sábado, septiembre 12, 2009

Placeres Culpables, la canción de “¿Qué vas a hacer esta noche?”

Creo que llega un momento de darnos permisos. De ser cursis. De ser retro sensibles. De explorar nuestros sentires musicales in extremis. De explorar nuestra área de alta sensibilidad escondida en alguna parte de nuestro cerebro que normalmente conviene que esté suprimida. De estar en los zapatos de quienes fuimos los años primeros de nuestra existencia racional (y su derivación emocional en plena contradicción) en toda su confusión al entender dentro de la consciencia, que ahí estaban ellas, nuestras objetos de deseo, y que se veían y sentían (eso por intuición) maravillosamente.

Sumado a lo anterior el reflexionar algo ya sostenido por mí de cierta manera al respecto de que la radio en los años setenta era nuestra cómplice, nuestra confesora, nuestro rayo de proyección en donde nos veíamos a lo lejos en la noche, en la soledad extrañamente acompañada, listos para hacer cosas desconocidas, que habíamos visto en la televisión o en el cine. Como una lucecita en medio de la oscuridad, no una estrella más, era más bien, LA estrella. Se pueden escribir cientos de palabras, miles, del poder de las canciones, de cómo se convierten en nuestros mensajes, en nuestras ideas.

Para esto, quiero decir lo obvio, que las mujeres son maestras en ese arte secreto, arcano y oscuro de saber qué canción particular corresponde a qué sentimiento, por más específica y rara sea la situación de la vida real que la esté afectando, su proceder, su efecto, consecuencia, ángulo, etc. Ese tema, como digo, da para más.

Y otra cosa, eso no lo comentábamos entre cuates, ¿cómo lo íbamos a decir?, ni a nuestros mejores amigos. Secreto de estado. Nuestra sentimentalidad descansaba en una canción.

Si se hubiera sabido sería escandaloso.

Probablemente no en una canción sola, sino en varias, pero cualquiera en particular, pudiera ser un buen punto de partida.

Así las cosas un día de mil novecientos setenta y tantos, creo, vi la película argentina de Los Muchachos de mi Barrio, por supuesto, con este chico, entonces, llamado Palito Ortega. En ese tiempo en que el cine argentino se dedicaba puramente a entretener.

Ya después Argentina dedicó parte de su cine a hacer apologías del gobierno militar, allá por los 80’s, y me tocó ver recientemente a Ortega participando en varias de esas películas, y esas las ves sólo para entender hasta donde llegó el aparato gubernamental argentino para justificarse. Pero Palito Ortega salió ahí y no parecía muy obligado ni compungido de hacerlo. Ahí están esas películas para comprobarlo. Triste caso.

Pero faltaban lustros para ello y ¿Qué vas a hacer esta noche?, la canción clave de la película es algo simbólica y de cierta manera evoca un momento bello, afecta, llama, y apela al sentido romántico del chico que está frente a la chica, momento durante el cual quizá ella no lo escucha, quizá porque ella es inalcanzable… tal como siempre nos sucedió a algunos de nosotros o quizá a todos, pero no lo dijimos.

Esta canción está llena de sentimentalismo, llena de esperanzas, llena de buenos deseos…

La historia va así más o menos. Lito, o sea Palito Ortega, crece desde pequeño adorando a una niña rubia, preciosa, llamada Elsita, pero él es pobre (¡pero honrado!) y parece que no tendrá oportunidad nunca con ella, crece, y de pronto, como es de esperarse, se lanza a la chica para que sea su novia, claro, en aquellos tiempos no había mucho más a lo que se pudiera lanzar, ella quisiera con él, probablemente, no lo recuerdo, pero el detalle es que ni él ni ella están destinados a estar una junto el otro, de seguir así las cosas, a ser ni siquiera novios. Las malditas clases sociales, como siempre.

El hecho de que la película se llame Los Muchachos de mi Barrio (que acabo de saber que se estrenó ¡¡¡en 1970!!!) no sirve de nada comentarla aquí, pero sólo les diré que la película está dedicada a ellos, a todos aquellos que formaban parte de una pandilla, de un grupo circunscrito a la periferia de un vecindario, de un barrio, de una cuadra, de un parque, de una escuela o tal y como le sucedió a mi hermano, al de un OXXO, que en aquellos tiempos en los que él se juntaba, solo había como 20 en toda la ciudad, y no como ahora que esos 20 son los que pueden existir sólo en una sola colonia y próximamente son los que tendrás en tu cuadra.

Entonces Lito, rechazado y dolido, se va en un barco en busca de fortuna, y solo se ve que regresa diez años después (bueno, desde el principio de la película toda la historia del Lito joven es mirada a través de flashbacks), y que él es ahora la gran función, él les demostró en todo ese tiempo a todos lo equivocados que estaban, que él sí era una gran estrella en ciernes y que actuaría en el gran teatro de su ciudad natal para que lo más selecto de la sociedad pudiera atestiguar su triunfo.

Rabieta soñada no hay mejor que esa, ya lo sabemos. El revanchismo, amable y sutil, pero revanchismo a fin de cuentas, que queremos todos los que hemos sido aplastados por el Sistema que nunca reconoció o no tuvo la capacidad para hacerlo, el percibir y menos, el recompensar nuestros talentos. Eso y pedir la luna, lo mismo.

(Que falta de humildad, modestia y nobleza se trasluce en este párrafo, ¿eh? Y del complejo de inferioridad, ni hablar tampoco. Que verguenza.)

Okey, demasiado infantil e inmaduro el asunto. Pues ni modo.

Después de la rabieta en vivo, quiero decir, del concierto, Lito se encuentra con todos sus viejos amigos, que lo esperaban, como en coincidencia cósmica, en la plaza del viejo barrio que por milagro del progreso no ha cambiado nada en lo absoluto. Los mismos vecinos que les hacen las mismas cosas para que no se sienten en las ventanas, cosas así.

Y ahí mira hacia la casa, la vieja casa donde su pretendida y bella Elsita, vivía ¿o vive?, tiene la esperanza mínima de que los diez años no han pasado en realidad. Pero sin embargo el tiempo pasó y nos atropelló, dirían algunos.

Pero este no es el caso. Esto es cine, recordémoslo, el material que forma nuestros sueños e ideales. Y de ahí sale esta canción.

¿Qué vas a hacer esta noche?,

Vamos, te invito a bailar,

o si prefieres un cine

o tan solo caminar.

La cosa es clara, no hay dinero (bueno, Lito si tiene en ese su momento del regreso y mucho, pero uno cuando se necesitaba no tenía) en ese sentido, estar con la chica adorada, ir con ella a donde sea, a caminar, a un cine, a un café, a un parque, (ahora un centro comercial, un mall, una plaza comercial, un antro) donde sea, pero que sea, y solos, sí, solos, lo que tenemos que decir es para que nos escuche solo ella y uno… ¿es mucho pedir?

La chica, Elsita, está allá arriba en su casa, debe estar ahí, no hay razones claras o prácticas para que en diez años se haya ido a otra parte, a estudiar, a trabajar, o lo peor, a casarse con alguien que no es uno. No, eso no es justo, no es plan, no es correcto, no hay sentido de justicia en el universo, ni pensarlo, ¿casarse? ¿Sin avisar? Jamás. ¿Sin que los amigos comunes avisen? Impensable. Los amigos son los amigos. Son el último baluarte incorruptible de la humanidad. Ellos jamás nos dirían mentiras ni nos ocultarían la verdad. Además hay celular, internet, Blackberry, Messenger, DHL, UPS, FedEx con el cual uno se puede comunicar… Bueno, en 1970 ¿qué había? Telegrama, carta, telex, ¿sería suficiente? No lo sé.

No, no señor… ¿o sí?

¿Qué vas a hacer esta noche?,

Vamos, te invito salir,

quiero encontrarme contigo,

algo te quiero decir....

Algo le queremos decir… ¿qué es ese “algo”?, ¿se puede sostener una plática interesante y de altura, llena de gracia, con una mujer al mismo tiempo con todo el nervio que nos corroe en la panza? ¿Qué, se va a burlar de nosotros acaso? ¿O nos dirá la peor frase, esa que dice, “te quiero pero… sólo como amigos”?, similar a la de “tú eres mi mejor amigo”. ¿O la otra peor, “sabes que ya tengo novio”?, ¿y la todavía más más peor? “Me casé, ¿no te contaron…?”

La decisión se rompe como por arte de magia, no sabemos de dónde sale ese valor, es un himno al suicidio, a la humillación por venir… o tal vez no y allá vamos con el deseo:

Esta noche voy a confesarte todo lo que siento,

esta noche tomaré tu mano te hablaré de amor,

esta noche voy a decidirme te hablaré de amor.

¿A qué edad sabemos que es hablar de amor? ¿Quién nos lo enseña? ¿Es algo natural? ¿Esta canción es romántica por ello? ¿Por qué es esta canción una visión idealizada de lo que haríamos de poder? ¿Cualquier ser humano con sangre en las venas lo pensaría así? Aquí se maneja mucho valor. Algunas personas puede que hagan esto una y otra vez y lo conviertan en una actuación, en un medio para conseguir algo más, todavía peor, puede ser un arte a ser dominado con el paso de los años.

Pero lo que sí es seguro es que nadie nos ayudará en esto. Es una de las más grandes soledades que existen, los momentos previos a hablar con una mujer, con esa mujer. Precisamente con esa mujer que es la que nos hizo regresar por ella después de diez años y que por circunstancias del destino ni le escribimos, menos le hablamos ni preguntamos por ella. Eso sí es un gran pequeño descuido, ¿no? Digo, pedimos paciencia, pero eso ahora es demasiado, pienso.

Diez años, caramba, tárdate eso en comunicarte con el amor de tu vida, a ver cómo te va.

Dejando atrás esas reflexiones recuerdo una ocasión que tuve 15 años, un martes 22 de noviembre de 1977 en el que yo estaba ahí en los pasillos de Instituto Mexicano-Norteamericano de Relaciones Culturales de Monterrey y le dije y ella me respondió…

¿Qué vas a hacer esta noche?,

vamos te invito a bailar,

o si prefieres un cine

o tan solo caminar.

Pero la vida es como es y no tiene script, en la película, que por algo es película, aparece la chica, Elsita bellísima, arriba en el balcón, pero eso sí, con el paso del tiempo demostrado con su cabello arreglado con chongo (adelantándose a Isabel Perón por cinco años, debo decirlo, pero no importa, no restemos romance e idealismo a la escena). Y él, Lito, encantado de la vida, la ve desde abajo, la mira con atención, está deleitado, contento, todos los sueños por los cuales luchó están ahí, en el balcón, a sólo unos metros de distancia.

¡Esperen! ¡Algo sucede en el balcón! Al lado de la bella hermosa y preciosa Elsita, aparece una niña al parecer rubia también, ¡y un niño! que también mira a Lito, quizá preguntándose qué pasa con la serenata sui generis.

Lito está destrozado. ¡Hijos! ¡Su amada Elsita tenía hijos! ¡Se casó hace algún tiempo! El tono de la canción ya no es el mismo. Todo cae en el pecho de golpe, en el cerebro se tarda más, eso no se asimila en cinco segundos. Pero es una película a fin de cuentas.

¿Qué vas a hacer esta noche?,

vamos te invito salir,

quiero encontrarme contigo,

algo te quiero decir....

Película a fin de cuentas, dije, en ese instante ella, la bien amada, vuelve a la casa, solo queda la niña que alcanza a decir: “¡Señor, espere, que mi tía Elsita va a bajar!”

¡La niña es sólo una sobrina! Ahhh, bueno, ella sí lo esperó, después de diez años, ella lo esperó, ¡esas son mujeres, no pedazos! Lito está contento. No cabe en su corazón.

Ya no hay más dudas, no más esperas. Es más, sus amigos se lo confirman. Ella lo esperó todos esos años.

Esta noche voy a confesarte todo lo que siento,

esta noche tomaré tu mano te hablaré de amor,

esta noche voy a decidirme te hablaré de amor.

Siendo una canción que acompaña a una película, es un indicador palpable de que todo termina bien. Todo. El 100% de las cosas. Bueno, eso se da más todavía si la película es comedia. Dudo que en la vida real las cosas sentimentales terminen tan bien, si es que estas terminan alguna vez, y al menos ya quisiéramos que eso pasase en un 50% o en un 25% o que todo redunde en una total incomprensión que sólo la Teoría del Caos comprende, comprueba, o pronostica.

La cosa, vida, es más difícil. Está hecha la vida de aprendizajes, de luchas, de entendimientos, de incomprensiones, de tropezones, de caídas, de pegarse la cabeza con la pared, de rechazos, pero así es. Es lo normal. No a todos les pasa en la vida exactamente así, depende de tu adaptación, de tu entorno, de con quién te relacionas, de toda la situación que tú mismo construyes o que se construye delante de ti. La que tú permites, la que se toma el permiso de hacerlo por ti.

Hay triunfadores, hay perdedores, y hay gente que transluce su vida en el medio de ese indicador, y son los más. Somos los más.

Pero en la soledad de la casa, en tu recámara compartida con tus hermanos, allá hace mas de veinte años, viendo la película de Los Muchachos de mi Barrio, pensando en esa canción de ¿Qué vas a hacer esta noche?, uno llegó a pensar en ese momento que esa canción era la que expresaba esa idea de esperar a la chica abajo, mirar hacia a el balcón, allá hacia arriba, y querer creer, poder creer , buscar incesantemente que la vida por un instante se detendrá y que tendremos toda la noche por delante sólo para nosotros dos…

Sólo para nosotros dos, eternamente…

Y el video está aquí , disfruten.


No hay comentarios.: