domingo, mayo 10, 2009

Monterrey, Ciudad Supersiete, perdón, “Seven-Eleven City”


Según mi Simpsonpedia doméstica que tengo en forma de hijo de 14 años (15-to-be, más bien), en la temporada 9 de los Simpsons en el capítulo titulado Simpsons Tide, hay una primera escena en donde se ve a Bart queriendose poner un pendiente de brillante en su oreja, por la moda.  

Bart busca un lugar para ello y entra a un centro comercial de Springfield, al entrar vemos los pasillos de dicho centro ¡totalmente lleno de Starbucks, en todos los establecimientos, en cada uno de ellos! Starbucks, Starbucks, Starbucks por todas partes.

De pronto resalta un lugar vacío en medio de todo el color verde imperante con un letrero que dice: “Próximamente Starbucks”. Luego que Bart llega al lugar donde se va a poner el pendiente, el encargado de la tienda le dice que se apresure, porque el lugar se va a convertir en un Starbucks en unos minutos más.

Sale Bart de la tienda con un pendiente, contento y satisfecho y con un vaso de café. La última imagen de la escena es del centro comercial lleno ya totalmente de Starbucks.

Para esto, este artículo no tiene nada que ver con Starbucks, de eso ya escribí cuando hablé de Naomi Klein y su libro antimercado de NO LOGO hace un par de años.

Ni hablaré de los Simpsons que es como hablar de la Comedia Humana. Escribí de ellos por allá de 1992. Tan autorreferenciales se han vuelto.

No, más bien escribiré de Monterrey. Hablaré de los Supersietes y de las tiendas de conveniencia en Monterrey. No es exactamente sobre urbanismo, o de los procesos económicos que mueven a estas tiendas. Más bien hablaré de ese sentir de la identidad urbana de la homologación in extremis.

Bueno, lo que pasa es que por motivos de trabajo he estado últimamente en la ciudad de Monterrey casi todas las semanas de este año y ya me siento en perspectiva regia-no regia, de cierta manera.

Siempre me he identificado con los Supersietes. No Seven-Eleven’s. Para cierta edad, y cierta geografía los llamamos siempre Supersietes. No es para menos que me identifique, viví varios veranos a su sombra. Literalmente.

Un verano de nuestro descontento, sin nada, absolutamente nada que hacer, ahí estuvimos en la indolencia del calor, de los días del verano probablemente de 1979, entre prepa y carrera, o quizá de 1978, entre la prepa y prepa.

Este Supersiete en particular, estaba, está, en Paseo de los Leones casi esquina con Enrique C. Livas, colonia Cumbres primer sector, cerca de Vista Hermosa, cerca de Leones. Pero lo que muchos no se acuerdan es que lo movieron, literalmente casi, una decena de metros hacia más allacito porque pusieron una gasolinera en ese lugar tan estratégico en donde se encontraba.

Ese lugar para esto es privilegiado de cierta manera con una vista hacia abajo podríamos decirle especial. Okey, no taaan especial, pero especial a fin de cuentas.

Esos viejos Supersietes eran cuatro solamente en toda la ciudad en esos años de 1978-1979, uno en Cumbres, otro en Garza Sada (antes llamada Av. Tecnológico), otro en Gómez Morín (antes llamada Av, Chipinque), lugar estratégico para comprar lo que necesitabas antes de echarte la subida a la Meseta caminando, como se debía, claro, y otro más no recuerdo donde.

Eran similares en su diseño exterior, tenían arcos blancos de ladrillos rojos en sus columnas cubriendo con su techo los pisos frescos, creando un pasillo que otorgaba una sombra protectora que en una ciudad con un calor ambiental promedio de treinta y ocho grados era esencial, importante, básico, primordial… para nosotros que estábamos sin espacios a donde ir.

Y ahí estábamos Isaac, Jaime, Martín y yo de vez en vez, sentados en ese piso a la sombra del Supersiete, esperando a que dieran las cinco de la tarde, para ver a donde iríamos, viendo escurrir el verano por nuestra frente, en cada gota de agua condensándose en la pared de vidrio de la coca-cola, con el famoso Valiant 1970 primero celeste, luego plateado, que el papá de Isaac le había transferido hacía un año solamente (y que por fin Isaac ya había aceptado sacarlo de su entrañable y segura y confortable colonia del Valle, a más de 8 kilómetros de distancia).


No vengo mucho al caso, pero recuerdo una de esas tardes de verano el ver llegar hacia el Supersiete de nosotros una cortina de agua, negra, gloriosa, amenazante, en una bienvenida y repentina tormenta de verano. Bajó la temperatura unos 10 grados en menos de 10 minutos.

Otras ocasiones era nuestro punto de referencia para ir a comprar lo que quisiéramos a la hora que fuera, eliminando las eternas restricciones, lugar hospitalario por mucho. Ahora eso será más que normal, pero no en 1978, no señor.

Bueno, el punto de esta diatriba-texto-reminiscencia, son los Supersietes. Eran cuatro en ese año, mencioné. Al menos en Monterrey. No sé si habría en otras partes del país. Lo que sí sé es que, a partir de un punto, su compañía madre, los de una megacomercializadora de abarrotes llamada Casa Chapa, que habían tenido esa franquicia, la levantaron de manera espectacular. Empezaron a aparecer Supersietes poco a poco por todas partes como sapitos en jardín recién llovido.

El nuestro de Cumbres fue derrumbado prontamente por eso de la gasolinera, y eliminaron en el proceso el pasillo techado y los arcos. Nadie se podría quedar ahí tirado a la espera de que llegasen las chicas guapas a comprar lo que quisieran comprar, como hacíamos nosotros. Se convirtió de pronto en una tienda de conveniencia, sólo eso. Nada significativo, sólo un lugar donde comprabas tu periódico, tu refresco, tu lo-que- fuera-urgente-o-necesario o de antojo o de urgencia o de lo que fuese. Ya no fue hospitalario nunca jamás.

Así las cosas, no conozco muchos Seven-Elevens de los Estados Unidos, ni su esencia ni nada, ni su identidad, sólo son eso, tiendas que están por todas partes en USA.

Y bueno, también tenía que hablar de los Oxxos, su historia me es algo más ajena que los Supersietes, salidos de FEMSA, otro consorcio que se da por esos lares de Monterrey, y que fabrican la cerveza Cuauhtémoc y que por cierto se encargan de fabricar la Coca Cola en muchas partes de México y Latinoamerica, creo, excepto, casualmente en Monterrey mismo, ciudad en donde la franquicia impera a causa de los máximos consumidores de tal refresco per capita en el mundo, no es dato comprobable así como así, pero es lo que he leído por ahí…


Y Oxxo, bueno, no es significativo para mí, pero por decir, para mi hermano Lauro sí lo es, o lo era, la memoria de la gente no es lo mismo, ya que él se juntaba en el Oxxo de Vista Hermosa (suponiendo que en esos años, principios de los 80’s, sólo había un Oxxo en esa colonia). 

Las frases de Lauro eran “nos vemos en el Oxxo”, “ahí estuvimos en el Oxxo”, y sobre todo la famosa: “corrimos todos del Oxxo, pero la patrulla nos alcanzó y agarró”. 

(Ya corregí, ya puse su nombre).

Sus días inolvidables también.

¿Y a que viene esto? A que andando por Monterrey tuve epifanía repentina, aprovechando mi despego de la ciudad por años, que algo se les ocurrió a los de FEMSA y a los de Chapa. Se quieren quedar con la ciudad. Poco a poco y sin que nos demos cuenta. 

En  la quietud. 

Hay cuadras que tienen un Supersiete en una esquina y que sí sigues la banqueta sin bajarte de la calle rodeando la misma cuadra te encuentras con otro en la esquina equidistante. Y enfrente de ella, un Oxxo, desafiante, y en la otra calle uno más para el refuerzo de esta guerra silenciosa, como de árboles rivales que quieren su espacio para sus raíces y ramas. 

Buscando su pedacito de sol. 

En un lugarcito de dos por dos, allá, detrás del humo del camión, otro Oxxo por si no se veía. Y así cambia el panorama urbano. Lentamente, esa dispersión del centro de Monterrey, del viejo Monterrey en mutación urbana, pero no sé hacia donde, hacia mejor o peor.

Dejando un lado mi pasado. Mirando hoy esa dispersión urbana, de cemento, de cables, de pavimento, de casas, de gente de todas partes, esperando su camión, taxi, conviviendo con el calor aterrador, reverberante, entrando a esos oasis públicos con aire acondicionado, comprando su bebida, su tentempié, su antojo. Pienso, sí, cumplen su función de manera perfecta. Inevitablemente. Nadie se los puede quitar.

¿Pero cuanto es suficiente? Si fuera yo empresa, los más puntos que se pudieran. Vería la tasa o índices de sustentabilidad (o como se diga) de una tienda de estas en una zona poblada determinada (o como se diga). Quizá pensaría como los Starbucks del ejemplo inicial, llenar todas las cuadras de Oxxos y Supersietes, porque ahí está la guerra entre ellos… y hay que conseguir clientes. Y hay que vender.

Porque supongo que hay una guerra entre ambos y que no se han puesto de acuerdo sobre en qué áreas meterse y en cuales no, como dice esta semana la Comisión de Federal de Competencias que sucedió entre las cementeras más importantes del país,  Cemex, Apasco, Cruz Azul y Moctezuma, que se habían puesto de acuerdo DESDE 1982,  para dividirse el país, en zonas, los clientes, para acordar precios, o aumentarlos de tal manera que prácticamente se convertieron en monopolios operantes, teniendo cautivos a todos los usuarios de cemento del país, y llegando a la parte ésta precisamente de usuarios, de los que construyen sus casas de cemento, y por extensión a todos los mexicanos que  usaron cemento y que han usado y que lo están usando desde hace 27 años, y aquí incluyo a los que compraron casas de fraccionamiento que sencillamente pagaron el precio total de estas, lo cual ha de haber tenido un buen impacto en sus finanzas familiares y por supuesto, en las finanzas de estas corporaciones respectivas. A través de 27 años, y contando. ¿Y si sumáramos las cantidades de todos de un lado y las del otro, en qué se hubiera usado todo ese dinero que estas cementeras le quitaron a sus clientes cautivos indirectos o directos? ¿Lo podrían calcular? 

En fin.

Un negocio un tanto asimétrico creo yo.

Volviendo al tema, el caso de las tiendas de conveniencia es también un caso de bienes raíces y de localización. Supongo que tiene que ver con cuestiones de reconocimiento de patrones de circulación de personas, ya sea a pie o en las calles claves con respecto al tráfico, o al tránsito, como recientemente me corrigieron de manera un tanto amable, para aumentar la ganancia poniendo al alcance de los transeúntes los productos mínimos necesarios para su conveniencia.

Eso conlleva a aumentar los precios de cierta manera un tanto inquietante, hasta de un 40% de precio más que el mismo producto en un supermercado. Pero de alguna manera esos productos se siguen vendiendo, ¿no? Porque ese 40% extra es lo que cuesta nuestro tiempo para no perderlo estacionandonos en el gran espacio de asfalto del super mart en cuestión que puede estar medianamente lleno, o por la hora fuera de norma a la que queremos ir a satisfacer nuestro antojo. Digo, valorándolo de cierta manera un tanto arbitraria. Eso es el costo de la conveniencia.

Okey, tan básico, tan obvio, que por merito no lo pongo expresado en palabras. Pero si alguien pusiera en un mapa la cantidad de tiendas de conveniencia señaladas en una zona determinada, ¿cómo se verían estas? ¿Cientos? ¿Cuál es el número conveniente de estas? ¿Eso existe? O mientras haya una población de clientes “cautivos” y de “ocasión”, es decir, en base a sus índices recomendables de densidad, o en base a sus ventas por metro de anaquel, éstas serán productivas, supongo, si no fuese así, se borran del mapa, y se cierran y de inmediato se pondrían a buscar otros puntos de venta relevantes y atractivos, pues. Esa es la manera de hacer esas cosas.

Y si el análisis de esos puntos atractivos concluyen que haya cinco Oxxos en una cuadra  contra tres Supersietes, bueno, es la ley de la oferta y de la demanda, y si acaban con las tienditas misceláneas o con las tiendas de abarrotes, ni modo, no fue a propósito, pero… que triste, ¿no? 

Homogeneización urbana total.

Pero de tristeza nadie vive y nadie muere más que los amantes y los que pierden cosas valiosas a su parecer. No que de pronto se encuentre un Oxxo y luego un Supersiete, luego un Starbucks y otro Supersiete y un equivalente y una tienda de ropa TTL de Jeans o como se llame per secula seculorum. Oxxo. Supersiete. Oxxo. Oxxo. Supersiete. Supersiete

Ya no habrá más casas, ni ferreterías ni plomerías, ni papelerías. 

Supersiete. Oxxo. Supersiete.

Ni los edificios respetables podrán abstraerse de ese fenómeno, como Gabriel Contreras acaba de comentar, de manera un tanto en synchronicity, hoy a mediodía, respecto al edificio del Círculo Mercantil con su Oxxo enquistado a cuestas como tumor salido de su vientre. Sin que el INAH haya podido hacer nada, y sin que FEMSA haya dicho, de manera un tanto “city friendly” (algo improbable a estas alturas, tal vez) “un Oxxo más, un Oxxo menos, qué más da”. No, el Oxxo se quedó ahí porque FEMSA podía y de seguro será tan importante para sus cifras finales en su Reporte Anual para los accionistas y para la Bolsa Mexicana de Valores el tenerlo ahí.

Como lo puse claramente en un blog mío antes de que este existiera

“¿Quién es la Shawnee Land and Cattle Company?”, pregunta Muley, un vecino de los Joads, que se rehusan a vender. “No es nadie”, le responde un agente de bienes raíces. “Es una compañía...”. 

Viñas de Ira, John Steinbeck, 1936…

Y en Monterrey la Ciudad Supersiete, el calor seguirá imperando y reverberando y el antojo y la necesidad seguirán emergiendo y los cuadros urbanos llenos de sus logos reconocibles para especialmente niños pequeños seguirán resplandeciendo y nadie dirá nada, nunca. 

Oxxo. Supersiete. Supersiete. Oxxo.

Y un gran etcétera porque luego Google me castiga si uso demasiadas veces una misma palabra en particular demasiadas veces en mi blog. Y ni modo.

Oxxo.

Supersiete.

Y sólo eso. 

Siempre.


Nota de 2012, enero 25 del otro dominante: El Norte de Monterrey, N.L.

Dado su rápido crecimiento orgánico, la cadena Oxxo acapara ya el 77 por ciento del mercado de tiendas de conveniencia en el País, muy por arriba del segundo sitio, que ocupa 7-Eleven con el 10 por ciento.




Oxxo77%
7-Eleven10%
Extra9%
Súper K y Súper City4%

Quizá esta entrada se debió llamar "Monterrey, Ciudad Oxxo, perdón, “Oxxo City”

1 comentario:

lauro dijo...

dice natalia que cuando te refieres a tu hermano el del oxxo porque no pones mi nombre y si efectivamente misw amigos y yo nos seguimos refiriendo a ese oxxo como nuestro oxxo donde ocurrieron las cosas mas interesantes de mi juventud desde las corretizas de la granadera de las peleas que tuvimos ahi y de las chavitas que nos pasaban todo el dia uno creia que le pasaban a uno pero lo mas probable era que le pasaran a los que tenian carro en ese tiempo que eran todos menos yo tambien recuerdo amigos de otras colonias como de la del valle y colinas que iban al tomar al oxxo para experimentar el sentirse perseguido por los policias que nos pescaban tomando ahi eso aunque no lo creas mucha raza iba para sentir eso sobre todo algunos fresillas que querian sentirse algo malandros