lunes, septiembre 07, 2009

Para cuando no estemos… El Mundo sin Humanos

Un documental que ya vi no sé en qué canal, el Discovery, algo así. Era sobre que le pasaría a la Tierra si no estuviéramos. Así de plano.

Los humanos están. Un segundo después ya no están.
Supongo que fue realizado con el fin de que viéramos ese delgado equilibrio de las cosas que nos rodean. Una oda indirecta hacia el famoso Mantenimiento Preventivo más que al Correctivo. Algo similar al lema de “¡¡El Mundo se Acabará Mañana!!” Recordando también aquellos temas que veíamos en la prepa acerca de la fatiga del metal. Bueno, nos lo comentaron en alguna parte. Y vaya que aquí se ve todo así.

De cuando no estemos. Si por alguna causa viniera Dios (sobre todo los de aquella serie, ¡como diez!, de libros cristianos de Left Behind que es muy graciosa desde cierto punto de vista) o los Extraterrestres (que quieran servirnos, en comida) o una enfermedad ultraponzoñosacontagiosainfecciosa inmediata, el Osito Bimbo (que despertó del sueño rigoroso todo enojado cansado de todos los chistosos que juran por él) y decidiera(n) que ya no estuviéramos para cuidar nada de esta nuestra hermosa Tierra.
Sí, es un tema así como para no hacerse el gracioso.

Llegué tarde al programa, no recuerdo si dice como desaparecimos, pero empieza en materia en cuanto dice que si las plantas de energía funcionan hasta cierta cantidad de números de días. Luego la de los animales caseros que dependen de nosotros para vivir y ya no tienen comida. Luego la de hierbas que empiezan a o invadir los terrenos por todos lados, las hojas de los árboles. Y de ahí me paso hasta seis décadas.

Juro que luego le acomodo lo que me perdí.

El óxido llega. Nadie lo repara. Han pasado 60 años desde que nos fuimos. El óxido deshace el hormigón. El agua llega y se congela y se derrite con el paso del tiempo. Y eso hace que se expanda y contraiga todo a su alrededor.

Todo se fractura sin nosotros. Todo se desploma, poco a poco. El planeta nos empieza a controlar. Bueno, nosotros no estamos, más bien sería, el planeta empieza a tomar su control. Si es que uno pudiera figurarse al planeta como un ser vivo, como dicen los seguidores de Gaia y esos asuntos que dicen que nuestro planeta es como un organismo vivo y que nosotros somos solo parte de ella, como si fuéramos sus microorganismitos que pagamos impuestos y comemos McDonalds cada tanto tiempo y vamos a Acapulco cada año a un congreso de Cisco muy provechoso, pero aburrido.
Ahora son 120 años sin humanos. Los rascacielos se van cayendo. Es natural, nadie les hace caso. No hay gente de Mantenimiento Correctivo ni Preventivo. Nadie les pone aceitito. La erosión también lo cobra todo. En cuanto a fauna los lobos van llegando. Se posesionan de Europa. Comen lo que sea. El asfalto por otra parte se empieza a quebrar, está lleno de hierba. Por todas partes.
Londres será una ciénaga, el mar lo invadirá a causa de la falta de quien lo detenga. Las mareas lo irán consumiendo.

Los cambios de clima serán terribles. Las presas se vendrán abajo, todas, las más poderosas, las más orgullosas. Hechas de hormigón todas ellas también, pobrecitas. La erosión ya lo dije, lo destroza todo, hace que sus paredes todas se desploman. Y que las miles de toneladas de agua se desplomen sobre los ríos salvajes.

Lo que me asombra es como realmente vivimos en un hilito. Como todo depende de un equilibrio. Eso es lo que corta la respiración. Y que son ese tipo de cosas que a nadie le quita el sueño. Es como el cuerpo humano, bolsa de piel que contiene agua y huesos y órganos en una casi perfecta mezcla o dosis o combinación tan frágil que cualquier cambio nos pudo causar gripita leve. Otro cambio pequeñito en su fortaleza nos pudo dar A1H1.

Manhattan, un bosque de nuevo. Parece como cuando costaba 24 dólares de nuevo. Todo verde, todo arroyitos, todo vida silvestre. 

Los pajaritos cantan y la luna se levanta. En Nueva Orleans, el Mississippi regresa, el mar se recupera. Todo será felicidad para los ecologistas, ¿no?

Excepto que ya no hay ecologistas.
200 años sin humanitos y los peces vuelven. Los barcos están hundidos o encallados y… oxidados por supuesto. Todo el hierro también oxidado en las alturas, da de sí. La pregunta es cuál será el ultimo monumento para caer, ya que los humanos ya no están. Las pirámides han estado ahí por cuatro mil años. Pero son de piedra. Pueden aguantar mucho. Quizá la Gran Muralla.

Es como cuando vemos El Planeta de los Simios (1968) que ocurre en el año 3978 o quien sabe cual, dependiendo de la versión si la original de Franklin J. Schaffner o la de Tim Burton (2001) en donde vemos las ciudades norteamericanas (¿cuales otras? ¿hay más?) muy reconocibles (sobre todo en la ya clásica serie de TV de 1976 que en mi tierna adolescencia me impactaba sobre manera, con uno de los mejores temas musicales de la TV, extraño y misterioso), siempre con el asunto de la delatora Estatua de la Libertad en la playa.

Pero en ese momento el Coronel Taylor, o sea, Charlton Heston y después de todo lo que pasó el pobre con los simios malvados e intolerantes y suponiendo que estos primates volvieron a una vida más sana y primitiva con los humanos en esta película reducidos estos a una vida más todavía primitiva como animales, durante todos esos siglos, eso sí, por supuesto, sin Mantenimiento Preventivo.

Así, el bueno del coronel Taylor, no sé si la reconocería al ver lo que quedó ni si diría “¡Locos, lo volaron todo, ah, ¡los maldigo! ¡Dios los maldiga hasta el infierno!”, ya que primero en la vida real se le caería el brazo, luego la cabeza y sólo durante cierto tiempo quedaría la base y eso sería mucho antes de ese año de 3978.

Y no es la guerra nuclear en este caso, sino es la sencilla lluvia la que nos destruye las huellas nuestras. Corroe la pintura, el metal se expone, este se oxida, todo se cae, la Torre Eiffel se cae, los rascacielos también, como dije, estatuas, monumentos, etc. Los símbolos dejan de serlo. Ni quien barra.

La lluvia es la lluvia, el agua es el agua. Encuentra su camino y todo lo corroe.

Todo es gloomy, oscuro (o luminoso, ¿por qué no?, seamos optimistas al final), silencioso, como un parque funeral largo, grande, inmenso (pero luminoso).

Los arboles lo cubren todo, crecen, las hojas después de 200 años de ciclos de caer forman una nueva tierra con la que borran las calles, los pisos, sólo queda algo de plástico de aquí y allá, igual las botellas de vidrio que te dijeron que no tirarás en los bordes de las carreteras. Ah, porque el plástico y el vidrio ahí están donde los dejaste cuando fuiste descuidado.

El acero inoxidable siempre quedará. Por algo es i-no-xi-da-ble. Los fregaderos y demás de ese material siempre quedarán por siglos. Cool, ¿no?

Caballos, bisontes, de nuevo por todos los Estados Unidos. Los perros se hacen salvajes, digo, los que sobrevivieron. Todo se hizo salvaje de nuevo. Lindo, ¿verdad?

Se hace un salto, ahora son 1000 años sin mí, sin ustedes, sin nadie, en silencio todo. Como un planeta por explorar por alguien curioso. ¿Habrá vida inteligente afuera y habrá curiosidad?

La base de la Estatua de la Libertad todavía sigue. Ciencia Ficción a todo galope.

250,000 años después de los humanos. Cambios de la órbita nos enfrían más (que ahora suceden, pero muy lentamente y casi indistinguibles). La nieve nos invade, ¿es válido decir que NOS invade si ya no estamos? Ya no hay verano. Los glaciares llegan de nuevo a Manhattan (recuerdo una excelente historia de Arthur C. Clarke al respecto).

Pero en la Luna ahí están nuestras huellas. Un auto está ahí, el auto lunar que se llevaron en 1972 durante la misión del Apolo 15 (como me gusta ese modelo), una cámara de televisión, algunas cosillas más que todavía se encontrarán en la Luna. Eso es lo único que durará en el vacío de nosotros si es que se puede decir así.
Brrr.

No somos nada. No fuimos nada. Por eso este escrito es melancólico, es triste, es depresivo.

Es pensar en ese abrir y cerrar de ojos que es (fue, será, no lo sabemos de cierto) nuestra existencia. Adiós filosofías, adiós religiones, adiós búsquedas del creador de la humanidad, adiós todos.

Nuestras ciudades se fueron en un siglo. Sin bum y sin nada. No fue la burocracia o el tráfico. Solitas. Bosques y pantanos volvieron al concreto y asfalto. La radiación incluso desapareció con el tiempo, los desechos radioactivos quedaron bajo tierra para el regocijo de los presentes.

La Tierra permanece, dice la Biblia, y eso es lo que sucederá, realmente permanecerá.

Solo desaparecimos los que la molestamos al parecer. (Aunque suene cursi dicho así). (Y sí, suena cursi).

Dice el narrador al final que este documental fue de reflexión, que la Tierra puede sobrevivir sin nosotros, pero que nosotros no podemos sobrevivir sin la Tierra.


Como me encanta el momento en el cual el programa gloomy se acaba y puedo seguir comiendo papitas y un refresco de dieta pensando en lo que haré mañana y creyendo firmemente que escribiré más blogs sobre temas luminosos y que lo único que deseo es escuchar “Here Come The Sun” de The Beatles

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