martes, diciembre 16, 2008

EN MÉXICO EL AÑO ACABA EL PRIMERO DE NOVIEMBRE. PARTE I.

Nada sucede a partir de esas fechas en México. Los nuevos proyectos se posponen hasta enero. Las grandes decisiones se tomarán, por lo mismo, en enero. Es un recordatorio a quienes se dediquen a hacer cosas en México. Hagan todo lo que puedan desde el 16 de enero hasta el último día hábil de octubre, será muy complicado que se haga algo después de esa fecha.

Es como si México como país, tomara una poción que lo fuera adormeciendo. Y diga, ya es muy tarde, ya es hora de cerrar este país. O tal vez no adormeciendo, tal vez al contrario, se empezara a emocionar con el fin de año en ciernes y ya no pueda tener atención para nada.
¿A qué obedece esto? Nadie lo sabe explicar. Al espíritu mexicano por naturaleza. A que las grandes decisiones se atoran siempre arriba. A que el presupuesto no alcanzó.

Y esto es en lo público y lo privado.

Sopor y excitación combinados. Fiestas y tranquilidad que se intercambian sin voluntad.
La tradición es bella. La tradición es algo que se debe de mantener, dicen.

O tal vez mejor no. O cambiarla algo al menos, ¿se podrá?

Cosas extrañas de México, sin respuesta o solución.

Como si a este país le faltaran pretextos. El trabajo nos hará libres, ¿no? Eso nos llevará al esfuerzo fecundo y creador, como decían los lemas de gobierno de antes y que nos llevaron a tener un país idílico, mantenido en su botella ideológica, política, sin necesidad de transformación. El mundo, con sus guerras, bien podría quedarse afuera. Ya habíamos tenido la nuestra.

Terrible guerra esa. Pero casi nadie la dice así. 

Ni siquiera “Guerra Civil”. Prefieren “Revolución”.

Porque todo el mundo tiene guerras, ¿no? Aún los más civilizados. Los que presumen de ser pueblos de poetas y pensadores. Los que mantienen la luz de la cultura en alto en medio de la barbarie.
 Y es que hoy vi un documental sobre los nazis y Adolfo Hitler. Son terribles esos documentales.. Bueno, los hemos visto desde toda la vida que hemos visto documentales, ¿no? Y si no los han visto siempre habrá un Spielberg.

A principios de siglo, justo cuando nosotros tuvimos la primera gran revolución del mundo en el siglo, Alemania 

preparaba un nuevo orden mundial con ellos listos para hacer su parte en ese gran concepto que es “el Concierto de las Naciones”, una vez, claro, que resultaran vencedores de la contienda.

Todo estaba listo para que los alemanes ganaran pero cosas intervinieron en su camino a Paris y más allá: las trincheras; la tozudez de los británicos (que perdieron a una generación entera de sus más brillantes); que en Rusia hubo diez días que estremecieron al mundo; que los franceses resistieron cuando debieron resistir; y, a que los norteamericanos se sintieron amenazados por el hundimiento del Lusitania y del telegrama Zimmerman que le mandaron a Venustiano Carranza para que atacaran a Estados Unidos desde su patio trasero, (cómo si hubiéramos podido), y así, estos atacaron y triunfaron.

Alemania perdió y la amargura llegó con la derrota. O sea, historia mundial de segundo de secundaria y en cuarto semestre de prepa, da o toma un cambio del plan de estudios oficial.
La historia es archiconocida. Adolfo Hitler les prometió nuevas glorias y se las consiguió. Obtuvo además todos los poderes habidos y por haber. Inventó él solo la Segunda Guerra Mundial. Claro que en el camino se llevó a millones. Mató a muchos, dominó a otros, expulsó a muchísimos (los que se salvaron), esclavizó a los demás. Arbeit Macht Frei, el trabajo los hará libres. Ese era el lema de la puerta enrejada, en Auswitchz. La Solución Final.

Le tomó a varias naciones la derrota de Alemania. Eso en sí es una muestra del poderío alemán. Basado en 

eficiencia, organización, inventiva e ingenio, valor y fuerza, también se basó en esclavos, en maldad, en ideas de exterminio, en ideas totalmente inhumanas.

Hitler cometió errores de juicio serios: irse contra Rusia, declararle la guerra a Estados Unidos, y sobre todo subestimar el pavor mundial hacia su persona.



En fin, muchos muertos, destrozos, ruinas, desastres, destrucciones y divisiones después… Alemania, con la culpabilidad a rastras, se irguió de nuevo.

¿De qué depende algo así? ¿De una Guerra Fría? ¿Quiénes son los alemanes? ¿Qué sentido del trabajo tienen? ¿Qué sentido de la eficiencia? ¿Qué sentido de la organización? ¿Qué sentido de la ley? ¿Qué sentido de la ética?

Bueno, hay una frase que dice, creo que la mencioné antes en algún blog,  que “los alemanes son un pueblo de poetas y pensadores” (Dichter and Denker), la cual tiene sus raíces desde más de dos siglos y que luego satíricamente la varían de manera un tanto macabra a: “los alemanes son un pueblo de jueces y verdugos” (Richter and Henker).

Bueno, ellos son gente honrada, noble, valiente, inteligente, sensible, sí, pero…  la historia es la historia. Y no es precisamente generalizaciones de nacionalidades.

Todo les fue permitido. Ahí está escrito en los testimonios de aquellas épocas.
Los alemanes no son racistas ahora, no pueden serlo, su ley prohíbe toda referencia al nazismo y al racismo. Pero eso está ahí, como vergüenza, su pasado los mantiene en un cierto vilo. Hoy los turcos, españoles y árabes que viven ahí nos pueden contar sus propias historias.

Eso es lo que me lleva a la pregunta: ¿Y la civilización? ¿Y los valores del trabajo y esfuerzo? Sí, ahí siguen pero, 

¿no estarán supeditados a la obediencia? ¿Al concepto de Alemania sobre todo el mundo? ¿De su búsqueda de espacio vital y lugar en el tiempo? ¿Al de la herencia de Alemania? ¿Al del concepto de Gran Pueblo, único en el mundo? ¿Al que ellos sienten en sí mismos que merecen? Este, ¿lo traerán en la sangre, como reminiscencia de aquellos bárbaros que engañaron a los romanos en las oscuridades del bosque de Teutoburgo en el año 10 o 13 de Nuestra Era, cuando 15 mil hombres, perfectamente entrenados y dirigidos por Publio Quintilio Varo fueron destruidos por estas hordas de germanos que impidieron que la lux romana llegara arriba del Río Rhin, impidiendo la colonización del Roma hacia el norte de Europa? ¿Habrá cambiado la historia esa derrota tan poco conocida?

Con tantas cosas en las sangres, en las herencias y en los caracteres de los pueblos uno se pone a pensar en lo delgada que es la superficie del sistema en el que vivimos. En lo pequeñito que es el concepto de orden, de civilización, en que sólo falta que los malos, por decirles de alguna manera, tomen el control, se olviden de lo que es bueno y justo, por decirlo de otra manera, y hagan lo que quieran en su total impunidad justificándolo de la manera que ellos decidan, derrumbando órdenes establecidos, reglamentos, leyes, atribuciones, sistemas de paz y de equidad, todo cayendo bajo el poder de la espada, o de la metralleta, o de la pistola y la bala. O del AK-47, también.

México contrapunteado con Alemania. Nosotros no somos un pueblo de poetas y pensadores, ni de jueces y verdugos. ¿Pero qué somos entonces?

Vean el siguiente artículo.

No hay comentarios.: