domingo, octubre 25, 2009

Vietnam. Secretos de los Documentos del Pentágono, el libro de Daniel Ellsberg.

Primera parte

Siempre sonó raro eso: Viet-Nam. Yo crecí y aprendí a leer y a tener curiosidad por saber del mundo con los periódicos. Y me tropezaba mucho

con la palabra Viet-Nam. Después de un tiempo le quitaron el guion. Era algo que estaba ocurriendo muy lejos. Más bien no era tanto un lugar, sino un hecho, un suceso. Algo ocurría en Vietnam y no era bueno. Se hablaba de soldados, de batalla, de guerra, de muertos, de heridos, de bombardeos. De invasiones a Camboya, Laos. Cosas así, lejos de México.

Nadie me explicaba nada. Era algo lejano, oscuro. Nada que ver con nosotros.

Supe de Nixon, y supe de Kissinger. Gente importante.

Entre todo eso algo apareció: algo de unos Documentos del Pentágono y por los titulares había un gran escándalo al respecto. Es más, hice el intento de leerlos. Pero sólo el intento.

Luego me enteré de Watergate y el periódico durante años siempre habló de Watergate. Y nunca entendía nada tampoco.

Y todo eso ya no es tiempo presente, sino que ya es HISTORIA. Porque todo lo que pertenece al siglo pasado ya lo es (incluso yo mismo lo soy en gran parte). Las Torres Gemelas ya son historia, el Tsunami del 2004 ya es historia. Las elecciones de 2006 ya lo son incluso. Debe de haber un momento determinado en el que las noticias recientes se convierten en eso, en historia.

Vietnam ya era historia cuando terminó la guerra con Estados Unidos, y más cuando empezó.

La cantidad de imágenes en blanco y negro. La del jefe de policía disparando al vietnamita del norte, a la cara. Los niños y sobre todo la niña desnuda corriendo en las carreteras, huyendo del napalm. Soldados caminando, soldados en arrozales, soldados en lodo. Soldados de película: Apocalipsis Ahora, Apocalypse Now, de Coppola, la mejor, según yo, claro, Regreso sin Gloria, Coming Home, El Francotirador, The Deer Hunter, de Cimino, con Robert De Niro, Pelotón, Platoon, con Charlie Sheen, de Oliver Stone, Hamburger Hill (de la cual un excombatiente que nos dio clase de inglés en la empresa, nos comentó que para él era la más realista) y que no sé cómo se llamó en español.

“En los meses después que regresé los cientos de helicópteros que yo había volado comenzaron a dibujarse hasta que formaron un colectivo metacóptero, y en mi mente fue la cosa más sexy que se me ocurrió mientras pasaba: salvador-destructor, proveedor-derrochador, mano derecha-mano izquierda, rápida, fluida, inteligente y humana, acero ardiente, grasa, lienzo saturado de jungla, sudor que se enfría y se calienta de nuevo, rock and roll en cassette en una oreja y un fuego de artillería en la otra, combustible, calor, vitalidad y la muerte, la muerte misma, difícilmente intrusa.”

Airmobility, Dig It, del libro de Michael Herr, Dispatches, (1977)

En fin, eso era Vietnam, una guerra que se libró a docenas de miles de kilómetros de nosotros en una época en la que las únicas guerras que tenían real significado para nosotros eran las de monstruos en Monstruos del Espacio entre Goldar y Rodak. Nada más.

Una guerra que empezó prácticamente cuando nació mi generación, 1962, cuando los primeros technical advisors estaban ya ahí, siguiendo Kennedy la política de Eisenhower, y que no sumaban en ese momento más de 8,000. Y ese ya es un número alto, después de todo. Tenían su propósito supuestamente: entrenar al ejército de Vietnam del Sur para resistir los ataques de Vietnam del Norte, que por alguna razón querían quedarse con todo el sur. Pero eso no lo sabíamos, que caramba, estábamos en México y en esos años ni leyendo revistas, si las hubiese interesadas en el tema, o en periódicos, así, críticas o al menos notas objetivas, si te tocaba de milagro leer algo del tema del día, podrías enterarte de que realmente estaba pasando algo allá. Pero no era mucho lo que hubo.

Luego te enterarías leyendo revistas como Selecciones o Life en Español, que la cosa estaba fea por un lado (así decía Life allá por el 64: Vietnam, una guerra extraña), y que los comunistas, o rojos, querían adueñarse del mundo y que había que estar alertas.

Claro, con los años entendí que esas revistas tenían su encargo de decirle a los latinos esa parte, que lo que sucedía en Vietnam casi casi era el destino de la humanidad el que se jugaba. Y como los latinos no teníamos mas fuentes de información, pues así debía ser.

Pasaban los años y no sabíamos más que lo de vez en vez y de repente aparecía, por ejemplo recuerdo que mi papá me mandaba, nunca supe porqué esa necesidad específica y mi papá no está ya aquí para explicarme, por el periódico el Heraldo de México todos los domingos por la mañana.

Era el año de Junio de 1971, algún domingo de ese mes. Desde la esquina de la calle Jalapa con Veracruz en la Colonia Guadalupe de Tampico, me iba caminando hacia la avenida Hidalgo casi esquina con la calle Delicias (creo que ya no se llama así), en la colonia Lauro Aguirre, a una revistería donde vendían publicaciones incluso en inglés. De hecho ahí conocí la revista Mad, probablemente la llamada revista Pop (muy psicodélica, recuerdo vagamente su tipo de letra y sus variados y vivos colores, y si no fue en esa revistería donde la conocí fue en algún puesto de periódicos no muy lejos de ahí) y la revista Piedra Rodante, primitiva sucursal de la Rolling Stone de por entonces. Yo tenía 8 años.

Seguramente leí el cintillo superior de la primera plana: Los Documentos del Pentágono: Impresionantes Revelaciones de la Guerra de Vietnam. Pensé que era muy importante, quizá por ese día decidí dejar de leer lo que decía o pontificaba LE…

(Y lo que batallé para saber de quién eran las siglas: Luis Echevarría, ¡Hey, perdónenme, tenía sólo 8 años de edad y tenía dudas de si preguntar a mis mayores, por temor de quedar en ridículo! Pero eso sí, me acuerdo que cada cosa que pensaba, decía, mencionaba, discursaba, lo que fuese que saliera del maquiavélico cerebro de ese tal LE o LEA, era para ser recogido, grabado, registrado y expresado al orbe para ser repetido en los titulares de los periódicos, y el país (luego quería que el mundo mismo) a su vez debía poner atención total y sumisa a todo lo que él dijera sin posibilidad de malinterpretarlo o recusarlo, o lo peor: criticarlo o cuestionarlo, él era la patria).

…a tal nivel se me hizo importante el tema de los Documentos del Pentágono como para leer decidirme a leer algo tan denso de datos, cifras, hechos, reportes, personajes, jerarquías, autorizaciones, campañas, planes, nombres, lugares, siglas.

No recuerdo cuanto tiempo me la pasé así leyendo. Lo único que recuerdo es que ese asunto era tan importante de algún modo que a mucha gente del Pentágono les había molestado sobremanera que se publicaran, y luego no supe nada más. Y ni creo, por supuesto, haberlo terminado, yo no sabía que eran 8,000 páginas copiadas, o como dicen al sur del Trópico de Cáncer, fotocopiadas.

¿Qué que era el Pentágono? Un gran edificio donde está toda la cuestión importante del ejército de los Estados Unidos. ¿Qué era la “toda la cuestión importante” del ejército de los Estados Unidos? La verdadera fuente del Poder de ese país. El Poder de… poder ir a un país independiente a más de una decena de miles de kilómetros, meter cientos de miles de tropas casi como si nada y ponerlos a luchar contra otros cientos de miles de tropas irregulares que de cierto modo, sí estaban en su país, repeliendo a un invasor y muriendo por ello.

Es difícil no ponerse de uno de los lados. Es difícil de explicar cuando no se describe un contexto, de cuando el mundo hace mucho dejó de ser sencillo, si es que un día lo fue.

Como que muchas de las cosas de nuestros tiempos siempre están destinadas a enloquecernos ya que no sabemos ni sus orígenes ni sus destinos.

Así las cosas empecé a leer el libro de Secrets: A Memoir of Vietnam and the Pentagon Papers.

Y bueno, hay muchos temas aquí, unos documentos que están registrando una historia de envolvimiento, así le llaman, envolvimiento, de actos de guerra contra otra nación soberana, puesto que eso era Vietnam del norte.

No es que yo vaya a decir que los vietnamitas del norte tenían la razón en automático, y que por tanto considero que el comunismo en cuestión tenía razón de ser, y no es así, sino, aislemos esa parte siquiera por un rato.

No pensemos que Vietnam era comunista por un segundo, sino que era un país que peleaba contra un invasor. Y eso de ser comunista era, bueno, la historia ya decidió su suerte aun y que haya por ahí loquitos que les atrae esa idea.

“Los hombres en las tripulaciones [de los helicópteros] dirían que una vez que llevabas a una persona muerta, siempre estaría ahí contigo, volando contigo…”

Airmobility, Dig It, del libro de Michael Herr, Dispatches, (1977)

¿Qué pasaba por la mente de ese invasor además de invadir? ¿Qué pensaba la gente que se quedaba en USA?

Al parecer la cosa comenzó extrañamente, como todas las cosas que ahora suceden, en un lugar llamado Golfo de Tonkin, afuera de la costa de Vietnam del Norte, prácticamente en sus aguas territoriales en agosto de 1964, lo cual desencadenó el permiso de parte del Congreso para que las fuerzas norteamericanas pudieran responder ataques de las fuerzas armadas del Norte.

Así las cosas, empezó la llamada Guerra de Vietnam.

Fin de la primera parte

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