sábado, diciembre 18, 2010

Mi Romance con los Zombis y Algunas Metaforizaciones en Tiempo Real





Hay algo raro sobre escribir sobre zombis. De hecho pensé que nunca vería sus derivaciones en los conceptos de cultura popular. Siempre he sido escéptico de las modas excepto cuando parecen que estas son más bien tendencias. A veces es difícil distinguir unas de otras.

Y las tendencias pueden no ser sólo en tecnología, o poblacionales o sociales. Y a veces no son tan importantes o visibles como para que dejen alguna impresión en la mayoría de la gente, pero de que existen, existen.

Cómo que todo esto de los zombies empezó de manera más seria con la película aquella de The Night of the Living Dead del año 1968 y dirigida por George Romero. Película en blanco y negro original en la que por una extraña razón los muertos se levantan de sus tumbas (esa sí que sería una razón muy extraña), y que por otra razón más extraña todavía, vengan estos por los vivos con ansiedad y con algo que pudiera ser mezcla de rabia y furia (¿estarían muy tranquilos y se levantarían con coraje por lo que les pasó?).

O sea, ¿cómo identifica un muerto a un vivo y como le puede llamar la atención este vivo para que el muerto lo quiera matar?

No, no es un tema agradable per se, o sea, no es como hablar de Rosita Fresita o de las Bratz, o de la historia no contada de las fotos eróticas de la Barbie, de las que me tocó saber de ellas en los albores del navegador Netscape allá por 1994.

No, aquí se hablará sencillamente de zombis, de muertos vivientes y sobre todo porque por cosas raras han tenido un boom que ha sorprendido a muchos. A mí al menos.

Películas, comics, juegos, libros, y ahora, increíble, programas de televisión.

No, ya lo dije, no es nada atractivo ver cuerpos en putrefacción caminando con sonidos de uugh, argg, errrrgh y que caminen rápido hacia ti, y que te quieran comer, morder, devorar como justa culminación de una cadena alimenticia vuelta de revés en la que nosotros ahora somos los comidos, mordidos, devorados. 

Digo, debe haber algo últimamente en un amplio sector de la población que nos haga voltear hacia estos temas macabros por aquello de que estos zombis son como muertos vivientes, o sea, más de lo obvio, gente que o no se fue al cielo o que no se esperó al Juicio Final, o que de plano no les dieron trabajo en el video revolucionario (por costo, longitud, tratamiento, detalle, perfección y utilización de recursos narrativos evidentemente sobrenaturales) de Thriller de Michael Jackson, ese que gana todas las competencias del Top 20 de VH1 Latino en las que pueda colarse.

Y sí, películas, es natural, el otro día comenté que nuestras armas nacionales se han cubierto de gloria en estos temas, desde el mismo Santo que peleó si mal no recuerdo contra los Zombis (algo así se llamaba la película en ese modito genérico de Santo Vs algún supervillano terrible, pero que por desgracia tal cinta no tuvo gran trascendencia como lo fue por ejemplo cuando el popular enmascarado peleó CONTRA las Mujeres Vampiro, que esa sí, siempre ha sido un constante delirio de alto contraste y de divinas memorias.

Nada más para acabar el tema del Santo les recuerdo que él mismo fue quien ayudó a sus camaradas Mil Máscaras (quién mi hijo me acaba de preguntar quién era) y de Blue Demon, a resolver un problema grave de zombis ni más ni menos que en Guanajuato, y en este caso, no tan inesperadamente, los muertos vivientes eran las mismas Momias de Guanajuato, o sea, cosas del folklore regional del Bajío.

Pero hay que hacer la observación al respecto de que estas Momias no morían si por decir se caían de un edificio de cuatro pisos, digo, en la trama de la película no había un tratamiento o protocolo claro de cómo matar estos seres, o más bien debería decir, destruir a estos seres porque no puedes matar a un ser que ya está muerto, ¿verdad?

Pero el Santo, que era muy bueno en cuanto a resolver problemas sobrenaturales de todos tipos (mas que su hijo, ni modo, todos lo sabemos), arregló eso con unas armas de chispas que salían de sus botas plateadas de luchador plateado y más todavía con una pistola de rayos de fuego, que había dejado en su esplendido carro descapotable, que no era un Karmann Ghia, aclaro y que probablemente era un MG precioso.

Bien, el punto es que no he leído y ni leeré la novela de Pride and Prejudice and Zombies porque es una locura, interesante ejercicio de seguro, pero que en realidad no me atrapa mi idea de pasar una bella velada con una vela, claro, ¿de qué otra manera se pasan las veladas?, leyéndolo supongo.

Y de cine, pues, no, tampoco me es atractivo ver el actual cine de zombis.

Pero el mismo tema en TV y comics fue otra cosa, y me encontré con que sí los estoy viendo y leyendo, y no quería, lo juro, pero al final caí. No había remedio, era AMC, el canal que transmite originalmente Mad Men, de la que tengo excelente opinión (de la que tenía que hablar primero y ya me falta cualquier cosa), y pues, lo hice, vi The Walking Dead, la serie y leí contra mis mejores consejos, The Walking Dead, el comic.

Y ya. Se me hizo buen drama, fantástico, basado en la premisa no muy original de que en la tierra mucha parte de la humanidad se quedó haciendo esos sonidos grotescos, al parecer muertos que de alguna manera sienten como dije, necesidad de comerse al prójimo vivo. Literalmente.

Se tiene que desconectar el cerebro totalmente, para poder disfrutar del espectáculo de ver a sucesores de los que aparecieron en Thriller al por mayor y que de alguna manera u otra son muchísimos y son malos en sí para términos de transgresores totales del orden establecido.

Pero la cosa no para en la serie en sí, de hecho no solo no para y ni siquiera comienza en la TV,  todo comienza en un comic, como ya prefiguré.

Este comic fue realizado por dos personas. Uno es Robert Kirkland, y el otro es Terry Moore, respectivamente escritor y dibujante.

En 2003 estos dos se pusieron a escribir y a dibujar un comic que hablaba de una situación que se da con un policía de pueblo que terminó en un coma (con detalles muy similares a los del coma de Johnny Smith, de la novela La Zona Muerta, de Stephen King) y que despierta en un hospital abandonado (al parecer muy similar a la película de 28 Días, de Danny Boyle) y que de pronto descubre que hay muchos muertos y que lo peor es que hay muchos no muertos pero tampoco vivos que son espantosos y que solo quieren comerle.

Los zombis son espeluznantes, ya saben: feísimos, cadavéricos, en descomposición, mostrando una definitiva estética PostThriller-esque que impacta: a algunos les faltan miembros y caminan y  en grupo hacen bola y te pueden morder, y esa es la idea básica y muy muy repetitiva, te muerden y en espacio de horas te conviertes en uno de ellos…

La buena transición del comic a la pantalla ya no es novedad, últimamente ha tenido varias novelas gráficas y comics en sí que se han llevado a las películas, así ha sucedido desde mucho tiempo atrás con Sin City, 300, Road to Perdition, mas los ya muy tradicionales Superman, Batman, Spiderman, Daredevil, et al.

Aquí se retrata fielmente, me parece, de un medio a otro la situación de la cuestión de sobrevivencia de un grupo de personas que no sé porqué son minoría y que se defienden de la gigantesca mayoría que son los muertos caminantes, que no hacen esto por maldad exactamente. De hecho los muertos no son malos, solo son muertos en necesidad.

Así las cosas, la serie es de seis capítulos, ya las vi todas, el uno al cuatro fueron muy buenos, el quinto fue más como tenue, el sexto amarra algunos cabos sueltos, y deja el puente (muy a la Star Trek II: La Ira de Khan) para poder esperar con cierta ansia la serie dentro de 10 meses que es cuando la darán el próximo año, y lo que pasa aquí es que los ejecutivos y la cadena que pone el dinero no sabían si valía la pena meterse de lleno en una serie que es gore, que es depresiva, que es hiperfantástica, apocalíptica y de plano, terrorífica.

Pero ya vieron que sí pegó y ahora se enfrentaron con el detalle de que tuvieron que cerrar esta historia en seis capítulos como ya dije, para que suene lógica y sobre todo, con un final satisfactorio (cosa que no diré si sí o si no).

Paciencia se nos pide.

 

Pero no es algo que nos sobre de momento y de cierto modo leemos el comic. Y son 78 números hasta ahorita y la historia del programa de TV comenzó igual, pero poco a poco se bifurcó  un poco para luego coincidir en algún detalle que sigue siendo igual. O al menos similar.

Si, la serie y el comic difieren pero coinciden en un tratamiento de historia más sensible, donde como menciono arriba, alrededor de una historia de supervivencia extrema, apocalíptica, donde se da el amor, la sensibilidad y sobre todo intentos de mantener la cordura en un mundo cambiado radicalmente, donde uno se imagina que uno de los finales preferibles sea cuando el principal personaje, el policía de pueblo diga “todo esto no fue más que una maldita pesadilla”. Esperemos que no sea así.

El punto final es que The Walking Dead es televisión de calidad. Pero no para almas con fibras delicadas o de buen gusto. Oh no.

Disfrútenla de todas maneras. No sabemos cuánto duren las tendencias, ¿ok? Y para el 11 de Octubre del 2011, falta muuuucho. (Pero para eso, está el comic).

Añado a lo anterior, habiendo acabado de ver ya el sexto capítulo de The Walking Dead.y leyendo un artículo del New York Times de Chuck Klosterman, titulado My Zombie, Myself: Why Modern Life Feels Rather Undead, o sea, Mi Zombie, Yo mismo: Porqué la Vida Moderna se siente como si fuera Muerta Viviente.

En general el artículo afirma que nos gustan las historias de zombies, bueno, a mucha gente, porque estos: 1) Son fáciles de matar, 2) Salen y salen y salen de tal modo que hasta parecen correos electrónicos o twitters, 3) sobre todo nos gusta eliminarlos (cualquier relación con la hiperpopularidad de juegos de video tipo shooter como el Doom, en donde también matas demonios y seres no vivientes tal vez no sea pura coincidencia).

Continúa el artículo diciendo que esta es nuestra proyección de miedo colectiva: que todos seremos consumidos. Que los zombis son como el internet y los medios y cada conversación que no queremos tener.


Que es como todo lo que viene hacia nosotros sin cesar (y sin pensarlo), y que tenemos la idea debajo de nuestras sinapsis de que si nos rendimos a ese enemigo seremos derrotados y absorbidos.

Que sabemos que todavía esta guerra es manejable, pero que no es ganable. Mientras nos pongamos a borrar directamente lo que sea que esté directamente enfrente de nosotros sobreviviremos. Vivimos para eliminar los zombis de mañana. Seremos capaces de seguir siendo humanos, al menos por este tiempo. 


Nuestro enemigo es implacable y colosal, pero no es nada creativo y es estúpido.

Combatir zombis es como combatir cualquier cosa “obnoxiosa” frente a nosotros que fluye y fluye deseando controlarnos y aniquilarnos para dejarnos sin consciencia y sin pensamientos más que los básicos, entes inconscientes que esperamos en la oscuridad.

Y ahora, lo anterior démosle otra vuelta más a la tuerca.

La idea es esta. Somos nosotros seres rodeados de malos; estos seres salen de todas partes, nos acechan, muchos aparentan ser normales, y parece que somos menos, o nos sentimos menos que ellos, pero porque están armados, vienen, nos aterrorizan, nos roban la tranquilidad, nos secuestran, nos extorsionan, nos matan.

Y no salimos a las calles de noche, porque parece también que nos están aguardando en las sombras. Y parece de pronto que la guerra es entre ellos y se matan pero salen más y la guerra parece que es eterna.

Y como los muertos vivientes, estos seres no tienen sentimientos y así van por la tierra de los vivos derrochando crueldad, desbordando verdadera maldad por todos lados… quizá los zombis son en este sentido más dignos de compasión que los otros. Y a ellos los podemos matar, directamente y a la cabeza.

¿Qué sí hablo de los narcos? Sólo entre ellos mismos, o el ejército o la marina, y no siempre están estos cerca de nosotros.

Lo malo es que los zombis, reconozcámoslo, no existen, y los narcos que nos acechan, sí y mucho…

Disfrutemos de ellos, los zombis, y matémoslos cuando aparezcan y a los correos, matémoslos cuando lleguen, y a las vicisitudes matémoslas cuando nos molesten, y a los twitters matémoslos cuando sean demasiados y las llamadas matémoslas cuando sean recurrentes.

Hay muchas de esas amenazas tipo zombis por destruir, las ganas de hacerlo, ahí está la voluntad nuestra de cada día, también, el tiempo, que no es tanto, sigamos, pues… y como dice Woody Allen, procurar regresar a casa antes de las 6 de la tarde.

No vaya a ser la de malas.

2 comentarios:

OR² dijo...

Válgame Santo Niño de Atocha! Nunca se me había ocurrido pensar con esa profundidad del porqué demonios le gustan tanto los zombies a mi marido! Le pasaré el link inmediatamente luego q después termine de firmar este comentario.
Hasta tuve que googlear esa palabrita de obnoxiosa, ya aprendí algo nuevo.
Simplemente F A S C I N A N T E.
*ella se despide moviendo sus manos al mas puro estilo de thriller, esperando no ser borrada de tu mapa en TL*

Luis García dijo...

Muchísimas gracias por el comentario, el tema de los zombies y su atractivo es de mucho tiempo, que haya estado haciendo eclosión hasta ahora, es un misterio.

Quizá sea como ciertas modas y luego vuelva a apagarse, pero eso será quizá hasta dentro de unos dos o tres años, y ya saldrá otra moda o tendencia.

Porque el siglo, ya sabes, es laaaaargo.

Y está casi nuevo.

Parece carro.

Sólo lo usó una viejecita, maestra de escuela. Ni le han cambiado las llantas. Ni el aceite.

Un siglo casi nuevo.

Ya me desvié.

De nuevo, muchísimas gracias por el comentario. ;-)