jueves, octubre 29, 2009

Secretos, parte dos, las falacias que se daban en Vietnam en base a la cual la guerra se mantuvo por años y años y años...

Pero bueno, no voy a contar lo que todos conocemos, sino lo que le pasó a Daniel Ellsberg de manera lo más sencilla posible, ¿ok?

Daniel Ellsberg fue un analista con doctorado y todo que se dedicó a analizar la Teoría de Juegos y el concepto del Regateo en Negociaciones, además de haber dado conferencias y seminarios sobre “El Arte de la Coerción”.

Detengámonos por un segundo y recordemos la definición de “coerción”: La amenaza de utilizar la violencia (no solo física sino de cualquier otro tipo) con el objetivo de condicionar el comportamiento de los individuos. Estos son otros títulos de pláticas que dictó: “La Teoría y Práctica del Chantaje”, y “Los Usos Políticos de la Locura”.

Pero el contexto que hay que aclarar es que estas conferencias tenían que ver con los chantajes que Hitler utilizó para poner en jaque a Austria y a Checoslovaquia en 1938 para forzarlos a unírseles, si no serían aplastados por la fuerza bruta militar alemana, eso aunado al uso psicológico que ejercía su conducta errática violenta sobre los gobiernos de Europa Central de por entonces que caldeó muchísimo el ambiente a su favor.

Lo que hay que detallar es que en ese momento de esas conferencias (1959) fueron atendidas, y muy bien recordadas diez años después, por Henry Kissinger.

Henry Kissinger para esto fue un personaje nefasto de la política norteamericana por muchos años que manejó la política internacional de los Estados Unidos desde 1969 hasta 1975 y un poco más allá, hasta que llegó a la presidencia Jimmy Carter en 1977.

Sí, eso puede ser considerado historia antigua para muchos, para mí en su momento fue leer los periódicos del diario, insisto. Así fue con todas sus contradicciones, con todas sus complejidades y con todas sus circunvoluciones laberínticas y bizantinidades, mi caso ni más ni menos.

El caso es que Ellsberg se consideraba un cold warrior, o sea, un creyente en la “Guerra Fría”, anticomunista, vaya, que podía ser pacifista y que por ello tenía la idea de que estar trabajando para el establishment era sólo para evitar una guerra mayor, y no estoy siendo irónico, él se metió a los Marines porque pensaba, creía, que ellos, los Marines no matan civiles, ni bombardeaban a ciegas blancos no combatientes. Porque él creía que eso era inmoral, no el pelear por tu país, sino hacer la guerra contra gente indefensa.

Después de salir de los Marines Ellsberg trabajó para la Rand Corp., una especie de trust de cerebros que era contratada por el gobierno para hacer miles de tipos de análisis de prospectiva muy diversos, que muchos de ellos en aquél momento se necesitaban para evaluar entre otras cosas los poderes militares soviético y chino, incluyendo las que correspondían a las respectivas capacidades nucleares, tareas absolutamente necesarias para ayudar a la toma de decisiones a mero arriba.

Por el tamaño de lo que sucedía por entonces se movía gente a todas partes donde se necesitase, Ellsberg quedó en el mero centro de donde sucedían las cosas, dentro del Pentágono, y a él mismo le tocó leer los cables, así se llamaban los mensajes entonces, que avisaban de lo que sucedía casi instantáneamente medio mundo a la distancia.

Así empezó a ver cosas curiosas, como por ejemplo lo de Tonkin, en la circunstancia de que en el instante de los hechos, los cables llegaban muy rápido y mostraban una situación de ataque no del todo convincente. Ellsberg en medio de la confusión de momento comenzó a ver algo que no era coherente en lo que leía en los memorándums entre sus jefes y los asesores del presidente Johnson, quién había sucedido a Kennedy después de su muerte, y lo que se decía a la prensa y por consiguiente al público.

A partir de ahí Estados Unidos entró en estado de defensa contra Vietnam del Norte. No propiamente en estado de guerra, que conste, ya sabemos cómo se manejan esas cosas del lenguaje, muy propiamente orwelliano.

Y apenas era el año de 1964. Y no quiero extenderme mucho con Ellsberg, valdría la pena, pero mejor recomendar su libro de Secrets.

Después de esa ocasión en Rand y de ver memorándums secretos por todos lados, Ellsberg aceptó una oferta para trabajar en el Departamento de Defensa para asistir a un alto oficial primariamente en la responsabilidad de hacer la política de Vietnam y para eso tenía que ir ahí mismo, a Vietnam, para ver de primera mano lo que sucedía, no sólo leer los deprimentes cables que le llegaban en una oficina cómoda del Pentágono.

Hay que entender más cosas. China, Rusia, eran big players, todo lo que sucedía tenía que calcularse con estos protagonistas pesados de primera línea. Agreguémosles luego en casa a los demócratas, y a los republicanos, y a la prensa, y al electorado, y dentro de la administración tenemos a los que querían borrar a los vietnamitas con bombas nucleares, y los que ya querían salirse sin preocuparse esa maniobra pareciera una derrota, o los políticos que estaban al acecho esperando su turno de jugar a la guerra con soldados de verdad y balas de verdad y muchos, muchos muertos también de verdad.

Ahora revisemos algunas de las pretensiones, las creencias, las falacias en cuya base se tomaban decisiones importantes.

La creencia en un concepto llamado Teoría del Dómino, si caía Vietnam del Sur, caía el sur de Asia y luego Filipinas y luego caería Japón.

La creencia de que si bombardeabas con napalm la jungla de Vietnam, ya no tendrían los del Viet Cong lugares donde esconderse.

La pretensión de que el prestigio de los Estados Unidos sería humillado con la consiguiente pérdida de reputación y con el consiguiente avivamiento de deseos de crear otros Vietnams en todo el mundo por parte de los rojos.

La pretensión de que se estaba ganando la guerra debido sólo al conteo de cuerpos de combatientes.

La pretensión de que es la tecnología, el armamento avanzado, y las tácticas “normales” de guerra las que deciden una victoria.

La pretensión de que se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo por siempre.

La pretensión de que por ser invasor y pelear en un país ajeno contra gente que vive ahí mismo, además de querer imponerles otro estilo de vida, todavía querer pensar que te estarán agradecidos por ello.

La creencia que eres el líder moral del mundo, aunque dejes caer más tonelaje de bombas en un año, que el que dejaste caer contra el enemigo en toda la segunda guerra mundial, y así por varios años, afirmando que esa era la mejor manera de lograr la paz.

La creencia de que con más y más soldados podrás lograr tus objetivos.

La creencia que es posible tirar una bomba atómica sobre un país y no esperar reacciones de los chinos o de los rusos.

La creencia que tienes a la prensa más influyente en tus manos.

La creencia que la opinión pública también está en tus manos.

La creencia que hay solo un tipo de paz, la tuya.

La creencia de que no es necesario hacer trabajo de campo, que sólo con leer memorándums, informes no confirmados, reportes sin verificar, opiniones de segunda o tercera mano, todo lo que pueda hacerse sin necesidad de estar allá en el campo, podrías saber cómo es la verdad, cómo es la realidad.

Y así muchas más.

¿Verdades que sí lo eran sin que la gente lo supiera? Ahí van:

Esperar provocaciones para contestar con respuestas incrementadas.

Corrupción rampante, de todos lugares, y todo mundo aceptándola como hecho consumado, sobre todo ellos, los norteamericanos, sabiendo por ejemplo que el cemento que se mencionaría en algún informe o reporte o discurso, midiéndose por decenas de miles de toneladas, se harían con él aulas que se desgajarán raspando con el mismo pulgar de tan mal hechas, toneladas que entraron al mercado negro.

Camarillas elegidas para el mismo gobierno en perjuicio de los propios habitantes, llenas de privilegios, poseedores de la riqueza y que realmente lo único que importaba no era su voluntad de gobernar democráticamente y con justicia, sino que era más bien su lealtad a los Estados Unidos.

Ignorar los mismos tratados internacionales que daban autonomía a los habitantes de Vietnam de ambos lados, para una elección libre para decidir su gobierno y su tipo de gobierno.

Que era claro que no se estaba ganando nada. Que se avanzaba sobre zonas que se “limpiaban” duramente de hostiles, y después, pasando el año, se reportaba que se “limpiaba” la misma zona, sin que nadie hubiera registrado o notado que esa ya se había “limpiado” antes. Y así por tercera, y por cuarta vez, y que la gente seguía muriendo por ambos lados.

Qué había regiones enteras “controladas” que no se podían recorrer por carretera, sólo por helicóptero, y aún así se decía que se tenía todo el territorio controlado.

Que se maquillaban reportes de cantidades de incursiones nocturnas de parte de los vietnamitas del sur, ningún vietnamita del sur podría hacer una incursión nocturna por terror total después de anochecer. Hubo mucha indolencia de parte de ellos. Y terror.

Que había planes secretos de paz, como el que anunciaba Nixon en la campaña electoral de 1968. Pero nunca hubo uno. Todo fueron trucos electorales que hicieron ganar a Nixon sobre Humphrey por un mínimo margen (como el que hubo entre Calderón y Lopez Obrador en México, en 2006).

Que la guerra acabaría pronto, pero había planes de llevarla por más de cinco años, a más de medio millón más de tropas (existían los documentos que lo afirmaban).

Que existía una corriente de pensamiento que afirmaba que era una necesidad en la administración Nixon el querer tirar bombas atómicas limitadas sobre Vietnam del Norte. Eso siempre se negó, pero apareció años después en las grabaciones de la Casa Blanca que salieron con el escándalo Watergate.

Todo esto, y muchas medias verdades, falacias y similares que faltan, pudieron ser ya conocidos por muchas personas, ya que es parte del todo conocido al respecto de la Guerra de Vietnam, pero en este contexto, de cómo un gobierno sistemáticamente se mentía entre sí, mentía a sus ciudadanos, mentía a los demás gobiernos, pero el núcleo de todo el pensamiento es que lo hizo sistemáticamente, por años.

“Luego soltábamos, girábamos, y aterrizábamos en el humo morado, decenas de niños salían de sus chozas, y corrían hacia donde estábamos y el piloto riendo y gritando: “Así es Vietnam, amigo. Bombardéalos y aliméntalos, bombardéalos y aliméntalos, bombardéalos y aliméntalos…”.

Airmobility, Dig It, del libro de Michael Herr, Dispatches, (1977)

Fin de la Segunda Parte

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