos meses, nuevos valores que todo mundo debíamos de reconocer de demasiado obvios, de aprender, practicar, y llevarlos a cabo. Así hasta la siguiente moda. Pero lo importante es lo importante: a apagar las luces y a usar papel reciclado para las copias o las impresiones, de eso depende el futuro de aparecer en la revista Expansión o no.

 

La Vida es Así o Dramas Usuales de los Corporativos de la Gran Ciudad.

Era siempre idílico, ceremonial, rutilante: como estar en medio de un sueño en la tierra laboral. Caminar por los grandes pasillos. Mirar por los espléndidos ventanales hacia los bellos jardines. El solecito cayendo. Las deliciosas asistentes de directores yendo y viniendo con importantes mensajes hacia destinatarios decisivos. Sentirse cobijado por un gran grupo industrial, ser parte de esa filosofía de ese gran grupo. Previsión social. La revistita mensual que te decía que éramos todos una gran familia. El servicio médico siempre listo. El subsidio a la despensa familiar. Todos cobijados. Todos abrazados. Todos anestesiados.

 

Don’t worry, be happy, no sólo era la canción de moda. Era el mismo credo traído del cielo por los Moisés con sus libros de la ley

Escuelas de Administración vendrán y se irán. Ahora es el Balance Scorecard, ¿mañana? Ya veremos el Harvard Business Review de Noviembre, si no en ese, en el de Diciembre, o en el de Enero, a ver que palabras clave nuevas traen.

 

Y aunque no es así siempre, hubo una época que… eran las buzzwords de hoy, las reestructuraciones de mañana, los reajustes de siempre…

 

Y es que, la administración, es algo, algo tan… impresionante, que…

 

(Este tema, da para más, mucho más…)

 

 

 

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