sábado, junio 30, 2012

Escalera al Cielo. Rock and Roll Litúrgico




There’s a lady who’s sure all that glitters is gold/ And she’s buying a stairway to heaven.
Es difícil saber que una canción será inmortal cuando la escuchas por vez primera: pueden ser canciones sencillas que tengan un gran riff en la guitarra o una gran voz o un gran ritmo, pero lo qué sí sabes es que muchas no serán himnos.
Himnos son las canciones que cambian la sensibilidad en nuestras mentes, canciones comoSmoke on The Water con Deep Purple, Hey Jude, Beatles, Sympathy with the Devil, Rolling Stones, Rapsodia Bohemia, Queen, Inside Lookin Out, Grand Funk Railroad, More Than a Feeling, Boston, Free Bird, con Lynyrd SkynyrdHotel California, Eagles, entre otras pocas, muy pocas.
Canciones que las escuchas de inmediato y que pasados los años recuerdas que las distinguiste de entre la multitud y pensaste: “hey, ¿qué pasa aquí?, ¡esta no suena como todas!”, que percibes que es de una magia tremenda, que suena a sagrada, que taladra los sentidos, que entrega algo que es vagamente identificable tanto como para acordarte de la primera vez que las escuchaste.
Rock and roll: Música brusca, exploratoria, que enardece las sangres, que busca rumbo, destino, en la que los sonidos agudos dominantes descienden de un aparato que amplifica rasgueos eléctricos y tambores y que de alguna extraña manera aún hoy vuelve locos a millones de adolescentes y también a muchos adultos que alguna vez lo fueron.
Eso es rock and roll.
1975 fue el primer año en que escuché en serio música rock en radio (¿dónde más?) y sucedía que mis amigos y yo nos sorprendíamos de vez en cuando al oír una canción muy especial que sonaba cada tanto en una de las tres estaciones que tocaban música moderna en inglés en Monterrey en ese momento: las ahora legendarias RGRadio Kono y la 99.
Y ésta era una canción de 8 minutos de duración que se llamaba Escalera al Cielo, Stairway to Heaven. Y no sólo sorprendía por su inusual duración, recordemos que era radio limitada a canciones de 3 minutos después de todo, sino por algo que tenía dentro, algo que (aún) tratamos de asir, pero que no lográbamos saber que era. Y que queríamos asirlo. Siempre.
Así sucedió. Me enfocaré a describir lo que todo rocker decente sabe (o supo):
Escalera al Cielo empieza con la guitarra acústica suave de Jimmy Page que es acompañada por una flauta sencilla que suena a música renacentista, tipo sinfonía pastoral o música isabelina. De pronto Robert Plant con voz clara, potente aunque contenida, comienza a cantar de manera melódica y de forma tranquila sus primeras frases hasta que el ritmo cambia al minuto 2 con 15 segundos.
El bajo de John Paul Jones entra en ese instante, recio, marca la cadencia, ya están entonces juntos Page, Plant, Jones. La canción se hace más densa.
Plant reflexiona, piensa, tal vez, que los demás lo ven, que él es el dueño, el ringmaster.
Al minuto 4 con 18 entra con su batería John Bonham con poderío, sin timidez. Zeppelin está en pleno. Zeppelin está armado, toda su energía aguardando, y sigue contando la saga de una mujer que piensa que todo lo que brilla es oro.
Las fanfarrias de Page, a los 5 con 35, dos veces, presagian la tempestad, su guitarra propulsora es ahora la que somete, Plant calla mientras Page cambia de mango en esa su única guitarra con dos hecha especialmente bajo pedido. Page hace todo lo que quiera, rompe, truena, éste improvisa, deriva, va a donde quiere, su guitarra se le desboca pero la vuelve a dominar, es su nave, su barco, su gran dirigible, su guitarra es virtuosa, explorando el mismo espacio, el interior y exterior, el suyo y el nuestro, haciendo a nuestras almas su tela por donde puede pintar a capricho lo que quiera, lo que se le antoje.
Plant vuelve con toda la energía desatada, emite aforismos mientras todo se destroza alrededor. Bonham golpea inclemente, Jones no se escucha pero sin él es posible que todo se escuchara vacío, sin rumbo.
Así todo se detiene, y de las cenizas Plant acaba en un corto epílogo al mismo estilo de la suave introducción.
Pero nada escrito puede describir la emoción de Escalera al Cielo en nuestras mentes y almas y en nuestra idea de que es lo más ritual que hemos escuchado en lo que a rock and roll se refiere.
Esto es lo que percibíamos con algo parecido a arrobo religioso en esos años. Después algunos nuevos convocados sabríamos que el grupo era Led Zeppelin, que eran ídolos casi veteranos del rock, que eran fabulosos y que eran muy muy pesados.
(And if you listen very hard/ The tune will come to you at last/ When all is one and one is all)
Y en los días en que no teníamos más que radio, una simple radio AM/FM con a duras penas toca-cassette esperando la hora en la noche en la que el programador nos obsequiaría con tan bella pieza. Y la oíamos una vez más. Y más tarde, a esperarla para escucharla de nuevo, como en una cinta Moëbius sin fin.
Pero es Escalera al Cielo, nuestra canción litúrgica, la canción que nos daba a sentir que el que nos gustara el rock and roll era lo correcto, que intuíamos que estábamos ante una canción más allá, mucho más allá, de las canciones normales de este mundo anormal. Incluso aceptar que después de escucharla, ya no podrías admitir otras canciones que no  tuvieran un grado de sensibilidad en ciertas alturas.
Después de los años pude descubrir que era yo mismo el que encontró y se hizo con la canción y que tal vez a los demás no les impactó igual, pero que debo reconocer que el sentido del rock tuvo otra vuelta de tuerca más, cómo cuando conocimos a los Beatles o a los Rolling o a Queen o a Pink Floyd, o a Kiss, una emoción de que no, no cambiaríamos en lo que restara de nuestras vidas a otra música, jamás.
(To be a rock and not to roll)
Pensar que cada vez que escuchamos Escalera al cielo es como si fuera la vez primera, y sorprendernos de sentir cómo al redescubrirla, en cierto sentido, nos redescubrimos a nosotros mismos.
And she’s buying a stairway to heaven.






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