domingo, septiembre 26, 2010

De las tarjetas perforadas al Ipad, remembranza ICAP 1979-2010

(Este es un texto que me pidieron hacer en EX UDEM, el organismo vinculador de los exalumnos UDEM con la Universidad de Monterrey, mi  institución, al ofrecerme a escribir en su boletín periódico)


 Hubo un tiempo en que empezamos la transición de estudiante a profesional con aprehensión, incertidumbre pero también con esperanza.


El tiempo en que John Lennon salía de su aislamiento con su disco (Just Like) Startin’ Over, “Como Comenzar a Vivir de Nuevo”, verano de 1980, tal vez te acuerdes.
Eran los tiempos que nos habían dicho que para que te conocieran bastaba con entregar una tarjeta de presentación y con hacer unas cuantas llamadas; en cuanto a ser ciudadano bastaba ir a votar y despreocuparte, todo estaba arreglado; y en cuanto a estar consciente del mundo bastaba con leer el periódico, mirar las noticias a la misma hora, escuchar de los chismes de los compañeros y ver la película de moda en México seis meses después de cuando la estrenaban en el mundo y listo, con eso bastaba para ser parte de todo.
Eran los tiempos en que estábamos entregando nuestro programa de Fortran o COBOL, en forma de 300 tarjetas perforadas a nuestra computadora Burroughs B1700 con 64Kb de memoria situada en el Centro de Cálculo de la UDEM (en mero enfrente del CUM por Gonzalitos).
Para esto a John Lennon no le quedaba mucho tiempo.
Eran los tiempos en que no imaginábamos que trabajaríamos con una impresionante máquina mainframe Cyber 170 de Control Data, con pantallas de video, teclados grandes y una lucecita parpadeante a la izquierda de la pantalla que visiblemente avisaba que seguía incansable en su comunicación con el host central.
Los tiempos en que pensábamos que todo en el futuro nos sonreiría en cuanto le diéramos “login” oprimiendo simultáneamente la tecla “send”.
Tiempos en que poco después  mentes desvariadas le disparaban al presidente de Estados Unidos, al mismo Papa.
Pero algo pasó en el camino. Nunca nos lo hubiéramos podido imaginar.
La Burroughs B1700 junto con sus 64Kbytes de memoria, fue arrumbada, igual la Cyber 170, igual las tarjetas, las gigantescas consolas.
 John Lennon ya había muerto para entonces.
La política también cedió a presiones personales desde el mismo Poder y nos devaluó el alma y un poco la esperanza a través del dólar y del petróleo. Los tiempos se pusieron difíciles.
Una vez más, algo ocurrió y las “micros”, que así les llamábamos entonces, se convirtieron en computadoras personales, y hubo las hojas electrónicas y las redes y con el paso del tiempo los correos electrónicos, las bases de datos, los servidores.
Sucedieron cosas en nuestro mundo país y la democracia se asomó estremeciendo, primero cuando “se cayó el sistema”, 1988, luego cuando llegaron las primeras gubernaturas de oposición. Más todavía México se abrió a la modernidad. La esperanza creció.
Llegaron mejores máquinas. Más velocidad, más memoria, más poder. Pero también con la nueva modernidad llegó la competencia mundial, y con ella las teorías, los downsizings, las reestructuraciones, “organimotos”, las sinergias y reenfoques de las empresas, todo en nombre de la productividad. Los despidos, los cambios obligados y rudos de carrera.
Más tarde Internet, la esperanza del cambio del 2000, el nuevo Milenio, la caída de las Torres, elecciones del 2006, las redes sociales, los smartphones, la violencia cotidiana, la recesión de Estados Unidos para el mundo, nuestras propias guerras a la delincuencia en demasiados y cercanos niveles.
¿Y hoy?
Hoy tenemos mil maneras de hacer cosas desde la casa misma. O mejor (o peor) durante el traslado mismo de un lugar a otro. Tenemos juntas, reuniones, conferencias, presentaciones, desde la pantalla misma donde escribo esto.
Tenemos democracia, libertad de pensar, y la tecnología nos rodea, que si se lo permitimos nos ahoga, nos empuja, nos presiona, nos consume.
Pero a veces, en ocasiones, nada importa, el tiempo pasa y la política pasa, y la tecnología pasa, y la sociedad trata de ser la misma. Y te das cuenta que nosotros en la raíz somos los mismos. Pero que sin embargo siempre estamos en la lucha de serlo.
Aún así extrañamos al Centro de Cálculo en aquellos tiempos en que la máxima preocupación era que tuvieras un punto mal colocado en alguna instrucción dentro del programa de las 300 tarjetas que hacía una función ya olvidada, ya que nos obligaría a esperar otras 10 horas para volverlo a compilar para que nos saliera bien.
Y extrañamos esas horas eternas de tarde a noche y a madrugada esperando, esperando, y esperando. Rezando en la inquietud nerviosa par que no hubiera errores.
Los años cuando John Lennon, apenas comenzaba apenas a vivir de nuevo.
Y nosotros con él, y la esperanza dentro de cada uno de nosotros. Los años cuando gozábamos que el mundo éramos nosotros y nosotros éramos el mundo. Y hoy ni tú ni yo sabemos lo que sigue, pero eso, amiga, amigo, es parte de la misma aventura de vivir.

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