martes, diciembre 28, 2010

Las múltiples opciones, amplios caminos hacia el abismo (¡y el drama!)


 Parte de nuestras vidas es la elección, es el libre albedrío. Pero a veces, estoy convencido, el libre albedrío es ilusorio.

 Sin meterme a religión o filosofía (o sea, siendo simplista) esto es porque muchas veces nos hacen pensar que somos libres. Pero si te fijas un poco, lector, lectora, no lo somos tanto.
 Nuestra libertad está como acotada: “aquí sí di lo que quieras, allá con ellos no porque se sienten… o porque no es correcto bajarle la moral a los demás si expresas exactamente lo que piensas… o porque se trata de seguir las apariencias y punto…”.
Es como seguir las reglas de un juego establecido, si no lo haces así, todo se cae.
Lo peor, si entramos en terrenos políticos pero asimismo incumbentes creemos que tenemos libertad de votar por las opciones que se nos presentan, pero el Sistema nos atrapa al sólo ofrecernos en exhibición a tres o cuatro candidatos relevantes (los otros no son ni serán tan relevantes excepto para restar votos de manera estratégica) que nos fueron impuestos desde las cúpulas de los Partidos o del dinero
¿Qué el dinero no impone al candidato? Es obvio. ¿Quién puede ser candidato de algún partido si se tiene que ir a trabajar en los días hábiles de siempre para poder vivir y más para mantener una familia?
Y no menciono que esos candidatos son elegidos por pequeños pero poderosos grupos que controlan con celo la entrada a sus sacrosantos Consejos Nacionales y que son quienes manejan el pandero, quienes cuentan más que otros, y en eso no hay nada de novedad ni de descubrir el hilo negro, sucede en todos los partidos, en todos los lugares de nuestro hermoso México.
Entonces quizá lo que sucede es que creemos (¿o preferimos creer? ¿O jamás lo aceptamos, pero no podemos oponernos con alguna acción como no votar porque saldría peor?), que tenemos la ilusión de poder elegir.
La ilusión de las opciones.
Más ese es otro tema finalmente. (Porque no me quiero amargar).
Lo que quiero es destacar que hay estudios que indican que no es bueno un mundo en donde tengamos taaaantas opciones de donde elegir.
¿Cuántos canales son los que nos ponen las compañías de televisión por cable a elegir… y de estos que algunos sean significativos realmente? Queriendo decir esa palabra lo que quiera decir, claro.
Por ejemplo, acabo de leer de la existencia de un paquete de esos de cable y antena con más de 200 canales y sé que con todo y eso, un día nos quejaremos de que no hay nada de nuevo.  Mismas películas misteriosamente en diferentes canales, mismas temporadas viejísimas de programas que se repiten por años. Mismos programas en la mañana tarde y noche, mismas noticias, mismos programas de revistas inidentificables uno de otros, y una vez más, mismas películas.
Ve a un buen restaurant, y encontrarás que hay decenas de buenas elecciones. Pon tú que lo que eliges promete estar rico. Sí, pero una vez ya traído por el amable buen mesero y verás en su momento hacia el platillo que eligió tu compañero de al lado, ¿no te ha pasado que te quedaste con la duda de si debiste haber pedido uno igual? Parece más jugoso y hace mucho que no comes un “rib eye” cocinado así, aparentemente jugoso y suculento. Mmm. Y pediste pescado. Uf.
Okey, a ti no te ha pasado porque eres muy centrado o centrada de carácter y no tienes duda, y lo mejor de todo, eres de las personas que tiene bien claro qué quiere y qué espera de la vida. Y sabes elegir y sabes quedarte contento. O contenta, pues.
Yo no.
Yo sí sufro con tanta elección. Me pasaba mucho cuando compraba nieve en los Danesa 33.
 (Nota informativa: era una cadena de franquicias de heladerías o neverías por todo el país. Fueron muy famosas las promociones en tiempo de Superbowl, diciembre y enero de cada año, ya que tenían todos los cascos de los equipos de futbol americano, creo, y en ellos pedías tu nieve.)
Bueno, ahí estaba frente a los 33 botes con 33 colores con 33 sabores, todos ofreciéndome 33 maravillas para mi gusto.
Promesas dedicadas a mi paladar llenas de misterio y sorpresa.
Ya ante su exuberante mostrador empezaba la selección, porque había que hacerlo, quizá ese sería el día de cambiar, de probar, de ser atrevido.
Y así ocurría: Ese sí, ese no, ese tal vez, no, no, no, sí, quizá, una vez lo probé y no me agradó, sí, no, sí, no, no, jamás, no, el chocolate no me terminó nunca de agradar, no, sí, no, sí, y ese que onda, y ese, pues tal vez.
Esa fue la primera ronda.
Quedaron siete: ese no, ese… tal vez, ese no, ese tal vez, no, no, sí, ese síiiiiii.
Ya no hubo más rondas.
No que supiera el final cada vez (¿destino? ¿Acaso estaba escrito como sucedió en Slumdog Millionaire?), pero no, nunca compré más que el sabor vainilla y en un lapso de audacia y valentía sin igual, compré uno de nuez con mantequilla. Sólo dos sabores probé y me faltaron los otros 31 con los que me quedé con la maldita duda para siempre.
Y dicen que la posibilidad de elegir es la culminación de la libertad y de la civilización.
Puede serlo, y de hecho, okey, supongamos por un momento que lo es.
El problema hoy es… el exceso de opciones.
¡No pueden ser tantas, por favor!
Para esto The Economist sacó un artículo este diciembre pasado (para mi es este diciembre, pero para cuando se lea, lo más probable es que diciembre será pasado) que se llama “You Choose”, Tú Eliges.
Y dice cosas como:
El supermercado americano PROMEDIO tiene en sus anaqueles 48,750 artículos y de acuerdo al Food Marketing Institute, eso es cinco veces más que 1975.
En un supermercado británico tipo Tesco, hay 91 shampoos diferentes, 93 variedades de pasta de dientes y 115 limpiadores para el hogar.
Tropicana de Pepsico, tenía 6 sabores de jugo en 2004, hoy hay 20, en la década venidera habrá 30.
¿Y por el otro extremo? Se decía que en la Albania Comunista de Enver Hoxa sólo había radios sin diales para cambiar de estación, porque como sólo estaba permitido oír la estatal así se evitaba la pena de detener a la gente por escuchar radio extranjera, entonces, ¿qué necesidad de cambiarle?
Ese ha de ser el actual sueño de Chavez.
(Sólo les recuerdo que si nos ponemos a pensar en nuestro caso máximo de opciones política, es ficción que tengamos opción de elegir presidente libremente, los mismos partidos crean las reglas del juego: las del origen de los propios partidos limitando la creación de más; crean o modifican las reglas del Instituto electoral que rige las elecciones; y para acabarla de amolar nos hacen creer que en tiempos de elecciones esos que nos desean gobernar son los mejores. Y no, no lo creo posible. No pueden ser los mejores. Los hechos lo demuestran. Qué mundo sería este sí esos los que nos gobiernan fueran los más capacitados, pero lo que pasó en la realidad es que fueron elegidos porque no tuvimos otra opción).
No es que no deba haber opciones, o que las marque el estado con sus odiosas limitantes o el mercado con sus codiciosos deseos infinitos.
Deberíamos ser nosotros quienes marcáramos el orden de las cosas, pero ¿quiénes somos nosotros?, ese es el problema. Y ellos saben que nosotros no lo sabemos. Y afortunadamente sólo tienen la idea de quienes somos.
El caso es que, como dice el artículo de The Economist: “en cuanto las opciones se multiplican, hay un punto en el que cualquier esfuerzo requerido para obtener la información suficiente para ser capaz de distinguir sensiblemente entre alternativas, este esfuerzo sobrepasa el beneficio del consumidor con respecto a su opción extra”.
En este punto, menciona el artículo de la revista a Barry Schwartz, quién escribió “The Paradox of Choice”: 
“…la opción ya no libera, sino que debilita, podría decirse aún más, tiraniza…”
y termina diciendo 
“el hecho que algunas opciones sean buenas, no necesariamente significa que mientras más opciones, mejor…”.
Sigue la revista ahora mencionando a Daniel McFadden, un economista de la Universidad de California, Berkeley, donde afirma que los consumidores encuentran mucho problema con las demasiadas opciones a causa del 
“riesgo de la mala percepción, el mal cálculo, un mal entendido respecto a las alternativas disponibles, o… incluso leer mal los propios gustos de uno mismo, o enfrentarse a ceder al impulso del momento, con la consecuencia de lamentarlo después”.
McFadden agrega a todo lo anterior, el “stress mismo de la adquisición de información”.
Este sí que me ha tocado conocerlo.
Esto nos lleva al pánico y a la falla posible para elegir una de las opciones. Preferimos muchas veces que alguien más lo haga por nosotros: el mesero, el dependiente de la tienda, quien sobra decir que son quienes más le interesa que tomemos o adquiramos el producto o servicio, ignorando o pretendiendo ignorar esa realidad.
Pero tenemos miedo a elegir y a lamentar después.
No faltan los buenos amigos que nos dicen “¡nombre!, por ese precio te hubiera conseguido tal o tal”, o los otros buenos amigos que te dicen también: “¡ noooo!, hubieras ido a tal parte, a sólo unos pasos y muy seguro hubieras encontrado algo mejor y más barato…”).
Me pregunto si los mercadotécnicos no se han puesto a pensar en eso o si no han podido convencer a los que toman las decisiones de que no queremos tantas opciones.
Creo que no queremos tantas opciones. “Menos es más” se está volviendo tendencia. El concepto de las múltiples opciones es anatema para las ONGs verdes. Les recuerda el exceso de consumo y el exceso de industrialismo en este planeta.
Muchas opciones suenan a un sueño hecho pesadilla, quizá predicho por el Shock del Futuro o a esos rollos de que tú serás el público final, que todo será hecho para ti y alrededor de ti gracias a elegir entre todas las opciones, que ya no serán hechos para la masa.
Una especie de anti Modelo T, de Ford, en el que tú al comprarlo en aquella época, podías elegir el color que quisieras, mientras que este fuera negro, gracias.
El futuro que se predecía era que el color de tu carro podría ser tan personal o único como para que combinara con el color de tus ojos miel, o con el de tu cabello castaño oscuro, o con el de tu piel, o con el de tu ropa favorita, o con el de tu sabor de helado de Danesa 33.
Las múltiples opciones. Suena a pesadilla del futuro.
No habiendo más que añadir, les agradezco que hayan elegido este blog de entre tantas millones de opciones, esperando que no les haya causado ni stress o ansiedad ni nada similar.
Pasen un lindo día. Ahí no hay que elegir, no hay opción ahí, sólo depende de ustedes,  :) 



1 comentario:

OR² dijo...

Excelente opción leer hoy tu blog por la tarde, mientras trataba de remendar los pedazos de mi roto corazón, ya has dibujado un trío de sonrisas y coloreado varios recuerdos en mi memoria. Como me hiciste reir con lo de Danesa 33. Y sí... cuando voy al súper parece peor q examen de cálculo integral.