viernes, diciembre 31, 2010

Romances apasionados cuasi infantiles, cuarenta años de Melody

(con pequeña mención obligada al final de Let the Right One In  o como han cambiado los tiempos)

Después de muchos años he podido ver de nuevo Melody, una película de 1970-71 que en este año glorioso de 2011 cumplirá 40.


La película nunca figuraría entre las mejores de su tiempo, o que yo sepa no es memorable por nada en especial. Sólo digamos que la dieron en Monterrey supongo que a partir de 1972 y que creo que fue reprogramadísima como complemento a la película de moda, cuando esta era programada en matinés en los cines de esa ciudad (el Río 70 y el Cuauhtémoc) por esos años y quizá hasta por 1975, por decir una fecha en que puede ser que la cinta ya estuviese hasta transparente de tanto ponerla en los carretes.


También dieron varias veces a Digby, un perro peludo que se hace gigante; a los Charlots en 5 Locos en el Supermercado, una ya olvidada comedia francesa de pastelazo (notable sólo por el hecho de que fue de las primeras películas que mostraban un hipermercado, posiblemente un Carrefour, de alguna manera antecediendo en décadas a los Wal-Mart, Sam’s y mil más Marts, posteriores, profetizando de cierta manera la vida actual con la idea de que el hipermercado era el villano en sí); y finalmente Las Aventuras de Rabbi Jacobo con Louis de Funes, ooootra comedia francesa de pastelazo, por decir algunas lindezas que nos tocó ver por ahí. No, no ejercieron gran impacto en mí… eso creo…

Melody la han de haber dado como 40 veces, yo creo que la vi como 10 de esas.
El porqué las vi tantas veces debió relacionarse con que soy parte precisamente de ese segmento demográfico a quien le correspondía precisamente ser atraído por esa película. ¡Caí perfecto! La edad correcta en la que las niñas a mi alrededor dejaban de serlo. Tantas inquietudes y preguntas… tantos misterios…

Pues así las cosas, ¿de qué se trata Melody? ¿Porqué es tan agradablemente recordada por algunas personas cuando se las mencionas?

Película eminentemente inglesa, que de entre todos los posibles la escribió Alan Parker quien luego sería famoso por filmar películas muy interesante tales como The Wall en 1982, o Mississippi Burning en 1987, o The Commitments en 1991. Su director fue, fue, ok, no, no recuerdo quien fue, y no vale la pena perder el tiempo recordándolo (ok, fue Waris Hussein, ya lo chequé, este cuate es notorio porque fue de los primeros en dirigir episodios del muy venerable Doctor Who en 1963, no encontré nada más notorio más que la misma Melody).

Respecto a los actores y actrices pues, tenemos al gran Mark Lester haciendo el papel de Daniel Latimer, el recién llegado, al gran Jack Wild, el improbable Ornshaw, y a la tierna y dulce Tracy Hyde en el papel de Melody Perkins.

Melody pues trata de la mirada sobre episodios del crecimiento de dos niños a jovencitos, que están ya en sus 11 años y que después de todo, ya comienzan a sentir y a pensar que la vida no sólo está alrededor de amigos, juegos, mamá o papá.

Empieza en Londres, todavía conservadora y aún así emergiendo de la borrachera de la década de los sesentas con sus torbellinos de modas, de tendencias, de revoluciones y de experimentos, en una escuela como tantas, con abundantes edificios de ladrillos, un Rolls Royce blanco por ahí, y tradición, mucha tradición por todos lados, cerca de panteones que guardan a personas desde hace dos o tres siglos por el tipo de tumbas ya desgastadas que se ven en un cementerio abandonado y más allá edificios de varios pisos a punto de derrumbarse pero que no terminaban de hacerlo de los cuales solo queda la estructura.

Londres era un símbolo de una ciudad que buscaba de nuevo su gloria envuelta ahora en altos impuestos y alta inflación, con sus artistas con pocas esperanzas emigrando a lugares menos hostigosos en esos no tan triviales sentidos fiscales.

Ahí el niño llamado Daniel Latimer de aspecto delicado y rostro de un recién regañado, todo afligido, mucho pelo rubio rebelde y algo bajillo, acaba de entrar y ya empieza a formar parte de la vida cotidiana de la escuela.

Son esos momentos de aprender a ser como los demás cuando la escuela intenta acondicionar la conducta de cada quien al entorno general: a que todos aprendamos lo mismo, sepamos lo mismo, hagamos lo mismo, obedezcamos lo mismo, la parte que hemos dado en llamar “ambiente” que junto con genética nos forman… a menos que uno sea Jack Wild, quien da vida como mencioné a Ornshaw, quien es uno de los más vivos de la escuela y quién es quién quisieras que te ayudara, guiara y hasta protegiera en los casos difíciles, como sabemos todos los que hemos estado en una institución educativa en la que el alumnado está dividido en dos, o eres parte de la minoría y eres bully, o eres parte de la mayoría y no lo eres… y te asustan o atacan aleatoriamente los bullys.

O raramente eres como Jack Wild, que no es ni uno y menos lo otro.

Jack Wild es salvaje, incontrolable, anarquista, respondón,  vivaracho, además de un buen amigo y de ser del tipo sentimental. Le cae bien Daniel y lo va guiando poco a poco en los protocolos  y formalidades de la escuela de la que los maestros están como ausentes. Pero lo que pudo ser predecible no lo es. En el camino de una gran amistad, interviene alguien inesperado: Melody.

Melody es una niña linda, dulce, cariñosa y noble, que lo único que quiere es estar con las amigas, hablar con ellas, aprender de las mayores, estar lo menos posible en la escuela y quizá estar en casa con su mamá y abuela escuchando historias familiares. Y todo sería normal, pero el destino indica que debe estar en un salón de música para practicar flauta y se queda sola con,

Daniel que la acompaña en una tonada con su cello, que ayuda a que de algún modo la conexión se esté creando, ellos dos ya se han visto en varios lugares como por casualidad, en el comedor, a la hora de cantar himnos, varias de esas ocasiones resultando con situaciones verdaderamente embarazosas, pero hay algo, hay algo que está sucediendo alrededor de ellos, que es donde reside la magia, donde reside lo espontáneo, donde se empieza a crear ese no-se-qué que hace a alguien a buscar a la persona en una reunión sin que sepamos porqué, sólo por el deseo de mirarla, verla, apreciarla, y quizá soñarla, una vez más, de esa forma tan inesperada algo sucede, y la simpatía se forma alrededor de y con Melody de tal manera que,

Se van viendo en varios lugares, uno de ellos un baile que es muy similar a los que nosotros tuvimos, en los que ahí está la chica que queremos, que está con su amiga del alma de quien no se separa y que por esos motivos trata Daniel frenéticamente de convencer a Ornshaw para que este se preste a bailar con la amiga no tan agraciada (vieja necesidad que todos hemos tenido y que forma parte de ese ritual de sacrificio que tiene algo de inmolación tan de antaño para que uno de los dos goce más que el otro de los favores efímeros de la doncella en cuestión; en México se le llama a eso, “hazme el paro”) para que de ese modo él baile con Melody, resultando, como ya dije, en ese tipo de encuentros que se combinan con desencuentros medio tragicómicos y que a final de cuentas,

Uno no se sabe cómo se dan estas cosas, pero cuando va Jack espera por su amigo después de un particular castigo a los dos por no saber traducir unas frases al latín, al bajar de la oficina del maestro mira a,


Melody, con particular indiferencia, quien está ahí esperando al mocoso de 11 años, Daniel, a que baje de su castigo, con la extraña situación de que él,


el formidable Ornshaw, salga sobrando en este caso y quien se sorprende porque no puede creer que una niña se interponga en la amistad de él y su gran amigo,

Daniel, quien poco a poco va teniendo una especie de relación con Melody que nadie, ni la constante burla de sus condiscípulos y condiscípulas (la maldita presión de grupo que todo lo estropea… hasta cierto punto), puede impedir, y esto se da antes y durante, y sobre todo después de,

La salida a la playa cercana, bueno, quizá no tan cercan, donde ambos, Daniel y Melody, en un acto de arrojo se van solos y pasan el día de manera linda y bella (agregaría ideal y tierna, pero soy poco afecto a poner demasiados adjetivos a una descripción, porque se me hace que alenta el ritmo de lo escrito, entorpece el esfuerzo, hace ver presumido, arrogante, patán, soberbio, creído, torpe al escritor, no mejora nada, y muchas veces interrumpe la lectura con esos largos paréntesis que como desconcentran), mientras la música de los Bee Gees suena en el fondo (To Love Somebody, Melody, First of May), pero los problemas se van fraguando como tormenta que se vienen encima junto con las olas heladas del Mar del Norte golpeando inclemente las rocas impasibles, cuando al día siguiente,

Ocurre que los maestros obviamente se dieron cuenta que ambos faltaron, y por eso llegará, inevitable, el castigo de parte de los maestros pero con la pequeña diferencia que al mismo tiempo surge lo impensable,

Daniel se rebela con fuerza, rabia e impotencia y Melody no se queda atrás, a sus 11 años hablan de frente y con firmeza contra la actitud condescendiente de los maestros incapaces de comprender sus emociones, que nosotros no dudamos, debe ser amor, si no ¿qué podría ser? Así las cosas, de alguna manera derrotados, burlados,

están solos en el cementerio, con la lluvia cayendo, sentados en una de tantas tumbas, tapándose solamente con el pequeño maletín de él, pensando: tienen que planear algo, y deben llevarlo a cabo, pero para cuando algo sucede los adultos se dan cuenta, cuando
estos se fijan que no hay alumnos en dos clases y es con ayuda de un alumno, un anarquista en ciernes que construye bombas fallidas, descubren la verdad: ambos niños, ya casi jóvenes en pleno, se fueron a un lugar, al viejo paradero de trenes, ya medio abandonado, con su grupo de amigos,

A casarse…

¿Qué pasará? ¿Se casarán tan pequeños ambos ambos… ambos, mmm, amantes, no, eso suena muy fuerte, no califican todavía, ¿novios? Sí, es más lógico, suena más claro, ¿¿se casarán tan pequeños novios??

No, no voy a contar el final, en un punto delirante, oh, no…

De lo que voy a hablar es de… bueno, ¿qué tuvo esa película en la psique de muchos de nosotros cuya adolescencia galopó por los 70’s?

¿Por qué está guardada en nuestra memoria con tan buenos recuerdos?

¿Será que por ser la niña dulce, linda, agradable, no guapísima, no voluptuosa, nada, sólo linda y bella? Melody es, hagan de cuenta, Danica McKellar la Winnie Cooper de Los Años Maravillosos al tiempo de cuando comenzó la serie, de hecho la Winnie es muy de su tipo, ambas proyectando de alguna manera inocencia y repito, dulzura.

¿Será el ideal de la memoria? La que inesperadamente una película en el momento correcto nos programa el cómo deberían ser las niñas que nos agraden, y no hablo exactamente del físico sino del como son por dentro, y no hablo que después no nos hayan agradado otro tipo de chicas, acaso más extrovertidas, acaso más abiertas, acaso menos dulces, acaso más graciosas.

Pero por algo lo ideal es lo ideal. La vida no lo es. Con los recuerdos podemos jugar y manejarlos a nuestros antojos, lo que no podemos manejar son los hechos pasados y remarcados en la memoria, los cuales también nos formaron en su dosis y golpes correctos.


Y la adolescencia nuestra transcurrió sin mayores sorpresas, nos gustaba la que le gustaba a todos, la rubia, la desarrollada (obvio), la de piernas bonitas, la guapa, la hermosa, nos gustaban por lo externo, ¿qué más podíamos hacer? No nos podíamos acercar a muchas de ellas, al menos los de mi club, los que vivíamos en la duda, en la angustia, en la presión constante, y ellas hasta donde sabíamos eran seres extraños con modos impredecibles de conducta… aún así… veíamos a nuestras Melodys Perkins y Winnies Coppers a la distancia.


El tiempo y la vida, y los errores son los que forman la experiencia y son los que nos dan las bases y las seguridades para actuar frente a las circunstancias a la que terminaremos de enfrentarnos con la madurez.

Pero no le pidamos eso a un chico de 11, 12, 13, 14 años.

Menos frente a una linda chica, dulce y agradable, de mirada soñadora. Menos frente a Melody,  allá arriba en la pantalla, por siempre sonriendo, por siempre mirando… por siempre siendo parte de nuestra memoria.





(Nada más para comparar nuestros tiempos acelerados llenos de Ipad, Ipod, Iphone, Blackberrys, celular, internet, ultracomunicación, ultrainformación conllevando a la hipersaturación de los sentidos, hay una película similar de cómo se conocen dos jovencitos, de las mismas edades, quizá 12, en la que primero se llaman la atención mutuamente, luego se gustan y luego sienten algo especial el uno por el otro, la película se llama Déjame Entrar, la versión que vi es la sueca, la original, que es genial, uno de los niños es de madre divorciada, viven en la omnipresente nieve  sueca y como ya dije con el paso de los días tiene un tipo extraño de atracción con la niña correspondiente, que vive muy cerca de él. 


Y todo sería normal, algo similar a Melody, con la excepción de que la niña de 12, ha tenido los mismos 12 por muchos años: es vampira, mata a varios de los vecinos y aún así, algunas emociones cálidas se dan entre los dos. Es violenta y desagradable en momentos, pero los resultados son muy buenos. Los tiempos cambian, y las relaciones de amor juvenil de hoy en día, sí que han cambiado un poco :-)

1 comentario:

OR² dijo...

Tengo que verla!